
Invisibles, inadvertidos y casi inexistentes para el común de los que vivimos en el Perú. Ese era, hasta hace muy poco, el estatus de los llamados ‘neonazis’ peruanos. La mayoría son jóvenes e integran agrupaciones que proclaman su amor supremo por la Patria y protegen a la familia como ‘prioridad del Nacionalsocialismo’, frente a “nuevas formas de familia”, léase, parejas del mismo sexo, lo que consideran una degeneración.
La detención, la segunda semana de agosto, de cuatro jóvenes que, portando emblemas nazis, realizaban prácticas con armas en el Callao, los sacó a la luz pública. Al margen de a cuál agrupación pertenezcan los intervenidos (el Movimiento Nacional Socialista Despierta Perú, MNSDP, ha negado que los detenidos integren sus filas) la realidad es que existen: Son peruanos, son nacionalistas y suelen evocar a Adolfo Hitler en sus reuniones y discursos.
Al preguntar por las calles a transeúntes de toda edad qué pensaban de la existencia de neonazis en el Perú, las primeras respuestas solían ser o sonrisas de desconcierto o carcajadas burlonas. “¿Neonazis en el Perú?, ya pues…¿es broma?...si aquí todos somos cholos” fue lo que más escuchamos; y es que lo nazi o neonazi unido casi a la fuerza a lo “peruano” o “cholo” no es concebido como “viable” y mas bien, es visto como una mixtura imposible o como los ingredientes perfectos para una colisión a gran escala.
Contradictorio, aberrante y bizarro
Pero ¿Quién dijo que debe haber lógica en estas agrupaciones? ¿importan acaso los choques históricos?. “Ninguno de estos grupos tiene que ser coherente en el espacio social”, nos dice el antropólogo y politólogo Jaris Mujica. “Que (su discurso) parezca contradictorio, aberrante, extraño, bizarro…es otro tema”, sentencia.
El experto se refiere así a las contradicciones que podrían aducirse al analizar los principales postulados de estos movimientos: El Perú –según estas agrupaciones- es más que el reducido territorio actual y abarca miles de años de historia, desde civilizaciones como Caral hasta los “últimos imperios tradicionales” (virreynato). Además, rechazan el "nacionalismo mal entendido" expresado en la gastronomía o la elevación a altares de ídolos populares.
“Lo que a muchos les parecería gracioso: una mezcla entre nazismo hitleriano y pasado inca…creo que muestra elementos simbólicos de lo que estos grupos quieren decir (…) Es la reivindicación de un pasado imperial, glorioso, de una figura monárquica clásica que tiene dos polos: por un lado una demanda que dice ‘pertenecemos a un gran reino clásico imperial’ -y hasta se habla del imperio español, de los conquistadores- pero también pertenecemos a pasado imperial inca, precolombino”, refiere el experto de la Universidad Católica.
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FIN DEL CRAP