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Fumata blanca | despenalización de drogas

Info•10/10/2008



GOBIERNO, JUECES, LEGISLADORES Y EXPERTOS, EN CONSENSO PARA DESPENALIZAR LA TENENCIA DE DROGAS

Para no quedar colgado cuando cambie la ley

Un seminario organizado para debatir las políticas públicas sobre drogas sirvió para cerrar filas en torno del proyecto de no criminalizar la tenencia para consumo y debatir cómo debe encarar cada área el nuevo escenario que se viene.

Por Emilio Ruchansky

Compromiso y responsabilidad ante los nuevos desafíos. Esta fue la idea que de alguna manera unió a los funcionarios de los seis ministerios que ayer hablaron de las políticas públicas de drogas. O de su inexistencia. Más allá de explayarse por primera vez sobre el apoyo al eslogan de “no criminalizar al adicto”, instaurado por el ministro Aníbal Fernández, las autoridades tuvieron que plantear cómo implementar el nuevo escenario en áreas como salud, educación o trabajo. Con la Sedronar fuera de juego, las funciones en prevención y represión del narcotráfico de esta secretaría creada a partir de la ley prohibicionista que se busca revertir, reabrieron debates enterrados en la comodidad del silencio.

No fue casualidad que el escenario elegido para estas primeras jornadas de reflexión haya sido la sede porteña del Colegio Público de Abogados. Los ánimos despenalizadores del oficialismo no provinieron del reclamo de los consumidores por su autonomía, sino de la necesidad de una Justicia ahogada de causas por tenencia para consumo personal. La jornada reunió, además de casi todo el gabinete, a expertos y representantes de la Justicia y el Congreso. Durante todo el día hubo paneles sobre los aspectos penales y su relación con el consumo y el narcotráfico, ponencias que discurrieron sobre la asistencia integral y la promoción de derechos o talleres de educación.

“Las leyes no empiezan a existir cuando se las sanciona sino cuando echan raíces en la sociedad, convirtiéndose en hábitos colectivos”, sentenció el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos durante la inauguración, sin ocultar que se trataba de un concepto aristotélico. Y la cita resultó muy oportuna porque el tan mentado proyecto que reemplazará a la hipercriticada ley de drogas todavía no apareció, pero ayer se habló como si su estuviera aprobado y se discutiera su implementación. Fernández afirmó incluso que entre las fuerzas de seguridad el proyecto tuvo “una recepción fenomenal”.

Rodeado de los ministros y funcionarios de Trabajo, Interior, Educación, Salud, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social, Fernández elogió “el rapto lúcido” que tuvo el actual juez de la Corte Suprema de la Nación Enrique Petracchi cuando votó a favor de declarar inconstitucional que se castigue la tenencia de estupefacientes para uso personal. Recordó que esa decisión, tomada en 1985 a partir del caso Bazterrica, fue “una pieza de colección”, en un momento en que aún se imponía la doctrina impulsada por el presidente norteamericano Richard Nixon y acatada por López Rega, que “parangonaba al adicto con el subversivo”.

Ayer todos se encargaron de criticar al modelo estadounidense y también de aclarar que por encima de las convenciones internacionales sobre drogas están los tratados de derechos humanos. Y que en la Argentina no se debatió lo suficiente, al punto de adoptar una legislación que rompe con las garantías constitucionales del país. Un tema sobre el que también versó la exposición de Fernández.

Por turnos, los demás ministros esbozaron sus responsabilidades ante el cambio de alineación que acercará al país la política de tolerancia y reducción de daños implementada en varias naciones europeas. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, reconoció estar “asustado” por el incremento del uso de estupefacientes en ámbitos laborales. Habló de prevención y sugirió, como un canal posible, los convenios colectivos de trabajo, instancia donde sindicalistas y empresarios discuten el salario pero también las condiciones de trabajo. “Desde ahí se pueden impulsar acciones tendientes a generar conciencia sobre las adicciones”, completó Tomada.

Alicia Kirchner, en cambio, prefirió dejar las buenas intenciones de lado y mencionó el camino recorrido por el Ministerio de Desarrollo Social en el tema. “Desde el 2003 se está haciendo un gran cambio en lo que respecta a las políticas sociales”, aseguró. Como ejemplo puso al Plan Familia, “en el cual se aborda la problemática de la droga” y la labor realizada junto a las Madres del Paco (que están en contra del proyecto oficial). “Hay que trabajar con todas las organizaciones en su conjunto, para poder hacer políticas sociales”, recomendó la ministra, y aseguró estar “al servicio de esta construcción” para la que cuenta con los “equipos técnicos necesarios para llevarla adelante”.

La ministra de Salud, Graciela Ocaña, estaba de viaje, así que fue uno de su secretarios, Carlos Sorati, quien escuetamente sentó los lineamientos de esta cartera. “El uso abusivo de drogas es un problema que por su complejidad debe ser abordado intersectorialmente”, definió, aunque no tardó en desmarcarse, como dice el dicho: “Juntos pero no revueltos”. Fue entonces cuando explicó, sin entrar en detalles, que “en salud la especificidad es clave y hay ciertos temas que son de áreas puntuales en las que no conviene que intervengan otros sectores”.

Tal vez la referencia era para los jueces que hasta hoy siguen derivando consumidores y adictos, por igual, a los centros médicos como forma de conmutarles la pena. No se mencionó el vacío legislativo sobre los tratamientos, en general compulsivos, ni al escaso control sobre las comunidades terapéuticas o granjas (muchas de ellas denunciadas ante la Justicia por torturas y privaciones ilegítimas de la libertad). Hoy, la primera mesa redonda a las 9 será sobre este tema, tal vez el más preocupante en lo que respecta a las violaciones de los derechos humanos.

Otro faltazo fue el del ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco. En su lugar estuvo Alberto Sileoni, su segundo, que dio un discurso corto pero encendido. “No se puede educar desde la construcción de la figura de lo prohibido, porque el miedo y el terror no pueden ser estímulos”, dijo, casi en tono de autocrítica. “Los consumidores son sujetos de derecho y hay que escucharlos”, agregó, ganándose a la platea de militantes cannábicos que concurrieron a la jornada.

Por otra parte, Sileoni planteó la necesidad de “hablar en serio” con los chicos y dejar de “tomarlos por tontos”. El tema de la prevención e información real será central en los cambios a implementarse desde el Ministerio de Educación, aunque puertas adentro comparen el tema drogas con la educación sexual (más que nada por lo complicado de introducirlo dentro de la currícula). Es que debe ser consensuado por el Consejo Federal de Educación, donde las posturas difieren según las autoridades provinciales, muchas de ellas conservadoras.

El ministro del Interior, Florencio Randazzo, no habló. Su par de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, juró que el tema drogas es uno “de los más importantes de la agenda internacional” y recordó que las actuales políticas a nivel mundial están siendo revisadas por la ONU. Pidió “un enfoque que abarque a toda la sociedad” y exigió consenso y participación si se quiere que este cambio tenga legitimidad. En cierta forma era lo que buscaba esta iniciativa del Comité Científico Asesor. Su secretaria ejecutiva, la fiscal Mónica Cuñarro, destacó la iniciativa del sistema judicial por frenar los efectos de la prohibición pero reconoció sus límites: “De este embrollo se sale haciendo política, eso es lo que estamos exigiendo”.


Casi todo el Gabinete participó en las “Primeras jornadas nacionales
sobre políticas públicas en materia de drogas”.


El efecto ambulancia

Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social bonaerense, aguardó la extensa presentación de su colega rionegrino en la mesa sobre “Políticas sociales en la prevención del consumo indebido de sustancias psicoactivas y acceso a la asistencia integral”. Cuando llegó su turno, apretado por el receso para almorzar, discurrió con rapidez. Habló del contexto social del usuario de drogas, de cómo es marginado hasta el punto de terminar cumpliendo las profecías de los otros. Leyó testimonios de personas que se “rescataron” a partir de tener responsabilidades, una pareja por ejemplo.

También criticó la percepción generalizada de que con las drogas a veces “el camino más rápido es desentenderse del tema y encerrar a los adictos y listo”. Después citó a otro adolescente que criticaba a los medios que cuando van a un boliche prefieren “mostrar a los cinco borrachos que se pelean en vez de mostrar a los 200 que van a bailar”. Siguiendo con el tema de la percepción concluyó que la gente piensa que hay más consumidores de los que realmente existen y que muchos “creen que no trabajan ni estudian, lo cual es realmente mentira”. Por último, pidió que el Estado deje el “efecto ambulancia” y comience a prevenir con un lenguaje serio y descifrable para los usuarios de drogas.

“Nunca siguen la cadena”

“Cuando uno subjetiviza la cosa, termina cosificando a los sujetos.” La frase dicha por Patricia Llerena, ex empleada bancaria y actual jueza, apuntó al corazón del slogan norteamericano de la “Guerra contra las drogas”. Esta integrante del Comité Científico Asesor del ministro Aníbal Fernández criticó la estrategia “marketinera” de los prohibicionistas y habló de su especialidad: el lavado de dinero. Recordó que el cálculo más conservador estima que el narcotráfico produce 800.000 millones de dólares al año y que en el país no hubo “ni una sola causa” por lavado.

“Los verdaderos narcos son empresarios. Piensan en abaratar costos, hacen estudios de mercado, planean la distribución y la comercialización. Y claro, aprovechan la ignorancia, la pobreza y la angustia de la gente”, comentó Llerena. Por otra parte, y fiel a la teoría de que la mejor manera de ocultar es mostrar, la especialista criticó la ley actual porque apunta a “lo más fácil, investiga al consumidor porque así se agiliza la prueba pero nunca siguen la cadena. ¿Por qué no investigan quién distribuye los químicos que permiten fabricar una sustancia?”. A su lado, su colega Daniel Rafecas y moderador de esta mesa sobre “Consideraciones penales de las políticas de públicas en materia de control del tráfico ilícito de estupefacientes”, terminó de redondear: “La criminalización es funcional para la permanencia de las actividades más graves y grandes”.

La economía narco

Comenzó leyendo datos. Más bien cifras que hablaban de la concentración de la riqueza, de la pobreza extrema en la que viven muchos latinoamericanos, de la falta de oportunidades. Y entonces, una vez preparado el terreno, el juez Luis Fernando Niño tiró la bomba: “Esto hace que el narcotráfico se convierta en una especie de mercado informal, una economía subterránea para acceder a ciertos beneficios”. Siguiendo esta línea, el magistrado de cuño garantista evaluó las pocas opciones que tienen quienes cultivan coca y el valor agregado que hace millonarios a los grandes narcos a fuerza de procesar, traficar y rebajar la sustancia.

“¿Por qué entonces nos la agarramos con los consumidores?”, se preguntó. Luego elogió el modelo holandés porque “redujo el uso adictivo” de muchas sustancias y reconoció que la ilegalidad, además de favorecer al narcotráfico, pone en riesgo a los consumidores. “Los hace más vulnerables porque tienen que transar con los narcos, y muchas veces este vínculo los termina complicando más porque venden pequeñas cantidades para solventar su consumo. Ni hablar de los casos de sobredosis favorecidos por la clandestinidad del negocio”, reflexionó Niño.



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