La carne cruda es uno de los alimentos que mayores controles requiere: los animales de los que procede, como vacas y corderos, sufren enfermedades que pueden trasmitirse a las personas. Entre las bacterias que vulneran su seguridad se encuentra Escherichia coli, una de las más comunes en el tubo digestivo de los animales de sangre caliente. Pese a que su presencia en el intestino de las personas ayuda a absorber los nutrientes, se han descrito algunas cepas con capacidad patogénica
La toxina producida por la E. coli es capaz de provocar graves diarreas y una enfermedad potencialmente mortal denominada síndrome urémico hemolítico (caracterizada por la fuerte anemia, bajada de las plaquetas y fallo renal agudo).
Suele bautizarse también como la "enfermedad de la hamburguesa", debido a que la vía de contagio suele ser el consumo de carne contaminada (el principal reservorio de la bacteria es el ganado bovino).
Sin embargo, existen al menos seis tipos de E. coli que pueden causar graves problemas intestinales y fuertes diarreas, entre ellas la Escherichia coli productora de la toxina Shiga (también llamada citotoxina subtilasa), en la que centraron sus investigaciones los autores.
El estómago del hombre carece de los ácidos adecuados que posee el animal carnívoro para digerir las carnes; pero, por degeneración, llega a producir también exceso de ácidos, cuando a este órgano se le habitúa a digerir carnes. Esta producción anormal de ácidos ataca las mucosas estomacales destinadas por la Naturaleza a soportar las reacciones alcalinas que produce la digestión de las frutas, originando úlceras y degeneración de tejidos.
Por eso, insisten en sus conclusiones en la necesidad de cocinar bien los alimentos crudos (sobre todo la carne roja) y pasteurizar los lácteos para destruir la bacteria antes de que ésta alcance nuestra flora bacteriana.
Los animales carnívoros están dotados de un intestino más corto que el de los que se alimentan de hierbas y frutas a fin de evitar que los residuos tóxicos de la carne permanezcan en el vientre y envenenen el organismo.

La toxina producida por la E. coli es capaz de provocar graves diarreas y una enfermedad potencialmente mortal denominada síndrome urémico hemolítico (caracterizada por la fuerte anemia, bajada de las plaquetas y fallo renal agudo).
Suele bautizarse también como la "enfermedad de la hamburguesa", debido a que la vía de contagio suele ser el consumo de carne contaminada (el principal reservorio de la bacteria es el ganado bovino).
Sin embargo, existen al menos seis tipos de E. coli que pueden causar graves problemas intestinales y fuertes diarreas, entre ellas la Escherichia coli productora de la toxina Shiga (también llamada citotoxina subtilasa), en la que centraron sus investigaciones los autores.
El estómago del hombre carece de los ácidos adecuados que posee el animal carnívoro para digerir las carnes; pero, por degeneración, llega a producir también exceso de ácidos, cuando a este órgano se le habitúa a digerir carnes. Esta producción anormal de ácidos ataca las mucosas estomacales destinadas por la Naturaleza a soportar las reacciones alcalinas que produce la digestión de las frutas, originando úlceras y degeneración de tejidos.
Por eso, insisten en sus conclusiones en la necesidad de cocinar bien los alimentos crudos (sobre todo la carne roja) y pasteurizar los lácteos para destruir la bacteria antes de que ésta alcance nuestra flora bacteriana.
Los animales carnívoros están dotados de un intestino más corto que el de los que se alimentan de hierbas y frutas a fin de evitar que los residuos tóxicos de la carne permanezcan en el vientre y envenenen el organismo.
