Lo definiría como la encarnación del mal absoluto. Mengele era un sádico que disfrutaba causando dolor a los otros; personaje absolutamente frío, sin empatía, calculador, representante impecable de la organización criminal a la que pertenecía, las SS de Heinrich Himmler. Entregado a su sanguinario trabajo con una devoción rayana en la locura. El apodo con el que se le conocía en Auschwitz no puede ser más acertado: el «Ángel de la Muerte».
Josef Mengele
(1911/03/16 - 1979/02/07)
(1911/03/16 - 1979/02/07)
Breve biografia
Nació el 16 de marzo de 1911 en Günzburg (Baviera). Fue el segundo hijo de un industrial bávaro acomodado cuya familia dirige una fábrica en Alemania.
Los que le conocieron en su juventud lo definen como un estudiante serio con una inteligencia y una ambición desmedidas. En 1931 con 20 años de edad, se unió al Stahlhelm (Steel Helmet); y solicitó su afiliación en el partido en 1937 como miembro de las SS. En sus estudios de la universidad se centró en antropología física y genética, trabajando bajo la supervisión de Otmar von Verschuer en el Instituto de Biología Hereditaria y de Higiene Racial de la Universidad de Francfort.
Sin embargo, su camino en la investigación dentro de la universidad fue interrumpido en 1938 año en el que comenzó su experiencia militar sirviendo seis meses con un regimiento especialmente entrenado. En 1940 lo colocaron en el cuerpo médico de la reserva, donde sirvió tres años con una unidad de Waffen SS. Durante este período le hirieron y se le dio la baja para el combate. Por su valentía frente al enemigo durante la campaña del Este lo ascendieron al grado de capitán.
Fue el médico jefe del campo de concentración de Auschwitz. Según el Dr. Hans Münch, colega de Mengele en Auschwitz, llegó a el campo en una posición de privilegio, como herido en el frente del Este llegaba cargado de medallas, incluida la Cruz del Hierro. Se cree que seleccionó Auschwitz debido a las oportunidades que allí tendría para continuar su investigación. Según Lifton, (The Nazi Doctors) recibió ayuda financiera para su trabajo. La financiación para continuar su carrera profesional en genética aparece en otro libro, And the Violins Stopped Playing escrito por Alexander Ramati, donde está señalado que el profesor Epstein dijo a un camarada que " Mengele ha ofrecido prolongar mi vida si preparo un documento científico sobre el noma, que él publicaría bajo su propio nombre".
Nació el 16 de marzo de 1911 en Günzburg (Baviera). Fue el segundo hijo de un industrial bávaro acomodado cuya familia dirige una fábrica en Alemania.
Niñez: el «bueno» de Josef
«Josef Mengele nació en 1911 en Günzburg, Baviera, en el seno de una acomodada familia católica», explica el escritor y periodista Óscar Herradón en su libro «La orden negra: El ejército pagano del III Reich» editado por «Edaf». El joven Josef era conocido en su pequeño pueblo por su alegría, su inteligencia, y unas ansias terribles de superación. A su vez, destacaba por la gran pasión que sentía hacia la música y el arte –de hecho, llegó incluso a escribir una obra de teatro que fue representada en su juventud-.
«Josef Mengele nació en 1911 en Günzburg, Baviera, en el seno de una acomodada familia católica», explica el escritor y periodista Óscar Herradón en su libro «La orden negra: El ejército pagano del III Reich» editado por «Edaf». El joven Josef era conocido en su pequeño pueblo por su alegría, su inteligencia, y unas ansias terribles de superación. A su vez, destacaba por la gran pasión que sentía hacia la música y el arte –de hecho, llegó incluso a escribir una obra de teatro que fue representada en su juventud-.
Adolescencia
Los que le conocieron en su juventud lo definen como un estudiante serio con una inteligencia y una ambición desmedidas. En 1931 con 20 años de edad, se unió al Stahlhelm (Steel Helmet); y solicitó su afiliación en el partido en 1937 como miembro de las SS. En sus estudios de la universidad se centró en antropología física y genética, trabajando bajo la supervisión de Otmar von Verschuer en el Instituto de Biología Hereditaria y de Higiene Racial de la Universidad de Francfort.
Sin embargo, su camino en la investigación dentro de la universidad fue interrumpido en 1938 año en el que comenzó su experiencia militar sirviendo seis meses con un regimiento especialmente entrenado. En 1940 lo colocaron en el cuerpo médico de la reserva, donde sirvió tres años con una unidad de Waffen SS. Durante este período le hirieron y se le dio la baja para el combate. Por su valentía frente al enemigo durante la campaña del Este lo ascendieron al grado de capitán.
Fue el médico jefe del campo de concentración de Auschwitz. Según el Dr. Hans Münch, colega de Mengele en Auschwitz, llegó a el campo en una posición de privilegio, como herido en el frente del Este llegaba cargado de medallas, incluida la Cruz del Hierro. Se cree que seleccionó Auschwitz debido a las oportunidades que allí tendría para continuar su investigación. Según Lifton, (The Nazi Doctors) recibió ayuda financiera para su trabajo. La financiación para continuar su carrera profesional en genética aparece en otro libro, And the Violins Stopped Playing escrito por Alexander Ramati, donde está señalado que el profesor Epstein dijo a un camarada que " Mengele ha ofrecido prolongar mi vida si preparo un documento científico sobre el noma, que él publicaría bajo su propio nombre".
Primeros pensamientos asesinos
A los 20 años su interés por la medicina se hizo patente, aunque en una rama que no tenía tanto que ver con curar enfermedades. Concretamente, pronto se centraría en el estudio de los orígenes culturales y el desarrollo del ser humano, además de en la paleontología y la antropología.
«Es difícil concretar con precisión qué corrompió la mente de (…) Mengele. Probablemente fue la combinación entre el ambiente político y su interés real en la genética y la evolución la que coincidió con el concepto (…) de que algunos seres humanos con trastornos no eran aptos para reproducirse, ni siquiera para vivir», determinan los autores anglófonos.
A esas ideas Mengele sumó las del doctor Ernest Rudin, personaje al que admiraba, y cuya mentalidad era la de que los médicos debían apiadarse de aquellos cuya vida no tuviera valor matándolos. De hecho, este médico fue el que sentó las bases de la ley de esterilización obligatoria promovida por el nazismo. Según la misma, todos aquellos que tuvieran, entre otras dolencias, esquizofrenia, imbecilidad o deformidades físicas, debían ser asesinados para preservar la raza aria.
A los 20 años su interés por la medicina se hizo patente, aunque en una rama que no tenía tanto que ver con curar enfermedades. Concretamente, pronto se centraría en el estudio de los orígenes culturales y el desarrollo del ser humano, además de en la paleontología y la antropología.
«Es difícil concretar con precisión qué corrompió la mente de (…) Mengele. Probablemente fue la combinación entre el ambiente político y su interés real en la genética y la evolución la que coincidió con el concepto (…) de que algunos seres humanos con trastornos no eran aptos para reproducirse, ni siquiera para vivir», determinan los autores anglófonos.
A esas ideas Mengele sumó las del doctor Ernest Rudin, personaje al que admiraba, y cuya mentalidad era la de que los médicos debían apiadarse de aquellos cuya vida no tuviera valor matándolos. De hecho, este médico fue el que sentó las bases de la ley de esterilización obligatoria promovida por el nazismo. Según la misma, todos aquellos que tuvieran, entre otras dolencias, esquizofrenia, imbecilidad o deformidades físicas, debían ser asesinados para preservar la raza aria.
Una sádica forma de eliminar el tifus Este sádico doctor decidió que, para detener la epidemia, debía enviar a las cámaras de gas a 1.600 gitanos y judíos (tanto hombres como mujeres y niños) que tuvieran cualquier síntoma de tifus. Algo que, según narran algunos supervivientes, hizo con total frialdad.
Congelación e hipotermia
Para descubrir hasta donde los humanos podían soportar condiciones extremas, muchos hombres fueron sometidos en congeladores gigantes para simular las condiciones de los militares en el Frente del Este. La mayoría murió de frío o por enfermedades relacionadas a las bajas temperaturas –como la gripe, bronquitos y asma–, así que esta era una forma de prepararlos mejor para esas condiciones climáticas.
Lamparas de piel humana
Justo después de la segunda guerra mundial se corrió el rumor que las sádicas esposas de los nazis habían hecho lámparas con la piel de las víctimas del holocausto. Sin embargo, sin pruebas físicas, solo sería parte del mito.
Después que los aliados liberaran el campo de concentración de Buchenwald, algunos periodistas y soldados relataron que encontraron varias lámparas particulares, las cuales decían los prisioneros habían sido construidas con la piel de sus compañeros de presidio por orden de Ilse Köhler, esposa del informático y comandante nazi, Karl Koch, quien fue acusada además de hacer toda clase de objetos con partes humanas, entre ellas: jabones.
En 2007, 60 años después del holocausto, a la casa del periodista estadounidense, de ascendencia judía, llegó un elemento curioso: Una lámpara que según su remitente había sido hecho con piel humana. Un examen de ADN corroboró el hecho, sin embargo, no pudo probar que se tratara de un objeto hecho en un campo de concentración nazi, aunque el cobre y el hilo coincidían con los elementos que era obligados a fabricar los prisioneros judíos.
Otras pruebas espeluznantes
En los campos de concentración también se llevaban a cabo otro tipo de pruebas con extrema violencia: interrogatorios con tortura, inyecciones con virus de enfermedades, esterilización, y experimentación de nuevas cirugías.
Por ejemplo, el doctor Kurt Heissmeyer inyectó la bacteria que causa la tuberculosis a prisioneros del campo de Neungamme. También se los expuso al gas fosgeno para encontrar un antídoto, ya que este había sido utilizado como arma biológica en la guerra.
En muchos casos se mutilaba a un preso para trasplantar sus extremidades en otro. La idea era saber si se podían trasplantar extremidades, pero se hizo de forma tan cruel que muchas personas murieron, otras quedaron mutiladas, y el experimento no llegó a ninguna buena conclusión.
Pruebas con gemelos
Pero lo que verdaderamente llamaba la atención de Mengele era la experimentación con gemelos. Concretamente, el interés por este tipo de sujetos se lo había suscitado uno de sus mentores: Eugen Fischer: «Para el citado Fischer, la experimentación con gemelos era el instrumento de investigación más importante en relación a la llamada “higiene racial”», determina Herradón.
Los médicos nazis pretendían “clonar” una nueva raza muchas décadas antes de que se descubriera la secuencia completa del ADN humano. Creían que en los gemelos estaba la clave para la reproducción selectiva de la raza aria», señala el periodista español en su libro. Es decir, buscaban que las madres alemanas pudieran dar a luz a multitud de hijos arios que reemplazaran a las razas inferiores.
Al cruel doctor le encantaba realizar pruebas de radiación y resistencia del dolor en humanos. Para todos estos fines resultaban muy útiles los gemelos, pues multiplicaban las posibilidades de estudio, ya que, si uno fallecía durante los experimentos, se podía continuar la investigación con su hermano.
En una ocasión trató los ojos de cuatro parejas de gemelos de origen gitano que había asesinado y los envió al Instituto Kaiser Wilhelm, donde servirían a un tal doctor Magnussen para un ensayo que estaba escribiendo sobre el tema», explica Herradón sobre el «Ángel de la muerte
En otra ocasión infectó a gemelos judíos y húngaros con bacterias de fiebre tifoidea y les extrajo sangre en varias etapas siguiendo el curso de la enfermedad hasta su muerte. Pretendía comprobar en ellos las similitudes anatómicas y sus reacciones a determinados experimentos. Tras ello, los diseccionaba», añade el experto.
Sin embargo, sus experimentos todavía podían llegar a ser más inhumanos, sobre todo los que realizaba en bebés (sus sujetos favoritos de estudio). «El culmen de su depravación llegó en el momento en que pretendió “crear” siameses: escogió a dos niños gemelos de cuatro años -uno de ellos jorobado-, que respondían al nombre de Guido y Nino. Cuando fueron devueltos a los barracones dos días después, estaban cosidos por la espalda hasta las muñecas, unidos incluso por las venas. La gangrena se había apoderado de sus cuerpos y el olor (…) era insoportable», señala el experto.
Para descubrir hasta donde los humanos podían soportar condiciones extremas, muchos hombres fueron sometidos en congeladores gigantes para simular las condiciones de los militares en el Frente del Este. La mayoría murió de frío o por enfermedades relacionadas a las bajas temperaturas –como la gripe, bronquitos y asma–, así que esta era una forma de prepararlos mejor para esas condiciones climáticas.
Lamparas de piel humana
Justo después de la segunda guerra mundial se corrió el rumor que las sádicas esposas de los nazis habían hecho lámparas con la piel de las víctimas del holocausto. Sin embargo, sin pruebas físicas, solo sería parte del mito.
Después que los aliados liberaran el campo de concentración de Buchenwald, algunos periodistas y soldados relataron que encontraron varias lámparas particulares, las cuales decían los prisioneros habían sido construidas con la piel de sus compañeros de presidio por orden de Ilse Köhler, esposa del informático y comandante nazi, Karl Koch, quien fue acusada además de hacer toda clase de objetos con partes humanas, entre ellas: jabones.
En 2007, 60 años después del holocausto, a la casa del periodista estadounidense, de ascendencia judía, llegó un elemento curioso: Una lámpara que según su remitente había sido hecho con piel humana. Un examen de ADN corroboró el hecho, sin embargo, no pudo probar que se tratara de un objeto hecho en un campo de concentración nazi, aunque el cobre y el hilo coincidían con los elementos que era obligados a fabricar los prisioneros judíos.
Otras pruebas espeluznantes
En los campos de concentración también se llevaban a cabo otro tipo de pruebas con extrema violencia: interrogatorios con tortura, inyecciones con virus de enfermedades, esterilización, y experimentación de nuevas cirugías.
Por ejemplo, el doctor Kurt Heissmeyer inyectó la bacteria que causa la tuberculosis a prisioneros del campo de Neungamme. También se los expuso al gas fosgeno para encontrar un antídoto, ya que este había sido utilizado como arma biológica en la guerra.
En muchos casos se mutilaba a un preso para trasplantar sus extremidades en otro. La idea era saber si se podían trasplantar extremidades, pero se hizo de forma tan cruel que muchas personas murieron, otras quedaron mutiladas, y el experimento no llegó a ninguna buena conclusión.
Pruebas con gemelos
Pero lo que verdaderamente llamaba la atención de Mengele era la experimentación con gemelos. Concretamente, el interés por este tipo de sujetos se lo había suscitado uno de sus mentores: Eugen Fischer: «Para el citado Fischer, la experimentación con gemelos era el instrumento de investigación más importante en relación a la llamada “higiene racial”», determina Herradón.
Los médicos nazis pretendían “clonar” una nueva raza muchas décadas antes de que se descubriera la secuencia completa del ADN humano. Creían que en los gemelos estaba la clave para la reproducción selectiva de la raza aria», señala el periodista español en su libro. Es decir, buscaban que las madres alemanas pudieran dar a luz a multitud de hijos arios que reemplazaran a las razas inferiores.
Al cruel doctor le encantaba realizar pruebas de radiación y resistencia del dolor en humanos. Para todos estos fines resultaban muy útiles los gemelos, pues multiplicaban las posibilidades de estudio, ya que, si uno fallecía durante los experimentos, se podía continuar la investigación con su hermano.
En una ocasión trató los ojos de cuatro parejas de gemelos de origen gitano que había asesinado y los envió al Instituto Kaiser Wilhelm, donde servirían a un tal doctor Magnussen para un ensayo que estaba escribiendo sobre el tema», explica Herradón sobre el «Ángel de la muerte
En otra ocasión infectó a gemelos judíos y húngaros con bacterias de fiebre tifoidea y les extrajo sangre en varias etapas siguiendo el curso de la enfermedad hasta su muerte. Pretendía comprobar en ellos las similitudes anatómicas y sus reacciones a determinados experimentos. Tras ello, los diseccionaba», añade el experto.
Sin embargo, sus experimentos todavía podían llegar a ser más inhumanos, sobre todo los que realizaba en bebés (sus sujetos favoritos de estudio). «El culmen de su depravación llegó en el momento en que pretendió “crear” siameses: escogió a dos niños gemelos de cuatro años -uno de ellos jorobado-, que respondían al nombre de Guido y Nino. Cuando fueron devueltos a los barracones dos días después, estaban cosidos por la espalda hasta las muñecas, unidos incluso por las venas. La gangrena se había apoderado de sus cuerpos y el olor (…) era insoportable», señala el experto.
Mengele y los enanos
A su vez, y aunque este maléfico médico estaba obsesionado con la experimentación en gemelos, también llevó a cabo multitud de pruebas en personas con malformaciones genéticas. De ellas, pretendía averiguar si los problemas genéticos eran hereditarios o tenían alguna relación con la raza.
«Tristemente célebres entre las “cobayas” de Mengele fueron siete enanos de la familia Ovitz, judíos rumanos que trabajaban para una compañía circense llamada “Liliput Troupe” y que viajaban por los países del Este de Europa interpretando jazz y realizando espectáculos», determina el periodista español. Al parecer, el «Ángel de la muerte» sintió tanta curiosidad por ellos que les realizó todo tipo de pruebas entre las que se destacaron la extracción de médula ósea o la inserción de agua hirviendo a través de los oídos.
A pesar de todo, esta familia con enanismo logró salvarse y mantenerse viva entreteniendo a este loco doctor nazi. Para ello, cantaban en las ocasiones especiales canciones en alemán y actuaban para los oficiales del campo. Finalmente, y por suerte, lograron volver a su natal Transilvania una vez liberado el campo de Auschwitz.
A su vez, y aunque este maléfico médico estaba obsesionado con la experimentación en gemelos, también llevó a cabo multitud de pruebas en personas con malformaciones genéticas. De ellas, pretendía averiguar si los problemas genéticos eran hereditarios o tenían alguna relación con la raza.
«Tristemente célebres entre las “cobayas” de Mengele fueron siete enanos de la familia Ovitz, judíos rumanos que trabajaban para una compañía circense llamada “Liliput Troupe” y que viajaban por los países del Este de Europa interpretando jazz y realizando espectáculos», determina el periodista español. Al parecer, el «Ángel de la muerte» sintió tanta curiosidad por ellos que les realizó todo tipo de pruebas entre las que se destacaron la extracción de médula ósea o la inserción de agua hirviendo a través de los oídos.
A pesar de todo, esta familia con enanismo logró salvarse y mantenerse viva entreteniendo a este loco doctor nazi. Para ello, cantaban en las ocasiones especiales canciones en alemán y actuaban para los oficiales del campo. Finalmente, y por suerte, lograron volver a su natal Transilvania una vez liberado el campo de Auschwitz.
¿Cuál diría que fue su experimento más cruel?
Cometió verdaderas aberraciones, como extirpar los ojos a sus víctimas o inyectarles colorantes y sustancias químicas para cambiarles el color, pero el experimento que más me conmocionó a la hora de investigar al personaje fue uno que conocemos gracias al relato que dejó un médico judío que estuvo a su servicio para poder salvar la vida de su familia, Miklós Nyiszli. En una ocasión, Mengele pretendió crear «siameses»; para ello escogió a dos niños gemelos de cuatro años –uno de ellos jorobado-, que respondían al nombre de Guido y Nino. Cuando fueron devueltos a los barracones dos días después, estaban cosidos por la espalda hasta las muñecas, unidos incluso por algunas venas. La gangrena se había apoderado de sus cuerpos y el olor, en medio del llanto ahogado de los pequeños, era insoportable. ¿Qué clase de persona puede hacer eso?
Cometió verdaderas aberraciones, como extirpar los ojos a sus víctimas o inyectarles colorantes y sustancias químicas para cambiarles el color, pero el experimento que más me conmocionó a la hora de investigar al personaje fue uno que conocemos gracias al relato que dejó un médico judío que estuvo a su servicio para poder salvar la vida de su familia, Miklós Nyiszli. En una ocasión, Mengele pretendió crear «siameses»; para ello escogió a dos niños gemelos de cuatro años –uno de ellos jorobado-, que respondían al nombre de Guido y Nino. Cuando fueron devueltos a los barracones dos días después, estaban cosidos por la espalda hasta las muñecas, unidos incluso por algunas venas. La gangrena se había apoderado de sus cuerpos y el olor, en medio del llanto ahogado de los pequeños, era insoportable. ¿Qué clase de persona puede hacer eso?
Una curiosa huída y una misteriosa muerte
La suerte de Mengele, sin embargo, cambió en 1945, cuando los oficiales nazis del campo de concentración recibieron el aviso de que debían abandonar Auschwitz y destruir todas las pruebas incriminatorias de sus múltiples crímenes. Y es que los rusos se acercaban peligrosamente liberando a su paso todos los centros de exterminio que encontraban.
El 17 de enero el «Ángel de la muerte», el mismo que sólo 3 años antes habías hecho todo lo que estaba en su mano para ser destinado en Auschwitz, abandonó el campo de concentración para salvar su vida. Con unos escasos 10 días de ventaja sobre el ejército rojo, se trasladó a otro centro de exterminio a 300 kilómetros, sin embargo, tuvo que volver a huir al saber que los enemigos volvían a caer sobre él.
A partir de este momento la historia se torna algo confusa. Según la versión más extendida, Mengele huyó disfrazado de soldado de la Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) tras abandonar su uniforme de las SS. Sin embargo, fue capturado por los aliados que, al no conocer su identidad, le dejaron en libertad.
En este caso el destino le sonrió, pues pocos meses después, en abril de 1945, fue identificado como uno de los principales criminales de guerra nazis y se encontraba en las listas de la Comisión de Crímenes de Guerra de Naciones Unidas. A partir de ese momento, los aliados nunca detuvieron su búsqueda.
Tras su improvisada liberación habría partido hasta Argentina y Paraguay, siempre bajo la presión de estar perseguido por decenas de servicios secretos de todo el mundo. A partir de entonces, se cree que vivió bajo la protección de familias alemanas en Latinoamérica, para lo cual utilizaba un nombre y apellido falsos.
Su muerte, al igual que su huída, no pudo ser más misteriosa. Al parecer, se produjo a principios de 1979 cuando vivía junto a la familia Bossert, como bien explican Posner y Ware. Según los autores, el 7 de febrero a las 3 de la tarde Mengele salió a dar un paseo junto a la playa con varios de sus encubridores.
«Alrededor de las 4.30 de la tarde, para refrescarse del sol abrasador, Mengele decidió probar las suaves olas de Atlántico. Diez minutos después, se encontraba luchando por su vida. El joven Andreas Bossert fue el primero que lo vio (…) Alertado por su hijo, Wolfram Bossert levantó la vista y vio un movimiento violento del mar. Le preguntó a Mengele si se encontraba bien. La única respuesta fue una mueca de dolor. Bossert se metió en el mar y nadó a la mayor velocidad que pudo para rescatar a su amigo. Cuando llegó (…) la parálisis le había agarrotado el cuerpo», explican los autores anglófonos en su libro. Mengele, tras realizar miles de torturas y protagonizar una huída de película, había fallecido.
+10 por el esfuerzo que me tomo hacer este post, gracias