“Jesús” es un nombre castellano de género masculino y de origen hebreo. En el siglo I, en Judea, el idioma que se hablaba, en cambio, era el arameo con lo que el nombre “Jesús” no existía, a no ser Yeshúa (ישׁוע), de origen hebreo y que significa «Yahvéh es Salvación» y por lo tanto con el Tetragramaton en su composición.
Si aceptamos Yeshua como el nombre de Jesús ya que es el que más se le parece, se pronunciaba Iēsoûá (Ιησουα) en griego y posteriormente Iesú(a) en Latín de donde deriva el castellano Jesús. Sin embargo, tal vez no fue “Yeshua” como se llamó Jesús sino Ieshua que se convirtió en Ioshua y este en Josué, nombre ya prácticamente en desuso pero muy popular en inglés (Joshua).
En cualquier caso “Jesús” significa “Dios salva” o “Dios con nosotros” y es posible que los evangelistas o los cronistas cristianos que recopilaban las historias en torno al fundador de su Iglesia, le pusieran ese nombre al pretendido mesías judío para diferenciarle del emperador Vespasiano que quiso adueñarse de ese “título” cuando entró triunfante en Judea como haría cuatrocientos años antes Alejandro Magno en Egipto proclamándose faraón. En este sentido, los evangelistas quisieron dejarles las cosas claras a los judíos para que no se confundieran o probablemente a los gentiles, esto es, los no judíos porque a fin de cuentas Judea estaba siendo literalmente arrasada por los romanos en el año 70 con lo que resulta perfectamente lógico dudar que consideraran al césar romano un salvador, más bien un castigo de Dios.
Por otro lado, “Jesús” con “j” no se pronuncia hasta hace tan solo 500 años o poco más, cuando las lenguas romances se extienden desplazando al latín puesto que en la lengua de los romanos no existía la “j”, pero tampoco en griego o hebreo.
INRI, ese popular título de los crucifijos que figura sobre Cristo son las siglas de “Iesus Nazarenus, Rex Iudaeorum” pero esto es una derivación del latín, como decíamos al principio aunque ya se puede ver aquí como no se utiliza la “j”[4], porque no existía así que volvemos al nombre Ieshoua, que era el original hebreo, como probable nombre que figuró en la cruz o tal vez los romanos lo transcribieron, de manera errónea, como “Iesus”. No es difícil imaginar la escena: los soldados romanos, un poco hartos de su trabajo y del lugar en el que estaban destinados, donde no se les acogía precisamente de manera familiar ni hospitalaria, lo que menos ganas tenían era de ser exactos en los títulos que a modo de burla ponían en algunas cruces para los reos de muerte, por lo que si preguntaron cómo se llamaba el desgraciado al que se proponían crucificar en aquella ocasión y le respondieron Ieshoua, ellos que no dominaban el hebreo lo tradujeron como lo más perecido a su lengua que encontraron, todo de modo muy rápido: Iesus.
Comentaba antes que el nombre hebreo es Yehshua, sin embargo el original es Yahshua, lo que ocurrió es que se cambió la “a” por “e” como artilugio dialéctico para evitar pronunciar el nombre de Dios. Un recurso judío para impedir que se asocie a Jesús, mesías cristiano que no judío, con el Hijo de Dios ya que para la religión judía aún no ha venido el Mesías ni Dios tiene ningún Hijo sino que es UNO e indivisible. De este modo, Yahshua, que significa “Yaveh es Salvación” cambia a Yehshua, prescindiendo de pronunciar el nombre de Dios o su abreviatura “Yah”. Claro que esta es una explicación no aceptada de modo general por lo que se coge con pinzas. La versión más extendida de esta interesante investigación etimológica es que en la traducción del hebreo al griego se cambió la “a” por “e” y a su vez en la transcripción posterior al latín y evolución romance del Medievo, el nombre sufrió nuevas transformaciones hasta llegar al actual “Jesús”.
Un detalle curioso: Yahshua o Yehshua es un nombre femenino plural (algo así como “nuestra salvación” refiriéndose a Yaveh que ya hemos aclarado lo que los sabios judíos ingeniaron para evitar pronunciar su nombre pero se refiere a Yaveh). Al traducir al griego y posteriormente al latín, se añade al final del nombre “ous” convirtiéndolo en masculino singular ya que pasa a significar algo así como “salvador”. Con respecto a las letras intermedias “sh”, no existen en griego por lo que se tradujeron como “s” tan solo, prescindiendo de la “h”, quedando finalmente “Iesous” o (en latín) Iesou.
A Jesús se le conoce también como Emmanuel (Mateo 1:23) que significa Dios con nosotros por lo que probablemente sea una denominación que indica que siempre estará presente en nosotros o con nosotros pero no es un nombre en sí mismo. Es por lo tanto un nombre simbólico que Mateo recoge de la tradición ya que el profeta Isaías anunció siglos atrás: Por consiguiente el Señor le dará una señal: Una virgen dará nacimiento a un hijo, y lo llamará Emmanuel (Isaías, 7:14)[6]. Sin embargo, con casi toda seguridad, en aquella época, nadie llamaba a Jesús de ese modo, Emmanuel.