Felipa Larrea de Larrea retratada por Caras y Caretas en 1909. Es considerada la última esclava viva de Buenos Aires para aquellos años.
Felipa sirvió en las casas de Valentín Díaz, Josefa Lavalle y Marco del Pont. Años después, ya libre, sirvió a Bernardino Rivadavia. Aunque trabajó para importantes familias, murió en la completa miseria llegando a tener 11 hijos.
"Su hija Magdalena, que le procuraba los medios de subsistencia, y que acaba de fallecer a la edad de 59 años".
"Desde hace 20 años habita en Cañuelas una anciana, que nació en nuestro suelo 24 días antes de iniciarse la revolución de mayo, bajo el yugo de la esclavitud.
La centenaria es la señora Felipa Larrea de Larrea, hija de un negro norteamericano llamado
Juan, que fué esclavo del gobernador de Buenos Aires don Juan M. Larrea, y de una africana, Magdalena, sierva de don Patricio Salas, fué comprada por doña Justa Visillac de Rodríguez,
quien la crió en la Casa de Ejercicios, que aun existe en la esquina de Independencia y Salta.
Sucesivamente sirvió en las casas de don Valentín Díaz, doña Josefa Lavalle y señor Marco del Pont, casándose luego con Ignacio Larrea, que fué cocinero de don Juan Lavalle.
Años después, ya libre, sirvió don Bernardino Rivadavia.
Felipa ha tenido once hijos, el último de los cuales, Magdalena, que era su único sostén, acaba de fallecer á la edad de 59 años.
La ex esclava se encuentra actualmente en la mayor miseria, sin amparo ninguno.
A pesar de sus muchos años, conserva una memoria prodigiosa, recordando perfectamente muchos hechos ocurridos hace bastante tiempo, tales como el fusilamiento de Camila O'Gorman, que dice haber presenciado en Palermo, y que es el
acontecimiento que más la ha impresionado en el transcurso de su prolongadísima existencia.
La señora Larrea, con sus 100 años encima, continúa trabajando, ganándose la vida con las fatigas y penas que son de suponer, máxime ahora en que le falta la ayuda con que contaba hasta hace poco."
Revista Caras y Caretas del 27 de noviembre de 1909

La Esclavitud, escultura de Francisco Cafferata, 1882, actualmente en los Bosques de Palermo.
En la sociedad porteña de inicios del Siglo XIX, el patio del fondo era el reino de la servidumbre. En este el lugar de las esclavas o libertas que se dedicaban a cocinar, planchar, lavar, cuidar crios propios y ajenos, fregar patios, cuidar animales caseros, atender la casa, acarrear el agua para llenar los tinajones que se guardaban a la sombra, servir la mesa y atender a la patrona en el estrado cebandole mate (ya que la dueña de casa recibía las visitas en un piso más elevado que el resto).
Existieron crueles formas de tratar a los sirvientes esclavos, desde la "negrita del coscorrón", usada para calmar los malos humores a golpes, hasta la que era rapada dejándole un mechón de cabello para jalarlo como castigo. Algunos eran una especie de bufones; tampoco era raro que sirvieran mate de rodillas.
El "patio de atrás" de la casa era un terreno dejado de lado, ya sea por puritanismo, racismo o indiferencia. Por lo general estaba integrado por casuchas, gallineros, cocina, leñera, letrinas (el "lugar común", y construcciones de mampostería con techo a un agua que eran usados por la servidumbre.
Este lugar, según Lucio Mansilla “... Era la parte de la casa que tenía más vida, donde los niños jugaban y corrían, donde de noche los Afros debían hacer sus ritos religiosos a escondidas, hablar su propio idioma y vivir en una libertad que en el resto de la casa era imposible...”
En aquella Buenos Aires, era común el tener mucho servicio doméstico, a veces más de diez esclavos en una casa, lo que para los viajeros europeos resultaba exorbitante para el nivel social de sus propietarios.
Tomado de "Arquitectura para la Esclavitud en Buenos Aires: una historia silenciada" , de Daniel Schavelzon

