
Ni gato, ni perro, ni nada que se le parezca. El Real Madrid jugó todo el partido ante el Manchester sin un '9' decente en el campo. Cualquier parecido entre Benzema o Higuaín con lo que se vio en el Bernabéu es pura coincidencia.
Como en todos los partidos grandes de las últimas dos temporadas fue titular Benzema, que deambuló por el césped de cuerpo presente. Su falta de intensidad, su desidia en la presión al rival y su desesperante falta de carácter le convirtieron en un jugador intrascendente en el ataque blanco, en un peso muerto que aparecía y desaparecía como por arte de magia.
Benzema disputó 59 minutos, con las espeluznantes cifras de un remate, una jugada en el área, un centro al área, dos balones recuperados, seis pérdidas y una asistencia.
Luego entró Higuaín, que no mejoró en nada a su predecesor sobre la hierba. Fue el primer cambio de Mou cuando el partido pedía a gritos un centrocampista más (Modric) para darle algo de aire a un Madrid fundido.
El Pipita volvió a demostrar que la Champions no es lo suyo. Se movió algo más que Benzema, pero ni mucho menos mejor. Hizo algún desmarque hacia la banda, pero nunca generó sensación no ya de peligro sino de inquietud siquiera a la zaga del Manchester. Higuaín jugó 31 minutos, con el bagaje de dos remates (uno de ellos a puerta), una jugada en el área, tres centros al área, dos pérdidas y ninguna recuperación.