Reflexiones
Las tesis sobre las cuales está de acuerdo en el fondo todo el mundo, para no hablar de los filósofos de todo el mundo, los moralistas y otras cazuelas vacías, cabezas de repollo, aparecen en mí como ingenuidades del desacierto; por ejemplo, aquella creencia de que «no egoísta» y «egoísta» son términos opuestos, cuando en realidad el ego
mismo no es más que una «patraña superior», un «ideal».
F Nietzsche.
El amor no conoce las obligaciones.
Hace muchas cosas, es muy creativo; comparte todo lo que tiene, pero no es una obligación, recuerda.
Obligación es una palabra horrible comparada con amor.
El amor es natural.
La obligación es creada por los sacerdotes astutos, políticos que quieren dominarte en el nombre de Dios, en el nombre de la nación, en el nombre de la familia, en el nombre de la religión, cualquier ficción inventarán.
Pero ellos no pueden hablar acerca del amor.
San Diógenes de Palermo Soho.
Siglo II antes de Romeo y Julieta.
En ocasiones un sencillo gesto de bondad puede marcar una gran diferencia, y aunque pueda parecer poca cosa al igual que la frágil luz de una vela, a veces es todo lo que se necesita para volver a ver en la oscuridad.
Nuestras filosofías huelen mal, muertas hace tiempo las fuerzas que las generaban. Por inercia mantenemos los sistemas, pero la inercia les impide caer de una buena vez, la inercia los sostiene en un estado de indecisión constante, en una especie de “flotación” entre la vida y la muerte, entre el ser y la nada, siendo nada.
No sabemos que son, y por ello no terminamos de destruirlos nunca. Nos quedan señas, signos, rastros, despojos de lo que eran, y les insuflamos un mínimo de fuerza casi exhausta para que sigan adelante, para que por inercia sigan creando figuras de lo que creemos debe ser el pensamiento.
Pero el pensamiento está allí muerto desde hace tiempo, desde aquel momento en que permitimos que las ideas se marmolizaran y se estancaran como piedras, desde el momento en que escribimos con letras de molde en la frente de mármol de esa estatua ciega - la palabra “filosofía”
Siempre que me encuentro con prostitutas, nunca hablan de sexo.
Ellas preguntan sobre el alma, y sobre Dios.
También me encuentro con muchos ascetas y monjes, y siempre que estamos solos lo único que preguntan es acerca del sexo.
Me sorprendió el darme cuenta de que la conciencia de los ascetas parece estar aprisionada por el sexo, aún cuando ellos siempre predican contra él.
San Diógenes de Palermo Soho.
Siglo XVI antes de Dios.
"Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer, no será humana".
¿Es cierto que Dios nuestro Señor está en todas partes?.
Preguntaba una niña pequeña a su madre, porque a mí eso me parece indecente.
¡Buena lección para los filósofos!. Deberíamos respetar más el pudor con el que la naturaleza se oculta tras enigmas e incertidumbres abigarradas.
¿No será la verdad una mujer cuya razón de ser consiste en no dejar ver sus razones?.
¿Sería Baubó su nombre, por decirlo en griego?...
¡Oh, aquellos griegos! Sabían lo que es vivir; lo cuál exige quedarse valientemente en la superficie, en la epidermis; la adoración de la apariencia, la creencia en las formas, en los sonidos, en las palabras, ¡en todo el Olimpo de la apariencia!.
Aquellos griegos eran superficiales... ¡por profundidad!
¿Y no volvemos precisamente a eso, nosotros, los espíritus audaces, que hemos escalado la cumbre más elevada y peligrosa de pensamiento contemporáneo y que, desde arriba, hemos inspeccionado el horizonte, habiendo mirado hacia abajo desde esa altura?.
¿No somos en eso... griegos?
¿Adoradores de formas, de sonidos, de palabras y, por consiguiente, artistas?
Friedrich Nietzsche
No importa lo viejo que seas si mantienes tus deseos. La creatividad necesita de tus deseos para que tu juventud viva siempre.

Las tesis sobre las cuales está de acuerdo en el fondo todo el mundo, para no hablar de los filósofos de todo el mundo, los moralistas y otras cazuelas vacías, cabezas de repollo, aparecen en mí como ingenuidades del desacierto; por ejemplo, aquella creencia de que «no egoísta» y «egoísta» son términos opuestos, cuando en realidad el ego
mismo no es más que una «patraña superior», un «ideal».
F Nietzsche.
El amor no conoce las obligaciones.
Hace muchas cosas, es muy creativo; comparte todo lo que tiene, pero no es una obligación, recuerda.
Obligación es una palabra horrible comparada con amor.
El amor es natural.
La obligación es creada por los sacerdotes astutos, políticos que quieren dominarte en el nombre de Dios, en el nombre de la nación, en el nombre de la familia, en el nombre de la religión, cualquier ficción inventarán.
Pero ellos no pueden hablar acerca del amor.
San Diógenes de Palermo Soho.
Siglo II antes de Romeo y Julieta.
En ocasiones un sencillo gesto de bondad puede marcar una gran diferencia, y aunque pueda parecer poca cosa al igual que la frágil luz de una vela, a veces es todo lo que se necesita para volver a ver en la oscuridad.
Nuestras filosofías huelen mal, muertas hace tiempo las fuerzas que las generaban. Por inercia mantenemos los sistemas, pero la inercia les impide caer de una buena vez, la inercia los sostiene en un estado de indecisión constante, en una especie de “flotación” entre la vida y la muerte, entre el ser y la nada, siendo nada.
No sabemos que son, y por ello no terminamos de destruirlos nunca. Nos quedan señas, signos, rastros, despojos de lo que eran, y les insuflamos un mínimo de fuerza casi exhausta para que sigan adelante, para que por inercia sigan creando figuras de lo que creemos debe ser el pensamiento.
Pero el pensamiento está allí muerto desde hace tiempo, desde aquel momento en que permitimos que las ideas se marmolizaran y se estancaran como piedras, desde el momento en que escribimos con letras de molde en la frente de mármol de esa estatua ciega - la palabra “filosofía”
Siempre que me encuentro con prostitutas, nunca hablan de sexo.
Ellas preguntan sobre el alma, y sobre Dios.
También me encuentro con muchos ascetas y monjes, y siempre que estamos solos lo único que preguntan es acerca del sexo.
Me sorprendió el darme cuenta de que la conciencia de los ascetas parece estar aprisionada por el sexo, aún cuando ellos siempre predican contra él.
San Diógenes de Palermo Soho.
Siglo XVI antes de Dios.
"Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer, no será humana".
¿Es cierto que Dios nuestro Señor está en todas partes?.
Preguntaba una niña pequeña a su madre, porque a mí eso me parece indecente.
¡Buena lección para los filósofos!. Deberíamos respetar más el pudor con el que la naturaleza se oculta tras enigmas e incertidumbres abigarradas.
¿No será la verdad una mujer cuya razón de ser consiste en no dejar ver sus razones?.
¿Sería Baubó su nombre, por decirlo en griego?...
¡Oh, aquellos griegos! Sabían lo que es vivir; lo cuál exige quedarse valientemente en la superficie, en la epidermis; la adoración de la apariencia, la creencia en las formas, en los sonidos, en las palabras, ¡en todo el Olimpo de la apariencia!.
Aquellos griegos eran superficiales... ¡por profundidad!
¿Y no volvemos precisamente a eso, nosotros, los espíritus audaces, que hemos escalado la cumbre más elevada y peligrosa de pensamiento contemporáneo y que, desde arriba, hemos inspeccionado el horizonte, habiendo mirado hacia abajo desde esa altura?.
¿No somos en eso... griegos?
¿Adoradores de formas, de sonidos, de palabras y, por consiguiente, artistas?
Friedrich Nietzsche
No importa lo viejo que seas si mantienes tus deseos. La creatividad necesita de tus deseos para que tu juventud viva siempre.
