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Las dificultades de la FACh, desmitiendo a Balza, y más

Info5/8/2014
Las dificultades de la FACh, desmitiendo a Balza, y más
Tropas de la IMARA aterrizando en helicopteros Alouette III durante ejercicios de desembarco


A mediados de diciembre de aquel agitado 1978, no era un secreto para nadie que la Argentina se preparaba para la guerra. En vista del gigantesco despliegue militar que el país llevaba a cabo hacia la frontera, Chile se apresuró a reforzar las islas y los pasos cordilleranos, montando un dispositivo defensivo que disponía de numerosas líneas de trincheras y tiro, además del minado de playas. Los chilenos hablan de ejercicios de oscurecimiento en Buenos Aires y las ciudades argentinas cercanas a la frontera e incluso en las principales capitales provinciales, lo mismo de automóviles circulando con las luces de posición y de viviendas con sus ventanas cubiertas por frazadas para impedir que la luz se filtrase al exterior pero, salvo alguna que otra ocasión, la vida en los principales centros urbanos rioplatenses siguió su curso normal hasta el fin del conflicto Lo que dio comienzo por esos días fue un pronunciado hostigamiento a la numerosa colonia chilena en la Argentina y la confiscación de toda mercadería de esa procedencia que circulaba por territorio nacional, primeras medidas tendientes a demostrar que la Junta Militar no estaba dispuesta al diálogo a no ser que se reconociese el 100% de sus exigencias.

Pese a que los chilenos insisten en que en su país la vida transcurría con total normalidad, lo cierto es que a medida que la crisis avanzaba la incertidumbre y el temor se iban apoderando de su población, más cuando se filtraron noticias de que sus vecinos acondicionaban camiones y trenes para trasladar efectivos y armamento hacia la frontera.

Que la Argentina planificaba la invasión a Chile desde el mismo momento del fallo, y antes aún, lo prueba el hecho de que el 8 de marzo de 1978 el general Luciano Benjamín Menéndez pasó revista de la Brigada de Infantería de Montaña VIII que efectuaba maniobras en Las Cuevas y Punta de Vacas al mando de su comandante, el general Juan Pablo Sáa, muy cerca del límite entre ambas naciones. Por su parte, el almirante Massera hizo lo propio al frente de la flota, la Aviación Naval y la Infantería de Marina, manifestando, una vez finalizados los ejercicios, que el arma a su mando estaba lista para cumplir con la Patria.

Las versiones chilenas que dan cuenta que la Argentina contaba con el apoyo de Perú y Bolivia para atacar a Chile son desmentidas por un informe de su misma televisión titulado “La cuasi guerra Chile - Argentina , 1978”, emitido en 1998 con motivo de cumplirse veinte años de la crisis, versión que Gustavo Delgado Muñoz y Karen Mariángel Carvajal reproducen en su trabajo:

En los altos mandos argentinos estaba bastante difundida la convicción de que, si el conflicto se prolongaba en el tiempo sin que se produjese la intervención de terceros o de fuerzas internacionales, una victoria militar rotunda era altamente factible, ya sea con la rendición de los chilenos o, en su defecto, con la aceptación de los derechos argentinos sobre la zona en litigio. Cuando esto se produjese, ya se habría consumado la destrucción de su aparato militar y de sectores clave de su economía. Sólo una vez logrado uno o ambos objetivos, las tropas argentinas volverían a cruzar la frontera en sentido inverso. La idea era que los chilenos no pudiesen reconstruir su aparato militar en menos de un siglo, como sostuvo uno de los comandantes consultados 1.

Los chilenos especulaban con que las irregularidades del terreno pudiesen retrasar la invasión tornando dificultoso el desplazamiento de la caballería blindada y la infantería por los pasos cordilleranos, pero sabían perfectamente que la absurda geografía de su país les jugaba en contra y que no disponían de facilidades para el traslado de suministros y provisiones.

Pese a que foristas y pseudo analistas de esa nacionalidad argumentan con falsa seguridad que la posición defensiva de sus tropas les daba ventaja sobre sus oponentes y que sería sumamente sencillo para sus fuerzas aniquilar a los invasores cuando aquellos se aventurasen por los pasos cordilleranos, lo cierto es que su gobierno y su alto mando esperaban con marcada ansiedad que los Estados Unidos y las Naciones Unidas obligaran a los argentinos a detener el ataque ya que, como se ha dicho, las diferencias entre un país y otro eran abrumadoras.

En el mes de octubre, las fuerzas de aire, mar y tierra argentinas intensificaban su entrenamiento con prácticas de tiro naval, tácticas de reglaje en tierra, disparos de artillería, en especial de sus excelentes cañones Sofma de 155 mm L33 CITEFA de fabricación nacional, simulacros de bombardeos y ametrallamiento aéreo sobre polígonos de tiro y maniobras de desembarco y aproximación. A mediados de octubre, el teniente de navío Augusto César Bedacarratz hizo el primer enganche nocturno de un Skyhawk A4Q sobre el portaaviones “25 de Mayo”, dejando en claro, una vez más, que las diferencias entre las fuerzas del aire de un bando y otro eran abismales. 2.

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ARA 25 de Mayo en dotación

En un interesante trabajo titulado “La Fuerza Aérea de Chile en la Crisis del Beagle”, publicado en la revista “Enfoques Estratégicos”, el 22 de febrero de 2008, los periodistas chilenos Raúl Zamora y Javier Carrera reproducen partes del libro Matthei. Mi Testimonio de las historiadoras Patricia Arancibia Clavel e Isabel de la Maza, minuciosa recopilación de testimonios, datos y vivencias de quien fuera general del aire de Pinochet, ex comandante en jefe de la Fuerza Aérea Chilena e integrante de la Junta de Gobierno en aquellos años. Sobre esa crisis, y al ser consultado si la Fuerza Aérea chilena estaba preparada para una guerra con Argentina , la respuesta del ex Comandante en Jefe fue que “no, no lo estaba, pese a los preparativos realizados en 1974 para amortiguar la amenaza peruana y al hecho de haber recibido ya los F-5.

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Hawker Hunter Chileno disparando un Shaffrir II de fabricación israeli

Conversamos en su momento sobre la falta de radares, de cañones, de misiles antiaéreos, pero aparte de eso, en 1978 los Hunter estaban embromados a causa del embargo inglés: de los treinta que teníamos en inventario, en vuelo quedaban tal vez una docena. Por otra parte, lo poco y nada que teníamos estaba concentrado en el norte. […] La situación en la base de Punta Arenas era una verdadera pesadilla, más cuando lo que no se había hecho planificadamente sólo se podía improvisar en ese momento. 3.

Estas afirmaciones, que constituyen parte de la información oficial desclasificada por la FACh, dan por tierra con los absurdos vertidos por foristas en diferentes sitios de Internet en el sentido de que Chile estaba capacitado para contener la invasión e incluso, repelerla. Según Matthei, el mismo “héroe de escritorio” que años más tarde se vanagloriaría de la ayuda encubierta que su país brindó a Gran Bretaña durante la guerra del Atlántico Sur,

Era muy evidente la abismante superioridad numérica y técnica que ostentaba la Fuerza Aérea Argentina (FAA) frente a la FACh durante los momentos de mayor tensión en la crisis fronteriza de 1978, que obligó a la fuerza aérea chilena a redoblar esfuerzos en lo referente a logística y material. El inventario y orden de batalla de la FACh en 1978 era el resultado de rápidas adquisiciones de material efectuadas entre los años 1974 y 1975, que obedecieron fundamentalmente a la necesidad de hacer frente a la amenaza representada por elementos revanchistas dentro del liderazgo militar del Perú, cuya fuerza aérea se había reequipado y modernizado substancialmente entre finales de los años 60 y comienzos de los años 70. La rapidez, urgencia e improvisación con que la FACh adquirió material generó una serie de problemas e inconvenientes que originaron nuevas improvisaciones, que se agravaron con la aplicación en 1976 de la Enmienda Kennedy, que dificultó el acceso a nuevo material de origen estadounidense en momentos en que el aumento de la tensión fronteriza oscurecía el horizonte.

Las dificultades se hicieron patentes en 1978, aunque no afectando la disponibilidad de repuestos para el material ya adquirido, sino la velocidad y el volumen con que ellos llegaban. Eso forzó a recurrir a proveedores informales en operaciones de triangulación, en operaciones de mayor costo que incluían también dificultades para el traslado de los repuestos y munición a Chile . Otra falencias que también afectaron a la FACh en esos años de emergencia fueron la carencia de procedimientos de inspección adecuados y la falta de personal capacitado tanto para operar el material como para darle mantenimiento. 4.

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Pareja de F-5 chilenos

Más adelante, el ex comandante de la Fuerza Aérea Chilena refiere: Respecto de cómo fue que la FACh se encontró en tan complicada condición en 1978, hay muchas razones que permiten explicar la abismante brecha que la distanciaba de su homóloga argentina , una diferencia que era incluso superior a lo que el tamaño y capacidad económica del vecino transandino podrían implicar. El rezagado estado de la fuerza aérea chilena era resultado de un proceso que se retrotrae a décadas antes de la crisis del Beagle, y que tiene que ver con las políticas seguidas por distintos gobiernos, tanto en la asignación de recursos a las fuerzas armadas en general y como a la institución aérea en particular. A ello se sumó también la subscripción en 1952 del Pacto de Ayuda Militar (PAM) con Estados Unidos, que subordinó el desarrollo tecnológico de las capacidades técnicas de las fuerzas armadas chilenas a los intereses de Washington. 5.

Matthei es contundente al afirmar: Como ya hemos dicho, las urgentes y apresuradas adquisiciones de material aéreo efectuadas entre los años 1974 y 1976 tenían como objetivo configurar una fuerza de combate capaz de conjurar una potencial agresión de Perú. Sin embargo, su improvisación y carencia de planificación de largo plazo trajo consigo una serie de problemas e inconvenientes, que se vieron agravados por la aplicación de la Enmienda Kennedy en 1976.

Ante las dificultades que se enfrentaban en lo referente a la operación, el mantenimiento rutinario y el soporte logístico de sus aviones de combate, la FACh recurrió a la improvisación. Así, al ingenio y los contactos sociales de algunos oficiales, que por distintos medios lograban obtener los repuestos y los manuales necesarios para mantener el material en condiciones operativas, se sumó la contratación instructores y asesores extranjeros.

Al analizar la forma en que la FACh enfrentó esta emergencia, se identifican cuatro aspectos claves entre las dificultades que el personal de la institución tuvo que enfrentar y solucionar –con los escasos o caros recursos disponibles- entre los años 1977 y 1978. 6.

El cuadro de situación era mucho más grave debido a la desorganización que existía en el arma en cuanto a la escasez de personal especializado y los destinos a los que había sido asignado. Veamos como lo relata Matthei en el mencionado trabajo: El 19 de junio de 1978 el Comando de Combate envió al Sr. Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea un oficio con carácter reservado, donde se expone la distribución errada de Personal del Cuadro Permanente (PCP). El texto detalla “los problemas que se han presentado con Personal del Cuadro Permanente, que ha sido seleccionado para efectuar cursos en el extranjero para apoyar el mantenimiento del material con que cuenta la Institución, que una vez regresado al país no fue destinado a las unidades que requerían de los conocimientos adquiridos, como por ejemplo el Ala Nº 1 (material F-5) y Grupo 10 (material C-130)”. El inconveniente, según uno de los párrafos del documento, había sido informado en reiteradas ocasiones a las instancias involucradas, como el Comando de Personal, “sin obtener respuesta favorable a las peticiones formuladas”.

Según añade el oficio, el paquete de soporte incluido en la operación de compra del NORTHROP F-5E, se había adquirido un curso de mantenimiento en línea, orientada a preparar personal para el apoyo a éstos aviones. Personal de las unidades mas representativas fue seleccionado para recibir este entrenamiento, dándose cursos avanzados en inglés y de actualización en electrónica con profesores tanto de la institución como de la Universidad de Chile . Los cursos buscaban alcanzar el nivel adecuado de conocimientos básicos para enfrentar el curso, que se desarrollaría en Estados Unidos. Pero parte de este personal fue asignado, a su regreso a Chile , a otras reparticiones resultando en que especialistas que debían estar en el Ala N°1 dando servicio a los F-5, se encontraban trabajando en el Ala de Mantenimiento del El Bosque.

Como resultado, los dos únicos mecánicos que efectuaron el curso de mantenimiento de estructuras para aviones F-5, estaban en Santiago, mientras que el taller de mantención de estructuras habilitado en el Grupo 1 de Antofagasta seguía inoperante a mediados de 1978, por no disponer de los especialistas necesarios. 7

En otro punto de su exposición, el ex jefe de las FACH explicaría que los diferentes gobiernos chilenos no atendieron y hasta descuidaron durante muchos años las necesidades presupuestarias de la fuerza y que no se adquiría material acorde a los tiempos”…de modo que sin equiparar las adquisiciones de los vecinos en términos de calidad y cantidad, al menos proveyese una medida adecuada de disuasión y contención” 8. Por otra parte, el general de aviación (R) Mario Lopez Tobar, veterano piloto de Hawker Hunter , señala en los capítulos III y IV de su libro “El 11 en la mira de un Hawker Hunter ”

Don Jorge Alessandri trató bastante mal a las Fuerzas Armadas, principalmente en lo referido al presupuesto (…) Luego vino Don Eduardo I y la “Patria Joven” y entonces se decidió que no habría más conflictos fronterizos ni se necesitarían las Fuerzas Armadas. Hasta hubo clases magistrales en las Academias de Guerra sobre el tema: “América Latina, Unidad entre Hermanos” ” 9.

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Sistema de defensa antiaereo "TigerCat" argentino

Durante el segundo semestre de 1978, Matthei se abocó de lleno a solucionar las falencias y debilidades que no habían sido abordadas durante la comandancia de su antecesor, el destituido General Gustavo Leigh Guzmán. De ese modo, comenzaron las gestiones para conseguir todo aquello que no se había priorizado hasta el momento (municiones, repuestos de diversa índole, reasignación de personal, etc). En medio de esa febril actividad, Matthei despachó una serie de oficios a diferentes reparticiones de la fuerza a su mando, demandando informes de avance diario de cada uno de los problemas a enfrentar, tendientes a conocer la situación real de las aeronaves que componían el arma a su mando.

Se le dio especial importancia a los Informes Semanales de Operatividad que habían comenzado a elaborarse durante el mando de Leigh, que incluían un resumen del estado operativo de cada unidad, consignando el número de aviones por grupo, cantidades y cuántos de ellos estaban operativos, fuera de vuelo o en condiciones de vuelo limitado.

Adicionalmente contemplaba otros campos que permitían estimar próximos aviones fuera de vuelo. En caso de ser necesario y dependiendo de los números entregados por el documento, se podía solicitar un reporte mas detallado por modelo de aeronave, donde se precisaba las reales causas de la inoperatividad de cada avión, a fin de estimar y tomar las medidas para devolverlo al servicio 10

Matthei vuelve a ser terminante a la hora de describir la realidad de la Fuerza Aérea Chilena a la hora de comenzar el conflicto. La inminencia de la guerra con Argentina se vio agravada a comienzos de agosto de 1978 por la baja operatividad de los medios aéreos de las principales unidades de combate de la Fuerza Aérea. De los 84 reactores de combate con que se contaba, conformados en su totalidad por A-37B, DH115, Hunter Mk71./ Mk.71A y T.72 y F5/E, en ese mes no se logró contar con mas de 37 aeronaves en condiciones de vuelo, lo que representa el 44% del total. En los reportes correspondientes no se menciona el estado operativo de los grupos aéreos especiales de apoyo ligero, que habían sido formados con aparatos de instrucción Cessna T.37 y Beechcraft T-34 Mentor

De un total de 26 cazabombarderos Hawker Hunter en inventario – operados en conjunto entre los grupos 8 y 9 – el total de aviones en condición de vuelo sumaban tan solo nueve aparatos como resultado de mantenimientos improvistos, falta de repuesto, falta de motores y otras complicaciones de índole técnico y logístico. En la misma línea, los NORTHROP F-5E/F Tiger II del Grupo de Aviación N°7 se anotaron el menor índice de operatividad de toda la flota a principios de agosto, con solo seis F-5E y dos F-5 Tiger II en condición de vuelo. A finales de ese mismo mes, la situación empeoró, con tan solo tres F-5 Tiger II operativos. Seis F-5E estaba de baja por mantenimiento imprevisto, siete por espera de repuestos y uno por mantenimiento programado.

Con respecto a los mantenimientos imprevistos, una parte de estos estaba conformada por incidentes en tierra, como por ejemplo choque de carro de servicio con tubo pitot, reventón de neumático en maniobra de aterrizaje y posterior salida de pista; otro conjunto de mantenimientos imprevistos estaba conformado por salidas de remaches del avión ante altas maniobras G, mantenimiento no efectuados a canopia por falta de documentación al respecto, otros. La cifra de aviones en vuelo fue posteriormente mejorada con la llegada de los repuestos correspondientes y la aplicación de medidas correctivas en la operación de los aviones.

Por otro lado, los grupos aéreos 1, 4 y 12; que concentraban la totalidad de los CESSNA A-37B, lograron disponer de un total de 21 aviones en vuelo de los 34 en inventario. Al igual que en el caso del F-5, la operatividad del material A-37 se vio afectada por la falta de bibliografía técnica para su correcta operación y mantenimiento. Esto produjo una serie de incidentes, incluyendo la eyección accidental de porta-cohetes y estanques auxiliares de combustible en a lo menos cuatro ocasiones registradas durante 1978, daños en trenes de aterrizaje por malas maniobras en tierra o por aterrizajes forzosos en tres ocasiones: y la pérdida de una aeronave durante maniobras nocturnas en Mayo de 1978. 11.

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BIM 5 en movilización en el sur. Cuatro años después, en 1982, se cubrirían de gloria en Mte Tumbledown, bajo el mando del Cap. Robacio.

El alto oficial también explica que debido a la falta de medios disponibles y operativos, y a lo inminente de la guerra con la Argentina , el arma a su mando tomó la decisión de movilizar y concentrar gran parte de sus aeronaves en el extremo sur del país, el área denominada Teatro de Operaciones Austral (TOA). Sin embargo, a pesar de ello, mantuvo su presencia real en apoyo de la VI División de Ejército en el norte, en previsión de un ataque proveniente de Perú y por esa razón, en el mes de noviembre se libró un oficio firmado por el general Julio Canessa Robert, jefe de la Región Militar Norte, en el que se daba cuenta que la FACh mantenía allí 8 aviones Cessna A-37B y 16 Cessna T-37.

Un aspecto importante de destacar es la coordinación permanente que la FACh mantuvo con las otras dos ramas de la Defensa en los momentos de mayor tensión en 1978. Atendiendo el rol que debía jugar la fuerza aérea en la potencial guerra a disputarse en la zona austral, el general Matthei decide aplicar el mismo criterio seguido por la Marina, desplazando y concentrando la mayor cantidad de medios aéreos en la zona próxima al conflicto.

Debido al redespliegue masivo de los medios de la FACh desde Iquique y Antofagasta hacia la zona austral, el ejército debió asumir sólo la responsabilidad de prestar todo apoyo aéreo a las unidades terrestres destacadas en el norte. Existió una coordinación permanente entre la FACh y el Ejército en el despliegue de los medios aéreos de éste último en el norte. A las aeronaves del ejército se les asignó el rol de apoyo estrecho (helicópteros LAMA artillados), transporte (C-212 / SA-330 Puma) y enlace/observación (CESSNA 172) 12.

Otra dificultad que afectaba a Chile era la obtención de suministros. A las restricciones y embargos impuestos por los EE.UU. y las principales potencias mundiales, los militares debieron recurrir a la improvisación, echando mano de cualquier alternativa con tal de paliar sus marcadas carencias. Pese a las restricciones impuestas a Chile por sus principales proveedores de armas -EE.UU. e Inglaterra siempre existió la posibilidad de contar con los repuestos necesarios para la operación de las aeronaves. En los documentos disponibles y posibles de leer en el MNAE nunca se habla de aviones sin repuestos, sino en espera de repuestos. La disponibilidad de repuestos no se vio afectada pero si el flujo y los canales de aprovisionamiento.

Las dificultades de la FACh, desmitiendo a Balza, y más
Torre de vigilancia...un Infante de Marina chileno desde su puesto de observación

Es decir, no llovía pero si goteaba. Se debió recurrir a triangulaciones y medios informales para el traslado de los mismos, lo que de todas maneras implicó una disminución del volumen de los suministros y costos muchos mayores. No se conoce si alguna de estas adquisiciones logró ser interceptada o desbaratada por los países que aplicaban las restricciones relativas a venta de armamento.

Durante el mes de junio de 1978 se produjo un embargo en suelo británico de una partida de motores Avon 203 y 207 de Hawker Hunter , que habían sido enviados a la nación europea para ser reparados por ROLLS ROYCE. El embargo, que había sido promovido por parlamentarios y líderes sindicales laboristas de East Kilbridge, región donde estaban las instalaciones en que se iba a realizar la reparación impidió el retorno de cuatro motores requeridos para la puesta en operaciones de aviones de los grupos 8 y 9. El gobierno chileno hizo notar su molestia a su par británico por los canales diplomáticos correspondientes, Esas notas de protesta, al igual que las declaraciones del General del Aire Gustavo Leigh, fueron cubiertas por la prensa británica en notas editoriales.

El entonces Primer Ministro Británico, Sr. Callaghan, de tendencia laborista en una sesión de interpelación en el parlamento británico hace ver que las turbinas pertenecen a Chile y que el trabajo de reparaciones fue cancelado, por lo que estas deben ser devueltas a la brevedad. Posteriormente se firmó un acuerdo con HINDUSTAN AERONAUTICS LTD (HAL), que fue gestionado con el apoyo de personeros de las firmas británicas BRITISH AEROSPACE y ROLLS-ROYCE y que contó con el beneplácito del Gobierno de la India, lo que permitió el mantenimiento y la reparación en el país asiático de componentes claves de los motores Avon 203 y 207 de la flota de Hunter , como las hojas de los ventiladores. Un total de 30 motores Avon fueron enviados a la India.

Al igual como se vio afectada la operatividad de las aeronaves por la falta inmediata de repuestos, la disponibilidad de armas y munición enfrentó similares problemas. En el caso de misiles aire-aire, la compra de los F-5E y F Tiger II se habían adquirido 100 misiles AIM9-J, los cuales no se encontraban operativos al momento de generarse la crisis con Argentina en 1978, debido a que el proveedor estaba entregando cada uno de sus componentes por separado.

En caso de que se requiriese un armado inmediato de los AIM-9J, se planificó recurrir a componentes de AIM-9B, que la USAF había cedido en préstamo a la FACh con fines de entrenamiento. Con respecto al armamento aire tierra, la FACh disponía de más de 4000 cohetes SNEB para su empleo en aviones Hunter , así como munición de 30 mm en cantidad suficiente para las aeronaves en condiciones de vuelo. 13.

Las conclusiones de Matthei son terminantes y dejan al descubierto las graves privaciones que padecía la Fuerza Aérea de su país al comienzo de la crisis, privaciones que habrían repercutido notoriamente en su contra en caso de estallar una guerra.

Sistemáticamente abandonada por autoridades políticas que no creían en la necesidad de invertir en equipamiento militar, a lo largo de los años setenta la Fuerza Aérea de Chile se vio forzada a asumir sus tareas –en un contexto de crecientes tensiones con los países vecinos y de embargos a las ventas de nuevo material y suministros aplicados por los países proveedores- por la vía de improvisar y seguir improvisando sobre lo ya improvisado. Sin embargo, en Defensa no se puede improvisar, porque la tarea consiste en estar preparado para lo inesperado. 14.

Queda al descubierto, de este modo, el verdadero estado en el que se encontraban las fuerzas del aire chilenas al momento de producirse la crisis, las carencias que padecía y la necesidad de recurrir a mercados alternativos, no demasiado confiables, para paliar parte de su crítica situación.

En base a lo expuesto, resultan hilarantes los análisis efectuados por algunos “expertos” chilenos sobre el Operativo Soberanía, la mayoría de ellos volcados en sus foros de armamentos o en el modificable sitio Wikipedia, tan propenso a divagues y adaptaciones a gusto.

Estos expertos son los que cuestionan casi todos los puntos de la estrategia argentina haciendo hincapié en banalidades tales como la sensación del canciller Cubillos de que “nadie gobernaba” en la Argentina o el ambiente de absoluta confusión y desorden de los protocolos diplomáticos argentinos. La fuente principal en la que los chilenos basan su creencia de que podrían haber ganado la guerra es el libro del general Martín Antonio Balza, Dejo Constancia. Memorias de un general argentino, publicado por Editorial Planeta donde, en su intento por coquetear con el poder de turno y obtener ventajas políticas, hace destructivos comentarios en cuando a “la improvisación y falta de responsabilidad en la conducción militar argentina ”, sobre el triunfalismo delirante alimentado por la reciente obtención de la copa mundial de futbol, del feroz antichilenismo imperante en el país y las arengas demenciales como la siempre variable “Cruzaremos la cordillera, les comeremos las gallinas y violaremos a sus mujeres” y “Ahora vamos al mundial del Beagle”, que pocos, por no decir nadie, recuerdan en la Argentina , en alusión al cuestionado triunfo futbolístico de ese año.

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Infantes de marina chilenos

Los chilenos han dado buena cuenta de esas declaraciones, refiriéndose a su autor como “el ilustrado general Balza” (que en junio del 2001 fue detenido como presunto organizador de la asociación ilícita que había traficado armas a Ecuador y Croacia) 15, reproduciendo hasta el hartazgo sus negativas opiniones acerca de los planes de ataque, y sus “cátedras” de estrategia, en las que, con bastante ligereza explica como los chilenos iban a “aniquilar” con absoluta facilidad a los tanques argentinos que se aventurasen por los pasos cordilleranos; lo difícil que le resultaría a las fuerzas de ocupación controlar a la conquistada Punta Arenas o el absurdo de que el ejército argentino no estaba capacitado para una guerra de esas características porque venía de pelear una lucha fraticida contra la agresión subversiva y eso contribuyó a su desprofesionalización.

¿Acaso una fuerza que combate contra elementos subversivos no está preparada para luchar en una guerra convencional? Y en el caso de los tanques, solo por mencionar una posibilidad, ¿no contaba allí la acción de la aviación o de las fuerzas especiales?

¿Dónde estuvieron las tropas defensoras chilenas cuando fuerzas argentinas atravesaron sus fronteras en Santa Cruz y Tierra del Fuego sin ser detectadas?

Los “expertos” militares chilenos hacen permanente hincapié en las aseveraciones de Balza pero se cuidan muy bien de ocultar las de sus propios militares, entre ellas des de sus generales del aire Fernando Matthei y Mario López Tobar. Dejando a un lado las manipulaciones y la búsqueda de rédito político, volvamos una vez más a los analistas serios, que afortunadamente Chile los tiene, y veamos cual era la situación de su flota, que era el arma más poderosa de la que disponían.

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Tropas argentina de infantería abordando un M-113 en el Sur

Durante un reportaje realizado por el periodista Iván Martinic, el capitán de navío Rubén Scheihing, comandante del submarino “Simpson” dijo: A comienzos de 1978, la Armada tenía cuatro submarinos, pero sólo tres disponibles. El “Thomson”, gemelo del “Simpson”, estaba desguazado, y los recién llegados “Hyatt” y “O’Brien” eran de los más modernos de la región.

La Flota de Mar (Flomar) de Argentina también tenía cuatro submarinos, pero todos operativos: dos estadounidenses de la II Guerra Mundial (“Santa Fe” y “Santiago del Estero”) y dos 209 alemanes (“San Luis” y “Salta”) recién comprados. A fines de año, la ventaja argentina pasó de leve a mayúscula. El “O’Brien” entró a dique para mantención y al “Hyatt” le falló un motor. Tuvo que regresar a Talcahuano. La noticia caló hondo en el “Simpson”. Durante todo el año, y a medida que las negociaciones diplomáticas con Argentina se empantanaban, la tripulación había entrenado intensamente para repeler una eventual invasión. Ahora tendrían que hacerlo solos. 16.

Y más adelante agrega: Y ése no era el único factor en contra. Por su antigüedad, la nave carecía de snorkel, una especie de tubo de escape retráctil que le permite navegar a 20 metros bajo la superficie usando sus motores diésel. Éstos, a su vez, recargan las baterías eléctricas, que son las que pueden llevarlo a silenciosos descensos de hasta 600 pies de profundidad. Sin snorkel, el "Simpson" estaba obligado a emerger por períodos de hasta ocho horas para recargar baterías, haciéndose detectable para los radares o aviones enemigos.

En la práctica, el buque no podía sumergirse más de 24 horas, y a escasos cinco nudos por hora. Si había que evadir un ataque, las baterías se agotarían antes 17.

A esta altura del relato es más que evidente que Chile , sin siquiera un solo submarino en óptimas condiciones, no estaba en condiciones de enfrentar una guerra y mucho menos de salir airoso.

En cuanto al mentado caso de la publicidad y la amplia cobertura mediática que la Argentina daba a su movilización en contraposición con la “calma” con la que los chilenos se tomaron el asunto, una nota aparecida en la edición del sábado 20 de diciembre de 2008 en la revista “El Sábado”, suplemento del diario “El Mercurio” de Chile , refuta esas versiones de manera contundente. La misma, que se reproduce íntegramente en la sección Anexos, lleva el siguiente encabezado:

En diciembre de 1978, la capital de la Duodécima Región era una ciudad acuartelada que esperaba en cualquier momento un bombardeo o una invasión. El miedo flotaba en las casas, calles, colegios y oficinas. Ésta no es la historia militar ni política del conflicto. Es la historia de un niño de 12 años enfrentado al horror de la guerra 18.

Y dice textualmente en otro párrafo: Desde hacía varios meses el miedo, como una espesa niebla, se comenzaba a filtrar en la vida de Punta Arenas, una ciudad relativamente pequeña, con 90 mil habitantes, dos cines, un canal de TV, recién declarada Zona Franca y cuya calle principal, interrumpida por un par de edificios, se podía recorrer a pie en 10 minutos de ida y vuelta 19.

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Cañones Citer de 155mm de fabricación argentina

Prácticamente sin fuerza aérea, con su división de submarinos reducida a una vetusta unidad carente del instrumental necesario para una campaña de tales características, con una marcada inferioridad numérica y una geografía que le jugaba en contra, ello sin tomar en cuenta la cuestión de los víveres y suministros, Chile debía enfrentar la invasión. Aún así, había uno o dos “duros” entre sus militares que la jugaban de bravos, uno de ellos el altisonante almirante José Toribio Merino (la sola mención de su apellido evoca hechos de sangre y claudicaciones en la historia de su país), quien viajó a la región en conflicto para revistar personalmente las tropas y las unidades navales a su mando y regresar después a Santiago para hablar de “la necesidad de enfrentar de una vez a los argentinos y terminar por la fuerza con la amenaza que representaban”. Nadie, tomó en cuenta su “arenga”.

La intransigencia argentina y la grave situación que se vivía, llevaron al gobierno chileno a adoptar medidas de urgencia. Que Chile no deseaba la guerra lo dejó en claro el mismísimo Pinochet durante una entrevista que se le hizo varios años después y que fue publicada en el libro Augusto Pinochet. Diálogos con su historia, de María Eugenia Oyarzún: Usted comprenderá que uno llega a estos grados pensando los pro y los contra de las cosas. Una guerra significa una detención o retroceso para un país de a lo menos 20 años. Hay que comenzar de nuevo. ¡No quiero guerra yo!; por lo demás, nosotros no habríamos peleado por ambiciones expansionistas sino defendiendo lo que teníamos, nada más. Ello, a pesar de que en el otro lado había deseos de agresión y vientos de guerra. 20.

En la primera quincena de diciembre Pinochet ordenó el relevo de todos los ministros y funcionarios de gobierno con rango militar y su reemplazo por civiles, para que los primeros asumiesen sus mandos lo antes posibles. En ese sentido, el ministro Sergio Fernández preparó los decretos e impartió instrucciones para que los flamantes funcionarios se hiciesen cargo con la máxima celeridad posible a excepción del titular de la cartera de Defensa, que debía seguir en su puesto.

Las fronteras fueron reforzadas; se ordenó el alistamiento de la escuadra de mar, se dispuso que aeronaves comerciales, incluyendo las de LAN Chile , fuesen requisadas para paliar la carencia de aviones de transporte, se reforzaron los aeropuertos y se hizo un censo de vehículos para determinar cuáles eran aptos para utilizar durante el conflicto y cuáles no.

El 5 de noviembre el comandante en jefe del Ejército dispuso postergar los recientes destinos de los oficiales superiores, obligando a generales y coroneles a permanecer en sus cargos hasta el 1 de enero del año siguiente.

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Mientras tanto, se sucedieron acontecimientos que dieron a conocer que la Argentina había montado una considerable red de espionaje en Chile ya que, por esos días, la policía militar detectó y detuvo a varios espías y agentes encubiertos entre ellos un cura párroco de Punta Arenas cuyo nombre no ha sido revelado aún. Los chilenos deliran con la ilusoria intervención peruana en el conflicto y en ese sentido pero nada dicen de la amenaza que podía representar el Brasil para sus adversarios. En ese sentido, ponen especial énfasis en la visita protocolar de un almirante argentino a Lima, para entrevistarse con su ministro de Relaciones Exteriores, José de la Puente y, según ellos, lograr la alianza de ese país en caso de estallar la guerra. De ser ciertas esas versiones, a nada llegó aquel emisario porque el canciller peruano lo despachó con una rotunda negativa.

Pocos días después, De la Puente viajó a Santiago para garantizar al gobierno de Pinochet la neutralidad de su país al tiempo que su ministro de Defensa, general Oscar Molina, hacía lo propio en Buenos Aires. Aun así, los opinólogos siguen fabulando con teorías conspirativas, con una triple alianza secreta entre Argentina , Perú y Bolivia, con encuentros a puertas cerradas en Santa Cruz de la Sierra, entre militares de aquellos dos últimos países, con pactos obscuros y hasta con una guerra de proporciones en Sudamérica que involucraría a casi todas las naciones de la región.

Veamos un comentario aparecido en varios sitios de la web:

Era claro, además, que un conflicto entre Chile y Argentina iba a desatar una guerra de proporciones en Sudamérica: el contingente chileno del Norte permanecía en sus posiciones ante la certeza de que, al iniciarse la guerra con Argentina , Perú y Bolivia iban a intentar una entrada por el desierto en el “Teatro de Operaciones del Norte” (TON), en cumplimiento de la tendencia bélica estratégica de los tres países, conocida como “hipótesis vecinal máxima”. Negociaciones nunca bien aclaradas se llevaron entre estos países casi hasta las vísperas de la cuasi guerra de 1978, tendientes, sin duda, a evaluar posibles coordinaciones en un eventual ataque simultáneo. Sin embargo, en una evaluación del peor escenario esperable, esto podría haber dado la oportunidad al involucramiento del Ecuador con relación al Perú y al Paraguay con relación a Bolivia, países entre los que se consideraban “cuentas pendientes”. En el más siniestro de los casos, se veía hasta Brasil y Uruguay comprometidos en una guerra iniciada al fin del mundo, en el canal Beagle, lo que explica el fuerte interés de los Estados Unidos en impedir un conflicto en la región 21.

Con la intención de confundir a los argentinos, las fuerzas armadas chilenas enviaban personal militar hacia la frontera norte desde donde los despachaba inmediatamente hacia el sur, cosa que poco preocupó al alto mando al otro lado de la cordillera, que tenía perfecto conocimiento de tales maniobras. Para entonces, La Moneda había hecho llegar a las Naciones Unidas (ONU) los antecedentes de la situación, lo mismo a la Organización de Estados Americanos (OEA) y Brasil, insistiendo en el envío de observadores norteamericanos e incluso, también de aquellos organismos, para que pudiesen comprobar sobre el mismísimo campo de batalla, que no era Chile el que había desencadenado la guerra.

En la OEA, los países miembros se reunieron en Asamblea Extraordinaria para estudiar en profundidad la situación y ver la posibilidad de adoptar alguna medida tendiente a evitar el enfrentamiento. Se llegó así a la firme conclusión de que la Argentina era el país agresor y que su postura, en extremo intransigente, estaba a punto de desencadenar la tragedia. No eran pocos los que vaticinaban una guerra larga y sangrienta en la que el debilitado Chile llevaría las de perder.

ejercito de chi
Soldados del GA101 movilizados

En vista de la grave situación y de que era imposible razonar con la Junta Militar que gobernaba en Buenos Aires, Santiago respondió estableciendo el Teatro de Operaciones Sur (TOS) a cuyo frente fue puesto el intendente de Puerto Natales, general Nilo Floody, al tiempo que se extremaban medidas en espera de la invasión, entre ellas, el racionamiento de los servicios básicos, el horario del toque de queda, la habilitación de refugios antiaéreos y los servicios sanitarios.

En caso de bombardeo a la capital y a las principales ciudades del país, algo que el gobierno de Pinochet sabía por buena fuente que iba a ocurrir, se habilitarían las estaciones y túneles del subterráneo, sótanos y bodegas, estacionamientos bajo tierra y conductos del ferrocarril, todo ello para albergar a la población en tanto las autoridades del gobierno se alojarían en las seguras bóvedas del Banco Central. Al tiempo que se adoptaban esas disposiciones, se implementaban otras medidas como el tapiado de los ventanales de aeropuertos y aeródromos, especialmente en la región sur, la construcción de trincheras por parte de los civiles y la improvisación de refugios antiaéreos en los principales centros urbanos. Informes de inteligencia norteamericanos fijaban el ataque argentino para el 21 de diciembre en horas de la noche, evidencia que se apresuraron a comunicar al gobierno chileno junto con las fotografías satelitales del sector de Puyehue, donde tropas y tanques se hallaban concentrados en buen número.

Con el categórico informe en sus manos, el general Pinochet se apresuró a tratar el asunto con su estado mayor, guardándolo posteriormente en el primer cajón de su escritorio, en el despacho presidencial, casi en el mismo momento en que su ministro y secretario general de Gobierno repasaba por última vez el Bando Nº 1 que daba cuenta del dispositivo de defensa y la adopción de medidas de protección para la población civil.

En ese contexto fue que el canciller Cubillos hizo aquella célebre declaración en la que dio a entender que todos los intentos pacíficos por evitar la tragedia se habían agotado: “Nosotros estamos dispuestos a ir a la guerra, si es que nos llevan a la guerra y pelear con todas las consecuencias que ello tiene, pero queremos dejar muy en claro ante la opinión pública, que nosotros no vamos a iniciar la guerra”.

Aun así, el 20 de diciembre hizo una última tentativa enviando al general Hugo Mario Miatello -22-, embajador argentino en Chile , con lo que fue dado en llamar “la nota de Navidad”, en la que su gobierno, encabezado por el general Pinochet, invitaba una vez más a la Argentina a someterse a los designios de la Santa Sede. Invitamos al Gobierno argentino a que se reitere a la Santa Sede la plena confianza que nos merece como mediador y se le solicite tenga a bien aceptar dicha misión. Como demostración de esta confianza, que cada Gobierno ponga en conocimiento de la Santa Sede todos los antecedentes del caso en la búsqueda de una justa mediación del diferendo dentro del marco ya convenido para la mediación.

La respuesta fue un nuevo “portazo en la cara”: “Nuestro gobierno lamenta no hallar en Chile el eco esperado” fue la escueta réplica de Buenos Aires.

No había más nada que decir. Los canales de diálogo se habían cerrado y las posibilidades de un acuerdo se habían esfumado. La sorpresa y la indignación cundían de un extremo a otro de Chile y la población se preparaba para el peor de los desenlaces.

El 21 de diciembre, mientras se daba el alerta general en todo el país y el ministro Fernández adoptaba todas las medidas para la movilización, la máxima autoridad de Puerto Natales, el general Nilo Floody, reunió a los pobladores de esa localidad en el gimnasio municipal y les informó que era cuestión de horas que la Argentina iniciase la invasión, agregando sobre el final que todo aquel que quisiera salir de la región, podía hacerlo a partir de ese momento.

Y aquí vuelve a aflorar la sensiblería patriotera propia del otro lado de la cordillera: “Ningún magallánico salió de la región… -comentaría Floody orgulloso veinte años después en el programa especial emitido por la TV Nacional de Chile con motivo del aniversario de la crisis- ¡Ni uno solo!”.

¡Siempre la bravura, siempre la necesidad de auto convencerse del temple guerrero, siempre la mística y la abnegación! Aun así, contradiciendo esas pomposas y tardías expresiones, gran número de familias cargaron víveres y provisiones para huir de la zona en busca de protección según consta en testimonios varios.

Notas:

1 Gustavo A. Delgado Muñoz y Karen J. Mariángel Carvajal, op. Cit., p. 18.

2 Bedacarratz fue el piloto que hundió al destructor británico HMS “Sheffield” durante la guerra del Atlántico Sur, piloteando un Super Etendard provisto de un misil Exocet AM-39.

3 Raúl Zamora y Javier Carrera, “La Fuerza Aérea de Chile en la Crisis del Beagle”, Revista Enfoque Estratégico, Santiago, 22 de febrero de 2008.

4 Ídem.

5 Ídem.

6 ídem.

7 Ídem.

8 Ídem.

9 Mario López Tobar, El 11 en la Mira de un Hawker Hunter , Editorial Sudamericana, 1999, Cap. III y IV.

10 Patricia Arancibia Clavel e Isabel de la Maza, Matthei. Mi Testimonio, Editorial La Tercera/Mondadori, Santiago de Chile , 2003.

11 Raúl Zamora y Javier Carrera, op. Cit.

12 Ídem.

13 Ídem

14 Ídem.

15 La Nación, Bs. As., miércoles 6 de junio de 2001. “Venta ilegal de armas. El teniente general (R) Martín Balza quedó detenido y fue trasladado a Campo de Mayo”.

16 Iván Martinic, “La Fuerza de Submarinos de la Armada de Chile en el conflicto de 1978” Diario El Mercurio, Santiago de Chile , 21 de diciembre de 2008 (Publicado en la web por http://www.mgpclub.com)

17 Ídem

18 Revista “El Sábado”, suplemento del diario “El Mercurio” de Chile , 20 de diciembre de 2008.

19 Ídem

20 María Eugenia Oyarzún. Augusto Pinochet: Diálogos con su historia. Editorial Sudamericana, Santiago, Chile , 1999. p. 127

21http://www.portalnet.cl/comunidad/historia-general.642/599210-1978-fue-un-ano-especial.html,

http://extrados.mforos.com/670701/4999724-1978-la-guerra-del-beagle-cuaderno-de-comentarios/ y otros

22 El general Hugo M. Miatello, compañero de promoción del general Jorge Rafael Videla, había nacido, como aquel, en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Entre 1971 y 1973, plena época de la agresión subversiva a la Argentina , había sido jefe del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), convirtiéndose, de ese modo, en uno de los principales colaboradores del entonces presidente de la Nación, general Alejandro Agustín Lanusse. Al asumir el Dr. Héctor J. Cámpora el 25 de mayo de ese último año, pidió su pase a retiro. Fue nexo entre civiles y militares antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y asesor del Consejo Empresario Argentino que en 1975 presidía el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz. En 1976 Videla lo nombró embajador plenipotenciario en Chile , cargo que ejerció hasta 1981 cuando se retiró de toda actividad. Falleció en Buenos Aires el 28 de septiembre de 2000 a los 77 años de edad.

También podes leer:

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El Incidente de Laguna del Desierto 1965 - Argentina vs Chile


Desplazamientos Bajo el Mar - Conflicto del Beagle 1978


Conflicto del Beagle 1978 - La Gran Movilización


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