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Leyendas Urbanas Argeninisimas

Paranormal7/21/2012




Bueno hoy les traigo unas Leyendas Urbanas que rodean a la ciudad de Buenos Aires:



Empecemos:

El gigante de Once que salva vidas:

Según cuenta una historia de larga data, por las calles de Once vaga un personaje de casi tres metros de altura que cuida a los habitantes del barrio. Este gigante "bonachón" ha salvado a víctimas de choques y ha espantado a más de un malhechor, o al menos esto es lo que narran los vecinos de Balvanera que confían en su presencia protectora.

Algunos afirman que este ser es el mismísimo Golem, un hombre artificial creado en el siglo XVI por un rabino de Praga, llamado Judah Loew ben Bezabel. Si bien la historia oficial habla de un solo Golem, otros afirman que Bezabel creó trece de estos humanoides de arcilla y que uno de ellos llegó a Buenos Aires, de la mano de un rabino, con los inmigrantes judíos.




De allí en más, la historia se bifurca en varias versiones: algunos cuentan que antes de morir el rabino encerró al gigante en una habitación a la que nadie puede entrar, que estaría en el anexo de un hospital, en Caballito. Otros creen que vive en un callejón oculto, que podría ser el pasaje Colombo o el Victoria. De una u otra forma, hay vecinos que aseguran que el gigante le salvó la vida a más de uno





El extraño caso del Puente Uriburu:



Los hechos no son muy conocidos. Casi podría decir que es una "leyenda urbana" que nació en los primeros años de este nuevo siglo.

Uso la expresión "Leyenda urbana" porque carezco de toda prueba fehaciente para hacer de este relato algo verdadero. Ni siquiera los indicios que pudieron darme las personas involucradas pueden conferir a este relato cierta veracidad ni pueden hacer de él una simple anécdota.

Tuve la oportunidad de escuchar este relato en voz de tres personas que lo vivieron. Por supuesto ninguna de ellas se conocían. Salvo en pequeños detalles (nuestra mala memoria siempre da matices nuevos a lo que nos sucede) los relatos son exactamente iguales. Para esta ocación solo transcribiré uno, que creo es el más interesante y el más detallado.
Esto sucedió en el Barrio de Nueva Pompeya. Más precisamente en la intersección de las calles Tilcara y Perito Moreno, un lugar por demás solitario y muy cercano a los límites de la Capital.
Fernando (vamos a llamar así a nuestro personaje) luego de una larga reunión familiar en el Barrio de Boedo, volvía a su casa en Lanus. Es necesario decir que Fernando sí había tomado alguna copa en esa reunión, pero no demasíado como para atribuir lo que luego le sucedió a ese desliz baquíco.




Venía solo en su viejo Renault 12. Tomó la calle Tilcara para luego salir al puente Uriburu. Era de madrugada, cerca de las cinco de la mañana. Notó que esa larga calle era demasíado oscura y solitaria, así que por precaución aceleró casi con indiferencia. En ese momento le vinieron a la mente innumerables cosas. Perdió atención sobre el camino y bajó levemente la cabeza. Cuando la levantó nuevamente notó sorpresivamente como una niña muy rápidamente cruzó la calle (unos dos metros antes de Perito Moreno) y se puso de frente al auto. Fernando instantáneamente frenó, pero ya la niña estaba muy cerca, el choque era inevitable. El auto se deslizo unos cinco metros. Fenando sintió un golpe muy fuerte e inmediatamente imaginó lo peor. Salió ràpidamente del auto a buscar a la pequeña. No encontró nada. Miró en todas las direcciónes, debajo del auto, caminó unos metros pensando que a lo mejor el choque la hubiese impulsado varios metros hacia algunos de los lados, pero nada. El silencio de la madrugada se hizo mas hiriente. Los ojos de Fernando brillaron de incertidumbre, tal vez de miedo. Eso fue lo que sintió después, según me cuenta. Luego de revisar una vez más volvió al auto y siguió su camino a casa.

El hecho terminó ahí. Pero no sus circunstancias.
Me interesé mucho en este asunto e hice una pequeña investigación. Visité el lugar del hecho y pude hablar con algunos vecinos de la zona. Lo que ellos me contaron fue esto.
Hace unos diez años, es decir a mediados de los años 90, vivía sobre la calle Tilcara (a pocos metros de Perito Moreno) una familia muy numerosa. Estaba constituída por la Madre y cinco hijos. El padre había abandonado la familia al nacer el segundo de sus cinco hijos, que eran cuatro varones y una mujer que era la menor. La pequeña se llamaba Rebeca y es el personaje central de esta historia.

Luego de que el padre se fuera, la familia tuvo que vivir de lo que pudo. Dos de los hijos mayores pedían ayuda en los colectivos aduciendo tener una grave enfermedad. Los otros dos estudiaban, aunque eran más las horas que pasaban en la calle que en la escuela. Solo quedaba la pequeña Rebeca que no asistía al colegio para ayudar a su madre en su humilde casa. Esta niña de unos nueve años de edad era maltratada salvajamente por la madre. Era tratada como una sirvienta. Apenas llegaban a la casa los hermanos mayores, Rebeca era golpeada por ellos si no tenia listo lo poco de comida que había. En general ella no comía, sino una dos o tres veces por semana. Esto fue así por muchos años.

Cuando Rebeca cumplió los doce años, intentó escapar pero sin existo. La paliza que se ganó por esa osadía fue el principio del final.
Una noche de invierno, luego de un día agotador de maltratos e indiferencia, Rebeca empezó a preparar la cena. Era una sopa que había preparado con un trozo de pollo que había comprado la semana anterior. Lo sirvió y ella se quedó sin comer, como casi siempre. Se puso enfrente de la mesa y ante la vista de todos bebió una gotas de arsénico que había conseguido por algunos favores. La pequeña Rebeca cayó inmediatamente al piso y luego de algunos segundos murió frente a los ojos de su familia.

La noticia de la muerte de Rebeca fue un gran dolor para el barrio. Y solo fue noticia en una pequeña columna del diario "Crónica."
Pude conseguir una foto de Rebeca que luego se la mostré a Fernando. Inmediatamente me dijo que era la chica que se le había cruzado esa madrugada. Mi sopresa fue grande y tadavía me sigo preguntando cual fue la razón de esa aparición. Vecinos de la zona me dicen que todavía, en las madrugadas frías de Julio, se la puede ver cruzando la calle o caminando por el déposito de chatarra que se encuentra cercano al lugar.
Esa es la historia. Un poco triste tal vez. Espero que esa pequeña, este donde esté, pueda encontrar el lugar que no encontró en este diminuto lugar que llamamos tierra, continente, país, provincia, barrio...




La estación fantasma del Subte A, en Buenos Aires

Dice que en la línea A de Subte de Buenos Aires, existe una estación fantasma, y varios fantasmas que caminan por el lugar.
El presente video es una representación fílmica del lugar donde sucedieron los hechos, la historia fue tomada de los comentarios de los lugareños o relatos publicados que a partir de los años se convirtieron en mitos, se trato de hacer una breve investigación si la versión es real o solo una de las tantas Leyendas Urbanas.
La que comentamos es la que se refiere a la extraña visión que puede asaltarnos entre las “media estaciones” Pasco y Alberti, en la línea A de los subterráneos porteños.
Dicen que allí, a mitad de camino entre ambas estaciones, siempre se apaga la luz en el interior del vagón; y es en ese preciso momento en el que podemos ver, a través de la ventanilla, algo que no debería estar allí… una estación que no es ni Pasco ni Alberti. Y no sólo eso: sobre aquel andén imposible se encuentran dos hombres sentados, con sus piernas colgando sobre las vías. Algunos hasta llegan a afirmar que aquellas presencias tienen la mirada triste, muy triste.

Fantasmas en una estación fantasma.

Como todo mito, son muchas las versiones que intentan ahondar en la naturaleza de esta visión.







La dama de blanco....






Una venganza arquitectónica

El Edificio Kavanah, ubicado a un lado de la Plaza San Martín, avanza como una enorme proa hacia la barranca.
Ocupa una manzana triangular, y lo separa del Plaza Hotel un pasaje privado, que desde 1984, lleva el nombre de quién lo hiciera construir, la Sra. Corina Kavanagh.




Inaugurado el 3 de enero de 1936, fue el primer rascacielos de Buenos Aires.
De hormigón armado, proyectado por los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis de la Torre, cubre una superficie de 2400.mts2 y tiene una altura de 120 mts.
Con 33 pisos, subsuelo y azotea, 113 departamentos, cada uno con distintas comodidades y entrada privada, 13 ascensores, 5 entradas independientes, 5 escaleras, locales en la planta baja y estacionamiento resultó una verdadera novedad para la época.
De estilo racionalista, consta de un bloque central al que se le adosan, dos menores, y a estos, otros dos más pequeños.
Por su diseño escalonado, algunas de las unidades se prolongan en enormes balcones-terraza con magníficas vistas.
Recibió el "Premio Municipal a la Mejor Fachada" y otro a la "Casa Colectiva" por reunir las mejores condiciones de distribución e higiéne.
Desde 1999 es Monumento Histórico Nacional.




Se dice que esta dama de origen irlandés, excéntrica y vanguardista, a los 39 años, vendió dos estancias, para poder adquirir el terreno y edificar el edificio.
Algunos sostienen que enemistada con la Iglesia Católica, eligió este predio para tapar la visión de la "Basílica del Santísimo Sacramento", otros hablan de una "pequeña revancha" hacia los Anchorena, (benefactores del templo, futuro sepulcro familiar), desde cuya residencia, el Palacio Anchorena, (hoy Palacio San Martín, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores), se podía observar.




Cuentan que, un Anchorena se enamoró perdidamente de una Kavanagh (quizás la misma Corina?); de familia patricia el primero, de burgueses adinerados la última y en una época donde las clases sociales no se mezclaban, el romance no fue aprobado.
Fue así que, quizás como resarcimiento, Corina Kavanagh, mandó levantar su edificio con un único requisito: que impidiera la vista de la Iglesia...
Mito o realidad, lo cierto es que para observar la bella fachada del "Santísimo Sacramento" hay que pararse en el pasaje, que lleva su nombre...




El Castillo de los Bichos



Le Chateau Spa, El Castillo Lofts, popularmente " El Castillito de los Bichos".
Es el antiguo caserón de cinco pisos, caracterizado por las terrazas y balcones que franquean la esbelta cúpula, se denominó "Castillo de los Bichos" por las extrañas molduras de animales que lo adornan, que se encuentra en la calle Campana y la vía del Ferrocarril San Martín a metros de la Estación Villa del Parque, en la Ciudad de Buenos Aires.
Se dice que la obra fue encomendada por un noble italiano como regalo de bodas para su hija.
La historia se torna trágica cuando partiendo de su fiesta de bodas, y ante la mirada horrorizada de los invitados que saludaban desde los balcones y terrazas, el automóvil es arrasado por el tren vecino.
Los padres retornan a su tierra natal quedando la mansión abandonada por muchos años pues todo el barrio temía, no solo de su terrible historia, sino también de otras de fantasmas de la pareja. Otra versión asegura que no existió noble italiano ni pareja, y que fue construido como casa de citas de lujo y que nunca funcionó.




Felicitas Guerrero, Historia y leyenda



La dramática muerte de Felicitas Guerrero de Alzaga dio origen al templo que se levanta hoy en el popular barrio de Barracas.


Felicitas, joven de 16 años contrae matrimonio con Martín de Alzaga, sobrino nieto del español que fuera fusilado en los acontecimientos que siguieron a la Revolución de Mayo.

Quedando viuda a los veinte y cuatro años y después de un austero duelo se relaciona afectivamente con Enrique Ocampo, joven altamente conceptuado en los círculos sociales donde actuaba, pasado el tiempo, Felicitas inclinó sus sentimientos a favor de otro pretendiente, Manuel Sáenz Valiente.

Enrique Ocampo no acepta esta situación y con la excusa de devolverle regalos y cartas tiene con Felicitas una violenta entrevista que termina con dos disparos en el cuerpo de la infeliz mujer; Felicitas muere al día siguiente, 30 de enero de 1872.

Los padres de Doña Felicitas construyeron en su memoria la capilla que hoy admiramos.




La construcción de la misma fue obra del arquitecto Ernesto Bunge. No posee un estilo definido, aunque la fachada ostenta reminiscencias neogóticas y neorrománicas. Elementos que se repiten en su interior. Es expresión del eclecticismo.

La capilla impresiona por la originalidad de sus líneas, la esbeltez de sus torres y las figuras de ángeles dispuestas en simetría. En el vestíbulo se encuentran dos blancas estatuas de mármol de carrara. La de la derecha representa al yerno de los donantes, en el pedestal lleva la siguiente inscripción: “+ Martín de Alzaga - Marzo 17 de 1870”. A la izquierda la imagen de una madre con su hijo y en pedestal se lee “+ Felicitas G. de Alzaba - Enero de 1872”y “+ Félix de Alzaga – Octubre 3 de 1869”. Recordamos que Felicitas tuvo un hijo, Félix, que murió a los 6 años.


Aquí termina la historia y comienza la leyenda. Se dice que si Ud. deja un pañuelo en la reja de Santa Felicitas al atardecer, a la mañana aparecerá húmedo de lagrimas y que los días 30 de Enero se puede entrever una llorosa figura de mujer vestida de blanco vagando por la iglesia.

Felicitas Guerrero, la mujer de los superlativos, se ha convertido finalmente, si no en el fantasma más famoso de la República, seguramente en uno de los más famosos de Buenos Aires.







El Diablo en El Espejo (Córdoba)



Esta historia ocurre en Villa Carlos Paz, y quien la cuenta afirma que le ocurrió al amigo de un primo suyo.

Estábamos todos tomando unas cervezas en un bar de mi ciudad. estábamos entre risas y tomando lo normal, cuando apareció un flaco moreno, con vestimenta gótica, de unos 21 años, como nosotros. Pablo, uno de mis amigos que allí se encontraban, lo saludó, puesto que eran amigos. Se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas.

Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, como que ya había anochecido y nos encontrábamos ahora en un descampado. Nos contábamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados. Entonces Geronimo, el pibe gótico, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Lo escuchamos, la verdad, con la misma atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente:

(Textualmente)"En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verlo tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cerra la puerta. Encendé 12 velas, al poder ser negras, y cuando quede poco para que sean las 12, cerras los ojos y te paras frente al espejo. Manténlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo"

Todos nos lo tomamos en joda, pero David, otro amigo, dijo que lo haría sin problema. estábamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo.

24 de Diciembre, las 23:55. Todo estaba preparado y nadie nos molestaría. Entró David solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que alguien estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, llamé a David. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y lo encontré en el suelo, agarrándose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia y se lo llevaron al hospital.

Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin David se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras:


"Lo vi. . . Tengo mucho miedo"

Ahora ya conseguí dormir, pero David no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal. No fue eso: fue lo que vio en el espejo. Y estará así hasta que se muera.





La Dama Vestida de Negro



En San Gregorio, localidad cercana a Venado Tuerto, Provincia de Santa Fe, sus pobladores relatan que una mañana de cerrada llovizna, un abastecedor del frigorífico Maru de Rufino encontró en la ruta 14 a una mujer vestida de negro que hacía el tradicional gesto de autostop.

La llevó hasta la ciudad y cuando la dama se bajó, tras agradecerle por haberla acercado hasta escasa media cuadra de su casa, le dijo su nombre: Nancy Núñez. Poco después, el hombre se enteró de que Nancy Núñez había fallecido un año y medio atrás en un extraño accidente, cuando la avioneta que piloteaba su marido había perdido una de sus ruedas impactando en el auto que ella conducía, lo que le había causado la muerte instantáneamente.

El sorprendido abastecedor descubrió también que el lugar en donde había parado para levantar a la mujer, entre Cristophersen y San Gregorio, era exactamente el sitio donde había ocurrido la tragedia que poco antes había conmocionado a la localidad. Otros testimonios dan cuenta de la misma aparición, en la misma ruta, a la altura del lugar del accidente




La Dama del Cementerio:



En caso parecido es aquél que cuenta que un hombre quedó encerrado en el cementerio al terminar el horario de visitas. Inquieto comenzó a dar vueltas por el lugar en busca del sereno para que le abriera la puerta. No lo encontró pero advirtió que frente a una tumba estaba una mujer de pie (según las variantes del relato, puede tratarse de una niña, una adolescente o una mujer adulta). El hombre se le acercó entonces y le contó su situación, alegrándose de ver a alguien más por allí. La mujer le respondió que a ella le había ocurrido lo mismo y que no se preocupara, ya que conocía un lugar desde donde podrían salir.

Con la dama como guía, el sujeto la siguió entre las lápidas, hasta que ella se detuvo indicándole una de las paredes perimetrales del cementerio. Al comprobar que no había ninguna puerta, el hombre le preguntó cómo hacer para salir por ese lugar inaccesible. –Así le respondió la mujer mientras atravesaba el muro.




La que se Murió de Amor:



Este mito tiene raíces en la historia del país. Cuenta la tradición que cuando la joven Felicitas Guerrero se casó en 1862 con Martín de Álzaga, un hombre mayor y acaudalado, era una de las mujeres más bellas de la sociedad porteña. Al año siguiente de la boda y tras perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda con apenas 26 años.

A su hermosura sumaba el hecho de ser una de las fortunas más grandes de la Ciudad de Buenos Aires, lo que la convirtió en objeto de admiración y requerimiento de muchos pretendientes. Entre ellos estaba el celoso Enrique Ocampo, a quien la viuda rechazó sin miramientos. Quiso el destino que el enamorado descubriera que la causa de tal rechazo era la preferencia de Felicitas por el estanciero Samuel Sáenz Valiente. Enfermo de rabia, Ocampo mató a la muchacha con un disparo en la espalda y al instante se suicidó.

Los Guerrero mandaron construir, en homenaje a su hija, una capilla ubicada en la calle Isabel La Católica, entre Brandsen y Pinzón. Los vecinos del lugar sostienen que cada 30 de enero, fecha de la muerte de Felicitas, aparece su fantasma con el torso ensangrentado, vagando errante durante toda la noche hasta el amanecer. Es frecuente, agregan, que muchas mujeres se encomienden a ella para encontrar un gran amor o para conservar el que ya tienen.




La Pelada de la Cañada:

Corría el año 1885, año en que se implantaba la Ley Nacional del Servicio Militar Obligatorio. Además en ese mismo año, Leopoldo Lugones fundaba el primer Centro Socialista.

Siguiendo los acontecimientos ocurridos en ese año, diremos que el viernes 17 de mayo, llegaba al recinto de la legislatura, alrededor de las 14 horas, el triunfante nuevo gobernador a prestar juramento. Tratabase de un joven abogado de 35 años de edad, que ocuparía el sillón que dejaba Don Manuel Estrada. Nos referimos al Doctor José Figueroa Alcorta, que mas tarde seria Presidente de la Nación, quien llevaba como compañero de formula al doctor Ortiz y Herrera.

Por esos tiempos, todavía Córdoba se alumbraba por las noches, con farolitos a gas de carburo de calcio y la ciudad se constituía en una aldea esencialmente religiosa, que se acostaba con murmullos de rezos y se despertaba al tañer de las campanas de sus iglesias.

Se vivía en una época de duendes y fantasmas. La superstición o la credulidad del pueblo, se entremezclaba con creencias esotéricas, donde proliferaban sucedidos y leyendas que corrían en las tertulias familiares llegando esos comentarios a atemorizar las mentes infantiles, hasta en las horas de “las inevitables siestas”, creando duendes y fantasmas, merced al clima propicio de aquella sociedad.

En cada baldío o zanjon la imaginación de aquellos habitantes creaba un fantasma, nos atreveríamos a pensar. Los lugares mas aprensivos por lo sombrío del panorama, solía ser La Cañada, culpable también de las inundaciones traicioneras.


Fue justamente en La Cañada, especialmente en el trayecto desde Las Cinco Esquinas hasta su desembocadura con él rió, que empezó por aquellos años a aparecer un fantasma, que durante largo tiempo provoco el temor de muchos cordobeses, para después convertirse en una leyenda.
Las características de este aparecido, según los comentarios, de los que decían que lo vieron: “Era movediza, tenia una lustrosa pelada, vestía de blanco y crecía y sé encogía con facilidad”. Tratabase de “La Pelada de la Cañada”. De Pronto se aparecía cerca de la Capilla del Niño Dios (que se ubicaba en la intersección de la calle San Juan y La Cañada), como por las inmediaciones de la vieja fabrica de porcelana, por la calle Rioja.

Tal vez aprovechando la fama de “la Pelada de la Cañada” sin dudas, habrían aparecido algunos imitadores. Pero lo cierto es, que entre los asaltados por este fantasma, habría un comerciante "turco" que decía se le había aparecido por la fabrica de porcelana . Lo interesante del caso, era que del susto recibido, no podía bajarse del caballo que montaba, y pretendía por ese inconveniente, hacer la denuncia desde su cabalgadura. Cuentan que el comisario no encontraba la manera de hacerlo descender del animal al denunciante y al preguntarle el “por que de su actitud”, contestole el turco de marras:
>Pasar señur comesario, que la Belada de la Cañada, ha asustado al caballo mío y ahora no dejar bajar al pobre turco...
Preguntando en la oportunidad el Comisario:
>Usted, ¿no se asunto, amigo?
Respondiendo el turco:
>Yo simplemente ensuciar pantalones, señur comisario.

Para terminar de contar esta anécdota, diremos que tiempo después unos soldados del Regimiento 4 de Ingeniería que tenian sus cuarteles precisamente en la vieja fabrica de porcelana entre la calle Rioja y La Cañada, le hicieron una celada al fantasma, no se sabe si fue el autentico, y le dieron una soberana paliza.




Bueno esas fueron todas espero que les haya gustado!!!

Saludos!!!

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