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Tributo a Lara: Ella vendrá

Paranormal•8/20/2017
Tributo a Lara: Ella vendrá

Es un texto literario corto que rescaté de Voxed, fuerte e intenso, lo adorné con algunas imágenes y frases para hacer la lectura más entretenida.


Además me vino joya para un trabajo que debo presentar en el colegio para lengua y literatura

Tributo


Esta música de fondo está copada para ambientar




Muerte

Sus pecados los llevaron a este punto, la tentación los superó provocando a mirar al abismo, tentando a la oscuridad, abrazándola como una vieja amiga.
La piedad no existe para los impuros, aquellos que se creyeron impunes serán juzgados.
Élla vendrá...


bosque


Mientras la oveja pastaba feliz, el ciervo hizo su camino hacia el bosque.
La oscuridad empezó a caer sobre la ciénaga y la luna reflejada en la humedad del aire creaba espejismos sobre los rostros de los viajeros.
Entre la brisa espectral se oyó un gemido y un susurro.
Y rezaba aquel susurro: la luz se apagó.
Y llegará aquel día.


ciervo



Entre los árboles se podía divisar una figura, la vegetación de las copas era demasiado densa como para que la luz de la luna la atraviese. La figura solo observaba, curiosa, desafiante, como inspeccionando a su presa.


pastor


El aire frío recorría su espalda y el sudor de su frente le provocaba comezón sobre las cejas, se podía oler su miedo, casi se oía el sonido de cada uno de sus músculos contracturándose. Mientras la figura presenciaba el espectáculo sin dar juicio alguno.


Muerte


En ese momento la figura se fusionó con las sombras de los árboles, convirtiéndose solo en una escalofriante confusión.
El viajero aliviado dio un suspiro. Pero poco le duró su calma, detrás suyo vio una ráfaga como si alguien corriera a su lado, pero no había nadie.
Y en sus oídos resonaba como un presagio: está cerca.


bosque


El ciervo continuó su camino, recto, sin distracciones. La noche ya le pesaba sobre sus hombros, la oscuridad era cada vez más densa.
Entre sollozos y el sonido de sus huesos estallando por cada paso, se dejó caer en medio de las hojas secas. Durmió, mas no soñó, un parpadeo y ya era de día, los rayos de sol del amanecer lo cegaban y luego de limpiarse las lagañas continuo.


ciervo


Camino hasta que ya no quedaba energía en su cuerpo, sus extremidades no respondían, el sudor lo empapaba, la sangre le hervía y la boca se le partía como tierra seca.
Al crepúsculo llegó al final del bosque.
Entonces conoció la verdad.


pastor


No lo comprendía, no quería entenderlo.
El ciervo llegó a un claro, bajo los rayos crepusculares del sol, ovejas pastaban al son de la sincronía universal.
¿Eran las mismas ovejas que antes? No estaba seguro ¿Era el mismo claro? Aquel viajero podría haberlo jurado.
En medio de su nube de incertidumbre no pudo notar de dónde había salido aquel pastor. En sus manos, en vez de un cayado, llevaba una hoz. Miró fijo al ciervo pero este no podía ver su rostro, no era más que un haz de luz reflejada por el sol.
El pastor regresó la vista a las ovejas y comenzó


Muerte


El pastor alzo su hoz y empezó a cortar las cabezas de las ovejas, mas la sangre no salpicaba ni la hoja se manchaba. Fue selectivo, solo unas pocas recibieron el castigo, ninguna grito, ninguna se alarmó. Todas conocían el procedimiento, cada una sabía su destino. Los cuerpos se desvanecieron en la tierra, convirtiéndose casi al instante en nutrientes para la misma.
El viajero estaba paralizado, no sabía o no quería saber qué ocurría. Miro como el pastor se acercaba hacia él, sin poder moverse, sin escape, sin redención.


bosque


El pastor lo miro, acaricio su mollera, el ciervo trataba de mirarlo pero el temor lo invadió. Recordó entonces aquella figura y aquel susurro, lo reconoció al instante al oír las palabras sobre si: aún no.
Y la caricia ceso, no había nadie, solo ovejas y un bello claro por el que empezaba a caer la noche.
El ciervo trato de olvidar, trato de no pensar. Se encaminó otra vez al bosque, por un camino distinto, por una senda inexplorada.
Pero por mas que lo intentaba, por más que trataba de ignorarlo, en su cabeza aun lo oía.
Aún no.


ciervo


El ciervo camino, esta vez vago por mucho tiempo. Sobrevivió bebiendo el rocío de las hojas y comiendo las raíces tiernas de las árboles.
El viajero pasó mucho tiempo en el bosque, cada día se ponía mas débil, su cuerpo y mente sucumbían ante el agotamiento. Las visiones en las noches ya no le provocaba temor alguno, ya no les sorprendían, eran una parte normal de su rutina.


pastor


Casi al borde de la locura una mañana despertó muy tranquilo, a su lado vio que había alguien sentado de espaldas, con la mirada perdida como si solo esperara a que el ciervo despertara. El ser se levantó, se dio vuelta y le extendió la mano para ayudarlo. Al tocarlo sintió como si sus huesos se congelaran, sintió su alma en su pecho como si quisiera huir de ese plano físico, pero al mismo tiempo sintió paz.
El viajero se levantó y vio al desconocido a los ojos. Ninguno emitió una palabra, pero el lo sabia, sabia quien era ese ser.
Era la muerte.


Muerte


La muerte jamás le dirigió la palabra, solo lo acompañaba en silencio mientras oía sus historias. El viajero encontró en ella un soporte, recitándole sus pensamientos, sus vivencias, sus sueños y esperanzas.
El tiempo pasó, ya había olvidado por que se había marchado. Su cuerpo se había añejado y sucumbido ante la vejez.
Una mañana el ciervo logró llegar al final del bosque pero, nuevamente, se encontró el mismo claro, las ovejas y la misma escena.


bosque


El pastor otra vez se acercó al viajero pero este no temió en esta oportunidad. Mientras el pastor posaba su mano sobre la cabeza del ciervo, rascando su largo y descuidado pelo, miró sonriendo a la muerte, está lo reconoció y con un gesto de su cabeza se despidió, desintegrándose y fusionándose con el mismo aire.
El viajero esta vez decidió levantar la vista, vio de frente al pastor, pero aunque la verdad estaba frente a sus ojos a él ya no le importaba.
El pastor se esfumó otra vez y en el viento se oyó "es hora".


ciervo


El ciervo se mezcló entre las ovejas, se veía tan cansado, había huido por tanto tiempo. El hambre le retorcía las entrañas provocandole un inmenso dolor, mas ya estaba acostumbrado a sufrir, la moneda diaria de su vida.
Sucumbió a los deseos al igual que todos y pastó, pastó como si el césped fuera su elixir de la vida y lo era.
Cada trago que daba, cada mordida le hacía soltar una lágrima. Y en la tierra donde caía crecía mas césped, y siguió pastando sin poder saciar su hambre.


pastor


Y vio como algunas ovejas se iban. Y en el reflejo gastado del rocío del pasto frente a sus ojos, observo su rostro y se dio cuenta que el jamas fue un ciervo.
El viajero cesó su viaje, ahora sin objetivos solo buscaba la tranquilidad.
Y el pastor desde lo lejos, sintiendo las vibraciones de energía, vio repetirse la historia una y otra vez.


Muerte


En memoria de Lara...



Nunca te olvidaré


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