
Convivir con un hombre homosexual
Leo en laopinion.es que casi uno de cada dos mexicanos, el 48′4 por ciento del total, rechazaría compartir casa con una persona homosexual, según datos de la I Encuesta sobre Discriminación elaborada por dos organismos oficiales mexicanos: Sedesol y Conapred.
Yo he convivido a lo largo de mis años de estudiante con 4 homosexuales. Es mas, un año en concreto estuvimos compartiendo piso dos heteros y dos homos, y tuve que ver en mas de una ocasión como ambos se sentaban en la terraza para depilarse las cejas el uno al otro. No voy a entrar en muchos detalles: tan solo voy a enumerar algunas de las ventajas y desventajas que puede tener el convivir con un gay siendo un hombre heterosexual. Todo ello de acuerdo a mi pequeña experiencia al respecto, of course. Para otras consideraciones sobre el tema, están los comentarios.

Ventajas
1.- En general, son más limpios y ordenados que los hetero: parecen tener esa especial relación con el espacio circundante que también demuestran las mujeres. Y poco más se puede decir con respecto a la forma de ser de los homosexuales, puesto que cada uno es de su padre y de su madre. Como ya sabréis, no todos tienen pluma.
2.- Jamás competirán por una mujer contigo. Mejor aun, si alguno de ellos resulta ser casamentero, te pondrá a tiro a alguna de sus muchas amigas para que te la intentes ligar con todo tipo de facilidades.
3.- Las fiestas que montan los gais/lesbianas no tienen ni punto de comparación con la que montamos los hetero. En ese aspecto, ellos juegan en una división superior.
4.- Si te animas, él puede introducirte en los ambientes nocturnos por los que se mueve, que por lo general son frecuentados indistintamente por gais, lesbianas y hombres y mujeres bisexuales. Allí podrás conocer a alguna que otra mujer bisexual a la que no le importara echar una noche contigo “para variar”.
Desventajas
1.- Puede ocurrir que tu compañero homosexual se enamore de ti y te lo tengas que quitar de encima. Muchos de ellos albergan la ilusión de mantener una relación con un heterosexual puro y duro (la paradoja del gay).
2.- Si, como ya se ha apuntado, te animas a curiosear entre las comunidades gais/lesbianas, la gran mayoría supondrá que eres un homosexual reprimido que aun no se ha decidido a salir del armario, y recibirás muchísimas invitaciones para hacerlo, aun cuando jures y perjures mil veces que a ti no te van los rabos (automarginación del gay: siempre pensaran que si te acercas a ellos es porque eres como ellos). Además, tendrás que aguantar por parte de otros hombres besos en la mejilla que no vienen a cuento junto con manos ajenas en tu culo y espalda que tampoco vienen a cuento. También, si te pasas con tu chica por un antro de ambiente lesbico, es muy posible que ella reciba un trato parecido y acabe requetesobada por otras mujeres… obviamente, no podrás agarrarlas del cuello para partirles la cara: son señoritas. Todo esto, por supuesto, suponiendo que ya has hecho amigos/as por allí y existe un cierto grado de confianza.
3.- Si tu compañero homosexual resulta ser muy promiscuo o un ligoncete, tu piso/casa podrá llegar a parecer un puticlub para gays, con entradas y salidas constantes de sus amiguitos a horas intempestivas. Ademas, estos amiguitos se moverán como fantasmas, intentando en todo momento no coincidir ni toparse contigo.
