Sobrevivir y superar la ola de bandas indie-rock británicas que llenaron escenarios a mediados de la década pasada, y más allá, convertirse en la mejor agrupación del Reino Unido, no es una tarea fácil, más si se tiene en cuenta que esto ha sucedido en tan sólo 7 años desde su debut de estudio Whatever People Say I am, That’s What I’m Not (2006). Pero así son Arctic Monkeys, sin duda lo más emocionante que le ha pasado al rock inglés desde la aparición de Radiohead y quienes con el pasar de los años han ido desvaneciendo la ansiedad adolescente para dar paso a una nueva fase evolutiva, construyendo su propia historia al salirse de la rutina e ir más allá de repetir los sonidos de las leyendas de género, evolucionando así un sonido auténtico que se abre a infinitas posibilidades en cada una de las cinco creaciones que nos han transmitido.
"AM es expresivo y su maleabilidad sonora lo convierte en una obra ecléctica…"
Cada una de estas producciones da fe de su evolución y crecimiento. Con Favourite Worst Nightmare (2007) perfeccionan la fórmula que una vez lista les permite sumergirse en las entrañas del rock clásico en Humbug (2009) y así presentar la seducción glam pop Suck It and See (2011). Es difícil encontrar una banda más completa en el panorama actual, los laberintos mentales de Alex Turner son oscuros y peligrosamente adictivos y en AM (2013) los beats son densos y malvadamente emocionantes, las letras mantienen su agudeza porque se niegan a abandonar la ironía pero los sucesores de Pete Doherty se han calmado, han bajado las revoluciones para dar un mayor valor a la reflexión poética y el nivel de experimentación les permite tenerse suficiente confianza para unir riffs, r&b, Motown y Hip Hop con maestría, obteniendo composiciones profundas intrínsecas a su naturaleza y fieles a su esencia original.
A través de los doce cortes que conforman AM sostienen un hilo narrativo donde manejan personajes y situaciones a su antojo de la misma forma en que Turner maneja su voz y quienes lo escuchamos lo apropiamos porque allí reside gran parte de la magia de su música, en brindarnos la posibilidad de reconocernos en nuestra cotidianidad a través de sus historias.
Es un álbum para escuchar completo, no sólo una sino varias veces porque así es como van haciéndose tangibles esos pequeños detalles. Un viaje sincrónico por la impecable y brillante batería de Matt Helders que nos lleva de esas palmas que se van mezclando con un riff afilado en “Do I Wanna Know” a los coros de “On the Road”, que luego estallan en esa especie de Black Sabbath meets Dr. Dre que es “Arabella”, se detiene en la resplandeciente balada BritPop “No.1 Party Anthem” e intenta escalar entre el falsetto sostenido de “Why’d You only Call Me When You’re High” pasando a los destellos Motown que es posible apreciar en “Snap Out of It” para cerrar con una versión maravillosa original del poeta punk ingles John Cooper Clarke, “I Wanna Be Yours”.
AM es expresivo y su maleabilidad sonora lo convierte en una obra ecléctica, el tarareo sarcástico de Turner se mantiene así como las melodías punzantes, Arctic Monkeys son conscientes y confían de su habilidad creativa porque con sus dos anteriores trabajos se pocisionaron en el lugar que les corresponde y demostraron que el éxito de su debut iba más allá de un golpe de suerte, han superado al mito creado en torno a si mismos y ahora pueden sentirse y probarse tanto como deseen. Pero este no es su mejor álbum, ese aún está por venir.M