
Marchando entre Otakus
Hace dos semanas más o menos me encontraba en el Zócalo capitalino en un precioso ataque de una curiosa mezcla de nostalgia, vergüenza ajena, y sentirme increíblemente vieja.
Porque estaba yo rodeada de fans, muchos de ellos de la mitad de mi edad, algunos ya listos con su cosplay bien arreglado, otros levantando pancartas con diferentes misivas que variaban desde “Queremos más yaoi” hasta “Los frikis son amigos, no comida” y ¡Aguante el Metal y el Hentai!. No voy a negar que el cosplay variaba, desde trajes comprados completos y hechos en serie, hasta una herida de latex en una zombie que honestamente me hacia preguntarme si la chica que la portaba no necesitaba ir a un hospital * , y que todo el mundo se veía impaciente por comenzar la marcha de Orgullo Otaku, también conocida como la Marcha Friki.
Pero yo tenía varias preguntas al respecto, que me había estado guardando desde el año pasado -y algunas otras que formulé en las últimas semanas debido a pláticas con los geniales chicos de Ensalada de Otakus, asi que me dirigí al astabanderas a buscar al organizador del relajo, Jesús Alejandro Alvarado Martínez, también conocido como Abraxas Ikari, presidente de Sekai no Oto.
Esto es muy notorio porque si bien nadie puede negar que Sekai no Oto hizo un buen trabajo de organización de la Marcha, era curiosa la falta de otros clubs entre los organizadores, dado que, incluso en palabras del mismo Jesús Alejandro, la marcha no es un evento de Sekai no Oto persé, sino que había una invitación abierta a todos los clubs de anime de la ciudad para participar y apoyar sin embargo, no hubo mucha respuesta de parte de estos. Sí, la primera marcha fue organizada por un ex-miembro de Sekai no Oto, y sí, Sekai no Oto hace la mayor parte del trabajo de promoción y organización, pero en sí no está planeada para ser un evento hecho por parte de ellos. Claro, esto no quita que haya una división, ya que de hecho, este año hubieron dos marchas, la publicitada por Sekai, que tuvo una participación de aproximadamente 2,500 personas, y otra, que salió de Bellas Artes rumbo al monumento a la Revolución, a cuyos organizadores aún no hemos podido contactar.
Esto honestamente es una pena, ya que, políticas y rivalidades aparte, el día del Orgullo Friki debería ser para los chavos, no para los organizadores, y el dividir a un grupo que de por sí es minoría (2500 suena a mucho, si uno organiza una convención, pero comparado con las marchas recreativas multitudinarias, es poco).
La gran pregunta, por supuesto, es ¿Por qué Marcha y no Desfile? Dado que, a fin de cuentas, en nuestro país la palabra Marcha automáticamente nos da imágenes de protesta civil, de demanda de derechos, y de destapar injusticias. Mismas que, por mucho que todos en algún momento nos hayamos peleado con nuestros padres por la afición, o incluso suframos bullying en las escuelas *, los Otaku/Friki/Nerds/Geeks no hemos sufrido. La respuesta de Jesús Alejandro fue sorprendente:
“Es una marcha de protesta, no una marcha de recreación.”
Otra critica muy sonada respecto a marchas anteriores es la falta de respeto que algunos otakus tienen ante sí mismos y el resto de la población, una posición poco congruente si estamos pidiendo respeto por nuestros gustos. En marchas anteriores hubo gritos similares a ‘Muera el Reggaeton’, y varias chicas llevaban pancartas de ‘viólame’. Si bien Jesús Alejandro fue rápido en deslindar a su organización de dichas actividades, también asumió su responsabilidad como organizador explicando que habían cambiado las dinámicas para evitar que la gente tuviera momentos ‘de ocio’ que permitieran esas cantaletas agresivas, a pesar de que lo de las pancartas si caía en responsabilidad de quien las llevara.
Y hay que admitir que su dinámica funcionó bastante. Si bien gritos como “Gokú para Presidente” y varias interpretaciones karaoke de Cha-la-head-cha-la podían causar un poco de pena ajena para quienes no participábamos con el mismo entusiasmo, si eran un cambio agradable en contra a los ataques a otros grupos de fans. No solo eso sino que, cuando el contingente Otaku cruzó con la protesta en pro de Wikikuta, hubo un silencio bastante notorio, para que la gente pudiera oir lo que era verdaderamente importante para nuestro país.
Ante la gran duda de si era inteligente el mantener la tradición de la marcha Otaku justo en medio de las marchas del 132, Jesús Alejandro aclaro que era un movimiento de entretenimiento, y que había luchado por mantenerla anti-partidisita, incluso que, para evitar problemas, había rechazado un donativo de un candidato para mantener la marcha Otaku neutral.
Tras la marcha, que fue un éxito bastante bueno como un par de horas de esparcimiento familiar, con sus pequeños incidentes como el problema de que Protección Civil hacía correr a los cosplayers en cada esquina, volviendo la marcha más bien un maratón, hubo varios eventos de diferentes clubes, aunque, por razones de falta de comunicación entre los diversos clubes, los únicos verdaderamente anunciados fueron el evento post-marcha de la Frikiplaza, un picnic en Chapultepec, y por supuesto, el evento de los organizadores, Poder Otaku, del cual hablaremos en otra ocasión.

El sabor de boca que me dejó la marcha fue agradable, junto con el Shawarma de lunch que comimos en el Ángel aprovechando la Feria de las Culturas Amigas. Era, tal cual como se había prometido, un momento para que los fans pudieran expresar sus gustos sin necesidad de pagar boleto para una convención, darle un poco de color a la ciudad -y, gracias a que ocurrió en Domingo, cuando Reforma está cerrado de cualquier forma debido al paseo ciclista, no afectaron el transito en ningún momento- y gritar a los cuatro vientos “Sí, soy Fan. Soy Freak. Soy Otaku. Soy Geek.” Y si bien actualmente no me uniría a un evento así, debo admitir que mi quinceañera interna, que luchaba por encontrar a alguien más que no pensara que Robotech era una caricatura americana, sintió un poco de envidia al ver a los otakus marchando.

*La incomprensión de los padres aparte -ya que es algo que todo adolescente sufre sin importar sus gustos- el bullying sólo por ser otaku o geek ya no es lo que era anteriormente. Si no por otra cosa, sino porque el ser geek se ha vuelto popular. Si no, pregúntenle a Sheldon de Big Bang Theory. Sigue existiendo, no lo dudo, pero ya no en la misma escala -a menos claro, que por otros motivos uno se encuentre en el escalón más bajo de la escalera social en su escuela.
