Cinco casos de pena de muerte que llamaron la atención del mundo 1. Troy Davis (Estados Unidos): En 1989, Savannah (Georgia), este joven afroestadounidense perdió el control en una fiesta y empezó a disparar indistintamente. Una de sus balas alcanzó al policía Mark MacPhail, quien murió indefectiblemente. Hasta setiembre de este mes, Davis clamaba su inocencia, aunque ya tenía todo en contra. De los nueve testigos que declararon en su contra, siete se retractaron alegando haber sido presionados. Jamás se comprobó la existencia del arma con la que se disparó a la víctima. El caso comprometió a activistas del mundo entero, con pedidos de clemencia de Amnistía Internacional, la Unión Europea, Jimmy Carter, y el mismo Papa Benedicto XVI, pero la junta de Perdones y Libertad Condicional de Georgia no dio su brazo a torcer. Murió el pasado 21 de setiembre ante la indignación global. 2. Saddam Hussein (Iraq): El ex dictador iraquí (entre 1979 y 2003) fue derrocado por la coalición occidental (acusado de esconder armas nucleares en sus tierras) en el contexto de la Guerra de Irak y las fuerzas estadounidenses lo capturaron en su tierra natal, Tikrit, durante el mandato de Autoridad Provisional de la Coalición. Recién en noviembre del 2006 (durante el gobierno de Yalal Talabani, su antiguo opositor) se ordenó que “muera en la horca” por ser autor de crímenes contra la humanidad por la ejecución de 148 chiitas de la aldea de Duyail en 1982. Al conocer su condena, Saddam exclamó: “Viva el pueblo, viva la nación islámica, Dios es grande”. Su ahorcamiento, el 30 de diciembre del 2006, fue registrado en un macabro video. Posteriormente, mientras la Unión Europea condenaba el hecho, los Estados Unidos, por intermedio de su entonces presidente, George Bush, celebraba el deceso: “Recibió un juicio justo”. 3. Hakamada Iwao (Japón): Este ex boxeador japonés —nada menos que un anciano de 75 años— lleva 42 años esperando la muerte desde que, en 1968, lo condenaran a la pena capital por asesinar a su jefe, la mujer de este y dos de sus hijos. Su caso llama la atención por haberse convertido, sin quererlo, en el preso condenado a la pena capital más antiguo del mundo. No es un reo común: diversas organizaciones han pedido su liberación debido a su grave estado mental, no obstante, las autoridades japonesas se han mostrado implacables con el caso. Si bien inicialmente declaró ser culpable, durante su juicio dijo que los policías lo obligaron a afirmar esto a golpes. No obstante, nunca se obtuvieron suficientes pruebas y el reo sigue esperando su condena en el “corredor de la muerte”. 4. Safiya Hussaini (Nigeria): “Hoy soy feliz. Doy gracias a Dios”, dijo Hussaini cuando un tribunal islámico de apelación en Sokoto (Nigeria) desestimó condenarla a lapidación por adulterio. Safiya Husseini Tudu, entonces de 35 años, fue condenada a muerte en octubre del 2001 por el ‘imperdonable’ hecho de haber tenido un hijo luego de divorciarse de su ex pareja. La sentencia de aquel tribunal dictaba que Safiya sería lapidada, procedimiento de ejecución que condena a la inculpada a ser enterrada hasta el cuello y apedreada hasta morir. Campañas de distintos grupos de derechos humanos, así como de Amnistía internacional, clamaron por piedad para la nigeriana. Su apelación logró librarla de aquel horrible fin. No obstante, en muchos países islámicos subsiste esta injustificada modalidad de castigo. 5. Zhang Yujun y Geng Jinping (China): En noviembre del 2009, estos dos chinos fueron ejecutados (en lugar y circunstancias no divulgadas) diez meses después de ser procesados por dar leche contaminada con melamina, lo que provocó la muerte de seis niños y dejó enfermos a otros 300 mil. Los condenados Zhang Yujun y Geng Jinping produjeron y vendieron “polvo proteínico” para añadir a la leche, que era en realidad adulterado con melamina, un químico usado para fabricar de plásticos que puede engañar a los detectores de proteínas en los análisis alimentarios y simula una mejor calidad de la leche y de su valor proteico. Se generó una psicosis generalizada por los alimentos en el país más poblado del mundo. En el caso de estos, la población china en general aprobó la condena.
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