Al filo del mañana es, por encima de todo, la confirmación definitiva de Tom Cruise como hombre de equipo. El resto, como ya se veía venir desde la Comic-Con del año pasado, es una película diseñada para llegar, hacer su trabajo, y marcharse silbando en la línea de un señor que respeta tu sacrosanto dinero como no hay más de tres en Hollywood ahora mismo. No busca ni el espectáculo desenfrenado ni el aturdimiento del espectador. Es mucho más pensada que todo eso. Tiene una premisa interesante, tiene a una estrella de primer nivel, un par de toques de comedia por ahí, bichos, MECHAS, una identidad visual clara y una canción del FIFA al final y todo ello en una hora y tres cuartos. Y a veces, solo a veces, en pequeños momentos puntuales, es una peli que te dice “creo que podría haber sido mejor, pero elijo no serlo”. Da un poco (solo un poco) de pena pero es una sensación compensada por el disfrute de ver a una estrella que ha dejado apoyarse en hombros de secundarios para compartir mesa con ellos, con Emily Blunt, más que su “compañera”, su segunda al mando, como gran beneficiada. La historia: el oficial del Ejército Bill Cage, hijo de puta integral, se convierte en la única esperanza de la Humanidad cuando, tras chantajear infructuosamente a un general, es enviado al frente para luchar en la batalla definitiva contra una raza alienígena. Evidentemente, palma a los dos minutos. Se da la circunstancia de que, por pura mala suerte, ha abatido a una especie particular de bicho que le confiere la capacidad de revivir el mismo día una y otra vez. Cage inicia un entrenamiento a las órdenes de la soldado Rita Vrataski, conocida como el “Ángel de Verdún”, una aniquiladora de alienígenas, con la ventaja de que conserva el recuerdo de lo aprendido cada vez que muere y resucita. La gran novedad reside en que la conexión entre Cage y los alienígenas va más allá de esta habilidad adquirida: hay algo que le induce a sospechar que esta estrategia aparentemente infalible de “ensayo y error” no va a ser suficiente para ganar la guerra. Y tiene razón. La cuestión es la siguiente: para ser un film de ciencia ficción es sorprendentemente falto de… ciencia ficción. Y eso hace perder mucha riqueza al conjunto. La respuesta a estas cosas suelo hallarla preguntándome sobre el género. En realidad, Al filo del mañana es cine de acción bélico. No es una comedia (Atrapado en el tiempo), no es un misterio (Código fuente), no es ni siquiera una película especializada en el género de viajes temporales. La parte de ciencia ficción debería emerger a partir de aspectos como la condición que padece Cage, el entorno en el que se desarrolla el film, las características de los alienígenas y ya, por pedir peras al olmo, cierta reflexión de la condición humana a partir del extraordinario dilema que atraviesa nuestro héroe, pero el film solo hace una declaración contundente en este sentido: los fantásticos mechas, sencillos, tangibles y devastadores. Del resto solo tenemos pequeños vistazos, la mayoría en diálogos aislados de nuestra pareja protagonista.. No es que sea una película que deje preguntas sin responder. Es que apenas hace alguna, y todas son contestadas con prontitud y diligencia por Noah Taylor en una sola escena. Es uno de esos rarísimos blockbusters a los que les pediría MÁS TIEMPO – porque el film dura 113 minutos. Milagro– de no ser porque ya en frío comprendes que Al filo del mañana es un rompecuellos, una película de acción definida narrativamente por un ritmo infernal, por la agresividad de la puesta en escena de su director, Doug Liman, y por las limitadas dinámicas entre su reparto. Al filo del mañana es una película desaturada, con una paleta de colores donde el único color cálido es el del cabello de Blunt. Y como suele dictar el género también es un film muy físico, de aspecto duro, desde barracones llenos de soldados hasta graneros destartalados. Los percibimos a toda velocidad, porque es una película que no se detiene. Liman, que es un director que lo pasa mal con ritmos tan constantemente altos (siempre he pensado que Bourne es su entorno ideal: dialogado, pausado, ahora mete la quinta, vuelve a parar) tiene no obstante el pulso para conseguir que deje algo en tí, y lo hace con el humor como una de sus grandes herramientas. Aquí es donde Cruise caracteriza a su personaje, pero no como un cómico, sino como el estúpido que no se puede creer lo que le está sucediendo. Es una interpretación bastante estoica –echo de menos un poco de vena histérica, como de la que hacía gala en Jerry Maguire–, que funciona no obstante porque muchos gags de la película tienen su gracia, comenzando por la mala suerte de nuestro protagonista con los vehículos acorazados: cualquier escena de la primera hora tiene enormes posibilidades de acabar con Tom Cruise hecho trizas, y el gesto impávido del actor, asumiendo lo que se le viene encima, es un plus. Gran parte de la interpretación de Cruise consiste en interactuar, en lugar de RETRANSMITIR, algo bastante más humilde y bastante más generoso. Todos los personajes con los que habla le dan órdenes, to-dos, con lo que el actor tiene que adoptar una postura de sumisión del tipo que se la propones a Denzel Washington y te caga a perdigonazos. No les vamos a ver mucho, pero qué bien se lo pasan dando ordenes al pitufo y cómo lo agradece la película. Quiero destacar a Bill Paxton, que canaliza su modo “¡el tipo es un jodido vendedor de coches usados!” y sobre todo quiero destacar a Blunt, quien tiene una presentación propia de protagonista absoluta del film (haciendo flexiones a contraluz, tras numerosas menciones previas a su persona) y a la que Cruise permite la carga de mala leche y asombrosidad que debería haber sido exclusivamente del actor. Blunt es intensidad pura y dura, y Tom Cruise no contaba con una pareja tan poderosa en pantalla desde que su mujer le dijo “Si los hombres solo supieran” en Eyes Wide Shut. No deja de escaparse del todo del estereotipo “mujer FUERTE Y YA ESTÁ” pero la ferocidad que imprime Blunt permite que ese cliché alcance su máxima expresión. Esta chica va a hacer maravillas. El clímax final es una lástima. Ya lo habran leído por ahí pero es que es una puta lástima y es de cajón. Según progresa, percibo la sensación de que Al filo del mañana, una vez agotada la carta de la resurrección, comienza a agotarse. Empieza a buscar casi instintivamente otras vías, más cerebrales. Los últimos veinte minutos están claramente centrados en la afección que padece nuestro protagonista, que esconde la clave para resolver el film. Lo que sucede es que le falta una pieza del puzzle: los bichos, criaturas por las que se ha desinteresado casi completamente –tres especies, dos colores, brillan–. Oblivion, por poner el ejemplo más cercano, sí que demuestra interés por la amenaza, lo que ayuda a impulsar el film (un poquito) al final. Como el film no encuentra lo que pide, recurre a lo que tiene y a la solución por defecto: destruirlo todo. Por lo tanto, son tiros contra enemigos y un final boss. Me da la sensación no de arbitrario, pero sí de vulgar. Al filo del mañana ha sido “común”, pero no “vulgar”, y además elimina todas las bazas del reparto (Paxton desaparece de escena, Blunt se retira para que Cruise remate). Se daba la ocasión para que fuera bastante más memorable y debería haber aprovechado el concepto inicial con mayor energía e inteligencia. Es el único momento en el que el film –que hasta entonces ha ido sobre ruedas– se ve exigido, y va y tira la pelota afuera. Pero esto es así. Es lo que quería Cruise. Quería algo rápido y contundente para que no le olvidáramos. Quería algo y contundente para ir tirando –es la última de la trilogía de películas cuyos rodajes encadenó consecutivamente tras su divorcio de Holmes– Cruise es un hombre de 52 años, que ha aparecido consistentemente en las listas de actores más taquilleros durante cuatro décadas consecutivas, el quinto actor más valorado de todos los tiempos –33 películas con una media de 150 millones de dólares a fecha de 2013, la recaudación total de las cuales asciende a 5.000.000.000 de dólares solo por detrás de, atención, Tom Hanks, Eddie Murphy y Harrison Ford– que por fin ha dejado a las claras que, por lo que a la acción respecta, posiblemente jamás volveremos a verle sin arropar por un elenco de actores que se van a subir a sus hombros como trampolín, y no al contrario. De Al filo del mañana me voy a quedar con que es una obra de solidaridad, eficacia, criterio y sentido común, un respiro entre mastodontes veraniegos, y una muesca más de una superestrella que ha hecho de la la colaboración su bandera; una fórmula detrás de la cual hay larga vida. Escrita por: Rafa Martín
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