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¿Qué le pasa a tu cerebro cuando...

Info3/23/2013

¿Qué le pasa tu cerebro cuando...




1- ...Salta en paracaídas por primera vez?





La sensación que produce lanzarse en paracaídas se debe a la secreción de dopamina, un neurotransmisor ligado al placer, que suele dejarnos con ganas de repetir la experiencia. Ante el peligro físico que implica practicar deportes de riesgo, también se secreta adrenalina o epinefrina, que, ademas de acelerar el corazón, acentúa los sentidos y dilata las pupilas para que entre mas luz por los ojos. Juntas, la adrenalina y la dopamina inhiben la región frontal del cerebro, que es la responsable del control del pensamiento racional. Y mandan señales al hipocampo para que almacene todo lo que está sucediendo en la memoria a largo plazo, de ser posible, con todo lujo de detalles. Encima, si la experiencia es nueva, el tiempo parece durar mucho más, un 36 por ciento más para ser exactos, según un calculo de la revista PLoS ONE.









2- ...ves una película de terror?





Situaciones de estrés agudo como las que se producen al ver una película de terror obligan al cerebro a reorganizarse y hacen rememorar malos momentos, según revela un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Nueva York (EE UU) y publicado en la revista Science.

Para llegar a esta conclusión, Erno Hermans y sus colegas trabajaron con 80 voluntarios que vieron escenas de terror de la gran pantalla, como las de la película Poltergeist. Imágenes de resonancia magnética mostraron que varias regiones corticales y subcorticales se activaban y aumentaban su conectividad por la acción del neurotransmisor noradrenalina, que reorganizaba sus recursos neuronales. Así comprobaron que cuando el cerebro se altera por este tipo de experiencias, nuestros sentidos se agudizan y el temor crea un estado de alerta que fortalece los recuerdos de las experiencias estresantes, aunque perjudica nuestra capacidad de análisis. En este proceso se ponen en acción partes del cerebro involucradas en la reorientación de la atención, el aumento de la alerta perceptiva y el control automático neuroendocrino. Por el contrario, resulta casi imposible "deliberar con calma", concluyen los autores.










3- ...ves a alguien desnudo?





Decía el escultor Auguste Rodin que "una mujer que se desnuda es una imagen fulminante, como el sol que traspasa las nubes". Pero ¿qué efecto provoca exactamente la desnudez en nuestro cerebro? Científicos de la Universidad de Tampere (Finlandia) han llevado a cabo un experimento mostrando a una serie de voluntarios imágenes de personas sin ropa, vestidas con traje de baño o ataviadas con prendas que cubrían todo su cuerpo. Comparando la respuesta cerebral ante las diferentes fotografías, los investigadores demostraron que el cerebro humano procesa las imágenes de cuerpos desnudos en solo 0,2 segundos, mucho más rápido que cualquier otra fotografía. Al mismo tiempo, cuanta más cantidad de ropa cubría el cuerpo de la persona retratada, más lenta era la velocidad de respuesta de las neuronas de quienes la observaban.

Como cabía esperar, la reacción cerebral en los varones era más fuerte ante el desnudo femenino. Sin embargo, la intensidad de la respuesta del cerebro femenino no variaba en función del sexo del modelo










4- ...no recuerdas dónde has puesto las llaves?





Seguro que, más de una vez, llegabas tarde al trabajo o a una cita y te ha costado horrores recordar dónde dejaste las llaves de casa o del coche. En un artículo publicado hace poco en la revista cietífica Cognition, Grayden Solman, investigador de la Universidad de Waterloo (Canadá), llegaba a la conclusión de que este fenómeno tan común podría deberse a una falta de sincronización entre la parte del cerebro que controla los movimientos, que funciona a una velocidad muy alta, y las neuronas encargadas de percibir los objetos que nos rodean, que dada su lentitud no logran seguir el ritmo. Eso haría que, incluso si tenemos el objeto que buscamos justo delante de las narices, nuestro cerebro sea absolutamente incapaz de "verlo".

Por lo tanto, matiza Solman, el fenómeno no tiene nada que ver con la mala memoria.










5- ...se te ocurre una idea?





Instantes antes de resolver un problema, la "bombilla" cerebral se nos enciende en una zona conocida como corteza cingulada anterior. Los científicos han demostrado que las neuronas de esta área se ponen en marcha especialmente si estamos de buen humor, por lo que recomiendan jugar en el trabajo para estimular la creatividad.

Por otra parte, las mejores ideas surgen cuando estamos aparentemente "distraídos" porque, en realidad, se trata de "un estado mucho más activo de lo que imaginamos, más incluso del que requiere un razonamiento complejo", tal y como concluía Kalina Christoff, de la Universidad British Columbia (Canadá), en un artículo publicado hace algún tiempo en la revista PNAS. Combinando piezas del rompecabezas de lo que nos preocupa, el cerebro hace conexiones e identifica patrones en la información que tiene, hasta que todo cristaliza en una idea que calificamos de "repentina".

Estudiando las ondas cerebrales, el investigador británico Joydeep Bhattachar incluso ha descubierto un patrón de actividad en la corteza frontal derecha que permite adivinar quién está a punto de tener una idea ocho segundos antes de que el propio sujeto experimente el conocido como momento "¡Eureka!". "Es asombroso: durante cierto tiempo el cerebro conoce la solución pero nosotros no", reflexiona Bhattachar.










6- ...alguien dice tu nombre?





Según un estudio con resonancia magnética de la Universidad de Nueva Jersey (EE UU), cuando escuchamos nuestro propio nombre, el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro se activa con más fuerza que cuando oímos el nombre de otras personas. Concretamente, la actividad es mayor en las neuronas de la corteza frontal media y la corteza temporal. ?Estos experimentos demuestran que reconocer que alguien nos nombra pone en marcha zonas cerebrales específicas que permanecen en silencio el resto del tiempo", concluían los autores en la revista Brain Research.

Tanto nos influye nuestro nombre que nos mostramos más predispuestos a comprar algo si nos lo ofrece un vendedor que comparte con nosotros alguna inicial en el nombre o en los apellidos, según un estudio de la revista Journal of Consumer Research. Y también han demostrado científicamente que somos más propensos a contraer matrimonio con una persona cuyo nombre empieza por la misma letra que el nuestro.









7- ...escuchas una canción pegadiza?





¿No consigues borrar de tu mente la dichosa "canción del verano"? Noventa y nueve de cada cien personas son susceptibles al síndrome de la canción pegadiza (earmworm o "gusano del oído" en inglés), que implica que al escuchar ciertas melodías estas resuenan una y otra vez en la cabeza de manera incontrolada. De acuerdo con James Kellaris, de la Universidad de Cincinnati (EE UU), el efecto es mayor si la canción es la primera que escuchas al levantarte, o lo último que oíste por la noche antes de dormir.

En ambos casos la tonadilla se queda "adherida" al córtex auditivo del cerebro, encargado de procesar los sonidos. Y la necesidad de tararear esas canciones funciona como una especie de "picor mental", según Kellaris, que solo se alivia repitiendo una y otra vez la melodía. El efecto puede durar horas o días.










8- ... pierdes la paciencia y el autocontrol?





Neurocientíficos de la Universidad de Iowa (EE UU) han descubierto qué ocurre en el cerebro humano cuando una persona pierde la paciencia y la capacidad de autocontrol. Sus conclusiones se publican en la revista Journal of Consumer Psychology.

William Hedgcock, coautor del trabajo, ya había demostrado con anterioridad que el autocontrol es un recurso finito que se gasta con el uso. Cuando se utiliza demasiado de forma continuada, es más difícil que nos mantengamos calmados la siguiente vez que nos enfrentamos a una situación que exige controlar nuestros impulsos.

Ahora, un nuevo estudio con imágenes de resonancia magnética funcional le ha permitido demostrar que la corteza cingulada anterior (ACC), encargada de reconocer que una situación tiene muchas posibles respuestas y que algunas son más convenientes que otras, se activa siempre independientemente de la decisión que tomemos. Esta zona reconoce, por ejemplo, cuando algo nos tienta. Por lo tanto, la verdadera "llave" del autocontrol reside, según Hedgcock, en la región conocida como corteza prefrontal dorsolateral -la que dice "querría hacer esto, pero debo sobreponerme a ese impulso y actuar de manera inteligente"- se activa con menos intensidad a medida que nuestra capacidad de autocontrol se agota. Y las técnicas de neuroimagen revelan que es la falta de actividad de las neuronas de esta zona lo que hace que, en ocasiones, "las situaciones nos saquen de nuestras casillas" y no actuemos con sensatez, aclaran los científicos.

Hedgcock asegura que, de acuerdo con el hallazgo, el autocontrol debería ser comparado con una piscina que se puede vaciar por el uso y volverse a llenar cuando estamos en un ambiente sin excesivos conflictos, lejos de "tentaciones que lo desgastan".

Los resultados del estudio podría ayudar a desarrollar mejores programas de desintoxicación para personas adictas a las drogas, al alcohol, a las compras o a la comida, que suelen hacer cosas que preferirían no hacer. También ayudará a sujetos que nacen sin capacidad de autocontrol por un daño cerebral.









9- ...te ofrecen un suculento pastel?





Normalmente, si de forma racional consideras que el pastel que te ofrecen no es el bocado más saludable para ti, tu corteza prefrontal intentará que venza el autocontrol y que lo rechaces con un sencillo "No, gracias". Pero imagina que te brindan un apetitoso dulce tras llevar toda el día de reunión en reunión, estudiando para un examen, o simplemente sometido a demasiado estrés. En ese caso, la corteza prefrontal, agotada por tanto esfuerzo, no tendrá energía suficiente para vencer la tentación.

Además, en condiciones de estrés, bastará con ver la comida para que aumente tu concentración sanguínea de la grelina, también conocida como hormona del hambre, y por lo tanto tu apetito. Si a esto se suma que has pasado demasiadas horas sin llevarte nada a la boca y que a tu cerebro le falta azúcar -su único combustible-, las neuronas del hipotálamo harán que se hiperactiven las señales de las áreas relacionadas con la recompensa, liberando opioides naturales que actúan de manera similar a la heroína y hacen que aumente el placer que causa saborear un dulce, a la vez que le "tapan la boca" a la corteza prefrontal para que el resto del cerebro no escuche sus órdenes. Y así, desde luego, no hay quien se resista.








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