InicioInfoLos ateos también van al Cielo
El autor es un historiador mendocino que trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín, Alemania, en donde reside. Aquí, nos ofrece su personal punto de vista en un "breve ensayo sobre el descreimiento en Dios y la honestidad". Una columna provocadora, que invita al debate.









Con el ateísmo suele pasar como con la homosexualidad: todo el mundo cree saber de que se trata pero en realidad nadie se informa con precisión, lo cual conduce casi sin excepción –no temamos decir lo obvio– por el camino de las opiniones superficiales y demasiado livianas.
La madre de todas ellas es, sin duda, que el ateísmo niega tajante y radicalmente la existencia de Dios. Puede que algún fundamentalista (de los que, por otra parte, nunca faltan en cualquier campo de acción humana) tenga la audacia de hacerlo. Pero en términos generales, es una impresión falsa. El ateísmo consecuente (es decir, aquel que se hace llamar “pragmático” y le teme más a los dogmas y las certezas absolutas que a la perspectiva del Infierno) en realidad admite la posibilidad de que Dios exista. Aunque anteponiendo, conviene aclararlo, la siguiente salvedad: dicha posibilidad es tan tan baja que no resulta estadísticamente significativa y, por lo tanto, merece que la anotemos pero no que la tomemos en cuenta a nivel práctico.


Un ejemplo puede ayudar a que el lector visualice lo que trato de decir. Imaginemos que alguien decide suicidarse saltando desde el último piso del Empire State Building de Nueva York. Calculadora en mano, un especialista en estadística nos diría que hay una posibilidad entre –pongamos por caso– diez millones de que frene un camión lleno de colchones justo en el momento y lugar previstos por el azar para el mortal porrazo. Lo cierto es que nuestro hipotético suicida corre el riesgo de salvar la vida aunque por un margen demasiado escaso como para obligarlo a replantearse o revertir la decisión de saltar al vacío. Algo más o menos parecido es la existencia de Dios desde el punto de vista ateo: una expectativa sin la suficiente densidad como para incidir sobre la expectativa más fuerte. En este caso, la no-existencia.

Aclarado el punto (¡espero!), emerge con toda naturalidad la siguiente pregunta: ¿En qué se basa el ateísmo para reducir a Dios a la insignificancia estadística? Contrariamente a lo que se supone con demasiada frecuencia, el instrumento intelectual más convincente no proviene de la ciencia (aunque también ella proporciona muchos y muy buenos) sino de la filosofía. Estoy pensando en el llamado “problema del mal”, que suele incomodar y poner en aprietos incluso a los apologistas religiosos mejor plantados.

En esencia, el “problema del mal” hace notar que la existencia del sufrimiento contradice la existencia de Dios. Y podríamos resumirlo así: supuestamente Dios es omnisciente (todo lo sabe), omnibondadoso (sólo puede concebir el bien) y omnipotente (todo lo puede). ¿Cómo es posible entonces que haya tanto sufrimiento en el mundo? Porque si es omnisciente, sabe necesariamente que eso ocurre; si es omnibondadoso, no desea que ocurra; y si es omnipotente, está en sus manos evitar que ocurra. Al igual que cualquier ser con decencia, preferiría que la gente no padeciera y así todo no hace nada para impedirlo. Semejante inmovilismo seria entendible si fuera incapaz de cambiar las cosas, pero teóricamente lo puede todo.

La solución estándar ofrecida por los apologistas religiosos a este dilema es que los sufrimientos suelen originarse en malas decisiones que toma la propia humanidad. Y como Dios respeta el “libre albedrío” a rajatabla, no puede interferir en ellas. De suerte que se encuentra exclusivamente en manos del hombre evitar las guerras, atentados, violaciones, torturas, degeneraciones, delincuencia, genocidios y demás etcéteras que contribuyen a transformar su paso por el planeta tierra en un auténtico calvario. Todo bien, pero si Dios sabía de antemano (no perdamos de vista su omnisciencia) que el resultado iba a ser desastroso, ¿por qué creó al hombre o al “libre albedrío” de todos modos? ¿No fue necio y cruel de su parte? Al margen de eso, resulta evidente que no todos los sufrimientos son provocados por el mal ejercicio del “libre albedrío”. Una buena parte los causa la naturaleza (terremotos, erupciones volcánicas, hambrunas, sequías, tsunamis, inundaciones, tormentas solares, tornados, enfermedades, etc.) que –según se nos dice– es obra de Dios. ¿Qué le impide hacer algo también en estos casos?

Los apologistas religiosos responden a la pregunta anterior diciendo que Dios permite deliberadamente los sufrimientos naturales como una especie de carrera de obstáculos para que las personas dotadas de “libre albedrío” saquen lo mejor de sí. Mi intención no es herir susceptibilidades, pero personalmente siempre me pareció que dicho razonamiento (si es que puede llamase así) saca a relucir el lado más insensible e inmoral del pensamiento religioso. Reflexionemos un poco si no sobre lo que acabo de decir.

Tenemos por un lado a unos niños con terribles enfermedades terminales o tragados por un tsunami y, por otro lado, a Dios pensando para sus adentros: “O.K.; voy a someter a tales y cuales personas a mi carrera de obstáculos. Para asegurarme que se superen a sí mismas me voy a valer de tales y cuales niños a los que haré atravesar por un penoso tormento”. Suena como si estuviéramos hablando de un tiranzuelo con pocas luces y sin el más mínimo sentido de las proporciones o la justicia. No de un Padre moralmente perfecto y formidablemente sabio que ama a todos sus hijos por igual . Pero no debería extraerse como lección de lo anterior –dice el ateismo– que Dios es malvado, sino que se trata de un “concepto vacío” (no explica ni permite entender lo que debería: el funcionamiento del mundo) y, en consecuencia, la menos desatinada de las opciones es poner en duda su existencia .

Puestos contra las cuerdas, los apologistas religiosos no pueden evitar darse cuenta que la lógica pura y dura conduce casi sin remedio por el camino del ateismo . No obstante, se aferran a una excusa muy ingeniosa con tal de no dar el brazo a torcer: seguir creyendo es una apuesta mucho más segura que dejar de creer. Alegan que si Dios no existe –como todos los indicios sugieren– ni los que apostaron por Él ni los que lo negaron pierden nada puesto que no habrá nadie que los premie o los castigue. Pero si –en cambio y aunque no se note– por casualidad existiese, sólo los primeros van a ir al Cielo mientras los segundos se hunden en el Infierno.

¡Oh consuelo de tontos! ¿Acaso tan necesitado de atención esta el ego de este Ser Supremo que –aún poseyendo omniciencia– es incapaz de diferenciar entre quienes defienden su existencia sinceramente y quienes sólo para hacer negocio? ¿Hace falta perder tiempo aclarando que si Dios fuese justo y moralmente perfecto como se nos dice, por regla de tres simple ha de percibir la hipocresía y la falsedad como grandes pecados y –contrariamente– no han de disgustarle los errores de conciencia cometidos con toda honestidad? Porque en verdad os digo: no son aquellos que dudan siguiendo su razón los que deberían temer al largo brazo de la Justicia Divina sino aquellos que se obligan a creer interesadamente.

En fin. Suponiendo que Dios fuera algo más que una hipótesis, y pasando las cuentas en limpio, todo indica que tiende a enojarse más cuando defendemos su existencia por conveniencia que cuando la negamos por convicción. Así que ya lo sabe, amigo lector: si cree en un Ser Supremo omnibondadoso –que además todo lo sabe y todo lo puede– medite cuidadosamente sus motivos. De otro modo, no se queje cuando llegue al Más Allá sólo para descubrir que esa vacante en el Cielo que teóricamente lo esperaba a Ud. (¡quién iba a decirlo!) lleva en realidad el nombre de algún ateo que vivió amando la verdad más que a su pellejo.

El autor: Walter Burriguini es historiador mendocino, Universidad Humboldt de Berlin, residente en Alemania.















Datos archivados del Taringa! original
72puntos
2,196visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

B
Usuario
Puntos0
Posts7
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.