¿Es solamente una personalidad algo tímida o tiene un problema?
Por Luciano Montero, psicólogo
Andrés no tiene amigos. Se pasa el tiempo solo. Y no puede decirse que se aburra, porque él mismo pone voz a sus muñecos, dibuja, repasa su colección de cuentos infantiles… Pero en otros momentos se nota que le falta algo. Es bueno que un niño sepa jugar y entretenerse solo, pero no lo es tanto que esa sea la única manera de divertirse. En sus primeros años, los pequeños juegan sobre todo con sus padres y en solitario, pero entre los tres y los seis años, cuando ya todos acuden a algún centro escolar, su vida social da un paso decisivo, ya que los compañeros empiezan a ocupar un lugar importante.
Las amistades todavía son efímeras
Es cierto que a esta edad las amistades todavía son muy poco estables (pueden cambiar cada dos días de amigos) y que los padres siguen siendo su fuente principal de relación y afecto… pero no es menos cierto que los compañeros comienzan ya a ocupar un lugar importante y definido.
La socialización temprana con los primeros amiguitos es fundamental e insustituible para un buen desarrollo posterior, que requiere que los niños se relacionen con otros peques. Cuando no lo hacen, existe la posibilidad de que aparezcan más tarde problemas de adaptación. Esto no significa que tengan que estar continuamente rodeados de otros niños, incluso deben ser capaces de jugar solos y estar a gusto consigo mismos.
Pero un niño que está solo porque tiene dificultades para relacionarse merece que se le preste mayor atención, ya que ustedes como padres pueden proporcionarle su ayuda y estímulo para que aprenda a socializar poco a poco. Porque aunque parezca que hacer amigos es algo sencillo y natural, implica sin embargo un aprendizaje, un camino sembrado de ensayos y errores que tu hijo tendrá que recorrer.
Una buena autoestima
Cuando un niño cuenta con unos padres afectuosos y capaces de darle confianza y seguridad, tiene una buena base para establecer sus primeros contactos sociales. Se ha investigado el retrato robot de los padres cuyos hijos encuentran dificultad para relacionarse con otros niños. Las madres los elogian poco y no fomentan su independencia. El padre les presta poca atención, no le gusta que lo molesten y piensa que educar niños es cosa de mujeres. Los niños sociables tienen en cambio unos padres que se relacionan con ellos de un modo cariñoso y positivo. Asimismo, se ha encontrado que los pequeños que antes de entrar a la educación preescolar han estado bastante apegados a sus padres tienen luego más amigos y son más sociables.
Esto indica que fomentar la independencia de un niño no quiere decir quitárselo de encima. Es cierto que la protección excesiva también produce niños retraídos, pero el forzar una autonomía prematura crea igualmente inseguridad y retraimiento. En niños muy pequeños se ha observado que la presencia de la madre (u otra figura de apego) les tranquiliza y les permite explorar confiadamente lo que les rodea, mientras que al dejarlos solos se angustian, se retraen y deciden suspender la exploración.
¿De tal palo, tal astilla?
Se ha descubierto que los padres de niños tímidos tienden a llevar una vida social poco activa y no se exponen a sí mismos ni a sus hijos a nuevas situaciones sociales. Los pequeños parecen imitar los comportamientos sociales de sus padres, y hay estudios que demuestran que las madres comunicativas suelen tener hijos comunicativos, mientras que las hurañas es más fácil que los tengan huraños. Por otro lado, hay madres muy posesivas que quieren mantener a su hijo pegado a ellas. Una madre sobreprotectora, que tenga miedo de todo, hará difícil que su hijo se adapte a la escuela porque le transmitirá sus propios miedos.
Un exceso de protección por parte de los padres desemboca a menudo en la soledad. Los niños sobreprotegidos reaccionan o bien queriendo llevar siempre la voz cantante, lo que causa el rechazo del resto de los niños, o bien permaneciendo en una actitud pasiva.
Es importante ofrecerles oportunidades para hacer amigos. El parque y la escuela propician estos encuentros. Hacer y aceptar invitaciones a cumpleaños o a jugar en la casa de los amiguitos y en la propia, le ofrece a los niños una pequeña vida social y les permite ejercitar sus habilidades sociales. Tampoco es cuestión de forzar estos procesos, ya que hay que respetar el ritmo y el protagonismo del niño. No obstante, cuando observes en el niño un problema real, hay algunas estrategias para ayudarle.
¿Cómo ayudarlo?
Para su cumpleaños puedes organizar una fiesta e invitar a vecinos y compañeros de la escuela. Tenerlos como invitados en su territorio quizá aumente su confianza, favorezca su espontaneidad y repercuta favorablemente en el vecindario o en el colegio. Convoca a tu casa a sus amiguitos con los que congenie mejor y permite que jueguen a sus anchas. Es mejor no reunir a muchos niños, de modo que tu hijo no se intimide y gane confianza poco a poco. Y por úlltimo, elógialo cuando tenga actitudes amistosas adecuadas y apláudele sus pequeños avances, mostrándole las ventajas de esas acciones.