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Artemisia de Caria: la primera mujer almirante.

Info3/13/2014
Espectativa



La cruda realidad.
persas

La reina Artemisa de Halicarnaso (siglo V a. C.) es la primera mujer de la que se tenga constancia histórica que, en calidad de almirante, dirigiera una flota durante una batalla. Aliados a los persas del Rey Jerjes (ese feo de la peli 300), durante las Guerras Medicas, sus cien barcos combatieron contra las flotas atenienses en el año 480 a. C. en la famosa batalla de Salamina.

Artemisa fue la única en advertir a tiempo la trata del griego Temístocles, consistente en atraer las más numerosas y mejor armadas naves de Jerjes hacia un estrecho donde no pudiesen maniobrar. Pese a darse cuenta de la treta no pudo impedirla y evitar el desastre persa. Perdieron la batalla.

Ella fue de los pocos que sobrevivieron a aquel terrible desastre naval.

Su navío fue acosado por los barcos atenienses y no tenia posibilidad de escapar, así que enarboló la bandera espartana y decidió embestir un navío de la flota de Jerjes, comandado, curiosamente por un enemigo suyo, Domasitino, hundiéndolo, de modo que la embarcación griega que le seguía creyese que era una aliada.

Así logró escapar hacia las líneas persas. Jerjes, al verla, pronunció una famosa frase, registrada por Herodoto: “¡Mis hombres (los persas) se han convertido en mujeres y mis mujeres en hombres!”

Imagínense lo que pudo joder esto a los atenienses, que, ni cortos ni perezosos, declararon a Artemisa su enemigo número uno, prometiendo una recompensa para cualquiera que la trajese viva. Pero ella no se amedrentó: poco después se apoderó por sorpresa de la ciudad de Latmo, penetrando en ella con el pretexto de honrar a la madre de los dioses.

Pero aquella valiente y heroica señora, dura con los enemigos e invencible en la batalla, no pudo, o no supo, vencer una guerra interior: la pasión por el joven Dárdano, de Abydos

Sin nada que justificara en ella aquella pasión repentina, pues solo se dejó llevar de la efímera hermosura del joven de Abydos, halló en ella el castigo de su culpa, como le suelen hallar esas pasiones imprudentes, esos amores basados en una apariencia loca; fuegos del corazón que apagan la llama de la inteligencia.

El joven la desdeñó; irritada por aquel ultraje hecho a su orgullo, llegó á sacar los ojos a Dárdano, y a precipitarse al mar desde la roca de Leucades, siguiendo a Safo, como la seguían todos los amantes desgraciados.

La batalla de Salamina:

Los persas contaban con una clara superioridad numérica; las fuentes antiguas hablan de 1200 barcos, pero sin duda es una exageración, y quizás ese número se refiera a los efectivos de la flota íntegra, al comenzar campaña. Los historiadores modernos se inclinan a creer que la flota que tomó parte en la batalla de Salamina, por parte persa, pudo ser de unos 700 - 800 barcos. Que ya son.

Es falsa la idea extendida de la baja calidad de la flota persa. Algunas de las flotillas que seguían al Gran Rey eran excelentes, como los fenicios o los egipcios, pero estos últimos navegaban circunvalando la isla de Salamina para formar una pinza y rodear a los griegos. También la flota de los aliados griegos del Gran Rey era de una gran calidad. Sin embargo, otra cosa era la confianza que se podría depositar en la lealtad de algunos de los súbditos del rey: los griegos estaban allí, en gran parte, por la fuerza, y lo mismo se puede decir de los egipcios, que siempre consideraron a los persas como déspotas de quien intentaron liberarse.

caria

Los súbditos de Jerjes más confiables, los propios persas y medos, y los originarios del Asia Central, tenían pocas cualidades marineras, y muchos de ellos no sabían nadar.
Los griegos tenían entre 360 y 380 trirremes(barcos), (Esquilo, que peleó en Salamina, dice que fueron unos 310; otros los rebajan aún más, como Hipérides, a 220, pero posiblemente sea conintención de ampliar la gloria de la victoria) de los que la mitad eran atenienses, y en número de efectivos le seguía Corinto, con 40. Esparta sólo aportaba 16.

El corazón de la flota, los trirremes atenienses, habían sido construidos en su mayor parte por consejo de Temístocles pocos años antes con la plata obtenida en las minas de Laurión, y en principio prensentaban mayor uniformidad, maniobrabilidad y manejabilidad que sus enemigos, lo que no fue poco importante para lo que se avecinaba.

Efectivamente, al entrar los persas en los canales de Salamina por el Sur, fenicios a la derecha, jonios a la izquierda, se produjeron embotellamientos, sobre todo en el ala izquierda, y los jonios se retrasaron.

Al parecer, los griegos comenzaron la acción retirándose un poco, sea por el lógico temor a iniciar la batalla contra fuerza tan temible, sea por táctica, para que el enemigo descompusiese su línea. Herodoto cuenta una historia que, según él, "circula entre los atenienses", que acusan a las naves corintias de abandonar la flota aliada y navegar hacia el norte en clara huida. Cosa que, claro está, niegan los corintios. Recordemos que, mientras Herodoto escribe sus libros, Corinto y Atenas están enfrentadas, y lo entenderemos todo.

¿Jerjes quemo Atenas?
-si. Pero no ganó.
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