Por Noam Chomsky
11 de enero, 2015
[ 1 ] El mundo reaccionó con horror ante el ataque asesino a la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En el New York Times, el corresponsal veterano en Europa Steven Erlanger describió gráficamente las secuelas inmediatas, lo que muchos llaman el 11/9 francés, como “un día de sirenas, helicópteros en el aire, boletines de noticias frenéticos; de cercos policiales y multitudes ansiosas; de niños pequeños siendo retirados de las escuelas para estar a salvo. Fue un día, como los dos anteriores, de sangre y horror en París y sus alrededores.”
El enorme grito mundial fue acompañado por reflexiones acerca de las raíces más profundas de la atrocidad. “Muchos perciben un choque de civilizaciones”, pudo leerse en un encabezado del New York Times.
[ 2 ] La reacción de horror y repulsión ante este crimen está justificada, tanto como la búsqueda de raíces más profundas, siempre y cuando mantengamos en mente algunos principios firmes. La reacción debería ser completamente independiente de lo que se piensa sobre la revista y sobre lo que publica.
Los apasionados y globales coros “Yo soy Charlie” y similares, no deberían estar destinados a indicar, ni siquiera a sugerir, cualquier asociación con la revista, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Más bien, deberían expresar su defensa del derecho a la libertad de expresión más allá de lo que uno piensa sobre los contenidos, incluso si se los consideran odiosos y depravados.
[ 3 ] Y los coros también deberían expresar condena hacia la violencia y el terror. La cabeza del Partido Obrero de Israel y principal contendiente en las próximas elecciones en Israel, Isaac Herzog, tiene bastante razón cuando dice que “Terrorismo es terrorismo. No hay vuelta de hoja.” También tiene razón al decir que “Todas las naciones que buscan paz y libertad enfrentan un desafío enorme” ante el terrorismo asesino – dejando a un lado su interpretación previsiblemente selectiva del desafío.
[ 4 ] Erlanger describe vivamente la escena del horror. Cita a un periodista sobreviviente diciendo que “Colapsó todo. No había salida. Había humo por todas partes. Fue terrible. La gente gritaba. Era como una pesadilla.” Otro periodista sobreviviente reportó una “detonación enorme, y quedó todo completamente a oscuras.”
La escena, reportó Erlanger, “era una que cada vez se hacía más familiar, con vidrios rotos, paredes quebradas, maderas retorcidas, pintura quemada y devastación emocional.” Se reportó que al menos 10 personas murieron en la explosión, con 20 desaparecidas, “presumiblemente enterradas en los escombros.”
[ 5 ] Estas citas, como nos recuerda el infatigable David Peterson, no son de enero 2015. Más bien, son de una historia de Erlanger del 24 de abril de 1999, que llegó tan sólo a la página 6 del New York Times, sin alcanzar la trascendencia del ataque a Charlie Hebdo. Erlanger reportaba sobre el "ataque con misiles a la sede de la televisión estatal serbia" perpetrado por la OTAN (es decir, EE.UU.) que "sacó a Radiotelevisión Serbia del aire."
[ 6 ] Hubo una justificación oficial. “La OTAN y oficiales norteamericanos defendieron el ataque”, reporta Erlanger, “como un esfuerzo para socavar el régimen del Presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic.”
El portavoz del Pentágono Kenneth Bacon dijo en una sesión de información en Washington que “La TV serbia es parte de la maquinaria asesina de Milosevic tanto como lo es su fuerza militar”, por lo tanto un objetivo de ataque legítimo.
[ 7 ] El gobierno yugoslavo dijo que “La nación entera está junto a nuestro Presidente, Slobodan Milosevic”, reporta Erlanger, agregando que “No está claro cómo es que el Gobierno sabe eso con tal precisión.”
[ 8 ] No hay tales comentarios sardónicos a la orden cuando leemos que Francia llora a los muertos y que el mundo está indignado por la atrocidad. Tampoco hay necesariamente preguntas sobre las raíces más profundas, no hay un cuestionamiento de peso acerca de quién representa a la civilización y quién a la barbarie.
[ 9 ] Isaac Herzog, entonces, se equivoca cuando dice que “Terrorismo es terrorismo. No hay vuelta de hoja.” Definitivamente sí la hay: terrorismo no es terrorismo cuando un ataque terrorista mucho más severo se lleva a cabo por aquellos que son Justos por virtud de su poder. Del mismo modo, no hay asalto contra la libertad de expresión cuando los Justos destruyen un canal de TV que apoya a un gobierno al cual ellos están atacando.
[ 10 ] Por la misma razón, podemos comprender fácilmente el comentario en el New York Times del abogado por los derechos civiles Floyd Abrams, destacado por su contundente defensa de la libertad de expresión, de que el ataque a Charlie Hebdo es “el ataque más amenazante al periodismo del que se tenga memoria.”
Está en lo correcto al decir "del que se tenga memoria.”, lo cual asigna cuidadosamente los ataques al periodismo a sus respectivas categorías: Suyos, los cuales son horrendos; y Nuestros, los cuales son virtuosos y fácilmente descartados de la memoria.
[ 11 ] Podríamos recordar también que este es tan sólo uno de tantos asaltos de los Justos sobre la libertad de expresión. Para mencionar un ejemplo que es fácilmente borrado de la "memoria reciente", el ataque en Faluya por parte de las fuerzas de EE.UU en noviembre de 2004, uno de los peores crímenes de la invasión a Irak, comenzó con la ocupación del Hospital General de Faluya.
La ocupación militar de un hospital es, por supuesto, un crimen de guerra serio por si mismo, incluso aparte de la manera en que se llevó adelante, reportado suavemente en una nota en la tapa del New York Times, acompañado de una foto que mostraba el crimen. La nota decía que "Pacientes y empleados del hospital fueron apresurados fuera de las habitaciones por soldados armados y se les ordenó sentarse o arrojarse al suelo mientras las tropas les ataban las manos a sus espaldas."
Los crímenes se reportaron como altamente meritorios, y justificados: "La ofensiva también cerró lo que los oficiales dijeron que era un arma de propaganda de los militantes: el Hospital General de Faluya, con su flujo de reportes de víctimas civiles."
Evidentemente a una agencia de propaganda de ese tipo no se le puede permitir que vomite sus obscenidades vulgares.—
11 de enero, 2015
[ 1 ] El mundo reaccionó con horror ante el ataque asesino a la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En el New York Times, el corresponsal veterano en Europa Steven Erlanger describió gráficamente las secuelas inmediatas, lo que muchos llaman el 11/9 francés, como “un día de sirenas, helicópteros en el aire, boletines de noticias frenéticos; de cercos policiales y multitudes ansiosas; de niños pequeños siendo retirados de las escuelas para estar a salvo. Fue un día, como los dos anteriores, de sangre y horror en París y sus alrededores.”
El enorme grito mundial fue acompañado por reflexiones acerca de las raíces más profundas de la atrocidad. “Muchos perciben un choque de civilizaciones”, pudo leerse en un encabezado del New York Times.
[ 2 ] La reacción de horror y repulsión ante este crimen está justificada, tanto como la búsqueda de raíces más profundas, siempre y cuando mantengamos en mente algunos principios firmes. La reacción debería ser completamente independiente de lo que se piensa sobre la revista y sobre lo que publica.
Los apasionados y globales coros “Yo soy Charlie” y similares, no deberían estar destinados a indicar, ni siquiera a sugerir, cualquier asociación con la revista, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Más bien, deberían expresar su defensa del derecho a la libertad de expresión más allá de lo que uno piensa sobre los contenidos, incluso si se los consideran odiosos y depravados.
[ 3 ] Y los coros también deberían expresar condena hacia la violencia y el terror. La cabeza del Partido Obrero de Israel y principal contendiente en las próximas elecciones en Israel, Isaac Herzog, tiene bastante razón cuando dice que “Terrorismo es terrorismo. No hay vuelta de hoja.” También tiene razón al decir que “Todas las naciones que buscan paz y libertad enfrentan un desafío enorme” ante el terrorismo asesino – dejando a un lado su interpretación previsiblemente selectiva del desafío.
[ 4 ] Erlanger describe vivamente la escena del horror. Cita a un periodista sobreviviente diciendo que “Colapsó todo. No había salida. Había humo por todas partes. Fue terrible. La gente gritaba. Era como una pesadilla.” Otro periodista sobreviviente reportó una “detonación enorme, y quedó todo completamente a oscuras.”
La escena, reportó Erlanger, “era una que cada vez se hacía más familiar, con vidrios rotos, paredes quebradas, maderas retorcidas, pintura quemada y devastación emocional.” Se reportó que al menos 10 personas murieron en la explosión, con 20 desaparecidas, “presumiblemente enterradas en los escombros.”
[ 5 ] Estas citas, como nos recuerda el infatigable David Peterson, no son de enero 2015. Más bien, son de una historia de Erlanger del 24 de abril de 1999, que llegó tan sólo a la página 6 del New York Times, sin alcanzar la trascendencia del ataque a Charlie Hebdo. Erlanger reportaba sobre el "ataque con misiles a la sede de la televisión estatal serbia" perpetrado por la OTAN (es decir, EE.UU.) que "sacó a Radiotelevisión Serbia del aire."
[ 6 ] Hubo una justificación oficial. “La OTAN y oficiales norteamericanos defendieron el ataque”, reporta Erlanger, “como un esfuerzo para socavar el régimen del Presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic.”
El portavoz del Pentágono Kenneth Bacon dijo en una sesión de información en Washington que “La TV serbia es parte de la maquinaria asesina de Milosevic tanto como lo es su fuerza militar”, por lo tanto un objetivo de ataque legítimo.
[ 7 ] El gobierno yugoslavo dijo que “La nación entera está junto a nuestro Presidente, Slobodan Milosevic”, reporta Erlanger, agregando que “No está claro cómo es que el Gobierno sabe eso con tal precisión.”
[ 8 ] No hay tales comentarios sardónicos a la orden cuando leemos que Francia llora a los muertos y que el mundo está indignado por la atrocidad. Tampoco hay necesariamente preguntas sobre las raíces más profundas, no hay un cuestionamiento de peso acerca de quién representa a la civilización y quién a la barbarie.
[ 9 ] Isaac Herzog, entonces, se equivoca cuando dice que “Terrorismo es terrorismo. No hay vuelta de hoja.” Definitivamente sí la hay: terrorismo no es terrorismo cuando un ataque terrorista mucho más severo se lleva a cabo por aquellos que son Justos por virtud de su poder. Del mismo modo, no hay asalto contra la libertad de expresión cuando los Justos destruyen un canal de TV que apoya a un gobierno al cual ellos están atacando.
[ 10 ] Por la misma razón, podemos comprender fácilmente el comentario en el New York Times del abogado por los derechos civiles Floyd Abrams, destacado por su contundente defensa de la libertad de expresión, de que el ataque a Charlie Hebdo es “el ataque más amenazante al periodismo del que se tenga memoria.”
Está en lo correcto al decir "del que se tenga memoria.”, lo cual asigna cuidadosamente los ataques al periodismo a sus respectivas categorías: Suyos, los cuales son horrendos; y Nuestros, los cuales son virtuosos y fácilmente descartados de la memoria.
[ 11 ] Podríamos recordar también que este es tan sólo uno de tantos asaltos de los Justos sobre la libertad de expresión. Para mencionar un ejemplo que es fácilmente borrado de la "memoria reciente", el ataque en Faluya por parte de las fuerzas de EE.UU en noviembre de 2004, uno de los peores crímenes de la invasión a Irak, comenzó con la ocupación del Hospital General de Faluya.
La ocupación militar de un hospital es, por supuesto, un crimen de guerra serio por si mismo, incluso aparte de la manera en que se llevó adelante, reportado suavemente en una nota en la tapa del New York Times, acompañado de una foto que mostraba el crimen. La nota decía que "Pacientes y empleados del hospital fueron apresurados fuera de las habitaciones por soldados armados y se les ordenó sentarse o arrojarse al suelo mientras las tropas les ataban las manos a sus espaldas."
Los crímenes se reportaron como altamente meritorios, y justificados: "La ofensiva también cerró lo que los oficiales dijeron que era un arma de propaganda de los militantes: el Hospital General de Faluya, con su flujo de reportes de víctimas civiles."
Evidentemente a una agencia de propaganda de ese tipo no se le puede permitir que vomite sus obscenidades vulgares.—