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como volverse mago

Paranormal3/9/2011


Antes de comenzar:

Hay mucha gente a la que no le gusta lo que escribo. Acerca de eso quiero decir dos cosas:

1) me parece bien

2) esa es la idea.
Hace algún tiempo, lo que yo era le gustaba a casi todo el mundo. Y entonces me di cuenta que eso no estaba tan bien para mí. Los híbridos no producen mucho más que indiferencia, y a nadie le molesta algo que le es indiferente, ¿no?. Entonces entendí (después de trabajar muy duro conmigo) que si soy más fiel a mí y a cómo soy voy a gustarle a menos gente cada vez. Pero voy a sentirme mejor con respecto a mí mismo. Ser todo lo uno que uno puede ser es muy arriesgado y casi nadie se anima (da muchísimo miedo), pero cuando sucede se siente maravillosamente.

Así que no está nada mal que haya a quienes no les resulte interesante ni agradable ni valioso lo que digo. Para todos ellos la solución es sencilla (les tiro un centro porque este ensayo tiene varias partes): si está firmado Norberto Jansenson, se puede pasar de largo sin prestarle atención. Santo remedio. Enojarse no conduce a ningún lado, y hace daño a la salud.

Antes de comenzar 2:

Hace más de un par de años que me di cuenta que si tengo intenciones de hacer la carta en la billetera con un empalme, dicho empalme tiene que ser excelente (y no digo perfecto, que es la palabra que siento que corresponde, porque sé que me estaría metiendo en un lío grande).

Ensayé durante años varios empalmes diferentes, de bottom, de top, del centro de la baraja. Con una mano y con las dos. Años. Hasta que elige uno para mi rutina de la carta a la billetera, y lo perfeccioné.
Y entonces me di cuenta que estaba excelente, según mis estándares de excelencia (ay, ay, ay). Y también me di cuenta más tarde que mis estándares de excelencia estaban equivocados.

No sólo me faltaban años para encontrar un estándar que verdaderamente estuviera a la altura internacional en lo que a excelencia se refiere, sino que además me faltaba entrar en un mundo totalmente diferente y nuevo de estándares de aprendizaje y disciplina.

Puse mi dinero, mis documentos y mis tarjetas en mi increíble Garnier Wallet traída especialmente de Canadá, después de haber comprado y estudiado más de quince billeteras del mercado mundial (billeteras de Brasil, USA, Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia, y creo que Bélgica también) y comencé a usarla como mi billetera de todos los días (porque de verdad estoy convencido que la billetera en la que aparece la carta tiene que ser la de uno de verdad, porque se nota a la legua que lo es o que no lo es, y esto afecta directamente al impacto de la rutina) hasta el día de hoy, y abandoné la loca idea de hacer la carta en la billetera hasta el momento en que realmente estuvieran excelentes mi empalme y mi rutina.

Juan y otra gente que sabe de magia me dijeron que mi empalme está excelente, y que estoy loco si no lo presento ante el público, pero con todo el respeto y el amor que me merecen, mis estándares de calidad son diferentes a los suyos.

Al mismo tiempo que el empalme lucha por ponerse en condiciones, continúo intentando encontrar la manera de quemar una carta rápidamente a la vista del público, sin cambiarla ni envolverla ni esconderla ni ocultarla. Así, en un instante, le prendo fuego, se ve un fogonazo, y la carta desapareció.

Recién entonces, luego de ensayar, perfeccionar, filmar, pulir, y corregir, creo que mi rutina de la carta a la billetera va a ser excelente. Va a tener una técnica y un concepto perfectos, un desarrollo simple y concreto, una historia emotiva e interesante, y un impacto tremendo. Me falta mucho trabajo para entonces. Me falta aprender muchas cosas. Tengo que buscar más intenso y más profundo dentro y fuera de mí, limpiarme y pulirme más y mejor. Y recién entonces, sí todo sale bien.

Espero vivir para verlo, y para hacerlo.

Hiper profesional

Esto es lo que significa Hiper Profesional. Y muchas otras cosas más.

Quizás no pueda hacer suficiente hincapié acerca de la importancia fundamental que tiene ser profesional en todo.

En la sonrisa, en el saludo de mano, o en el beso.

En la forma de hablar con la gente, en la forma de hacer pasar a un espectador para ayudar en un efecto, en la forma de tratarlo durante (que he visto con horror los descuidos, malos tratos, y hasta la falta de respeto que les han prodigado a los espectadores algunos de nuestros “colegas”). Me ha dado muchísima vergüenza y muchísima bronca, que con lo mal que está la magia y con lo que cuesta construir una reputación, todavía tengo que encontrarme cara a cara con un mago que maltrata al público (pretendiendo hacer humor o ser simpático) por negligencia y falta de preparación.

Es indispensable tener un cuidado infinito, ya que cualquier situación, por pequeña que sea, puede ser malinterpretada, lo que no es nada beneficioso para el artista. Ni hablar si la situación no necesita ser malinterpretada para que produzca malestar en un espectador. No se puede tratar al público de cualquier forma. Debemos tener mucho cuidado. El mago no es Dios, y no puede tratar con soberbia a la gente. Al público no le agrada que un “artista” que ni siquiera conoce profundamente el idioma, lo maltrate, en cualquier forma que el maltrato pueda tomar.

No es sencillo ser profesional en todo. Ni hablar si uno no quiere serlo. Cuesta muchísimo tiempo, energía, trabajo y dinero. Es necesario salir a la calle y pasar días observando cómo se comporta la gente, incluso nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo en los lugares que frecuentamos comúnmente. Existen libros que hablan sobre el comportamiento social. Hay cursos, seminarios y talleres en los que se trabaja con los modos y el comportamiento.

Se puede pulir nuestra persona. Cuesta caro en todo sentido, pero los resultados son maravillosos, y valen la pena

Entretenido (y no necesariamente divertido).

La verdad es que me encantan los Aros Chinos. Me encantan porque vi a Johnatan Neal Brown hacer una rutina de dos aros que es increíble (lo vi en video y en vivo dos veces) después de la que literalmente no se puede parar de aplaudir. Y también me gustó la rutina de D.Copperfield de uno de sus primeros especiales. Y en rigor de verdad, la rutina de aros de Mirko es bárbara y tiene un gran potencial sobre el que trabajar.

Pero la gran verdad, es que he visto miles de rutinas de Aros Chinos. En videos, en campeonatos, en vivo, hechas musical, habladas, con humor o serias, con historia o sin ella, con ocho aros, con seis, con tres y con dos. He visto originales, copias, copias de copias, y así hasta el infinito. Y salvo en los casos que mencioné y algún otro, en todas las demás oportunidades en que vi hacer los Aros Chinos me aburrí como loco, me fastidié, y estuve a punto de salir corriendo a cualquier otro lugar, lejos del mago, de los aros, y del ruidito a metal de mala calidad que algunos hacen.

Primero, si vas a hacer una rutina de aros, compra un juego de aros de primera calidad. Que cuando choquen hagan sonar música en los oídos, y no un ruido insoportable. Que estén cromados como corresponde, y que sean de un tamaño considerable teniendo en cuenta el espacio y el lugar en el que vas a trabajar.

Hay miles de pases maravillosos para hacer con los aros, y la tendencia es a aprenderlos todos y a meterlos todos en la rutina. Todos. Cada uno de los pases aprendidos, aquí y allá, terminan formando parte de una rutina que bien podría llamarse un show completo de aros.

No sé qué les pasa a los magos, que una vez que aprenden a usar el Topit, tiran adentro las bolas, las monedas, los cubiletes con las cargas, las cartas, el maletín y la mesa, creyendo a lo mejor que es entretenido para el público y que nadie se da cuenta que hay una bolsa de consorcio dentro del saco en la que el mago tira todo lo que encuentra.

Uno hace cubiletes, y realiza todos los movimientos que existen en el mundo y en la historia del juego más viejo del universo.

Uno hace rutina con sogas que dura una hora y media de pases y movimientos, y cortes, y recomposiciones. La tijera se engancha de nuevo, y otra vez la cuerda no tiene puntas y es un círculo sin fin, y ahora las puntas están en el medio, y el medio en las puntas, y la tijera y el nudo, y el revólver que le dispara al nudo, para anudar de vuelta y vamos de nuevo.

El tipo tiene setenta billeteras para guardar veinte pesos, una cédula y dos tarjetas de crédito. Ya no se sabe de dónde las saca.

El otro hizo aparecer cuarenta ases, y ahora está empezando con los reyes, que prometen ser más de cien. Y ahora los dorsos cambian de color. ¡Qué lindo!

De verdad no puedo creer que nadie se dé cuenta del embole (no sé cómo ser suficientemente gráfico) que el pobre público tiene que soportar mientras el mago se vanagloria de todo lo que ha leído, aprendido, comprado y copiado. Y de todo lo que sabe de magia.

ENTRETENIDO significa que el show como un todo, y cada pequeño fragmento que lo integra por separado, deben estar creados, diseñados, construidos y presentados teniendo en cuenta que la gente quiere pasar un momento de relajación y disfrute.

Así como cuando come con amigos, o cuando juega al fútbol el sábado a la tarde, o cuando va al cine a ver una comedia, durante el show de magia el público quiere y agradece que el tiempo se vaya volando, que cuando el mago termine con su show nadie haya ni siquiera mirado de reojo la hora. Que nadie tenga un momento para pensar en servirse un vaso de bebida o para hablar por teléfono.

Y cuidado que no hablo de hacer el show a doscientos kilómetros por hora para que no haya tiempos muertos. Hablo de pensar en el entretenimiento del público, y no del mago.

Yo me pasaría horas hablando de la dada en segunda, y hasta dando en segunda, pero tengo bien en claro que el público no se lo aguanta ni dos minutos. Los boomerangs son fantásticos. Diez veces. Once. Pero ¿toda la tarde?. Las adivinaciones de palabras de diferente procedencia son asombrosas, pero fíjate qué pasa si adivinas absolutamente todos los números, los nombres y las direcciones de los tres tomos de la guía de teléfono.

Entretenido quiere decir variado, salpicado, fresco, quizás divertido, a lo mejor poético o romántico. Tal vez superficial o profundo. Pero sobre todo dinámico, desestructurado y sin solemnidad. Un poquito de una cosa, un par de minutos de la otra.

Un efecto directo e impactante con cartas, otro corto y visual con pañuelos. Uno intenso de mentalismo, otro liviano y divertido. Uno musical con ritmo, otro hablado, simpático. Uno romántico, seguido de otro flash con cartas. Un cambio de color rápido, ahora uno con un poco de desarrollo. Y si viene uno largo, que tenga sentido, que esté justificado, que tenga contenido, que varíe en los tonos, en los ritmos.

¿Vas a hacer el Dancing Cane de todas maneras?

Haz lo que quieras, pero tomate el trabajo de ver mucho. Mira (y por favor ve) todos los videos que encuentres sobre el tema, lee todos los libros con rutinas y consejos, con ideas y tips. Elige un estilo que enganche (qué recurrente) al público, o una música que tenga que ver con los movimientos o con tu estilo.

Ensaya mucho, y sobre todo, elige siete u ocho movimientos, y haz una rutina de un minuto, o uno y medio como mucho, en la que el impacto vaya in crescendo, y dentro de lo posible, que el bastón venga de alguna parte y tenga un sentido para formar parte del show, y luego de flotar vaya a algún lado coherente con lo que sucede en el número. Supongo que todos sabemos que un bastón es un accesorio de la vestimenta de los caballeros de hace muchos años, que ya pasó tremendamente de moda. Hoy en día solamente alguien que tiene dificultades para caminar usa un bastón.

¿Qué tiene que ver un bastón en el show de un mago de veintidós años, que está vestido con lo último de la moda de hoy, que habla un lenguaje ultra moderno, y cuyos demás materiales son plateados, de vidrio, y espaciales?

Te escucho: “¡Yo uso bastón en mi show porque quiero y porque me gusta! ¿Y qué?

Te respondo: Fenómeno. Las reglas están hechas para poder saltearlas. Saludos a la familia. Te paso con Coco.

Usa el sentido común (exactamente, el menos común de los sentidos).

Si encontraste un pase nuevo, elige uno viejo para sacar. Si no, cuando menos lo pienses, vas a estar haciendo una rutina de veinte minutos, y va a estar durmiendo la gente.

¿Cuánto piensas que puede tardar un ser humano más o menos sano y con un dedo de frente en darse cuenta que el bastón tiene algo especial (suponiendo que después de tres minutos no lo haya visto)?

Te contesto: Dos minutos máximo. Cuando vio por tercera vez el mismo movimiento y otro más de menor impacto que los anteriores, hace click (se desengancha de lo que pasa, se separa de la magia por un instante) y automáticamente dice “tiene tal cosa”.

Sé inteligente. O por lo menos vivo.

La gente se da cuenta de todo. A veces es demasiado educada o condescendiente y no lo hace notar. Pero en un futuro cercano vas a estar haciendo los aros para ti solo, en tu casa y frente al espejo.

Lo he visto. Sucede todo el tiempo.

Uno le echa la culpa a la situación económica, al gobierno, al mago enmascarado y a las escuelas de magia.

Pero las verdaderas razones son otras, y las ven solamente los que quieren ver la verdad de las cosas. Ver la verdad es duro. Duele y molesta. Y sobre todo fastidia porque uno se da cuenta al mismo tiempo todo el trabajo que hizo para nada, y todo el trabajo que tiene por delante.

No por nada los que triunfan de verdad son tan pocos.

Con climas y cambios de ritmo y de tonos.

Casi voy a decir lo mismo que en el punto anterior. Casi.

Todos los seres humanos hemos sido brillantes en algún momento de la temprana infancia. Tuvimos miles de facetas para mostrar, infinitas muecas, tonos de voz, diferentes miradas, variados movimientos del cuerpo, y mucho más.

Las desilusiones, los miedos, los desencuentros amorosos, las mentiras, los fracasos, los golpes, el sufrimiento, han hecho bien su trabajo. Hoy en día somos un conjunto de tics. Una cosa inerte y abúlica, monotemática y monotonal, que no expresa más que con unas pocas palabras cuando una situación nos desborda.

Esta es quizás una de las cosas más complicadas para cambiar. Se me ocurre un taller de actuación y/o expresión corporal; danza, o a lo mejor una buena terapia. Y lleva años (docenas de años) cualquiera de ellas.

No es bueno que el show sea monotono. No es bueno que transcurra todo al mismo ritmo. Es necesario, para que se produzca el ansiado entretenimiento y conexión con los espectadores que el mago quiebre los momentos todo el tiempo.

En cualquier expresión artística suceden los cambios de música y de ritmo, los cambios de colores, los gritos seguidos de silencio, los llantos de risas. Nunca se llora todo el tiempo. Jamás se habla susurrando toda la hora. No hay shows de música toda igual (salvo los malos shows).

No puedo hacer un truco de cartas sobre la mesa con los cuatro ases, seguido de otro truco sobre la mesa con cuatro nueves, seguido de otro truco sobre la mesa con cuatro cincos, y todos ellos con una música o charla tan parecidas entre sí que es imposible distinguir (salvo porque el mago claramente pide un aplauso, o sonríe triunfal) cuándo terminó una cosa y empezó la otra.

Jamás se habla lento y pausado durante toda la noche. No existe la posibilidad de entretener de verdad si no transcurren diferentes emociones por mi cuerpo, y si luego no las transmito claramente al público.

Lamentablemente estas falencias no se arreglan con un tallercito de teatro. No alcanza con unas sesiones de estiramiento ni con unas clases de danza. Los cambios de verdad se consiguen con un programa prolongado e intenso y sobre todo profesional de entrenamiento corporal.

El cuerpo es una herramienta muy importante, y no sabemos usarla porque no nos han enseñado. Un cuerpo que no acompaña los textos sirve solamente para hablar por radio. Cuando el público está ahí adelante, todas las discapacidades se notan claramente. No hay mago sin emociones, sin climas, sin cambios, sin transformaciones (las de verdad). No hay conexión ni entretenimiento profesional sin quiebres, sin fintas, sin voces profundas que transmitan sentimientos verdaderos.

De verdad que no está mal no haber nacido sabiendo todo.
En serio es preferible recuperar la humildad y darse cuenta que hay mucho para aprender, que gritar y enojarse o (lo peor) negar cada cosa que no nos gusta escuchar o leer, diciendo que con la manipulación de whatever cosa alcanza y sobra. No hace falta seguir engañándonos. Hoy mismo puede ser el día en que las cosas empiecen a ser diferentes. Nunca es tarde. Y está todo bien.

Es muchísimo y dificilísimo el trabajo. Pero vale la pena.

Y uno quiere llegar lejos.

¿O no?

Nota: Este ensayo de seis páginas fue escrito íntegramente durante la primera parte de la rutina de multiplicación de bolas, dedales y cartas de un mago argentino Klinfinguer (o Klonguinfer) que ganó todo, y recorrió el mundo con su magia, y además le enseñó a Tamariz un par de pases de cartas que no conocía. Y que además se mira todo el tiempo el ombligo. Y ahora los dejo porque empieza la segunda parte de la misma rutina y me dicen que es mortal (no sé si porque es muy buena o porque dura tanto que me voy a morir antes de que termine).


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