Allí permaneció, agasajado de forma benigna y muy hospitalaria, por Calipso, durante ocho largos años; no podía partir, pues no disponía ni de barco ni de tripulación.
En la Titanomaquia, cuando los titanes perdieron la guerra, los olímpicos castigaron a Calipso por ser hija del titán Atlas, enviándola a Ogigia. Se dice que cada milenio los dioses le mandaban un héroe para que ella se enamorara, pero que luego el destino, obligaría a Calipso a dejarlo marchar.
Calipso intentó que Ulises olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba en Ogigia con ella. Pero el héroe se cansó pronto de sus agasajos y comenzó a añorar a su mujer, Penélope.
Finalmente Atenea, que siempre le había amparado, convenció a Zeus para que le permitiera regresar a Ítaca.
Hermes fue enviado a Ogigia para ordenarle a Calipso que suministrara todas las cosas necesarias para la comodidad de Ulises y le ayudara en la construcción de una enorme balsa, en la cual nuestro héroe se encontró a sí mismo navegando tras muchos años de permanencia en tierra.
Todo parecía ir bien, hasta que Poseidón se dio cuenta súbitamente de que su viejo enemigo, el torturador de Polifemo, estaba a punto de escapar de sus garras.
Con un golpe de su tridente causó una de esas repentinas tempestades a cuya furia nadie puede resistirse, haciendo pedazos la balsa de Ulises y golpeándole contra las olas, hasta que la diosa Leucotea, viendo su angustia, le ayudó a llegar a las costas de Feacia.
Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog:
En la Titanomaquia, cuando los titanes perdieron la guerra, los olímpicos castigaron a Calipso por ser hija del titán Atlas, enviándola a Ogigia. Se dice que cada milenio los dioses le mandaban un héroe para que ella se enamorara, pero que luego el destino, obligaría a Calipso a dejarlo marchar.
Calipso intentó que Ulises olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba en Ogigia con ella. Pero el héroe se cansó pronto de sus agasajos y comenzó a añorar a su mujer, Penélope.
Finalmente Atenea, que siempre le había amparado, convenció a Zeus para que le permitiera regresar a Ítaca.
Hermes fue enviado a Ogigia para ordenarle a Calipso que suministrara todas las cosas necesarias para la comodidad de Ulises y le ayudara en la construcción de una enorme balsa, en la cual nuestro héroe se encontró a sí mismo navegando tras muchos años de permanencia en tierra.
Todo parecía ir bien, hasta que Poseidón se dio cuenta súbitamente de que su viejo enemigo, el torturador de Polifemo, estaba a punto de escapar de sus garras.
Con un golpe de su tridente causó una de esas repentinas tempestades a cuya furia nadie puede resistirse, haciendo pedazos la balsa de Ulises y golpeándole contra las olas, hasta que la diosa Leucotea, viendo su angustia, le ayudó a llegar a las costas de Feacia.
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