Saludos cordiales a todos. Mi nombre es Mauro, soy católico apostólico romano. Este texto lo escribo para presentarme y compartir mi experiencia en la iglesia católica y cosas muy importantes que aprendí sobre el catolicismo y de cómo el concilio vaticano II ha desvirtuado la religión católica, que es el único camino que conduce a Jesús y, por ende, a la salvación. Sé que suena fuerte decirlo así, pero la modernidad en la iglesia ha socavado los cimientos de la fe, la liturgia y la tradición.
“Yo entrego mi sangre por la antigua religión católica” fueron las palabras de Mary Stewart, mártir por causa de Cristo, antes que le cortaran la cabeza por no aceptar a la iglesia anglicana ni convertirse a dicha iglesia en el siglo XVI. La fiel servidora de Cristo que cito, si estuviera viva hoy no me cabe duda que rechazaría los cambios efectuados por el concilio vaticano II; puesto que, si no aceptó el culto de la iglesia anglicana al punto tal que se dejó morir con tal de no renunciar a su verdadera fe, es indudable que tampoco aceptaría que esos mismos cambios se den en la iglesia católica, y menuda ironía, que es la misma iglesia por la cual se dejó morir; y lo más triste es que hoy en día, la iglesia anglicana es más parecida a la tradición que la iglesia que se hace llamar “católica”. Porque ella utilizó la palabra “ancient” que significa “antiguo” en un sentido en que no es obsoleto y que ha existido por un largo período y aun permanece, es decir que se refiere a la iglesia católica de siempre y no a cualquier iglesia que se llame así. Por lo tanto, así como dijo “antigua” pudo haber dicho “tradicional”.
Yo, Mauro, nací en 1987 en la república Argentina. Tenía 13 años cuando empecé a buscar a Dios y asistí por primera vez a una misa modernista. Recibí los sacramentos de la misma iglesia y, a medida que fue pasando el tiempo fui notando que se cometían herejías dentro de la misma iglesia: Los mismos curas, y los obispos, decían herejías que me incomodaban y me hacían dudar incluso de que realmente fueran creyentes. Y por esos motivos me di cuenta que la iglesia no respondía los preceptos de Jesucristo. También recuerdo haberme preguntado con decepción por qué la iglesia había descartado determinadas cosas, y yo sin saber que aun había quienes conservaban la tradición, ya estaba descubriendo errores en la iglesia moderna. Pero seguí yendo a esa organización a la que, de ahora en más, llamaré jocosamente “idóglesia”, pues es una iglesia falsa.
Tuve la idea de que tal vez hubiera alguna iglesia protestante que representara mejor los intereses de Cristo pero nunca llegué a concretar mi búsqueda porque, como me habían enseñado en catequesis que solo había una iglesia verdadera, siempre acababa en el lugar en el que había comenzado (hablaré en otra ocasión sobre las iglesias protestantes, pero ahora solo me limito a hablar de la única iglesia verdadera y sus falsos sacerdotes). Sí, solo hay una iglesia verdadera, pero la sede de San Pedro ha sido usurpada porque los cambios implementados por el “concilio” la han profanado. Ahora soy sedevacantista, no me juzguen por mi pasado los que me conocen: en este tiempo de destierro es normal que todos necesitemos nuestro tiempo antes de orientarnos hacia el camino de Dios; y por eso escribo esto, para ayudar a quienes estén desorientados.
Pero no me atrevo bajo ningún concepto maldecir a la santa iglesia, ni mucho menos al vaticano. Imaginen esto: si yo, Mauro, fuera poseído por un demonio, y este me hiciera hacer y decir cosas que él quisiera manifestar a las personas presentes, los que vieran eso sabrían que no soy yo el que se está comportando de esa manera, y por lo tanto no me insultarían a mí, pues sabrían que yo no sería el autor de esas palabras o acciones malvadas. Por ese mismo motivo es que amo a la iglesia, y al vaticano. Pero lamento reconocer que está siendo poseída por Satanás.
Por qué no es verdadera la nueva iglesia católica, la que surgió en el concilio vaticano II:
Bueno, hay mucho que puede decirse para responder a este punto, y no cabría todo en un artículo como éste. Empezaré por cosas primordiales, pero antes que nada aclaro que yo no soy un maestro, solo pretendo brindarles una ayuda a quienes lo necesiten, y quien desee encontrar a Dios, lo encontrará. Por empezar la iglesia es verdadera; mas lo que no es verdadero es el papa, ni la nueva misa, ni los nuevos sacramentos, ni el último concilio ecuménico que le dio un “nuevo aire” a la iglesia. Los pocos altares que quedan siguen siendo verdaderos pero están profanados al igual que las reliquias de los santos.
He aquí un breve resumen de por qué la nueva misa es inválida: la misa es el sacrificio incruento en cruz, por lo tanto debe ser muy solemne. El “concilio” (utilizo comillas porque no es un verdadero concilio ecuménico) ha convertido la solemne misa en un concierto de música criolla y ha modificado cosas inmodificables, como la liturgia, los sacramentos, las enseñanzas, los altares, los comulgatorios, entre otras cosas; así como también se han repensado los dogmas y el credo. Y todo eso ha repercutido en los creyentes, provocando la pérdida de la constancia, la herejía colectiva y la vergüenza de creer en Dios, suprimiendo la necesidad de enseñar el evangelio a nuestros hermanos. Por lo tanto a Dios no le es agradable la nueva misa, ya que el sacrificio no debe ser una fiesta alegre de instrumentos criollos, sino solemne.
Se ha cambiado la oración y el rito de la consagración del pan y del vino, y por lo tanto la transubstanciación no se produce ya que no se puede cambiar ni una sola palabra, y la evidencia de ello está en que si el sacerdote se equivoca en la oración, deberá volver al principio de la misma pues sino el pan y el vino no se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, sino que siguen siendo pan y vino, y el concilio no ha cambiado esa advertencia de no modificar la oración. Por el mismo motivo es que si se le cambia una sola palabra, toda la oración se vuelve nula.
Se ha modificado la iglesia como institución, y la han convertido en un comercio. En la ciudad de La Plata, por ejemplo, que es la capital de mi provincia (Buenos Aires, Argentina) han convertido el subsuelo de la catedral en un museo, y ahora cobran entrada para pasar por allí, y para subir a las torres y mirar la vista, y así la están explotando comercialmente. La iglesia antes era llamada casa de oración, pero ellos la han convertido en una cueva de ladrones [Mateo 21,13]. Pero ese comercio tiene apariencia de ONG porque muchos, por ignorancia, hacen parecer que la iglesia tiene un deber de socorrer a los necesitados por encima de la salvación de las almas. Por su puesto que debemos socorrer a los necesitados, pero la razón de ser de la iglesia es salvar almas: dejar de hacerlo a fin de atender otras cuestiones, es una desvirtuación.
También se ha modificado la manera de creer en Dios, y eso es lo que la iglesia siempre ha llamado “herejía”, porque Dios es hoy el mismo que fue y será siempre. Como dice San Pablo “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13, 8). Es verdad que hay “sacerdotes” que sostienen que está bien que la iglesia cambie porque el hombre y los tiempos cambian, y por lo tanto hay que cambiar también la forma de rendir culto a Dios. Esas personas son sacerdotes de Satanás: Porque somos nosotros los que debemos adaptarnos a Dios, ¡y no al revés! ¿Cómo pueden suponer que Dios se tiene que adaptar al cristiano moderno? ¿O no estamos hablando del mismo Dios? El Dios que es, el que fue y el que será, el que creó el cielo, la tierra y el mar, y todo cuanto en ellos se contiene, y que se pronunció a los hombres desde que los creó. El que tanto amó a su creación que envió a su único hijo, Jesucristo, quien se entregó a la calumnia, crucifixión y muerte, para el perdón de nuestros pecados. Y que resucitó y subió a la gloria del Padre creador, y que de nuevo vendrá con poder y gloria a juzgar a todas las naciones, vivos y muertos. Del Espíritu Santo, que es el dador de la vida, y que por él la palabra es llevada a cabo, y por quien los profetas hablaron durante todos los siglos pasados. Y que en sus tres personas es uno solo. El Dios que siempre ha existido desde antes de que brillara la luz, y que siempre ha sido igual porque, una de la cosas que implica la naturaleza de Dios, es que nunca cambia porque es perfecto, por lo tanto no pudo haber cambiado y mucho menos a fin de adaptarse al hombre moderno que acaba de nacer ¡Qué disparate! De manera que la idóglesia no sólo no es verdadera, sino que además es blasfema, porque buscan cambiar al Dios incorruptible.
Hay que ser muy cuidadosos con el culto. Dios es un Dios perfecto y exigente. Tomemos como ejemplo lo relatado en el Levítico 10, 1-3 en que los sacerdotes Nadab y Abiú, hijos de Aarón, mueren consumidos por el fuego solo porque encendieron el altar con fuego profano y que por ese sacrilegio Dios los hizo morir con el mismo fuego que habían encendido. Si ese fue el castigo para quienes profanaron el fuego del altar, imaginen cuán peor será el castigo para quienes están profanando el mismo sacrificio que es el cuerpo y la sangre de Jesús; y que están profanando los altares y las reliquias de los santos, y enviando al infierno a las pobres almas que fueron creadas para adorar a Dios.
La infalibilidad papal:
Sé que muchos argumentarán ¿No es que los papas son infalibles y que si ellos dicen que las cosas son de una manera, no debemos discutirlo? Sí, la iglesia católica enseña que los papas son infalibles, pero también enseña que si un papa comete la herejía cesa automáticamente de su pontificado ¿por qué? Porque un hereje no puede ser papa ¿por qué? Porque cuando cualquier persona comete la herejía, Dios se le aparta y deja de ser católico, por lo tanto merece la excomunión ¿Cómo puede un no católico ser papa? El dogma de la infalibilidad papal se debe a que los papas hablan en nombre de Jesús, que es mucho más infalible que ellos. Que un papa sea infalible (es decir, indiscutible) no significa que pueda contradecir a Jesús, así como tampoco a los papas anteriores, pues la infalibilidad es, en primer lugar de Jesús, en segundo lugar de los papas que están muertos, y en tercer lugar del papa en funciones. Muchos papas han sido excomulgados por contradecir a Jesús (o a algún papa anterior) y hoy en día son considerados antipapas.
Juan XXIII fue un hereje, por eso la herejía colectiva de la modernidad lo conoce como “el papa bueno” porque inició una nueva iglesia y desterró a los verdaderos católicos. Pobre hombre, él no sabía lo que hacía. Entonces un hereje no puede ser papa, y algunos me dicen “bueno, pero eso de Juan XXIII ya pasó porque nadie se dio cuenta en su momento”. Pero no, no pasó, porque Dios sí se dio cuenta, y para Dios nunca fue papa, y por lo tanto toda modificación que un antipapa hace, debe ser deshecha, porque es maléfica, y por inspiración de origen satánico.
Sabemos que Jesús dijo, por ejemplo, que quien quisiera vida eterna debía nacer de lo alto en el agua y que no hay vida eterna fuera de la fe en él. De manera que si alguien dice lo contrario, queda en evidencia que no es Jesús quien lo inspira ya que Jesús es perfecto y no se contradice a sí mismo, y es por ese motivo que la iglesia nunca ha hecho sufragios para las personas que no pertenecieron a la iglesia. Por lo tanto no es infalible, ni verdadero un papa que dice lo contrario que Jesucristo. Y desde Juan Pablo II hasta esta parte, todos los papas han asegurado que no es necesario creer en Jesucristo para obtener la salvación, y que el infierno no existe, y han tergiversado las palabras de Jesús diciendo que los papas del pasado (que fueron y siempre serán infalibles) se habían equivocado, e interpretaron mal lo que Jesús quiso decir. Pero ellos no creen estar mintiendo sino que tienen ese pensamiento, y ese es el pensamiento que tiene Satanás que lo que quiere es arrebatar el Reino sin aceptar a Jesús como Redentor. No les crean a esos antipapas, ellos hablan por parte de Satanás y retribuyen sus palabras a Jesús ¡Es una trampa! Puesto que el reino pertenece a Cristo, por lo tanto él le da vida eterna a quien él quiera, y para eso es necesario renacer de lo alto, en el agua. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del espíritu es espíritu [Juan 3, 5].
Obviamente los papas no se dan cuenta de esto sino que creen obrar de buena fe, y es evidente que Jesús no permanece en ellos. Ellos dejaron de ser infalibles a partir del “concilio”. Por eso los papas dicen cosas contrarias a los dogmas de la fe católica, así como también se contradicen entre ellos mismos. Y no se puede estar bajo el dominio “papal” y encontrar la salvación, porque el papa es rey, y el pueblo se rige del rey que lo gobierna. En la historia del pueblo de Israel sucede lo mismo: Cada vez que un rey adoró a los ídolos, todo el pueblo incurrió en idolatría, y todo el pueblo se pervirtió junto al rey. Porque cuando la gente ve a la autoridad infalible e incuestionable hacer cosas que solían estar prohibidas, tienden a creer que la prohibición fue abolida en vez de abrir los ojos y darse cuenta que el rey es un apóstata y que nos está llevando por mal camino. Cuando yo pertenecía a la idóglesia (y no sabía que aun se practicaba el catolicismo tradicional) me preguntaba por qué había cosas que antes estaban prohibidas y ahora no. No entendía si era que dos mil años de tradición estaban equivocados, o si Dios habría cambiado de opinión, o si la gente se estaba equivocando y el papa no hacía nada para combatir la herejía. Hasta que abrí los ojos con la ayuda de un amigo muy querido, por lo que estoy tan agradecido a Dios que intento enseñar también a otros para que se desengañen y encuentren la salvación.
Tampoco podemos quedarnos bajo el dominio de ese rey apóstata creyendo que nosotros, su pueblo, seremos salvos, ya que un reino en el que hay luchas internas va a la ruina [Lucas 11,17]. Aparte si consideramos a un rey un injusto, seríamos nosotros unos rebeldes por decir lo contrario a quien consideramos nuestra autoridad.
¿Entonces fue todo esto un descuido de Dios?
No, Dios no solo no se descuida, sino que Él ya sabía desde antes de la creación que esto sucedería. Jesús dijo que la abominación de la desolación se repetiría. De manera que, todos aquellos que no crean en lo que digo, sepan al menos que existe la profecía de que la iglesia católica (única verdadera) caerá en apostasía y los elegidos de Dios conocerán el destierro. Eso no lo pueden negar porque lo dijo Jesús, y si no le creen a Él, menos me creerán a mí.
Porque, según lo dicta la ley de Moisés, para que el sacrificio sea aceptado, debe cumplirse una serie de requisitos imprescindibles, entre los cuales, el sacrificio debe ser ofrecido en un altar verdadero. La abominación de la desolación está descripta en los libros de los Macabeos y era un altar falso como réplica del verdadero, y los hebreos creyeron que Dios recibía todos los sacrificios ofrecidos en dicho altar porque no se percataron que no era el verdadero sino una réplica.
Y eso mismo es lo que está sucediendo ahora que el sacrificio perpetuo de la santa misa ha sido profanado. De manera que, quienes participan de ese sacrificio, a Dios no le es agradable porque no cumple con los requisitos de un sacrificio aceptable.
¿Por qué Dios permite que esto pase?
Cuando el Señor, nos habló de los falsos profetas, nos advirtió que debíamos tener mucho cuidado ya que se presentan con pieles de ovejas pero por dentro son lobos rapaces. Pero también dijo que hay una forma de detectar a los falsos profetas: el árbol bueno solo produce frutos buenos, y el árbol malo solo produce frutos malos. No se puede recoger higos de los cardos, de manera que, por sus frutos, se los reconoce.
No obstante, Jesús se entristeció cuando habló de los últimos tiempos porque él sabía que la lucha del reino de Satanás estaría en su máxima actividad y, por lo tanto, sería más fácil que cualquiera de sus servidores fuera engañado por la fuerza tentadora del mal. Aseguró que se presentarían falsos profetas que harían milagros y prodigios asombrosos, capaces de engañar a los mismos elegidos. Así que tengamos mucho cuidado a la hora de juzgar los frutos de un árbol: puede que por fuera se vean relucientes y que por dentro estén podridos y llenos de gusanos. Adán también fue engañado por la apariencia de un fruto. De todos modos, Jesús confió que muchos de los elegidos encontrarían la verdad porque ellos son verdaderamente sus testigos y por eso sabrán detectar dónde está él y dónde no está.
Asimismo Dios permite que el engaño se propague también para poner a prueba la fe de los elegidos de los últimos tiempos, los que tal vez necesitamos superar una prueba más grande que la de los santos anteriores.
Entonces Dios permite que todo esto pase para saber si sus santos son realmente santos, o si es que solo creen en su Nombre porque se lo enseñaron sus padres. Alguien que se interesa de todo corazón en conocerlo y poder juzgar correctamente, sabrá dónde encontrarlo.
¿Cómo sabemos que estamos en los últimos tiempos?
Jesús dijo que si el dueño de la casa supiera a qué hora llegará el ladrón, velaría para evitar que el ladrón perfore y entre [Mateo 24,43]. En realidad, cuando Jesús habla de un “ladrón” no habla de alguien que viene a hacer algo indebido, sino de alguien cuya llegada es inminente y sorpresiva. Y me gustaría añadir que si el dueño de la casa le conociera la cara al ladrón, no necesitaría verlo perforar su pared para saber que este ha llegado, sino que bastaría verlo de lejos para saber que está llegando.
¿Cómo puede ser que los sabios sacerdotes y obispos incurran en ignorancia, y los incultos no?
Cuando Jesús vino al mundo, los miembros del sanedrín de los judíos (los doctores de la ley, los ancianos y los escribas), que supuestamente eran los sabios, no lo reconocieron como el Mesías; y de esa manera dejaron en claro que no conocían al Dios que decían conocer. No lo conocían porque lo tuvieron frente a sus ojos y no lo reconocieron: se negaron a la verdad, cerraron sus ojos y sus corazones se quedaron en tinieblas porque ellos no conocían a Dios, salvo porque eran letrados y doctores de la teoría, pero en la práctica eran unos ciegos. De la misma manera los que conocen a Jesús en su corazón, sabrán que el concilio vaticano II es un error y terminarán convirtiéndose. O tal vez, simplemente escuchar hablar de este tema, o leer esto le despierte algunas dudas y quieran saber más para terminar de convencerse. No se preocupen, que a mí también me ha llevado tiempo aceptarlo, hay cosas que uno no puede digerir de un día para el otro.
Si usted es católico (o protestante) y encuentra sentido en este texto pero no le es del todo convincente, no digo que lo acepte, pero tampoco lo rechace: voy a seguir escribiendo en defensa de la tradición; puede suscribirse de forma privada, o poner en marcadores y nadie lo sabrá. Pida discernimiento al Espíritu Santo y, de a poco, las dudas se irán aclarando.
Mas, por el contrario, los que no conocen a Jesús en su corazón sino que lo conocen por lo que les han contado sus padres, se negarán a la verdad en cuanto la tengan frente a sus ojos. A ellos no les conviene ver la verdad porque no son de Dios, para ellos Jesús es motivo de tropiezo. Ni siquiera querrán escuchar ni leer una sola de estas palabras para juzgar nítidamente, sino que solo escucharán y alabarán a Dios las personas a las que el Espíritu Santo les permita comprender y, como dice la profecía de Daniel: muchos serán purificados y blanqueados y acrisolados; pero los malos seguirán haciendo el mal, y ninguno de los malvados entenderá; mas los sabios entenderán [Daniel 12, 10]. De todos modos, no todos los que al principio se niegan están destinados a la perdición, como ya he dicho, hay cosas que uno no puede digerir de un día para el otro. Puede que tarde o temprano lo termine entendiendo y aceptando.
Para los que tengan dudas, pueden enviar sus comentarios. De todos modos sepan que seguiré escribiendo periódicamente.
Los saludo cordialmente en Cristo,
Mauro.
“Yo entrego mi sangre por la antigua religión católica” fueron las palabras de Mary Stewart, mártir por causa de Cristo, antes que le cortaran la cabeza por no aceptar a la iglesia anglicana ni convertirse a dicha iglesia en el siglo XVI. La fiel servidora de Cristo que cito, si estuviera viva hoy no me cabe duda que rechazaría los cambios efectuados por el concilio vaticano II; puesto que, si no aceptó el culto de la iglesia anglicana al punto tal que se dejó morir con tal de no renunciar a su verdadera fe, es indudable que tampoco aceptaría que esos mismos cambios se den en la iglesia católica, y menuda ironía, que es la misma iglesia por la cual se dejó morir; y lo más triste es que hoy en día, la iglesia anglicana es más parecida a la tradición que la iglesia que se hace llamar “católica”. Porque ella utilizó la palabra “ancient” que significa “antiguo” en un sentido en que no es obsoleto y que ha existido por un largo período y aun permanece, es decir que se refiere a la iglesia católica de siempre y no a cualquier iglesia que se llame así. Por lo tanto, así como dijo “antigua” pudo haber dicho “tradicional”.
Yo, Mauro, nací en 1987 en la república Argentina. Tenía 13 años cuando empecé a buscar a Dios y asistí por primera vez a una misa modernista. Recibí los sacramentos de la misma iglesia y, a medida que fue pasando el tiempo fui notando que se cometían herejías dentro de la misma iglesia: Los mismos curas, y los obispos, decían herejías que me incomodaban y me hacían dudar incluso de que realmente fueran creyentes. Y por esos motivos me di cuenta que la iglesia no respondía los preceptos de Jesucristo. También recuerdo haberme preguntado con decepción por qué la iglesia había descartado determinadas cosas, y yo sin saber que aun había quienes conservaban la tradición, ya estaba descubriendo errores en la iglesia moderna. Pero seguí yendo a esa organización a la que, de ahora en más, llamaré jocosamente “idóglesia”, pues es una iglesia falsa.
Tuve la idea de que tal vez hubiera alguna iglesia protestante que representara mejor los intereses de Cristo pero nunca llegué a concretar mi búsqueda porque, como me habían enseñado en catequesis que solo había una iglesia verdadera, siempre acababa en el lugar en el que había comenzado (hablaré en otra ocasión sobre las iglesias protestantes, pero ahora solo me limito a hablar de la única iglesia verdadera y sus falsos sacerdotes). Sí, solo hay una iglesia verdadera, pero la sede de San Pedro ha sido usurpada porque los cambios implementados por el “concilio” la han profanado. Ahora soy sedevacantista, no me juzguen por mi pasado los que me conocen: en este tiempo de destierro es normal que todos necesitemos nuestro tiempo antes de orientarnos hacia el camino de Dios; y por eso escribo esto, para ayudar a quienes estén desorientados.
Pero no me atrevo bajo ningún concepto maldecir a la santa iglesia, ni mucho menos al vaticano. Imaginen esto: si yo, Mauro, fuera poseído por un demonio, y este me hiciera hacer y decir cosas que él quisiera manifestar a las personas presentes, los que vieran eso sabrían que no soy yo el que se está comportando de esa manera, y por lo tanto no me insultarían a mí, pues sabrían que yo no sería el autor de esas palabras o acciones malvadas. Por ese mismo motivo es que amo a la iglesia, y al vaticano. Pero lamento reconocer que está siendo poseída por Satanás.
Por qué no es verdadera la nueva iglesia católica, la que surgió en el concilio vaticano II:
Bueno, hay mucho que puede decirse para responder a este punto, y no cabría todo en un artículo como éste. Empezaré por cosas primordiales, pero antes que nada aclaro que yo no soy un maestro, solo pretendo brindarles una ayuda a quienes lo necesiten, y quien desee encontrar a Dios, lo encontrará. Por empezar la iglesia es verdadera; mas lo que no es verdadero es el papa, ni la nueva misa, ni los nuevos sacramentos, ni el último concilio ecuménico que le dio un “nuevo aire” a la iglesia. Los pocos altares que quedan siguen siendo verdaderos pero están profanados al igual que las reliquias de los santos.
He aquí un breve resumen de por qué la nueva misa es inválida: la misa es el sacrificio incruento en cruz, por lo tanto debe ser muy solemne. El “concilio” (utilizo comillas porque no es un verdadero concilio ecuménico) ha convertido la solemne misa en un concierto de música criolla y ha modificado cosas inmodificables, como la liturgia, los sacramentos, las enseñanzas, los altares, los comulgatorios, entre otras cosas; así como también se han repensado los dogmas y el credo. Y todo eso ha repercutido en los creyentes, provocando la pérdida de la constancia, la herejía colectiva y la vergüenza de creer en Dios, suprimiendo la necesidad de enseñar el evangelio a nuestros hermanos. Por lo tanto a Dios no le es agradable la nueva misa, ya que el sacrificio no debe ser una fiesta alegre de instrumentos criollos, sino solemne.
Se ha cambiado la oración y el rito de la consagración del pan y del vino, y por lo tanto la transubstanciación no se produce ya que no se puede cambiar ni una sola palabra, y la evidencia de ello está en que si el sacerdote se equivoca en la oración, deberá volver al principio de la misma pues sino el pan y el vino no se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, sino que siguen siendo pan y vino, y el concilio no ha cambiado esa advertencia de no modificar la oración. Por el mismo motivo es que si se le cambia una sola palabra, toda la oración se vuelve nula.
Se ha modificado la iglesia como institución, y la han convertido en un comercio. En la ciudad de La Plata, por ejemplo, que es la capital de mi provincia (Buenos Aires, Argentina) han convertido el subsuelo de la catedral en un museo, y ahora cobran entrada para pasar por allí, y para subir a las torres y mirar la vista, y así la están explotando comercialmente. La iglesia antes era llamada casa de oración, pero ellos la han convertido en una cueva de ladrones [Mateo 21,13]. Pero ese comercio tiene apariencia de ONG porque muchos, por ignorancia, hacen parecer que la iglesia tiene un deber de socorrer a los necesitados por encima de la salvación de las almas. Por su puesto que debemos socorrer a los necesitados, pero la razón de ser de la iglesia es salvar almas: dejar de hacerlo a fin de atender otras cuestiones, es una desvirtuación.
También se ha modificado la manera de creer en Dios, y eso es lo que la iglesia siempre ha llamado “herejía”, porque Dios es hoy el mismo que fue y será siempre. Como dice San Pablo “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13, 8). Es verdad que hay “sacerdotes” que sostienen que está bien que la iglesia cambie porque el hombre y los tiempos cambian, y por lo tanto hay que cambiar también la forma de rendir culto a Dios. Esas personas son sacerdotes de Satanás: Porque somos nosotros los que debemos adaptarnos a Dios, ¡y no al revés! ¿Cómo pueden suponer que Dios se tiene que adaptar al cristiano moderno? ¿O no estamos hablando del mismo Dios? El Dios que es, el que fue y el que será, el que creó el cielo, la tierra y el mar, y todo cuanto en ellos se contiene, y que se pronunció a los hombres desde que los creó. El que tanto amó a su creación que envió a su único hijo, Jesucristo, quien se entregó a la calumnia, crucifixión y muerte, para el perdón de nuestros pecados. Y que resucitó y subió a la gloria del Padre creador, y que de nuevo vendrá con poder y gloria a juzgar a todas las naciones, vivos y muertos. Del Espíritu Santo, que es el dador de la vida, y que por él la palabra es llevada a cabo, y por quien los profetas hablaron durante todos los siglos pasados. Y que en sus tres personas es uno solo. El Dios que siempre ha existido desde antes de que brillara la luz, y que siempre ha sido igual porque, una de la cosas que implica la naturaleza de Dios, es que nunca cambia porque es perfecto, por lo tanto no pudo haber cambiado y mucho menos a fin de adaptarse al hombre moderno que acaba de nacer ¡Qué disparate! De manera que la idóglesia no sólo no es verdadera, sino que además es blasfema, porque buscan cambiar al Dios incorruptible.
Hay que ser muy cuidadosos con el culto. Dios es un Dios perfecto y exigente. Tomemos como ejemplo lo relatado en el Levítico 10, 1-3 en que los sacerdotes Nadab y Abiú, hijos de Aarón, mueren consumidos por el fuego solo porque encendieron el altar con fuego profano y que por ese sacrilegio Dios los hizo morir con el mismo fuego que habían encendido. Si ese fue el castigo para quienes profanaron el fuego del altar, imaginen cuán peor será el castigo para quienes están profanando el mismo sacrificio que es el cuerpo y la sangre de Jesús; y que están profanando los altares y las reliquias de los santos, y enviando al infierno a las pobres almas que fueron creadas para adorar a Dios.
La infalibilidad papal:
Sé que muchos argumentarán ¿No es que los papas son infalibles y que si ellos dicen que las cosas son de una manera, no debemos discutirlo? Sí, la iglesia católica enseña que los papas son infalibles, pero también enseña que si un papa comete la herejía cesa automáticamente de su pontificado ¿por qué? Porque un hereje no puede ser papa ¿por qué? Porque cuando cualquier persona comete la herejía, Dios se le aparta y deja de ser católico, por lo tanto merece la excomunión ¿Cómo puede un no católico ser papa? El dogma de la infalibilidad papal se debe a que los papas hablan en nombre de Jesús, que es mucho más infalible que ellos. Que un papa sea infalible (es decir, indiscutible) no significa que pueda contradecir a Jesús, así como tampoco a los papas anteriores, pues la infalibilidad es, en primer lugar de Jesús, en segundo lugar de los papas que están muertos, y en tercer lugar del papa en funciones. Muchos papas han sido excomulgados por contradecir a Jesús (o a algún papa anterior) y hoy en día son considerados antipapas.
Juan XXIII fue un hereje, por eso la herejía colectiva de la modernidad lo conoce como “el papa bueno” porque inició una nueva iglesia y desterró a los verdaderos católicos. Pobre hombre, él no sabía lo que hacía. Entonces un hereje no puede ser papa, y algunos me dicen “bueno, pero eso de Juan XXIII ya pasó porque nadie se dio cuenta en su momento”. Pero no, no pasó, porque Dios sí se dio cuenta, y para Dios nunca fue papa, y por lo tanto toda modificación que un antipapa hace, debe ser deshecha, porque es maléfica, y por inspiración de origen satánico.
Sabemos que Jesús dijo, por ejemplo, que quien quisiera vida eterna debía nacer de lo alto en el agua y que no hay vida eterna fuera de la fe en él. De manera que si alguien dice lo contrario, queda en evidencia que no es Jesús quien lo inspira ya que Jesús es perfecto y no se contradice a sí mismo, y es por ese motivo que la iglesia nunca ha hecho sufragios para las personas que no pertenecieron a la iglesia. Por lo tanto no es infalible, ni verdadero un papa que dice lo contrario que Jesucristo. Y desde Juan Pablo II hasta esta parte, todos los papas han asegurado que no es necesario creer en Jesucristo para obtener la salvación, y que el infierno no existe, y han tergiversado las palabras de Jesús diciendo que los papas del pasado (que fueron y siempre serán infalibles) se habían equivocado, e interpretaron mal lo que Jesús quiso decir. Pero ellos no creen estar mintiendo sino que tienen ese pensamiento, y ese es el pensamiento que tiene Satanás que lo que quiere es arrebatar el Reino sin aceptar a Jesús como Redentor. No les crean a esos antipapas, ellos hablan por parte de Satanás y retribuyen sus palabras a Jesús ¡Es una trampa! Puesto que el reino pertenece a Cristo, por lo tanto él le da vida eterna a quien él quiera, y para eso es necesario renacer de lo alto, en el agua. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del espíritu es espíritu [Juan 3, 5].
Obviamente los papas no se dan cuenta de esto sino que creen obrar de buena fe, y es evidente que Jesús no permanece en ellos. Ellos dejaron de ser infalibles a partir del “concilio”. Por eso los papas dicen cosas contrarias a los dogmas de la fe católica, así como también se contradicen entre ellos mismos. Y no se puede estar bajo el dominio “papal” y encontrar la salvación, porque el papa es rey, y el pueblo se rige del rey que lo gobierna. En la historia del pueblo de Israel sucede lo mismo: Cada vez que un rey adoró a los ídolos, todo el pueblo incurrió en idolatría, y todo el pueblo se pervirtió junto al rey. Porque cuando la gente ve a la autoridad infalible e incuestionable hacer cosas que solían estar prohibidas, tienden a creer que la prohibición fue abolida en vez de abrir los ojos y darse cuenta que el rey es un apóstata y que nos está llevando por mal camino. Cuando yo pertenecía a la idóglesia (y no sabía que aun se practicaba el catolicismo tradicional) me preguntaba por qué había cosas que antes estaban prohibidas y ahora no. No entendía si era que dos mil años de tradición estaban equivocados, o si Dios habría cambiado de opinión, o si la gente se estaba equivocando y el papa no hacía nada para combatir la herejía. Hasta que abrí los ojos con la ayuda de un amigo muy querido, por lo que estoy tan agradecido a Dios que intento enseñar también a otros para que se desengañen y encuentren la salvación.
Tampoco podemos quedarnos bajo el dominio de ese rey apóstata creyendo que nosotros, su pueblo, seremos salvos, ya que un reino en el que hay luchas internas va a la ruina [Lucas 11,17]. Aparte si consideramos a un rey un injusto, seríamos nosotros unos rebeldes por decir lo contrario a quien consideramos nuestra autoridad.
¿Entonces fue todo esto un descuido de Dios?
No, Dios no solo no se descuida, sino que Él ya sabía desde antes de la creación que esto sucedería. Jesús dijo que la abominación de la desolación se repetiría. De manera que, todos aquellos que no crean en lo que digo, sepan al menos que existe la profecía de que la iglesia católica (única verdadera) caerá en apostasía y los elegidos de Dios conocerán el destierro. Eso no lo pueden negar porque lo dijo Jesús, y si no le creen a Él, menos me creerán a mí.
Porque, según lo dicta la ley de Moisés, para que el sacrificio sea aceptado, debe cumplirse una serie de requisitos imprescindibles, entre los cuales, el sacrificio debe ser ofrecido en un altar verdadero. La abominación de la desolación está descripta en los libros de los Macabeos y era un altar falso como réplica del verdadero, y los hebreos creyeron que Dios recibía todos los sacrificios ofrecidos en dicho altar porque no se percataron que no era el verdadero sino una réplica.
Y eso mismo es lo que está sucediendo ahora que el sacrificio perpetuo de la santa misa ha sido profanado. De manera que, quienes participan de ese sacrificio, a Dios no le es agradable porque no cumple con los requisitos de un sacrificio aceptable.
¿Por qué Dios permite que esto pase?
Cuando el Señor, nos habló de los falsos profetas, nos advirtió que debíamos tener mucho cuidado ya que se presentan con pieles de ovejas pero por dentro son lobos rapaces. Pero también dijo que hay una forma de detectar a los falsos profetas: el árbol bueno solo produce frutos buenos, y el árbol malo solo produce frutos malos. No se puede recoger higos de los cardos, de manera que, por sus frutos, se los reconoce.
No obstante, Jesús se entristeció cuando habló de los últimos tiempos porque él sabía que la lucha del reino de Satanás estaría en su máxima actividad y, por lo tanto, sería más fácil que cualquiera de sus servidores fuera engañado por la fuerza tentadora del mal. Aseguró que se presentarían falsos profetas que harían milagros y prodigios asombrosos, capaces de engañar a los mismos elegidos. Así que tengamos mucho cuidado a la hora de juzgar los frutos de un árbol: puede que por fuera se vean relucientes y que por dentro estén podridos y llenos de gusanos. Adán también fue engañado por la apariencia de un fruto. De todos modos, Jesús confió que muchos de los elegidos encontrarían la verdad porque ellos son verdaderamente sus testigos y por eso sabrán detectar dónde está él y dónde no está.
Asimismo Dios permite que el engaño se propague también para poner a prueba la fe de los elegidos de los últimos tiempos, los que tal vez necesitamos superar una prueba más grande que la de los santos anteriores.
Entonces Dios permite que todo esto pase para saber si sus santos son realmente santos, o si es que solo creen en su Nombre porque se lo enseñaron sus padres. Alguien que se interesa de todo corazón en conocerlo y poder juzgar correctamente, sabrá dónde encontrarlo.
¿Cómo sabemos que estamos en los últimos tiempos?
Jesús dijo que si el dueño de la casa supiera a qué hora llegará el ladrón, velaría para evitar que el ladrón perfore y entre [Mateo 24,43]. En realidad, cuando Jesús habla de un “ladrón” no habla de alguien que viene a hacer algo indebido, sino de alguien cuya llegada es inminente y sorpresiva. Y me gustaría añadir que si el dueño de la casa le conociera la cara al ladrón, no necesitaría verlo perforar su pared para saber que este ha llegado, sino que bastaría verlo de lejos para saber que está llegando.
¿Cómo puede ser que los sabios sacerdotes y obispos incurran en ignorancia, y los incultos no?
Cuando Jesús vino al mundo, los miembros del sanedrín de los judíos (los doctores de la ley, los ancianos y los escribas), que supuestamente eran los sabios, no lo reconocieron como el Mesías; y de esa manera dejaron en claro que no conocían al Dios que decían conocer. No lo conocían porque lo tuvieron frente a sus ojos y no lo reconocieron: se negaron a la verdad, cerraron sus ojos y sus corazones se quedaron en tinieblas porque ellos no conocían a Dios, salvo porque eran letrados y doctores de la teoría, pero en la práctica eran unos ciegos. De la misma manera los que conocen a Jesús en su corazón, sabrán que el concilio vaticano II es un error y terminarán convirtiéndose. O tal vez, simplemente escuchar hablar de este tema, o leer esto le despierte algunas dudas y quieran saber más para terminar de convencerse. No se preocupen, que a mí también me ha llevado tiempo aceptarlo, hay cosas que uno no puede digerir de un día para el otro.
Si usted es católico (o protestante) y encuentra sentido en este texto pero no le es del todo convincente, no digo que lo acepte, pero tampoco lo rechace: voy a seguir escribiendo en defensa de la tradición; puede suscribirse de forma privada, o poner en marcadores y nadie lo sabrá. Pida discernimiento al Espíritu Santo y, de a poco, las dudas se irán aclarando.
Mas, por el contrario, los que no conocen a Jesús en su corazón sino que lo conocen por lo que les han contado sus padres, se negarán a la verdad en cuanto la tengan frente a sus ojos. A ellos no les conviene ver la verdad porque no son de Dios, para ellos Jesús es motivo de tropiezo. Ni siquiera querrán escuchar ni leer una sola de estas palabras para juzgar nítidamente, sino que solo escucharán y alabarán a Dios las personas a las que el Espíritu Santo les permita comprender y, como dice la profecía de Daniel: muchos serán purificados y blanqueados y acrisolados; pero los malos seguirán haciendo el mal, y ninguno de los malvados entenderá; mas los sabios entenderán [Daniel 12, 10]. De todos modos, no todos los que al principio se niegan están destinados a la perdición, como ya he dicho, hay cosas que uno no puede digerir de un día para el otro. Puede que tarde o temprano lo termine entendiendo y aceptando.
Para los que tengan dudas, pueden enviar sus comentarios. De todos modos sepan que seguiré escribiendo periódicamente.
Los saludo cordialmente en Cristo,
Mauro.