
Aquel lejano 1991 nos dejó una serie de joyas que convierten dicho año en uno de los mejores de la historia en este sentido. Este es mi particular homenaje a algunos de ellos. No será un análisis en profundidad de cada uno, puesto que se trata de títulos perfectamente conocidos por todos.
Gran parte de culpa en ese cambio generacional se gestó en Seattle, donde un buen número de bandas parecieron ponerse de acuerdo a la hora de ofrecer un sonido que terminaría llamándose grunge. Pero no sólo éste género se llevaría la gloria. Otros como el pop, el pop-rock, el heavy o incluso la electrónica, también quisieron gozar de una porción del pastel.
En 1991 la industria musical empezó a sufrir un cambio drástico. Hay quienes dicen que fue una movida prefabricada, pero otros creen que en ese año de verdad todo cambió. El rap más comercial, el pop vocal y el hard rock empezaron a difuminarse frente a una marejada que moldeó lo que durante muchos años se llamó música alternativa.

Nirvana – Smells like teen spirit
Del disco Nevermind (1991)
Kurt Cobain, acaso sin saberlo, le puso la voz (y la vida) a una generación que no sabía lo que quería. Y a la que no le importaba no saberlo (well, whatever, nevermind). El torpe rasgueo de la guitarra de Cobain y el atronador golpe de Dave Grohl al comienzo de Smells like… son la locomotora de un tren arrollador y urgente. Un tren cargado con la angustia y el dolor de un genio demasiado sensible para este mundo.

Massive Attack – Unfinished simpaty
Del disco Blue Lines (1991)
La banda de Bristol le bajo el tempo al dance, para combinarlo con beats, hip hop, gospel, dub e instrumentos de cuerdas, hasta llegar a algo completamente nuevo, el trip hop. Música para entrar en trance, para viajar sin moverse del lugar.

Pearl Jam – Jeremy
Del disco Ten (1991)
Un debut rotundo. Once canciones (entre las que brillan Alive, Even flow, Once y la que pueden escuchar aquí) que constituyen los pilares sobre los cuales la banda de Seattle edifico una carrera intachable, que los mantiene vigentes hasta el día de hoy. Una banda que fue parte activa en el estallido de eso que llamaron grunge y que sobrevivió para contarlo.

Primal Scream – Movin’ on up
Del disco Screamadelica (1991)
La primera frase del disco sirve como perfecta síntesis (I was blind now I can see). Screamadelica es un álbum que sirvió para abrir los ojos de muchos. Fue el puente entre dos mundos aparentemente irreconciliables, el del rock y el dance. La banda del cantante Bobby Gillespie tradujo el sonido de las raves, del house, para sacarlo de los galpones, de la oscuridad y llevarlo a la superficie. El puntapie inicial para el dance rock.

U2 – Even better than the real thing
Del disco Achtung baby! (1991)
El cuarteto irlandés viajo a Berlín, para unir fuerzas con los productores Daniel Lanois y Brian Eno y grabar el mejor disco de su carrera. Bono y compañía lograron algo muy difícil de encontrar, dar un salto hacia delante, renovar completamente el sonido de la banda, manteniendo la esencia de la misma, con doce canciones insuperables.

Una delicatessen en toda regla.
Lo que inicialmente iba a consistir en dos canciones dedicadas al fallecido Andrew Wood, líder de Mother Love Bone, terminó convirtiéndose en una obra maestra que recogía las canciones creadas y grabadas por los artífices de ese homenaje a Wood durante esas sesiones. Suele decirse que la idea partió de Chris Cornell (Soundgarden), que se unió a dos ex-compañeros de Wood (Stone Gossard y Jeff Ament). El grupo lo completaban Matt Cameron, también de Soundgarden, el guitarrista Mike Mccready y un cantante del que habían escuchado alguna maqueta Gossard y Ament, llamado Eddie Vedder.
Estos cuatro últimos formarían posteriormente Pearl Jam.
Todavía me pone los pelos de punta escuchar ese duelo vocal entre Cornell y Vedder en “Hunger Strike”, un tema que siempre me ha emocionado especialmente.

El inicio del disco ya es, por derecho propio, uno de los mejores de la historia. Los primeros acordes de “Enter Sandman”, tan sencillos en apariencia, como magníficos si prestamos atención a los detalles, nos sirven para ir descubriendo a lo largo de los temas a unos “nuevos” Metallica, con un sonido levemente más contenido y con algunas marchas menos en lo que a velocidad se refiere. Tras los controles, estaba Bob Rock, que había trabajado en el “Dr. Feelgood”, de Mötley Crüe o en “Slippery When Wet”, de Bon Jovi.
Para muchos, el último gran álbum de la banda (con permiso de “Death Magnetic”, que fue una grata sorpresa). Para mí, es el más completo de todos cuantos han grabado: “Sad But True”, “The Unforgiven”, “Nothing Else Matters”…


Cuando estos dos discos se pusieron a la venta, corregí a un amigo que afirmaba que Guns N´Roses acababan de publicar dos discos dobles. Le dije que estaba en un error, y que era un álbum doble, no dos dobles. ¡Cómo iban a poner a la venta esa barbaridad!.
Pues mi amigo tenía razón. Ambicioso proyecto donde los haya, con una serie de canciones de mayor duración de lo habitual, con Axl tocando el piano, como “November Rain”, o “Estranged”, cuyo video clip dio bastante que hablar por las escenas sorprendentes de Axl bajo el agua entre delfines.
Se incluían dos interesantes versiones: “Live and Let Die”, de Paul Mccartney, y “Knockin´on Heaven´s Door”, de Dylan, además del tema de la banda sonora de Terminator II, “You Could Be Mine”, por citar sólo algunos temas.
Independientemente de lo pretenciosos que se puedan ver estos dos trabajos, a mí me parece una obra soberbia, tomada en conjunto.

Obra cumbre de R.H.C.P.. Este extenso álbum (casi 74 minutos) contiene probablemente las mejores canciones que habían escrito hasta el momento, con las habituales dosis de funky (“Funky Monks”), rap (“Give it Away”), rock (“Suck my Kiss”), y un acercamiento a las baladas, por así decirlo, que no habían mostrado antes, como el hoy ya clásico “Under the Bridge”.
“Blood, Sugar, Sex, Magik” es la obra de una banda en su cénit creativo, con multitud de matices que sólo se van descubriendo tras sucesivas escuchas, y con la participación (¿decisiva en el resultado?) del mago Rick Rubin tras los controles durante la grabación.

Primer trabajo en estudio tras el pionero unplugged “Five Man Acoustical Jam”. Tal vez “Edison´s Medicine” sea la canción más recordada de este álbum, pero también son merecedoras de mención “Don´t De-Rock Me”, “What You Give”, o el bonito homenaje al fallecido Steve Clark, de Def Leppard, titulado “Song And Emotion”.
Lo primero que escuché de ellos fue “The Great Radio Controversy” (1989), que permaneció durante años como mi favorito, aunque el tiempo ha logrado que los valore de un modo similar.
La propia banda se encargaba de enfatizar, en la funda interior del disco, aquello de NO MACHINES, haciendo referencia a que la grabación se había hecho buscando el sonido más natural posible.
Se iban a vivir tiempos difíciles en la primera mitad de los 90 para grupos como Tesla, debido al vendaval que llegaba desde la ciudad de Seattle.

Supongo que Bad English pueden considerarse el primer supergrupo AOR, al unir fuerzas dos miembros de Journey como Neal Schon y Jonathan Cain con todo un John Waite. La banda se completaba con Dean Castronovo y Ricky Phillips, antiguo compañero de Waite en The Babys.
Sus dos únicos discos están considerados como dos de los mejores jamás grabados en el estilo.
Este era el segundo, y a mi entender está al mismo nivel que el aclamado debut de 1989. Entre las maravillas aquí incluidas estaban “Straight to Your Heart” o “The Time Alone With You” que a mí, particularmente, me encantan.
Fin de la parte 1...
