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Lo Paranormal nos rodea

Paranormal12/25/2012



Bienvenidos a un nuevo post de terror

Esperen a que la pagina carge tiene muchos videos

La muñeca de porcelana

"¡Mamá, quiero esa muñeca!" Dijo la pequeña Isabel totalmente nerviosa por tener una nueva muñeca. "Volveremos mañana para comprártela, ¿vale? pero recuérdamelo, Isabel" le contestó su madre en la misma tienda de antigüedades.



Isabel tenía sólo siete años y medio, pero ella podía tener todo lo que le gustaba gracias a su mirada de pena que les ponía a sus padres. Esa misma noche, la pequeña tuvo dificultades para dormirse ya que sólo pensaba en su futura nueva muñeca. Incluso si tenía un brazo menos, era la muñeca de porcelana más bonita que había visto nunca. Ella tenía muchas, pero esa iba a ser la más bonita de su colección.

A la mañana siguiente, Isabel desayunó viendo sus dibujos favoritos, como cada mañana. Había soñado tanto con su muñeca que tenía sueño, estaba cansada y ya no quería esa muñeca. Ya no le gustaba. Así que pasó el día enjugazada con otras cosas y no le recordó a su madre que tenían que ir a por la muñeca, porque ya no la deseaba.

Llegó la noche e Isabel fue a acostarse al piso de arriba. Ella tenía miedo de estar arriba sola, así que su madre subía con ella y se ponía en la habitación de al lado a coser. Una media hora más tarde de haberse acostado, una voz aguda despertó a la niña susurrándole al oído: "Subo 1, 2, 3 escalones..." La pequeña Isabel gritó asustada llamando a su madre: "Mamá, hay alguien en la escalera que hace ruido" Su madre la tranquilizó diciendo que no había nada en absoluto. En cuanto la madre abandonó la habitación, Isabel volvió a oír ese susurro que le dijo "Subo 4, 5, 6 escalones..." De nuevo Isabel llamó a su madre. Su madre le volvió a contestar que se tranquilizara, que sería el ruido del frigorífico.

Pero la pequeña voz continuó subiendo las escaleras: "Subo 7, 8, 9, 10 escalones y ya estoy en el pasillo", repitió la pequeña voz con una risa sarcástica.

A la mañana siguiente, la madre de Isabel se sorprendió de despertarse antes de ella. Pero pensó en las dificultades que había tenido para dormirse y pensó que estaría cansada. Pero transcurrida una hora le pareció raro que aún no se hubiera despertado, por lo que subió a ver cómo estaba su hija. La madre gritó con terror viendo a su hija ahogada en su propia sangre y apuñalada más de 17 veces, con el brazo arrancado y viendo a esa pequeña y adorable muñeca de la tienda de antigüedades con el brazo de su hija como sustituto del suyo.


Espiritismo

Esta historia me ocurrió de verdad. Antes de esto no creía ni en Dios ni en el diablo, pero ahora...

Todo comenzó una noche en la que decidimos hacer espiritismo unos amigos y yo. Éramos 5 amigos en total, entre ellos mi novia, y lo practicamos en casa de uno de ellos. No sabíamos mucho del tema, habíamos leído algo del tema, pero bueno, lo hicimos un poco a nuestro estilo. Hicimos sitio en el salón y dibujamos un pentagrama (cruz de cinco puntas en un círculo) en el suelo con arroz coloreado de rojo. También colocamos una vela en cada extremidad. Luego nos sentamos alrededor de él, sobre unos cojines.



Habíamos cerrado bien las puertas y ventanas de la habitación. Para dar ambiente pusimos la banda sonora de la película "Drácula" a un sonido muy bajo y comenzamos a leer un encantamiento del "Libro de las sombras". Todo iba bien hasta que algo raro empezó a suceder y los nervios empezaron a aflorar. Empezó a oírse un murmullo en toda la habitación. Además, el techo se movía y temblaban el suelo. Luego apareción una especie de viento... y una a una las velas se fueron apagando, excepto la de enfrente de nuestro amigo que tenía el "libro de las sombras" entre sus manos...

Todos mirábamos a nuestro alrededor y poco a poco el terror se adueñaba de nuestras mentes. La música del reproductor cesó y una voz empezó a murmurarnos algo. Era una voz muy grave, pero no comprendíamos lo que decía. La voz se entremezclaba con una pequeña risa burlona... también algo satánica. Mi novia lloraba... otro amigo temblaba de una manera increíble... hasta que la última vela se apagó y la música del Cd volvió. Y como por arte de magia, la luz del salón se encendió. Ahora podíamos ver bien nuestro alrededor. Todo seguía igual, excepto el arroz que ya no formaba un pentagrama, sino un torbellino.

Desde ese día, mis amigos y yo nunca hemos vuelto a practicar espiritismo. Y sólo contamos esta historia en reuniones íntimas. Esta es la primera vez que lo cuento a tanta gente.

Aniversario de muerte

Es una noche cerrada cuando un muchacho que vuelve a casa en su coche descubre en el borde de la carretera una chica que hace autostop. La chica parece aterrorizada y helada, por lo que el chaval decide pararse, ayudarla y acompañarla a casa. Como suponía, ella estaba helada, por lo que le presta su chaqueta. La chica no es muy habladora así que es él quien habla casi todo el trayecto.

A la mañana siguiente el muchacho se da cuenta que la muchacha se llevó su chaqueta a casa. Para recuperarla (y para volver a verla, pues le gustó) decide volver a la casa de ella, donde la había dejado la noche. Cuando llama a la puerta una señora no muy mayor, pero sí desmejorada, le abre la puerta. Él le explica lo sucedido y pregunta por su hija. Conforme el relato del chico avanzaba la mujer palidecía más y más. Terminó rompiendo a llorar.



Tras recuperarse del shock inicial, la mujer le pide un momento al chico, entra al interior de la casa y vuelve al poco tiempo con una foto. Se la muestra al chico. Es una foto en la que sale la chica de la noche anterior. La dama llena de dolor y con la cara llena de lágrimas le cuenta que la chica era su hija. Era. Murió en un accidente de coche un año atrás en la misma carretera en la que supuestamente la encontró. La noche anterior exactamente era el aniversario de su muerte. El chico, escéptico, va al cementerio a comprobar si es cierto lo que dice. Y allí el terror le inmoviliza y le hace palidecer. Sobre una tumba, la tumba de la muchacha, estaba su chaqueta.

El lago Bodom

Junio de 1960. Lago Bodom, en Finlandia, muy cerca de la capital Helsinki.

Un buen día, cuatro jóvenes (dos chicos de dieciocho años y dos chicas de quince) decidieron ir a pasar una noche al camping que se encontraba alrededor del lago Bodom. Esa noche sería la última para tres de ellos.

Durante la noche el grupo es atacado por un misterioso personage que ataca al grupo entero. Uno de los chicos, Nils Gustafsson, logra escapar, aunque con mucha dificultad, de la tienda de campaña mientras que sus amigos estaban siendo masacrados. Corrió hasta a pedir ayuda pero ya era tarde. Nils contó a la policía que el hombre que les atacó tenía una luz roja en sus ojos.

El asesino del grupo se ensaño con ellos y los mató con una violencia salvaje, ya que los cuerpos fueron reencontrados en lo más hondo del lago, cortados en pedazos. La autopsia reveló que sólo una gran espada o una gran hacha habría podido causar tales cortes en tan poco tiempo. Nils Gustafsson mantuvo un mutismo casi abusivo durante más de un año debido al trauma.

Finalmente, Nils contó que era la misma muerte la que había venido para buscarlos. Nadie pudo desmentir o confirmar sus declaraciones ya que estos chicos eran los únicos que estaban presentes en los alrededores en el momento de los hechos. Fue acusado del homicidio de sus amigos pero fue declarado inocente por falta de pruebas.

Actualmente casi no sabemos nada del crimen ni del asesino: ¿Con qué arma actuó el asesino? ¿Quién era? ¿Por qué lo hizo?¿Tenía verdaderamente una luz roja en sus ojos? El misterio sigue sin resolverse...



En el Bus

Las calles, caminos y polvosos carriles de Colombia han sido territorio fértil para mitos y leyendas incluso antes de la llegada de los españoles. Se habla de cuentos como “La Patasola”, un alma en pena de una pierna que por siempre está en la búsqueda de su hijo, y como “El Duende”, un trasgo con las piernas invertidas que conducía viajeros a su perdición, por siglos perturbando su tranquilidad. Aunque estas historias principalmente inquietaban a aquellos que circulaban o residían en áreas rurales, el crecimiento de las ciudades trajo consigo un florecimiento de leyendas urbanas cimentadas en la desconfianza que todavía albergamos en algún lugar dentro de la tecnología moderna. Un ejemplo de esto es el bus fantasma que presuntuosamente merodea las calles de la ciudad por las noches. Según se relata, mujeres jóvenes que lo abordan desacompañadas son encontradas mutiladas en campos de la periferia unos días después; una irreparable mirada de profundo terror ilustrando el momento de su último, atormentado aliento.

….Con eso dicho, dado a que ciertamente no eres una jovenzuela —al menos no la última vez que revisaste— y son las cuatro treinta en un martes por la tarde, buses fantasmas y duendes minusválidos son la última cosa en tu mente. Has estado usando el sistema de transporte público de Bogotá por más de dos décadas, y tu mayor preocupación es que los niveles de tráfico han estado todo excepto manejables desde que el último alcalde tomó el cargo. Sin embargo, tu casa está a ochenta bloques de distancia, así que tu única opción es esperar hasta que el bus correcto llegue. Caminar seguramente llevaría más que lidiar con algún embotellamiento.

….Cuando el bus mostrando la señal de ruta que esperabas se asoma, su tarifa es doscientos pesos más baja que la cobrada estos días. Indicio que el vehículo en cuestión es más antiguo y un poco menos confortable que la mayoría, pero a ningún conductor de buses en la historia le ha importado un comino eso. Ciudadanos que se consideran más ricos y “por sobre” este medio de transporte pagan siete veces más por ser paseados en un taxi, estadísticamente exponiéndose a mayores probabilidades de ser asaltados. Más poder para ellos, ¿eh?

….Nunca uno que deja ir la oportunidad de conseguir más descuento, le preguntas al conductor si te llevaría sólo por mil. Los ojos del hombre ni se apartan del camino en lo que toma tu billete y lo desliza en el monedero colgando de la palanca de cambios. Satisfecho, diriges tu atención a la cabina; lo que haría este viaje ideal sería un asiento desocupado.

….Curiosamente no hay suficientes pasajeros como para que alguien tuviera que ir de pie. Unos cuantos asientos disponibles a la vista, así que escoges uno en la izquierda, por el centro del bus. Tanto el asiento del pasillo como el de la ventana están libres, y suspiras agradecido en lo que te recuestas sobre uno con tu pierna descansando en el otro. Este viaje no debería llevar mucho.

….La radio del conductor está apagada y la batería de tu celular murió hace una hora; sin nada más que hacer pasas el rato viendo por la ventana, observando vendedores ofrecer su mercancía y conductores moviendo su cabeza al ritmo de cual fuera la música que escuchan. La posición que tomaste rápidamente comienza a volverse incómoda para tu espalda, entonces te enderezas y te das un momento para examinar a tus compañeros de viaje. Ninguno de ellos parecen estar viajando juntos, dado que todos están en silencio mirando al frente del bus. Son también inusualmente viejos —no en el sentido que tienen más de cien, pero en que ninguno parece tener menos de sesenta y cinco—. Encuentras esto un poco extraño, y por un momento la idea de que no perteneces ahí se dispara en tu mente. Es un pensamiento tonto, pero combinado con el particularmente fuerte —aunque no necesariamente atípico— olor a moho y metal te hace esperar impaciente el final del viaje. Como restan todavía otros treinta o cuarenta bloques, vuelves a mirar por la ventana y dejas que tu mente fluya por un tiempo.

….El anuncio de la Pastelería de Pacho te saca de tu ensueño veinte minutos después. Te levantas y haces tu camino a la salida posterior, donde buscas por el pequeño botón plateado que le hará al conductor saber que has llegado a tu parada. Cuando lo encuentras bajo la puerta, notas que nadie ha abordado ni salido del transporte desde que te subiste. Dejándolo a un lado como otra extraña coincidencia, presionas el botón y te agarras de la

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Qué… ¿qué acaba de pasar? Miras alrededor y distingues que todos están sentados como hace un segundo. Tratar de hacer contacto visual con ellos es inútil, parecen estar perdidos divagando en lo que sea que sus viejas mentes divaguen. La necesidad de decir algo te llega, pero escoges permanecer silente. ¿Qué dirías, de todas formas? Estabas probablemente tan sumido en tus pensamientos que simplemente imaginaste haberte levantado a sonar la campana del conductor. Sí, más seguro fue eso. Además, estás dos bloques por sobre tu parada, debes bajar del bus. Te levantas —una vez más— y te diriges a la salida trasera, algo intranquilo por el estoico desinterés de los otros pasajeros por lo que ocurre a su rededor.

….Ahí está el botón, justo donde recuerdas que estaba. Excepto que no puedes recordarlo, por supuesto, pues nunca has estado realmente aquí atrás; quizá le viste de reojo cuando entraste al bus. Tras agarrar el pasamanos —estos conductores ocasionalmente paran al mero instante que suena la campana—, pones tu pulgar en el botón

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Un frío desgarrador recorre tu espalda, que no decae, y en su lugar se esparce a través de cada una de tus extremidades. No es un cambio de temperatura en tu cuerpo o el ambiente, es el escalofrío que sientes cuando de pronto eres consumido por ese miedo que ligeramente precede al terror. No sabes exactamente qué ocurre, pero te quieres ir, ya no quieres seguir ahí ni un momento más. Un sentimiento de amarga soledad ahora está royendo tu mente; lo que sea que estas persona a tu alrededor piensan, claramente no les interesa en lo absoluto lo que está pasando contigo.

….Por lo tanto, una vez más decides guardar silencio y sólo levantarte de tu asiento, obviando el hecho de que lo hiciste con menor agilidad de la que normalmente lo hubieras hecho. Lo único que pretendes en este momento es salir del bus. Además, ya ha avanzado más de diez bloques pasada tu calle, una desagradablemente larga distancia para caminar.

….En lo que reanudas tu trayecto hacia la parte trasera, una anciana mujer en las últimas filas voltea hacia ti. Su expresión no te dice nada, pero la manera en que te mira —en tu torso, para ser precisos—, como si fueras sólo otra parte del vehículo llevan más allá la casi abrumadora sensación de terror ahora corriendo a través de tus venas. La ignoras, no puedes entrar en pánico, no ahora. Te paras en la parte trasera del bus y en lugar de ir por el botón, le gritas al conductor. Le dices que pare, que te deje ir, que ya has sonado la campana dos veces, pero nada viene de él. Le maldices, le dices de qué morirá y deseas terribles males que caigan sobre su ser, pero la puerta continúa asegurada. El hombre no está escuchando. O no le importa. O no quiere que te bajes. Pero a ti no te interesa lo que él quiere o no, así que te agarras del pasamanos, das un paso atrás que te da impulso, y tiras una sólida patada directo a la columna de bisagras que

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Te toma un momento darte cuenta de la situación. Quizá más que un momento, un minuto completo. Y en lo que comprendes la poca intensión del bus de permitirte bajar de él, también te das cuenta que tu rodilla derecha duele con una innatural y punzante tensión. Es la misma pierna que usaste contra la puerta, y ahora se siente que está al borde de estar rota. Aunque esto rápidamente se vuelve una preocupación distante cuando estimulas el músculo con un masaje, porque ahí es cuando te das cuenta de tus manos.

….Éstas no son manos para alguien de 30 años. Son arrugadas, marcadas por bien definidas venas e incluso pigmentadas por paños de la edad. Mientras le das más de un vistazo a tus manos y brazos, incontenible horror envuelve cada rincón de tu psique. Tocas tu rostro y percibes una rugosidad que no debería tener lugar en tus mejillas. Tu cabeza está cubierta por unas cuantas hebras de cabello anémico; con la yema de tu dedo reposando sobre tu áspero cuero cabelludo, una chispa de electricidad brota a través de él y va hacia dentro, hasta las profundidades más íntimas de tu ser. Tus ojos se despojan de todo brillo, completamente abiertos e incrédulos. Debes abandonar este bus maligno, debes irte de una vez antes de que finalice lo que ha comenzado.

….Cuidadosamente haces tu camino fuera del asiento y te diriges al frente, hacia el conductor. Quizá puedas razonar con él, o quizá puedas azotarlo a muerte con una linterna o algo, como siempre hay una variedad de utensilios y aparatos en el frente de l

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Te toma unos buenos cinco o diez minutos asimilar lo que está pasando contigo, entender que tu vida está yéndose frente a tus ojos. Tus manos son ahora como esas de tu abuela, tu espalda molesta desde su base, y todo el recorrido hasta tu cuello; tus ojos apenas pueden concentrarse en las enormes señales estampadas sobre las ventanas. Tu mente denota carecer también de su previa agudeza, te lleva un tanto decidirte por efectuar otro atentado para salir del bus.

….Quizá la violencia no es la respuesta, quizá puedas abrir la puerta con gentileza. Quizá si consideras al bus como algo viviente, un gentil ser viviente en vez de un ente demoniaca, te dejará salir, quizá…

….La anciana te está viendo de nuevo. Adviertes su chaqueta azul, que es demasiado grande para ella; si vistiera con una blusa de la misma talla, colgaría libre fuera de su delgada contextura. Una fina, vacilante lágrima se forma en su rostro, y se desliza serpenteante por sus delicadas fracciones para acabar en su muñeca con un deje melancólico. Hay un reloj Totto verde alrededor de esa muñeca, de la clase que actualmente es la onda entre los niños de la secundaria.

….Examinas la puerta. Dos paneles unidos por una línea vertical de bisagras, recubierta desde la derecha por una almohadilla de caucho para evitar lesiones al maniobrarla. La puerta está ligeramente hundida hacia el interior, y notarlo se proyecta en ti con un último despojo de esperanza. Si sólo pudieras introducir

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….¡Qué carajos! ¡¿Qué carajos está pasando?! ¡Mis manos, son viejas, son las de un bendito anciano!, ¡todo mi cuerpo lo es!

….El señor detrás de ti se pone en pie, te vuelves a él y le gritas; le tomas de su rostro y aplicas presión con tu mano, y le gritas, que te diga cómo bajar; de su boca intenta salir un murmullo escoltado por hilos de sangre tejidos por su roída dentadura…

….Por Dios, sus dientes…; mis dientes, son diminutos, polvo casi, ¡¿qué carajos, cuánto tiempo he estado aquí?! A la mierda, voy a romper la ventana con mi codo y me vale que me lo fracture; no quiero morir aquí, no

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

….Tras un considerable periodo de tiempo, te enfocas insistente en tus manos. Son las repulsivas, artríticas, teñidas en sangre garras de una vieja bruja que ha visto más que la porción de horrores de su generación.

….¿Vieja bruja? Esa no es la expresión correcta. Tu rodilla todavía duele, pero no tanto como tu codo. Se siente roto… Ah, sí. El bus. Te debes bajar del bus. Sabes que te debes de bajar de él ya. No recuerdas exactamente por qué, pero es imprescindible que lo hagas. Es urgente. Era urgente. Estás tan cansado.

….Tratas de sacar tu cuerpo del asiento pero tu rodilla se tambalea bajo el peso; y caes. Debes bajarte del bus. Recuerdas estos buses, solían llevarte al trabajo. Te recuestas. Intentarás bajar del bus, en un momento. Necesitas descansar. El bus puede esperar.

….Estás acomodado en tu asiento, tu vista dirigida hacia el frente del bus.

Psicosis

Domingo.

No estoy seguro de por qué estoy escribiendo esto en papel y no en mi computadora. No es que no confíe en mi computadora… sólo… Necesito organizar mis ideas. Poner todos los detalles en un lugar objetivo, un lugar donde sepa que lo que escribo no puede ser borrado o… cambiado… no que haya pasado. Es mi memoria, enturbia las cosas, las reensambla.

Estoy comenzando a sentirme agobiado en este diminuto apartamento. Quizá ese es el problema. Sí, tenía que ir y escoger el más barato apartamento, el único en todo el sótano. La falta de ventanas hace que el día y la noche parezcan la misma cosa. No he salido en unos días porque he estado sumergido en este proyecto de programación, supongo que quería acabarlo de una buena vez. Horas de estar sentado delante de un monitor puede hacer que cualquiera se sienta extraño, lo sé, pero no creo que sea por eso.

No estoy seguro de cuándo comencé a sentir que algo andaba raro. Ni tan siquiera puedo definir qué es. Probablemente porque no he hablado con nadie en un tiempo. Eso es lo primero que me inquietó. Todos con los que normalmente hablo por msn mientras programo han estado ausentes, o simplemente desconectados. Mis mensajes no fueron respondidos. El último correo que recibí fue de un amigo diciéndome que charlaría conmigo cuando volviera de la tienda, y eso fue ayer. Le llamaría con mi celular, pero aquí la señal es terrible. Sí, eso es. Sólo necesito llamar a alguien. Voy a salir.



Bueno, eso no se dio tan bien. Mientras la sensación de temor se desvanece, me siento un poco ridículo por haber estado asustado en absoluto. Me miré en el espejo antes de salir, pero no me afeité la barba de dos días que he crecido. Después de todo saldría tan sólo para hacer una corta llamada. Aunque sí me cambié de camisa, pues era hora de almorzar, y supuse que me encontraría al menos con una persona que conociera. O al menos eso era lo que quería, ojalá lo hubiera hecho.

Cuando salía, ligeramente abrí la puerta de mi apartamento. Una sensación de ahogo ya de alguna forma se había evacuado de mi cuerpo, por una razón desconocida. Se lo atribuí a no haber hablado con nadie más que yo por uno o dos días. Me asomé en el deslucido corredor, tan deslucido como el corredor de un sótano puede ser. Apenas iluminado por un trío de lámparas de neón que no dejan de chasquear, encendiéndose y apagándose en una agonía que al parecer durará mucho tiempo todavía. En un extremo, la gran puerta metálica que lleva a la sala principal del edificio. Estaba cerrada, por supuesto. Dos oxidadas máquinas expendedoras a su lado; compré un refresco de una de ellas mi primer día aquí, pero tenía pasada la fecha de caducidad desde hace dos años. Estoy bastante seguro que nadie más en el edificio sabe que estas máquinas están aquí abajo, que mi tacaña casera simplemente no le interesa reabastecer.

Deslicé mi puerta con suavidad, y seguí el camino procurando no hacer sonido alguno. No tengo idea de por qué decidí hacer eso, pero era divertido rendirse al absurdo impulso de no perturbar el letárgico zumbido de las máquinas expendedoras, camuflarse con el rumor general del pasillo. Llegué al primer descanso de escaleras y subí hasta la puerta principal del edificio. Miré por la cuadrada ventanilla de la puerta, y para mi gran sorpresa, definitivamente no era hora de almuerzo. La penumbra de la noche envolvía las calles de la ciudad, y las luces de los automóviles que daban vuelta en la intersección iluminaban a la distancia como faroles. Nubes púrpuras y negras por el brillo de la ciudad colgaban inmóviles del firmamento. Nada se movía excepto por los pocos abedules de la acera meneados por el viento. Recuerdo temblar aunque no tenía frío. Quizá fue por el viento de afuera. Podía vagamente oírlo a través de la puerta, y sabía que era esa particular clase de viento de media noche, ese que es constante, frío y callado, salvo por la dulce melodía que sonaba cuando se abría paso entre las incontables hojas de los árboles.

Decidí no salir.

En su lugar, levanté mi celular a la altura de la ventanilla, y revisé el medidor de señal. Las barritas llenaron el medidor, y sonreí. Tiempo de escuchar la voz de alguien más, recuerdo que pensé, aliviado. Era algo tan extraño, el tenerle miedo a nada. Negué con mi cabeza riéndome de mi mismo en silencio. Marqué el número de mi mejor amiga Amanda y acerqué el teléfono a mi oreja. Sonó una vez… y entonces paró. Nada pasó. Escuché el silencio por unos buenos veinte segundos, y colgaron. Fruncí el seño y miré al medidor de señal; todavía lleno. Estaba marcando su número de nuevo cuando el teléfono sonó en mi mano, asustándome. Lo pasé a mi oreja.

“¿Bueno?”, pregunté, reteniendo el ligero shock de oír hablar la primera voz en días, aún si se tratase de la mía. Estaba tan acostumbrado a los regulares sonidos del edificio, de mi computador y el de las máquinas expendedoras en el corredor. No hubo ninguna respuesta a mi saludo en un principio, pero luego, una voz se escuchó.

¿Qué hay?”, dijo claramente la voz de un joven, al otro lado de la línea. “¿Quién habla?”

“Juan”, le respondí, confundido.

“Ah, perdón, número equivocado”, contestó, y colgó.

Bajé el celular lentamente y recargué mi cuerpo contra la pared. Eso fue extraño. Revisé en mi registro de llamadas, el número era desconocido. Antes de que pudiera meditar sobre ello, el celular sonó de nuevo, asombrándome una vez más. Está vez miré el número antes de contestar. También era desconocido. Coloqué el aparato junto a mi oído, pero permanecí en silencio. Todo lo que escuché fue el usual sonido de fondo de un celular. Entonces, una voz familiar acabó con mi tensión.

“¿Juan?”, fue la única palabra, por la voz de Amanda.

Suspiré aliviado.

“Hey, eres tú”, contesté.

“¿Quién más iba a…? Ah, el número. Estoy en una fiesta en la Séptima Avenida, y mi teléfono murió justo cuando me llamaste. Éste es el teléfono de alguien más, naturalmente”.

“Ah, bueno”, le dije.

“¿Dónde estás?”, preguntó.

Paseé los ojos por lo muros y su pintura descarapelada, la puerta que tenía frente, con su pequeña ventilla.

“En mi departamento”, suspiré. “Sólo me sentía un poco encerrado. No sabía que era tan tarde”.

“Deberías venir aquí”, me dijo, riendo.

“Nah, no estoy de humor para ir a caminar solo a estas horas”, dije, mirando por la ventanilla a la silente y airosa calle que secretamente me causaba un poco de temor. “Creo que mejor voy a seguir trabajando o me iré a dormir”.

“¡Tonterías!”, contestó. “¡Puedo ir a traerte! ¿Tu departamento queda cerca de aquí, cierto?”

“¿Que tan borracha estás?”, le pregunté divertido. “Tú sabes dónde vivo”.

“Ah, claro. ¿Supongo que puedo llegar allí caminando, no?”

“Puedes si quieres desperdiciar media hora”.

“Cierto”, contestó. “Bueno, me tengo que ir, ¡suerte con tu trabajo!”

Bajé el teléfono de nuevo, viendo a los números parpadear en la pantalla mientras la llamada finalizaba. El inquieto zumbido de las máquinas se reprodujo en mis oídos. Las dos llamadas extrañas y la vista a esa tétrica calle terminaron por encarrilarme de nuevo a mi soledad en esta vacía sala. Tal vez por haber visto tantas películas de terror, tuve la súbita idea de que algo inexplicable podría asomarse por la ventanilla de la puerta y verme, alguna clase de horrible entidad que se pasa orbitando en el borde de la soledad, esperando el momento para arrastrarse hasta algún ser humano que se ha alejado demasiado de los de su clase. Sabía que el miedo era irracional, pero no había nadie cerca, así que… bajé las escaleras, corriendo por el pasillo hasta mi cuarto, cerrando la puerta tras mío lo más velozmente que pude, procurando mantener el silencio. Como dije, me siento un poco ridículo por haber estado asustado de nada, y el temor ya se ha desvanecido. Escribir esto me ayuda mucho, me hace darme cuenta de que nada anda mal. Filtra mis pensamientos incompletos y miedos, dejando sólo hechos concretos y objetivos. Es tarde, recibí una llamada de un número equivocado, y al teléfono de Amanda se le agotó la carga, así que llamó de vuelta con otro teléfono. Nada extraño está pasando.

Aun así, hubo algo inusual en esa conversación. Sé que pudo haber sido por el alcohol que había tomado… ¿O fue ella a quién sentí extraña? O fue… sí, ¡eso es! No me di cuenta hasta ahora, hasta escribirlo. Sabía que hacer esto ayudaría. Ella dijo que estaba en una fiesta, ¡pero lo único que escuché en el fondo fue silencio! Claro, eso no significa nada en particular, pues ella pudo haber ido afuera a tomar la llamada. No… eso tampoco pudo ser. ¡No escuché el rumor del viento! ¡Necesito ir a ver si el viento está soplando!

Lunes.

Olvidé terminar de escribir anoche. No sé qué esperaba ver cuando crucé por el pasillo y asomé el rostro por la ventanilla. Me siento ridículo. El miedo de anoche me parece vago e irrazonable ahora. No puedo esperar para salir y ver la luz del día. Voy a revisar mi correo, afeitarme, darme un baño, ¡y finalmente salir de aquí! Un momento… Creo que escuché algo.



Era un trueno. Todo eso sobre la luz del día y el aire fresco no pasó. Subí por el camino de escaleras, sólo para encontrar decepción. El cristal en la puerta principal era sacudido por la corriente de lluvia torrencial que se desataba afuera. Sólo una muy gris, débil luz se filtraba desde las nubes en lo alto y llegaba hasta aquí; pero al menos sabía que era de día, incluso si era un decaído y húmedo día. Intenté quedarme a esperar que un relámpago iluminase la escena, pero la lluvia era muy fuerte y no pude visualizar nada más que indistinguibles siluetas paseándose por extraños ángulos de la corriente bañando la ventanilla. Decepcionado, me di la vuelta, pero no quería volver a mi cuarto. En su lugar, deambulé por las escaleras, al primer piso, al segundo. Terminé en el tercer piso, el más alto del edifico. Miré a través del vidrio que había a un lado de las escaleras, en la pared que conectaba a las habitaciones; pero era de esos gruesos y distorsionados que bloquean la luz. No que hubiera mucho que ver en la lluvia después de todo.

Me paseé por el alfombrado pasillo del piso. Las diez o tantas puertas de madera, pintadas de azul hace mucho tiempo, estaban todas cerradas. Escuché atentamente mientras caminaba, pero era medio día, así que no me sorprendió no oír nada más que el sonido de la lluvia afuera. En lo que permanecí allí parado, en ese turbio lugar, tuve la extraña y fugaz impresión que las puertas estaban cimentadas como silenciosos monolitos de granito esculpidos por una antigua y olvidada civilización para un insondable propósito de guardián. Cayó un relámpago que iluminó el pasillo, y pude haber jurado que, sólo por un momento, las viejas y roídas puertas azules se vieron justo con ásperas rocas. Me reí de mi mismo por dejar que mi imaginación me jugara así, pero entonces se me ocurrió que el resplandor de ese rayo debe significar que hay ventanas cerca. Una distante memoria me llegó, y de inmediato recordé que el tercer piso tiene una alcoba con una puerta corrediza de cristal a la vuelta de donde estoy.

Emocionado por mirar la ciudad desde arriba, en medio de la lluvia e incluso quizá, ver a otra persona, caminé velozmente a la alcoba, encontrando la larga y delgada puerta corrediza. Era bañada como la ventanilla de la puerta principal. Extendí mi mano a la manilla para hacerlo, pero dudé. Tenía la más extraña sensación de que si la abría, vería algo completamente terrible del otro lado. Todo ha estado tan raro últimamente… Así que ingenié un plan, y volví aquí para llevar lo que necesitaba. No pienso realmente que lograré algo con ello, pero estoy aburrido, llueve, y me estoy volviendo loco de remate. Regresé a traer mi cámara web. De ninguna forma el cable alcanzaría llegar hasta el tercer piso, por lo que, en su lugar, voy a ocultarla entre las dos máquinas expendedoras en el oscuro extremo del sótano, pasar el cable por debajo de mi puerta, y poner cinta de aislar sobre él para camuflarlo en la tira de plástico que se corre por la base de las paredes del corredor. Sé que es tonto, pero no tengo nada mejor que hacer…

Bueno, nada pasó. Dejé abierta la puerta de mi apartamento, me llené de coraje, fui hasta la puerta metálica, la abrí y corrí como alma que lleva el diablo de nuevo a mi cuarto y azoté la puerta. Miré por la cámara web de mi computadora atento, viendo en la transmisión el pasillo afuera de aquí y una parte de las escaleras. Sigo observando en este momento, y no aparece nada interesante. Desearía que el ángulo de la cámara fuera distinto, que pudiera ver al menos una parte de mi puerta. ¡Hey! ¡Alguien se conectó!



Usé un más antiguo modelo de cámara que tenía en mi closet para chatear con mi amigo. No supe cómo explicarle por qué quería que fuera una videollamada, pero se sintió bien ver la cara de otra persona. No pudo hablar por mucho tiempo, y no hablamos de nada importante, pero me siento mucho mejor. Mi absurdo miedo ya casi ha pasado. Ya lo habría dejado a un lado, sino fuera por lo… extraño que transcurrió la conversación. Sé que he dicho que todo me ha parecido extraño, pero… sus respuestas fueron tan vagas. No puedo recordar ni una cosa específica que me haya dicho… ningún nombre, lugar o evento en particular… Pero si me pidió mi dirección de correo, para mantenerse en contacto. Un momento, me llegó un correo.

Estoy a punto de salir. Recibí un correo de Amanda para pedirme que nos reuniéramos en “el lugar donde siempre vamos”. Me encanta la pizza, y he estado comiendo de las sobras que había en lo que una vez fue una alacena decorosa; así que no puedo esperar. De nuevo, me siento ridículo por estos últimos días. Debería quemar este diario cuando regrese.

Otro correo.



Oh por Dios. Casi ignoro el correo y abro la puerta. Por poco y abro la puerta. Por poco y abro la puerto, pero leí el correo primero. Era de un amigo que tengo un buen tiempo sin ver, y fue enviado a muchísimos correos que deben ser cada contacto que tiene guardado. Carecía de título, y decía, simplemente:

“ve con tus propios ojos no confíes en ell”

¿Qué demonios puede significar eso? No me lo puedo sacar de la cabeza. ¿Es un mensaje enviado para advertir que algo ocurrió? ¡La frase claramente se mandó sin completar! En cualquier otro día hubiera tomado esto como spam, pero las palabras “ve con tus propios ojos”, no puedo evitar sino releer este diario y repasar estos últimos días, y caer en cuenta de que no he visto a ninguna persona con mis propios ojos o hablado con alguien cara a cara. La conversación en línea con mi amigo fue tan extraña, tan vaga, tan… misteriosa, ahora que lo pienso. ¿En serio fue misteriosa? ¿O es el miedo que está nublando mi memoria? Mi mente juega con los eventos que he organizado aquí, señalando que no ha habido ni un tan solo dato que haya dado sin sospechar. El “número equivocado” que obtuvo mi nombre y la subsecuente llamada de Amanda, el amigo que pidió mi dirección de correo… Yo le saludé primero cuando vi que estaba conectado. Y luego recibí un correo apenas terminó la conversación, ¡oh por Dios! ¡La llamada con Amanda! ¡Le dije por el teléfono, le dije que estaba a media hora de la Séptima Avenida! ¡Ellos saben que estoy cerca de allí! ¡¿Qué si están tratando de encontrarme?! ¿Dónde está todo el mundo? ¡¿Por qué no he visto o escuchado de nadie en días?!

No, no, esto está mal. Es de locos. Necesito calmarme.

Proyecto Marble Hornets

link: http://www.youtube.com/user/MarbleHornets

Marble Hornets fue un proyecto que tenía un chico llamado Alex , una película amateur filmada con sus amigos. Inicia la filmación pero en un punto Alex empieza a ponerse un poco neurótico, paranoico y a comportarse de manera extraña.

Empieza a grabar absolutamente todo lo que hace, sea parte de la película o no. Al final Alex dejó la película sin terminar, pasa algún tiempo y Jay le pregunta por las cintas con lo que había grabado y Alex dice que las va a quemar. Jay se las pide y aunque le cuesta convencerlo, Alex le da las cintas a Jay y le dice que por favor nunca se las devuelva ni le hable de las cintas y que no le diga a nadie de lo que vea. Después de eso Alex se va de la ciudad y no se sabe más de él. Jay guarda las cintas en el closet y se olvida de ellas.

Años después Jay encuentra las cintas al hurgar en su armario y empieza a ver los videos para tratar de averiguar qué pasó con Alex, Inicia a subir a youtube cualquier cosa que le parezca relevante una por una.
Aquí está la evidencia











































































































































Youtube Death



Gta San Andreas



El enderman maldito

Ayer estuve jugando minecraft,cuando decidí ir a matar al dragón ender,era nivel 57 asi que no le di importancia al nivel,tenia una espada de diamante encantada de nivel 46,y una armadura de diamante con Protection IV,una arco,flechas,pociones,de todo,ya habia encontrado el portal a "The End",llevè mucha obsidiana(64)para poder hacer un refugio seguro del enderdragon para que no lo destruya.llegue a The End y rapidamente hice mi refugio de obsidiana en donde había aparecido,cuando le termine puse un poco de netherack en las afueras de el refugio y lo prendi fuego,cuando decidí ir a pelear con el enderdragon,el no estaba,y aparecia la barra de vida del jefe (Boss Health) me pareció muy extraño,estaba en normal,no habian enderman ni las torres que le dan vida el ender dragon,solo yo,The end y mis cosas,me quede explorando un poco,con algo de miedo,porque era como la 2da o 3ra ves que iba ahí,pero la primera vez que no había nada.
De repente escuche un sonido,un sonido que no se podia describir con palabras,solo con miedo y terror,me di media vuelta para ver que habia y no había nada,fui a ver a cada rincon y nada,de repente escuche el sonido de la muerte de un enderman,cuando iva de camino a mi refugio,cuando iav a entrar,estaba en la puerta escuche a un lobo muriendo,entre rapido y mire la pared,luego de algunos minutos decidi ir afuera a ver que pasaba,lo vi,era un enderman,pero no solo eso,era mucho mas alto,con ojos rojos y agarrando una cabeza de un esqueleto,era mucho mas negro y terrorifico, cuando le pegaba el se teletransportaba,era imposible,hasta que trate de prenderlo fuego con un flint y steel,y funciono,le saque gran parte de su vida,asi que lo repeti,pero no funciono,de lejos vi un chest,fui corriendo a el y adentro encontre una espada,roja,con algo goteando,de color morado,asi que intente pegarle con esa espada llamada:"The God Sword",cuando le pegue se murio,de solo un golpe,iso una animacion parecida a la muerte del dragon ender,pero solo que solto la cabeza,floto para arriba y exploto,al morir dejo el portal al mundo normal,pero arriba avia un carte que decia:
"You Killed me,But my sons are still alive in you world"
cuando entre al portal,no aparecio el ending,sino que apareci en el mundo,pero estaba en el bosque,no podia moverme y avia un enderman a¡enfrente mio,me miro y desaparecio,de ahi apareci en mi hogar,era nivel -1, y cuando sali afuera,todo estaba oscura y avia un cartel que decia:
"Wake up"
luego de unos segundos mirando el cartel apareci en mi hogar,era de dia y todo estaba normal,pero de noche,los enderman no me atacaban,solo me miraban,gritaban y desaparecian.deje de jugar minecraft,hasta olvidar eso,no lo jugaré.de noche escucho algunos ruidos extraños,no se pueden describir,veo algunas particulas pequeñas casi invisibles por la ventana de color morado,no se si es algo como una hoja de un arbol violeta y un sonido de lejos,oh un enderman y sus particulas extrañas.

El secreto de las Kangreburguer
Iba yo un día caminando por la vereda del sol cuando de repente me encontré por mera casualidad a Stephen Hillenburg, el creador de la serie Bob Esponja. El mismo se veía muy afligido y consternado. Me acerqué a él y le dí la mano felicitándolo por haber creado a Bob (me confieso un simpatizante de tal serie) pero cuando me miró, no pude dejar de notar que algo lo tenía muy preocupado.
Entonces le pregunté si había algo mal y me contestó que se encontraba completamente arrepentido de haber creado a Bob Esponja. "¿Cómo es eso?" le pregunté. "Tu programa lleva día a día alegría y felicidad a muchos niños alrededor del mundo. Tu personaje es una inspiración de buena fe, amistad, bondad, valentía y emoción para muchas nuevas generaciones. ¿Cómo puedes estar arrepentido de haber creado un ícono tan benéfico para muchas personas?"
Y me respondió: "Es que no sabes, tú no sabes el mal que he desatado en el mundo". "¿De qué mal me estas hablando? le repliqué.
"Es muy oscuro, muy oscuro, pero tengo que sacármelo del pecho. No puedo continuar así." Cada una de sus palabras parecía desgarrar su atormentado espíritu, así que me ofrecí a escuchar su historia.
Y lo siguiente fue lo que me contó:

"Todo comenzó cuando en la cadena Nickelodeon me exigieron nuevas historias para Bob Esponja, así que yo no tuve ningún problema en escribir nuevos capítulos. Pero me dijeron que sólo requerían un nuevo episodio que fuera un especial y que el mismo no se transmitiría por Nickelodeon, sino que sería emitido en un nuevo ciclo de animación para adultos por la cadena I-Sat. Tal noticia me extrañó mucho porque yo nunca he hecho animación para adultos y me preocupaba el tipo de contenido que me exigirían. -Nada muy rebuscado- me dijeron- Sólo queremos que reveles el secreto de las kangre-burguers."

"Al principio creí que no podría haber mayores complicaciones, pero a medida que pasaba el tiempo cada una de mis ideas para revelar el secreto eran rechazadas, una tras otra, y el tiempo se iba agotando. La noche previa al estreno del ciclo yo estaba muy nervioso, ya que mi reputación estaba en juego. De las cadenas Nickelodeon e I-Sat me estaban presionando demasiado al punto de llegar a amenazar mi vida porque la programación ya había sido publicitada con la promesa de un nuevo y único capítulo nunca antes visto de Bob Esponja."

"Así que cerca de la medianoche salí a la calle a fumar un cigarrillo y despejar mi mente. Estaba todo muy tranquilo, casi como si no hubiera nadie alrededor. De a poco el silencio nocturno se volvía cada vez más estremecedor. Empezaba a sentir como las palpitaciones de mi corazón se aceleraban, como el sudor empezaba a recorrer mi rostro. Comencé a temblar sin sentido, los escalofríos se apoderaban de mi cuerpo, eran incontrolables. Sentí frío, entré en pánico, no dejaba de temblar. La visión se me estaba complicando y empezaba a ver todo borroso. Los oídos se me taparon, como cuando a uno le sube la presión mucho y muy rápido. Mis piernas ya no eran capaces de sostenerme, la garganta se me hizo un nudo y el estómago se me cerró por completo, y un segundo antes de desmayarme sentí una tétrica voz como de ultratumba que me decía: "Debes sacrificarlo, sólo su sangre podrá liberarte"

"Cuando desperté me encontraba en mi habitación y a mi alrededor estaban los ejecutivos de las cadenas Nickelodeon e I-sat. Todos tenían caras muy felices y lucían particularmente satisfechos. Mi asistente se me acercó y me felicitó gratamente. Yo no lograba entender lo que había sucedido. Enseguida todos los ejecutivos empezaron a felicitarme y a decirme que nunca en sus vidas habían visto tal pieza maestra de la animación, que mi capítulo especial revolucionaría el mundo de las caricaturas y que estaban dispuestos a contratarme de por vida si yo me comprometía a seguir con tal nivel de creación artística. Yo me encontraba completamente consternado. No podía recordar nada de la noche anterior."

-Quiero ver el capítulo- dije con tono de exigencia
-Como Ud. desee- respondió mi asistente -Pero no le veo el sentido, ya que ha sido Ud. el creador.
-¡Quiero verlo!- ya no podía contenerme. Necesitaba saber de qué se trataba.

"Lo que ví no quiero volver a verlo ni contarlo nunca más. Es uno de los peores, si no el peor error de mi vida. El capítulo comenzaba normalmente, con Bob llendo a su trabajo, cantando alegremente y planeando lo que iba a hacer en ese día. Pero cuando llegaba al Crustáceo Cascarudo lo encontraba completamente en ruinas y cerca de los restos se encontraba Sr. Cangrejo con todo su cuerpo quemado y mutilado. Bob le preguntaba que había sucedido y Sr. Cangrejo sólo maldecía en un tono muy grosero para su personaje. Entonces aparecía Plancton con una expresión horrible en su rostro.
-¡TÚ!- gritó Plancton- ¡Maldito cangrejo de los infiernos, desgraciado, monstruo! ¡¿Cómo has podido perpetrar tal abominación?!
-¿Qué es lo que pasa?- preguntó Bob.
-Bob Esponja, yo puedo explicartelo- murmuró Sr. Cangrejo
-¡¿Qué has de explicarle?!- reclamó Plancton- ¿Que has abusado de la inocencia de la criatura más inofensiva de todo Fondo de Biquini?! ¡Eso no tiene explicación! ¡Tú eres un monstruo!
-¿Qué quieres decir, Plancton?- reclamó Bob
-¡Oh, Dios!- replicaba Plancton- En todos mis años de fechorías jamás pude imaginarme algo así. Ni en mis peores planes pude ser tan cruel como tu jefe, el Sr. Cangrejo.
-No entiendo, ¿Qué es lo que pasa?- Bob ya estaba con lágrimas en los ojos. Sr. Cangrejo se encontraba tirado, gimiendo, casi sin respirar. Entonces Plancton comenzó a decir.
-Bob, tienes que saberlo, tu mereces saber la verdad de todo, no puedes continuar tu vida viviendo una mentira.

Anoche en uno de mis tantos intentos por robar una kangre-burguer, logré escabullirme en el Crustáceo cascarudo. ( Debo decir que en este momento Plancton empieza a recordar la noche anterior y se vislumbra lo que cuenta a continuación) Y lo que ví me llenó de rabia. El Sr. Cangrejo te tenía a tí, Bob Esponja Pantalones Cuadrados, atado en una mesa de laboratorio como si estuviera haciendo experimentos contigo. En un momento tomó una jeringa de enorme tamaño y la introdujo en uno de tus pequeños brazos y extrajo un extraño líquido amarillo, que sólo puedo pensar, era tu sangre. Luego de esto y entre macabras risas, inyectaba este líquido en cada kangre-burguer. Y así una y otra vez extraía tu sangre y las inyectaba a las hamburguesas, mientras que decía "Tú, mi amarillo y esponjoso amigo, eres la fuente de toda mi riqueza. Gracias a tí mis kangre-burguer son tan exitosas". Totalmente indignado con esa imagen me abalancé sobre Sr. Cangrejo y lo golpeé sin cesar, desenfrenadamente hasta que ya no pude más. Luego de eso te desaté a tí Bob, y te puse a salvo, lejos del Crustáceo Cascarudo, ya que planeaba incendiarlo con Sr. Cangrejo dentro. Y lo hice. Y tú, Bob Esponja, ya no sufrirás más las atrocidades de este monstruo.

En ese momento Bob ya no se contenía en sí, se tomaba la cabeza golpeandosela contra el suelo y rompiendo en llanto. Dio un grito que estremeció a todos y tomo a Sr. Cangrejo y comenzó a golpearlo y patearlo en imágenes muy crudas, llenas de sangre y completamente violentas. En un momento Bob desiste de tal golpiza, dándose cuenta que era inútil seguir ya que Sr. Cangrejo ya no seguía con vida. Plancton solo contemplaba la escena con una mirada de desolación. Bob dio otro grito tan cruel como el primero y dijó:
-No puedo vivir con esto.

"Y Bob comenzó a desinflarse de una manera tan agónica que solo me recordaba mis peores pesadillas. Luego de esto comenzó a sonar la música de cierre del capítulo y aparecieron los créditos. A lo último en la parte que dice Creador apareció mi nombre con rodeado de estrellas. Los ejecutivos de las cadenas comenzaron a aplaudir macabramente y a vitorear el episodio. Salí corriendo hacia la calle sin poder contener la desesperación. Llegué a un callejón y comencé a vomitar sin parar. Ya sin aliento me senté en la vereda, tratando de averiguar y recordar cómo había escrito ese episodio."








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