
¿Alguna vez te ha pasado que por no cederle el asiento a una dama aparentemente sin discapacidad o embarazo se te ha quedado mirando todo el bus como si hubieras cometido un homicidio? En nuestro país y varios otros de la región es algo común. Sin embargo, se trata de algo que deberíamos desterrar, si queremos apuntar a una igualdad de sexos, y con ello de deberes y derechos. Recordemos que la silueta de una mujer no se encuentra entre los clásicos stickers de "Asiento reservado" que se pegan en las lunas.
En algunos países más desarrollados, por ejemplo, el asiento no se cede, se pide. Y claro, se pide por razones médicas que escapan a la vista o similares. Porque cederlo debería tener poco que ver con la caballerosidad, como se nos ha acostumbrado a escuchar. En cambio, tiene que ver con la amabilidad y el criterio: uno debería ceder el asiento a quien vea que lo necesite, independientemente de su sexo. Una mujer podría (sin tener tampoco la obligación de), por ejemplo, ceder su asiento a un hombre que carga muchos paquetes, o quizás sugerirle ayudarle con ellos y viceversa. Pero no nos vayamos en floro aún. En la siguiente nota encontrarás los cinco motivos para no cederle el asiento a una mujer, porque la sociedad lo manda. Está de más decir (pero lo haremos igual, por si las moscas) que a personas con discapacidad, adultos mayores y mujeres embarazadas sí debes de cederles el asiento, no solo por ley sino por convicción.




