En la mitología griega, Circe era una diosa y hechicera que vivió en la isla de Eea.
Sus padres fueron Helios, el titán preolímpico del Sol, y la nereida Perseis. Como hermanos tuvo a Eetes, el rey de la Cólquida, y Pasífae.
Circe demostró desde pequeña su afición por las plantas venenosas, las raíces y los restos animales qe eran necesarios para preparar todo tipo de ungüentos y pócimas, que ella misma realizaba siempre por la noche y en el más absoluto de los secretos. Gracias a su afición descubrió desde bebedizos que anulaban la voluntad de los hombres, hasta formas de encantamiento que metamorfoseaban a sus enemigos y a los que la ofendían en animales o plantas mediante el empleo de pociones mágicas, y era famosa por sus conocimientos de brujería, herborística y medicina.
A pesar de su alma negra, Circe poseía una belleza encantadora, por lo que consiguió casarse con el rey de los sármatas, que había quedado prendado de su hermosura. Ella decidió asesinarlo para poder reinar sola, pero su pueblo no lo consintió y fue expulsada de la ciudad.
Tras su huida de este país, Circe se refugió en la zona de Etruria, en la Península Itálica, y desde allí participó en algunas de las sagas epopéyicas más importantes de la Antigüedad, ya que le gustaba atraer a los marineros hasta su costa para hechizarlos y convertirlos en animales que conservaban la razón humana.
En la Odisea, la casa de Circe es descrita como una mansión de piedra que se alzaba en mitad de un claro en un denso bosque. Alrededor de la casa rondaban leones y lobos, que en realidad no eran más que las víctimas de su magia: no eran peligrosos y lisonjeaban a todos los extraños. Circe dedicaba su tiempo a trabajar en un gran telar.
Cuando llegó a la isla de Eea, Odiseo/Ulises mandó desembarcar a la mitad de la tripulación, y él se quedó en las naves con el resto. Circe invitó a los marinos a un banquete, hechizó la comida con una de sus pociones y luego, cuando se hubieron atiborrado, empleó una vara para transformarlos en cerdos. Sólo logró escapar Euríloco, que desde el principio sospechaba una traición. Avisó a Odiseo y a los otros que habían permanecido en los barcos.
Odiseo partió solo al rescate de sus hombres, pero en el camino fue interceptado por Hermes, quien le mostró la planta moly, que le serviría para protegerse del encantamiento. Cuando Circe no pudo convertirlo en animal, Odiseo la obligó a devolver a sus hombres la forma humana.
Circe acabaría enamorándose de Odiseo, y decidió que sería el hombre que debía reinar junto a ella, por lo que consiguió retenerle junto a sí durante un año, gracias a unas pócimas que hacían que él olvidara todo lo referente a su vida anterior. Pero pasado un tiempo, después de averiguar la manera de resucitar a Tiresias para que le guiara en su viaje, Odiseo consiguió eludir los bebedizos y el influjo de la hechicera, reemprendiendo el largo camino a casa.
Según Homero, Circe le sugirió dos rutas alternativas para volver a Ítaca después de bordear la isla de las sirenas (a menudo situada por los mitos frente a Sorrento e identificada con Capri); o bien dirigirse hacia las «rocas errantes» (las islas Lípari, llamadas de forma parecida en las notas de viaje del Chou Ju-kua en el siglo XIII); o pasar entre la peligrosa Escila y el remolino de Caribdis (zona normalmente identificada con el Estrecho de Mesina).
Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, celta, nórdica, americana y oriental en mi blog:
Sus padres fueron Helios, el titán preolímpico del Sol, y la nereida Perseis. Como hermanos tuvo a Eetes, el rey de la Cólquida, y Pasífae.
Circe demostró desde pequeña su afición por las plantas venenosas, las raíces y los restos animales qe eran necesarios para preparar todo tipo de ungüentos y pócimas, que ella misma realizaba siempre por la noche y en el más absoluto de los secretos. Gracias a su afición descubrió desde bebedizos que anulaban la voluntad de los hombres, hasta formas de encantamiento que metamorfoseaban a sus enemigos y a los que la ofendían en animales o plantas mediante el empleo de pociones mágicas, y era famosa por sus conocimientos de brujería, herborística y medicina.
A pesar de su alma negra, Circe poseía una belleza encantadora, por lo que consiguió casarse con el rey de los sármatas, que había quedado prendado de su hermosura. Ella decidió asesinarlo para poder reinar sola, pero su pueblo no lo consintió y fue expulsada de la ciudad.
Tras su huida de este país, Circe se refugió en la zona de Etruria, en la Península Itálica, y desde allí participó en algunas de las sagas epopéyicas más importantes de la Antigüedad, ya que le gustaba atraer a los marineros hasta su costa para hechizarlos y convertirlos en animales que conservaban la razón humana.
En la Odisea, la casa de Circe es descrita como una mansión de piedra que se alzaba en mitad de un claro en un denso bosque. Alrededor de la casa rondaban leones y lobos, que en realidad no eran más que las víctimas de su magia: no eran peligrosos y lisonjeaban a todos los extraños. Circe dedicaba su tiempo a trabajar en un gran telar.
Cuando llegó a la isla de Eea, Odiseo/Ulises mandó desembarcar a la mitad de la tripulación, y él se quedó en las naves con el resto. Circe invitó a los marinos a un banquete, hechizó la comida con una de sus pociones y luego, cuando se hubieron atiborrado, empleó una vara para transformarlos en cerdos. Sólo logró escapar Euríloco, que desde el principio sospechaba una traición. Avisó a Odiseo y a los otros que habían permanecido en los barcos.
Odiseo partió solo al rescate de sus hombres, pero en el camino fue interceptado por Hermes, quien le mostró la planta moly, que le serviría para protegerse del encantamiento. Cuando Circe no pudo convertirlo en animal, Odiseo la obligó a devolver a sus hombres la forma humana.
Circe acabaría enamorándose de Odiseo, y decidió que sería el hombre que debía reinar junto a ella, por lo que consiguió retenerle junto a sí durante un año, gracias a unas pócimas que hacían que él olvidara todo lo referente a su vida anterior. Pero pasado un tiempo, después de averiguar la manera de resucitar a Tiresias para que le guiara en su viaje, Odiseo consiguió eludir los bebedizos y el influjo de la hechicera, reemprendiendo el largo camino a casa.
Según Homero, Circe le sugirió dos rutas alternativas para volver a Ítaca después de bordear la isla de las sirenas (a menudo situada por los mitos frente a Sorrento e identificada con Capri); o bien dirigirse hacia las «rocas errantes» (las islas Lípari, llamadas de forma parecida en las notas de viaje del Chou Ju-kua en el siglo XIII); o pasar entre la peligrosa Escila y el remolino de Caribdis (zona normalmente identificada con el Estrecho de Mesina).
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