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Como saber si alguien miente a través de su lenguaje corpor

Info•3/4/2014
Las mentiras pueden ser detectadas, en la medida que observas la forma de ser de quienes te rodean. Mientras más estudias el lenguaje corporal de los demás, te haces cada vez más sensible a los cambios actitudinales que inevitablemente acompañan una falsedad.





El primer tip para detectar mentiras es repetir la pregunta. Cuando le haces una pregunta sencilla a una persona y ésta la repite total o parcialmente, como si no nos hubiese escuchado o entendido, esta persona quiere mentirte o no sabe que responderte.



Cuando una persona miente, las pausas entre cada palabra aumentan unas décimas de segundo.

En cualquiera de los casos, los centros de procesamiento del cerebro están siendo puestos en funcionamiento de manera sorpresiva, y con el pleno conocimiento de que a una pregunta sencilla debe seguirle una respuesta sencilla, la mente necesita valiosas décimas de segundo para articular una respuesta no comprometedora. ¿Cómo hace el mentiroso para ganar tiempo? pues repite la pregunta. Es instintivo.


2) Complementar la respuesta con la pregunta misma. Digamos que no repites literalmente la pregunta, sino que la “adjuntas” a una respuesta que debería ser, a todas luces, sencilla. Por ejemplo:



Luego de una respuesta así, esperemos que Matias se asegure de que el perro no se muera de hambre. El incluir la pregunta original como una coletilla de la respuesta (que en este caso podría ser simplemente “Uhm, Sí amor“) es señal que el centro del lenguaje quiere sonar convincente, cosa que no ocurre cuando nos preguntan, por ejemplo, nuestro nombre.



La sudoración de la frente es un indicio claro de que la persona está nerviosa. ¿Nerviosa por qué…? puede que lo esté simplemente porque se siente acusada y está buscando exponer su explicación; o bien no tiene ninguna explicación y tiene que inventarla.

En ese momento la persona que está siendo “acusada” entra en un círculo vicioso en el que le es imposible generar palabras coherentes puesto que su cerebro está dividido entre a) Alarmar sobre el peligro del momento, b) determinar la intención y reacciones de su interlocutor y c) Desarrollar la mentira. Si a todo esto le añades el hecho de que ya está nervioso y no puede pensar con claridad, es muy factible que termine metiendo la pata o simplemente lo confiese todo.
Debes estar absolutamente seguro de que no hace el calor suficiente como para que la persona esté sudando. Una cuidadosa observación previa al “interrogatorio”, nos permitirá determinar si la piel de su sien está seca.

Los ojos fijos

Este es uno de los mitos que se encuentran en la web:

“Los ojos de una persona que miente tratan de evadir constantemente a su interlocutor, ya sea por vergüenza o pesar.”

Cuando mentimos, decimos algo que esperas que tu interlocutor escuche… y que baje la guardia y nos crea. Hasta entonces, tratarás de escrutar cada centímetro de su rostro; el brillo de sus ojos, la tensión en su cara, el color de la piel, la respiración… buscarás de manera desesperada una confirmación de que lo que inventaste ha destruido por completo la duda de la otra persona. Hasta entonces, no dejarás de mirar.



Todo exceso es sospechoso. En algún momento te habrás topado con alguien que sabías que mentía… y que se esforzaba ridículamente por no establecer contacto visual alguno. Quizás se quedaba viendo una grieta en el techo, o quizás una piedrita en el piso… pero nunca volteaba a verte. Lo más probable es que no tuviese un argumento, sino que más bien se empeñara una y otra vez en negar su participación o conocimiento de la acusación. En este caso, la certeza de que está mintiendo es aún mayor.

Justificarse innecesariamente

Una de las recomendaciones que hacen los abogados a las personas que están siendo interrogadas, bien sea en una comisaría o en un juicio, es el de ser fríamente concretos. “Sí” o “No” son las respuestas adecuadas; si hay que responder con una frase completa, debe hacerse lo más sencilla posible y responder exactamente lo que están preguntando. Si te preguntan “¿Dónde estuvo usted la noche del martes?”, nuestra respuesta debe ser de menos de cuatro palabras. “En la discoteca tal o cual”. Punto.

Cuando nos sentimos culpables por una u otra razón, o cuando estamos nerviosos porque queremos demostrar nuestra inocencia o eficiencia, tendemos a… justificarnos innecesariamente.

¿Qué podemos definir como una justificación innecesaria? todo detalle que busca probar lo que estamos diciendo.
Si responde rápidamente y sin dudar, quizá tenía pensada y practicada su respuesta.
¿Qué ganas hablando más de la cuenta?. Absolutamente nada. De hecho pierdes mucho, pues das detalles muchas veces innecesarios que ayudarán a un interrogador sagaz a contradecirte eventualmente, incluso si eres sincero.

¿Cómo es posible? el nerviosismo es el culpable; si la respuesta a la pregunta fuese “Estaba en la discoteca… con Juan y María“, y en realidad Juan sólo te acompañó diez minutos y se fue, entonces quien nos interroga podría alegar que “A las 9:30 p.m. Juan se encontraba en casa de su mamá. ¿Cómo es posible que estuviese con usted en la discoteca?“. Ahí te toca justificar aún más. Dirías (aún más nervioso) “Ah, es que él se marchó a las 9:10… no volví a saber de él“. Y por ahí te vas. ¿Te imaginas si a las 9:45 le enviaste un mensaje de texto a Juan y lo olvidaste? Todo se complica.

Bajar la voz y tragar saliva
Ésta es la lección para detectar mentiras más fácil de implementar. Cuando una persona miente o está inventando algo, su tono y volumen de voz disminuyen dramáticamente, casi en un 50%. De hablar con una correcta modulación, pasa de repente a bajar la voz con discreción, y de nuevo a un tono de voz normal.

Inclusive, puede ocurrir varias veces a lo largo de frases concatenadas. Trata de identificar, a medida que tu interlocutor se expresa, las subidas y bajadas de tono; pon atención a qué detalles estaba explicando en el momento en que disminuyó el volumen al hablar; Apunta maquiavélicamente tus próximas preguntas a estos detalles que tu “víctima” quiere pasar por debajo de la mesa.

En la misma medida que el tono de voz oscila con las mentiras, hay otro detalle vocal que no puede restársele protagonismo: tragar saliva. Éste es un proceso automático que hacemos todo el tiempo, pero si estamos nerviosos lo hacemos casi deliberadamente, y se nota.




El alivio de la retirada

La última técnica que debemos aprender para detectar mentiras es, sin duda alguna, la más difícil de aplicar. Se basa en la siguiente premisa:

“Cuando una persona está siendo interrogada de manera inquisitiva, se mantendrá a la defensiva y su cuerpo estará tenso. En el momento que el interrogatorio termine, pueden ocurrir una de dos cosas: O bien la persona ´contrataca´ diciendo lo injusto que hemos sido en pensar que está mintiendo, o bien se queda callada y su cuerpo se relaja por unas décimas de segundo.”

En pocas palabras, una persona culpable se sentirá aliviada instantáneamente cuando el “interrogatorio” termine.




Una persona sincera está dispuesta a cooperar y dar explicaciones; un mentiroso se pone a la defensiva y responde lo más escueto posible.


Es común el uso de pronombres imprecisos (nosotros, ustedes, ellos) para separarse emocionalmente de la mentira.




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