Mientras tanto, los griegos se habían ocultado detrás de Tenedos; cuando cayó la noche, regresaron al lugar donde habían acampado durante diez años y fueron introducidos en la ciudad por Sinón, el cual también había liberado a sus compañeros de su prisión dentro del caballo de madera. Aunque tomados por sorpresa, los guardias de la ciudad hicieron un desesperado intento por rechazar a los griegos, pero ya era demasiado tarde, pues el enemigo ya había asaltado las casas y los palacios, matando, saqueando y quemando todo lo que se ponía a su alcance.
Ni siquiera la familia real se vio exenta de la masacre general, y el anciano Príamo, que vivió para ver al último de sus hijos perecer ante sus ojos, encontró finalmente alivio en la muerte.
Con su objetivo cumplido, los griegos emprendieron inmediatamente el regreso a casa, con sus barcos rebosantes de botín y esclavos. Pero el viaje a casa no fue tan placentero como se esperaba que fuera, y muchos, tras escapar de las manos enemigas, perecieron entre las olas o encontraron la muerte mientras les esperaban al lado de sus propios fogones.
Menelao, junto a su esposa Helena, la cual, a pesar de haber transcurrido diez años, conservaba toda su belleza juvenil, fue retenido en Egipto por los vientos contrarios, enviados como castigo por haber omitido los usuales sacrificios a los dioses. Finalmente consultó con Proteo, el cual le reveló la mejor manera para aplacar la ira de los dioses y la manera de asegurarse los vientos favorables que le arrastraran hasta casa.
Mientras, Agamenón, líder de los griegos, regresó a Argos, sólo para ser asesinado por su mujer Clitemnestra y su amante Egisto.
"Egisto deseando mi muerte,
conspiró contra mí junto a mi culpable esposa,
y me condujo hasta su casa, matándome allí,
en medio del banquete".
Homero.
Entonces, temiendo mortalmente que Orestes, el hijo de Agamenón, pudiese vengar la muerte de su padre, Egisto se preparó para matarle a él también, pero Electra, la hermana de Orestes, descubriendo sus intenciones, le ayudó a escapar, colocándole bajo la protección paternal de Estrofius, rey de Focis, cuyo hijo, Pilades, se convirtió en su inseparable amigo.
De hecho, su mutua devoción era tan grande, que se ha hecho proverbial en todas las lenguas.
Electra no había olvidado el vil asesinato de su padre, a pesar de que habían pasado ya años desde que eso sucediera; cuando Orestes creció hasta convertirse en un hombre, le ordenó que viniera a castigar a aquellos que habían cometido el crimen. Orestes vino y mató a Egisto y a Clitemnestra, tras lo cual, aterrorizado de lo que había hecho, huyó, siendo perseguido por las Furias y Némesis, diosa de la venganza, enviada por los dioses para que le castigara por haberse tomado la justicia por su mano.
En Delfos consultó con el oráculo, enterándose de que su crimen sería perdonado si llevaba una estatua de Artemisa en Táurida de vuelta a Grecia. El joven príncipe corrió hasta allí, acompañado por el siempre fiel Pilades, que nunca se alejaba de su lado, y allí, en el templo, encontró a su hermana Ifigenia, a la cual no había visto desde hacía mucho tiempo, que le ayudó a obtener la imagen que buscaba, tras lo cual le acompañó a su tierra nativa, donde Némesis no volvió a molestarle nunca más.
Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog:

"Los años de la melancolía,
los miserables años de la melancolía,
se transcurrieron lentamente hasta que llegó la medianoche del terror,
y por el brillo de las calles en llamas vi
palacios y templos tambaleándose en ruina y declive,
y las una vez desconcertadas legiones, abriéndose paso
a través de las puertas y los bastiones, despuntando espadas y lanzas
con matanzas indiscriminadas".
Lewis Morris.
los miserables años de la melancolía,
se transcurrieron lentamente hasta que llegó la medianoche del terror,
y por el brillo de las calles en llamas vi
palacios y templos tambaleándose en ruina y declive,
y las una vez desconcertadas legiones, abriéndose paso
a través de las puertas y los bastiones, despuntando espadas y lanzas
con matanzas indiscriminadas".
Lewis Morris.
Ni siquiera la familia real se vio exenta de la masacre general, y el anciano Príamo, que vivió para ver al último de sus hijos perecer ante sus ojos, encontró finalmente alivio en la muerte.
Con su objetivo cumplido, los griegos emprendieron inmediatamente el regreso a casa, con sus barcos rebosantes de botín y esclavos. Pero el viaje a casa no fue tan placentero como se esperaba que fuera, y muchos, tras escapar de las manos enemigas, perecieron entre las olas o encontraron la muerte mientras les esperaban al lado de sus propios fogones.
Menelao, junto a su esposa Helena, la cual, a pesar de haber transcurrido diez años, conservaba toda su belleza juvenil, fue retenido en Egipto por los vientos contrarios, enviados como castigo por haber omitido los usuales sacrificios a los dioses. Finalmente consultó con Proteo, el cual le reveló la mejor manera para aplacar la ira de los dioses y la manera de asegurarse los vientos favorables que le arrastraran hasta casa.
Mientras, Agamenón, líder de los griegos, regresó a Argos, sólo para ser asesinado por su mujer Clitemnestra y su amante Egisto.
"Egisto deseando mi muerte,
conspiró contra mí junto a mi culpable esposa,
y me condujo hasta su casa, matándome allí,
en medio del banquete".
Homero.
Entonces, temiendo mortalmente que Orestes, el hijo de Agamenón, pudiese vengar la muerte de su padre, Egisto se preparó para matarle a él también, pero Electra, la hermana de Orestes, descubriendo sus intenciones, le ayudó a escapar, colocándole bajo la protección paternal de Estrofius, rey de Focis, cuyo hijo, Pilades, se convirtió en su inseparable amigo.
De hecho, su mutua devoción era tan grande, que se ha hecho proverbial en todas las lenguas.
Electra no había olvidado el vil asesinato de su padre, a pesar de que habían pasado ya años desde que eso sucediera; cuando Orestes creció hasta convertirse en un hombre, le ordenó que viniera a castigar a aquellos que habían cometido el crimen. Orestes vino y mató a Egisto y a Clitemnestra, tras lo cual, aterrorizado de lo que había hecho, huyó, siendo perseguido por las Furias y Némesis, diosa de la venganza, enviada por los dioses para que le castigara por haberse tomado la justicia por su mano.
En Delfos consultó con el oráculo, enterándose de que su crimen sería perdonado si llevaba una estatua de Artemisa en Táurida de vuelta a Grecia. El joven príncipe corrió hasta allí, acompañado por el siempre fiel Pilades, que nunca se alejaba de su lado, y allí, en el templo, encontró a su hermana Ifigenia, a la cual no había visto desde hacía mucho tiempo, que le ayudó a obtener la imagen que buscaba, tras lo cual le acompañó a su tierra nativa, donde Némesis no volvió a molestarle nunca más.
Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog:

