InicioInfoTratar bien a los demás...



Buenas, hago este post para hablar sobre la “Regla de Oro”, que significa, sus enseñanzas y la gran diversidad de culturas, religiones, etnias, etc. que giran en torno a ella.
He visto algún que otro post sobre el tema en T!, no obstante sumo un poco más de info y agrego mis opiniones al respecto en un post propio.
De todas las Reglas de Oro mencionadas me extenderé en aquella de la cual tengo más interés, tratando de no imponer mi punto de vista, sino expresarlo...


Muchísimas personas en todo el mundo viven
intentando poner esta frase como algo primario en sus vidas.
Algunas, según sus creencias no podrían llegar a completar
lo que se profesa porque esta forma de vida se continúa luego
en la muerte. Cabe destacar que quienes creen en esto último
se refieren a la muerte como a la anulación de los signos vitales
en el cuerpo, para luego continuar su viaje hacia otros espacios, planos, cielos, etc.


Ahora bien, la Regla de Oro nos propone, según donde se profese con palabras más, palabras menos, la misma idea: La de la Reciprocidad.

Reciprocidad: Tiene lugar entre dos o más personas
o grupos de forma que la acción realizada por
ellas equivale a la recibida.


La reciprocidad está entre las bases de las religiones también.
Veamos algunas religiones, culturas, etc. y sus Reglas de Oro:






Observamos que las de arriba lo expresan resaltando la parte negativa.




Por el contrario, estas últimas lo hacen poniendo énfasis en lo positivo de las frases.
De todos modos si lo que se quiere es reciprocidad, amabilidad, buen trato y demás, que se diga en negativo o positivo no genera mayor problema.







La filosofía moderna, concretamente el racionalismo,
despojó a la regla de oro de su contexto religioso y
la convirtió en fundamento de la ética entendida como
sistema de principios universales de convivencia que
todos los hombres pueden compartir. Especialmente Kant,
en su Crítica de la Razón Práctica, le otorga renovado
vigor en la primera formulación del imperativo categórico:
Actúa de tal modo que puedas igualmente querer que
tu máxima de acción se vuelva una ley universal.
A través de la poderosa herencia ideológica kantiana,
la regla de oro está presente en las tradiciones
intelectuales del liberalismo y el iusnaturalismo
racionalista, en las obras de Humboldt, Habermas, John Stuart Mill, etc.


Charles Darwin también la menciona con
entusiasmo y admiración, como culminación y
necesaria consecuencia de los instintos sociales humanos.
Por su parte, Karl Popper también se apoya
en ella para justificar el ámbito de actuación de un
estado mínimo al enunciar, en La sociedad abierta
y sus enemigos, su principio del utilitarismo negativo:
el Estado no debe imponer afirmativamente
determinadas conductas a los hombres, sino que
sólo debe impedir que éstos se causen mal los
unos a los otros (es decir, que hagan a los otros
lo que no querrían para sí mismos).


Todo apremio moral tiene sus bases en los apremios del dolor o el sufrimiento, propongo reemplazar, por esta razón, la fórmula utilitarista: "aspiremos a la mayor cantidad de felicidad para el mayor número", o, más sintéticamente: "aumentemos la felicidad", por la fórmula: "la menor cantidad posible de dolor para todos" o, brevemente: "disminuyamos el dolor". Esta fórmula tan simple puede convertirse, creo yo, en uno de los principios fundamentales (por cierto que no el único) de la política pública. El principio "aumentemos la felicidad" parece tender, por el contrario, a producir dictaduras benévolas.






En el Humanismo y el Mensaje de Silo se dice: “trata a los demás como quieres que te traten”. En el Movimiento Humanista y Mje de Silo muchas personas entienden, practican y/o tratan de  practicar este principio de conducta.
Ellas parten de una sensibilidad, de una apreciación del otro, diferente a la que se ha impuesto hasta ahora en esta época de desestructuración de las relaciones humanas. El entendimiento cabal de este principio, parte de la comprensión de la estructura de la vida humana en su totalidad.
Esta comprensión es diferente a la habitual. En el Humanismo se desconfía sobre la sinceridad de otros cuando dicen que lo comparten, porque su visión del ser humano es frecuentemente opuesta a la del Humanismo.
Si habitualmente no se trata al vecino en base a este principio, ¿qué puede quedar para los que hablan del cambio de la sociedad y del mundo? ¿En qué se fundamenta realmente su lucha para mejorar las condiciones de vida del ser humano?




Veamos las dificultades.


“Trata a los demás como quieres que te traten”. En esa relación de conducta, hay dos términos: el trato que uno requiere de los demás y el trato que uno está dispuesto a dar a los demás.



A. El trato que uno requiere de los demás.

La aspiración común se dirige a recibir un trato
sin violencia y a reclamar ayuda para mejorar la
propia existencia. Esto es válido aún entre los
más grandes violentos y explotadores que reclaman
colaboración de otros para el sostenimiento de un
orden social injusto. El trato requerido es independiente
del que se está dispuesto a dar a los demás.


B. El trato que uno está dispuesto a dar a los demás.

Se suele tratar a los demás utilitariamente
como se hace con diversos objetos, con las
plantas y con los animales. No hablamos del
extremo del trato cruel porque, después de todo,
no se destruye a los objetos que se desea utilizar.
En todo caso, se tiende a cuidar de ellos siempre
que su conservación gratifique o rinda alguna utilidad
presente o futura. Sin embargo, hay algunos “otros” un
tanto perturbadores: son los llamados “seres queridos”, en
los que su sufrimiento y su alegría nos produce fuertes conmociones.
En ellos se reconoce algo de uno y se los tiende a tratar del modo en
que se quisiera ser tratado. Hay pues un salto entre los seres queridos y
aquellos otros en los que uno no se reconoce.





¿Qué habrán sentido en los distintos pueblos y momentos históricos  todos aquellos que hicieron de la Regla de Oro el principio moral por excelencia? Esta fórmula simple, de la que puede derivarse una moral completa, brota de la profundidad humana sencilla y sincera. A través de ella, nos develamos a nosotros mismos en los demás.









Muchas gracias.

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