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Los Samurái, la élite guerrera de Japón

Info7/23/2014




El Japón feudal tuvo como protagonistas de sus guerras a los famosos Samurái; una casta guerrera admirada, temida, odiada y respetada, que hasta el día de hoy atraviesa todas las fronteras.



Escribir sobre los guerreros Samurái implica un desafío extenso y complejo, ya que su enmarañado desarrollo histórico y su particular sistema de formación filosófica fácilmente da pie para escribir una colección completa de libros. Pero como afortunadamente esto es una guía y no una tesis doctoral, trataré de explicar en forma simple quiénes eran estos renombrados personajes de la historia japonesa que aún viven en la mente de todo el mundo.



El significado de la palabra Samurái hace referencia a “el que sirve”. No eran criados de servicio doméstico, sino militares dedicados a proteger los intereses del señor al que servían. Debido a que eran entrenados en las artes marciales desde pequeños, al alcanzar su juventud llegaban a convertirse en hábiles arqueros, jinetes y espadachines. Además, sus estudios marciales eran complementados con filosofía, literatura y caligrafía entre muchas otras disciplinas, con la finalidad de desarrollar una personalidad equilibrada que los transformara en un ejemplo digno de seguir. Es así como cada Samurái formaba parte de un determinado clan al que debía obediencia por sobre todas las cosas.



Los Samurái fueron muy temidos por sus grandes habilidades para la guerra.



En su parte filosófica, el Samurái debía seguir estrictamente un código de honor denominado Bushidō. El cumplir dicho código haría del Samurái una persona respetable, justa y heroica; pero lamentablemente no todos los que pertenecían a la élite militar Samurái cumplían este código a cabalidad, por lo que fueron muchos los abusos de poder llevados a cabo durante los tiempos de guerra.





La casta Samurái tenía el privilegio de portar en su cintura dos sables: uno largo llamado katana y uno más corto denominado wakizashi. El conjunto de sables formaba el “daishō”, palabra que se crea tomando “dai” del término “daitō” (que significa sable largo) y “shō” del término shōtō (que significa sable corto). El estar fuertemente armado y gozar de un rango social superior le permitía al Samurái castigar a todos aquellos de menor casta que le faltasen el respeto, incluso tomando la vida de éstos.



Pero el poder del Samurái no nace espontáneamente; muy por el contrario, es producto de un largo desarrollo de acontecimientos que lo llevarían desde una posición social secundaria hasta las máximas cúpulas de poder del gobierno japonés de la época. Durante el periodo Heian, que abarcó desde el año 794 hasta el 1185, la corte imperial se dedicó profundamente al desarrollo de las artes; la preocupación por el refinamiento estético de la arquitectura, literatura y la poesía, por nombrar sólo algunos campos, hicieron al emperador concentrarse en estas tareas y delegar el tedioso trabajo político a administradores de la aristocracia rural, quienes poco a poco formaron grupos armados para hacer valer directrices de estado como la recaudación de impuestos y el orden público. Los señores rurales, con ejércitos cada vez más poderosos, comenzaron a desear el poder absoluto del país y de esta forma se aventuraron en diversos conflictos bélicos entre clanes para intentar controlar la nación y plantear un nuevo orden.






Los clanes Taira y Minamoto lograron durante la historia japonesa ser los de mayor importancia para luchar por el poder. Sus desacuerdos los llevaron a enfrentarse una y otra vez hasta que en la guerra civil bautizada como “Guerra Genpei” (1180 al 1185), el clan Minamoto salió victorioso, y por primera vez en la historia de Japón la casta Samurái se apoderó totalmente del mando político y militar de la nación. Es así como se establece el primer “shōgunato” encabezado por el “shōgun” Minamoto no Yoritomo. Este primer gobierno samurai fue conocido como el Shōgunato de Kamakura y dio el puntapié inicial para el dominio samurai por casi 700 años. Estableció en la cúspide del poder al shōgun como máximo líder político-militar y más abajo a los “daimyō”, señores feudales de gran poder bélico y económico con un territorio asignado, los cuales tenían bajo su mando ejércitos de samurai que servían a sus propósitos de orden y conquista.



A grandes rasgos es así como se inicia el auge de esta singular casta guerrera, la cual sin duda amerita una descripción mucho más extensa.



Eran militares con sables al cinto, código ético, refinamiento espiritual y una admirable inteligencia política que los hizo gobernar por casi 700 años. Las hazañas de los samurai abarcan un fascinante universo que ha marcado la historia del mundo a través de generaciones.



La primera imagen que a una persona se le puede venir a la cabeza cuando escucha la palabra samurai, dependerá simplemente de su edad y su interés por la cultura japonesa. Algunos dirán: “Samurai, es un vehículo 4×4”, mientras que otros recordarán la serie televisiva Shōgun, la película Kill Bill de Tarantino o la cara de Tom Cruise.






Aunque ya hablamos en una primera instancia sobre sus orígenes, podemos reforzar la idea de que el Samurái era un guerrero del Japón medieval regido por el Bushidō; un código ético que inicialmente se basó en un manual de buenas conductas el cual evolucionó durante siglos hasta transformarse en una extensa e intensa doctrina que involucró deberes sociales y aspectos políticos.

Los Samurái desarrollaban un profundo sentido del deber.



Una de las características que determinaba al samurai era su profunda relación con la muerte. La guerra y los duelos que constantemente lo rodeaban le hicieron vivir la experiencia de quitar la vida a sus enemigos y al mismo tiempo proteger la suya. El estar consciente de que podría ser muerto en la próxima batalla, y tener que cargar continuamente con los horrores de la guerra, hicieron que el Samurái buscara un profundo camino espiritual que equilibrara su vida y le permitiera mantener su temple.



Un famoso escritor japonés de la época escribió: “El verdadero coraje es vivir cuando es justo y morir cuando es justo morir. Tras las acciones cotidianas, el Samurái debe acordarse de la palabra muerte para no dejar nunca de tenerla en el corazón”. Para muchos estas sentencias pueden no ser claras, pero para el samurai eran directrices de vida que lo guiaban y preparaban para cuando llegara la hora de morir. De ahí su relación con el seppuku o hara kiri; una forma ritual de suicidio que consistía en abrirse el estomago con un cuchillo, la cual ponía a prueba el auto-control para recibir a la muerte. Seguramente en próximas publicaciones destinaré una columna completa a este tema para tratar de entender la profundidad de ese impactante rito.



Los Samurái eran sirvientes que a cambio de su lealtad y valor en la guerra, eran recompensados generalmente con tierras que le arrebataban al bando perdedor.



De esta forma existían guerreros Samurái de diversos niveles económicos; aquellos que gozaban de un mayor sustento invertían su dinero en armamento, caballos, armaduras y sueldos para criados y otros Samurái a su servicio. Pero independiente de su posición económica, y debido a su formación cultural, todo aquel guerrero que realmente se tildara de Samurái debía desarrollar un sentido del deber que para muchos podría llegar a ser ridículo o incomprensible.






A continuación les dejo un hermoso cuento del folclore japonés que gráfica muy bien el sentido del deber Samurái:

Un Samurái del Feudo de Ako tuvo que partir un día de viaje. Antes de emprender su aventura, prometió a toda su familia que regresaría el noveno día del noveno mes de ese mismo año. El tiempo pasó lentamente sin que ningún pariente tuviera una mínima noticia sobre el Samurái. Al llegar el noveno día del noveno mes sus seres queridos esperaban su llegada, pero cayó la noche y el Samurái nunca apareció. Sus familiares se fueron a dormir desalentados, pero uno de sus hermanos tenía plena confianza en que el samurai cumpliría su palabra. Cerca de la medianoche el Samurái apareció caminando tranquilamente y cuando se encontró con su hermano se fundieron en un fuerte abrazo para después conversar sobre lo que había sucedido en el viaje. El Samurái contó que había sido hecho prisionero por el señor Tonda y que no había podido escapar de su encierro hasta ese mismo día. El hermano lo miró extrañado y le dijo: “Pero… si estuviste prisionero hasta hoy ¿cómo pudiste llegar tan rápido? El feudo de Tonda está a 400 kilómetros de distancia”. Entonces el Samurái contestó: “Afortunadamente me permitieron conservar mi sable y gracias a él pude llegar en el día que prometí regresar. Te ruego que me despidas de nuestra madre”. Y con estas palabras, el Samurái se despidió de su hermano y se desvaneció en el aire como si fuera humo.



Es así como este Samurái ante la imposibilidad material de realizar el viaje, opta por el suicidio ritual para liberar su espíritu y poder llegar a cumplir su promesa. ¿Ridículo, incomprensible, admirable, extremo?… simple y complicad-amente Samurái.

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