"El infrascripto Eusebio Rodríguez, Alcalde, Certifica que Don Manuel Chico, que muerto lo tengo de cuerpo presente, tapao con un poncho pampa de al parecer rayuno, lo sorprendió la muerte al salir de un baile de Don Rufino de Catalán, de la quebrada de doña Pepa, lugar muy conocido y de pública voz y fama en el pago. Interrogado el cadáver por tercera vez, y no habiendo el infrascripto obtenido respuesta categórica alguna, y viendo que el cadáver se niega a responder, se resuelve darle sepultura en el campo de los desaparecidos, conforme cuadra su circunstancia física que certifica. Hago constar que el finado era muy amante a la bebida y muy dado a las galanterías amorosas, por cuyas circunstancias tenía una cicatriz de quemadura en la quijada izquierda producida por un cucharón de grasa caliente que le arrojó al rostro de la cara la hija de la parda Nicolasa, no se sabe porque zafaduría." Es copia fiel del original que obra en poder de la Intendencia Municipal de San Justo, provincia de Buenos Aires, Lº 2, Fº 2, año 1860" y que transcribe el "Acta de defunción de Don Manuel Chico labrada por el alcalde de la Matanza el 24 de febrero de 1860"
Hay que tener en cuenta que la constatación de muerte en el Siglo XIX se hacía a través del sentido común y de la falta de respuesta al interrogatorio que le hacia la persona destacada del lugar al cadaver. De cualquier manera trataban de hacer las cosas seriamente con lo que tenían y sabían, mucho más responsables parece, que actualmente algunos en lugares de alta complejidad y en pleno Siglo XXI.
Hay que tener en cuenta que la constatación de muerte en el Siglo XIX se hacía a través del sentido común y de la falta de respuesta al interrogatorio que le hacia la persona destacada del lugar al cadaver. De cualquier manera trataban de hacer las cosas seriamente con lo que tenían y sabían, mucho más responsables parece, que actualmente algunos en lugares de alta complejidad y en pleno Siglo XXI.