Amar a Dios, ¿Una emoción, una decisión o un sentimiento?
Está escrito que el mayor mandamiento es "ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma y todas tus fuerzas". Repetidamente a lo largo de la Biblia, Dios manda a su gente a que lo amemos con todos nuestros corazones y lo sirvamos a Él sólo. Pero, ¿puede el amor ser algo mandado? ¿cómo podemos hacernos amar a alguien?
Ya que el amor es mandado, entonces tiene que estar dentro de nuestro poder, en Cristo, amar. El amor, por lo tanto, es una decisión que tomamos. Si, el amor a menudo estará acompañado de sentimientos, pero la emoción no es la base del amor. En cualquier situación dada, podemos elegir amar, independientemente de cómo nos sintamos.
Ya que Dios es amor y fuimos creado a Su imagen, podemos amar como Él lo hace. Él puso Su capacidad para amar en nuestros corazones.
Amar a Dios comienza con una decisión. Es un ajuste con proposito de nuestros afectos. "Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra." -Colosenses 3:2
No podemos amar realmente a Dios hasta que lo conozcamos.
A medida que crezcamos en conocimiento y entendimiento de quién Dios es, empezamos a amar las características que lo definen, tal como la sabiduría, la verdad, la justicia, la rectitud, la pureza. Y empezamos a encontrar los opuestos a esos atributos como repulsivos. Pasar tiempo con Dios causa que nuestros corazones estén hambrientos por santidad, y encontramos satisfacción solo en más de Él, ya que Él es la encarnación perfecta de todo lo que ansiamos. Aprender a adorarlo "en espíritu y en verdad" nos permite experimentar las emociones placenteras del amor. Las emociones no crean el amor, sino, cuando elegimos amar, la emoción viene.
Un obstáculo para amar a Dios son las formas pecadores del mundo. No podemos servir a dos maestros, y nadie puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo. "No amen ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, el amor al Padre no está en él.
Otro obstáculo para amar a Dios es la mente. Nuestras mentes continuamente se preparan contra el conocimiento de Dios y desafían la fe que tiene uno. La duda, el enojo, el mal entendimiento y la falsa doctrina pueden sacarnos el mayor placer de la vida, la intimidad con Dios. Estos obstáculos pueden vencerse a través del arrepentimiento y la determinación a buscar a Dios por sobre todas las cosas.
En fin de amar a Dios realmente, debemos parar de insitir que Dios se explique para nuestra satisfacción. Tenemos que crucificar nuestro orgullo y nuestro derecho a aprobar Sus formas y permitirlo ser Dios en nuestras vidas. Cuando humildemente reconocemos que Él sólo es merecedor de nuestro amor y nuestra adoración, podemos abandonarnos a nosotros mismos para amarlo por quién es Él.
-Traducido por la IglesiaBA, la iglesia de Buenos Aires.
"MI casa será llamada casa de oración"