Ricardo Espalter Arrieta (Montevideo, Uruguay; 14 de abril de 1924 - Maldonado; 10 de marzo de 2007) fue un actor y humorista uruguayo de gran trayectoria. Su carrera en la actuación le llevó a cruzar a ambos lados del Río de la Plata, consagrándose con una vasta lista cinematográfica en Uruguay y Argentina.
Entre muchas cosas que logró en el humor siempre será recordado por su personaje de político "Pinchinatti", logró hacer reír a generaciones enteras, que se mofaban de los políticos y sus absurdas propuestas. Muchas personas llegaron a depositar en las urnas el voto para el famoso personaje cómico, algo que nunca habría ocurrido antes en la historia de las votaciones nacionales.
En 1989 Espalter formaba parte de Decalegrón, un programa humorístico producido por canal 10 que supo tener sus momentos de gloria hasta que empezó a derrapar por falta de guiones decentes y fue levantado 5 o 6 años atrás. 1989 era año electoral y a Espalter se le ocurrió crear un candidato a presidente, representante del Partido Unificado Tradicional (PUT).
Muchos interpretaron la creación como una parodia de Domingo Tortorelli*, pero la propia evolución del personaje hizo la diferencia: a Pinchinatti se lo empezó a tomar en serio. Con el correr de los meses, Pinchinatti empezó a tomar un vuelo que nadie, en especial su autor, podría haber imaginado. Con jingle y slogan ("Un hijo de pueblo" creados para la ocasión, Pinchinatti comenzó a convocar a pequeños actos en plazas céntricas que con el correr de las semanas incorporaban más y más gente. El fenómeno, que fue definido por el mismo Espalter como "una locura", fue analizado hasta el cansancio por politógos, sociológos y algún otro ogo más.
En una entrevista publicada en 2002 en La República, el actor contó que en aquel momento llegó a tener ocho psicólogos en su casa analizando la repercusión del personaje. Según Espalter, concluyeron que había "una enorme desilusión con los políticos" y que la aparición de "un padre de familia, honrado" generó la enorme adhesión pública al "putismo". Es muy común atribuir el éxito de los outsiders políticos al desencanto de los votantes con los políticos tradicionales, pero este caso en particular iba más allá de eso. Las elecciones de 1989 eran las segundas tras el fin de la dictadura en 1985, por lo que resulta difícil de creer que después de haber padecido 11 años de gobierno militar, los uruguayos se desilusionaran con sólo 5 de gobierno democrático; todavía en 1989 se respiraba algo de la euforia electoral desatada un lustro atrás. Los factores que llevaron al enaltecimiento de Pinchinatti fueron básicamente dos. Uno fue la propuesta lúdica planteada por Espalter: el desacartonamiento de la figura y la estructura política, con discursos armados sobre la base de un lenguaje llano y directo y accesibles para cualquiera que lo escuchara. El otro factor, seguramente el más importante, era la credibilidad generada por el mismo Espalter.
Unos meses antes, el actor había declarado públicamente su adhesión al "voto verde" para derogar la nefasta Ley de Caducidad, que terminó siendo aprobada en abril de 1989 por el 57% de los votantes. Cuando surgió Pinchinatti, muchos recordaron el compromiso de su creador con aquella campaña, que aunque le valió un buen rato de amenazas a su vida y la de su familia, lo hizo más creíble por aquello de que a veces cuesta diferenciar persona de personaje. En la entrevista citada, Espalter confesó que, amparado tras el escudo del PUT, aprovechaba sus discursos públicos para colar ideas propias: "me las arreglaba para decir que 'cuando sea Presidente, esta plaza volverá a ser lo que fue. Va a estar iluminada, no habrá ladrones, la gente estará contenta. Cuando la gente está feliz no roba. Y además voy a solucionar el problema de las sirvientas que trabajan en Punta del Este y después los patrones se van sin pagarles' y la gente se moría."
Paradójicamente, la muerte política de Pinchinatti se concretó a los pocos días de un masivo acto que tuvo lugar en el Palacio Peñarol, a pocas semanas de las elecciones nacionales. Las autoridades del canal lo tenían en la mira: Espalter nunca ocultó que muchas veces, al regreso de sus arengas en las plazas, lo llamaban "de arriba" para reprocharle algo que había dicho. Presionados o temerosos de la bola que se les estaba yendo de las manos, los directivos decidieron proscribir al personaje, que surgió nuevamente diez años después, sin la cuarta parte de gloria que supo vivir en su nacimiento.
Entrevista realmente interesante sobre pinchinatti:
Acto en el palacio peñarol:
Cierre de campaña:
Spot publicitario:
Entre muchas cosas que logró en el humor siempre será recordado por su personaje de político "Pinchinatti", logró hacer reír a generaciones enteras, que se mofaban de los políticos y sus absurdas propuestas. Muchas personas llegaron a depositar en las urnas el voto para el famoso personaje cómico, algo que nunca habría ocurrido antes en la historia de las votaciones nacionales.
En 1989 Espalter formaba parte de Decalegrón, un programa humorístico producido por canal 10 que supo tener sus momentos de gloria hasta que empezó a derrapar por falta de guiones decentes y fue levantado 5 o 6 años atrás. 1989 era año electoral y a Espalter se le ocurrió crear un candidato a presidente, representante del Partido Unificado Tradicional (PUT).
Muchos interpretaron la creación como una parodia de Domingo Tortorelli*, pero la propia evolución del personaje hizo la diferencia: a Pinchinatti se lo empezó a tomar en serio. Con el correr de los meses, Pinchinatti empezó a tomar un vuelo que nadie, en especial su autor, podría haber imaginado. Con jingle y slogan ("Un hijo de pueblo" creados para la ocasión, Pinchinatti comenzó a convocar a pequeños actos en plazas céntricas que con el correr de las semanas incorporaban más y más gente. El fenómeno, que fue definido por el mismo Espalter como "una locura", fue analizado hasta el cansancio por politógos, sociológos y algún otro ogo más.
En una entrevista publicada en 2002 en La República, el actor contó que en aquel momento llegó a tener ocho psicólogos en su casa analizando la repercusión del personaje. Según Espalter, concluyeron que había "una enorme desilusión con los políticos" y que la aparición de "un padre de familia, honrado" generó la enorme adhesión pública al "putismo". Es muy común atribuir el éxito de los outsiders políticos al desencanto de los votantes con los políticos tradicionales, pero este caso en particular iba más allá de eso. Las elecciones de 1989 eran las segundas tras el fin de la dictadura en 1985, por lo que resulta difícil de creer que después de haber padecido 11 años de gobierno militar, los uruguayos se desilusionaran con sólo 5 de gobierno democrático; todavía en 1989 se respiraba algo de la euforia electoral desatada un lustro atrás. Los factores que llevaron al enaltecimiento de Pinchinatti fueron básicamente dos. Uno fue la propuesta lúdica planteada por Espalter: el desacartonamiento de la figura y la estructura política, con discursos armados sobre la base de un lenguaje llano y directo y accesibles para cualquiera que lo escuchara. El otro factor, seguramente el más importante, era la credibilidad generada por el mismo Espalter.
Unos meses antes, el actor había declarado públicamente su adhesión al "voto verde" para derogar la nefasta Ley de Caducidad, que terminó siendo aprobada en abril de 1989 por el 57% de los votantes. Cuando surgió Pinchinatti, muchos recordaron el compromiso de su creador con aquella campaña, que aunque le valió un buen rato de amenazas a su vida y la de su familia, lo hizo más creíble por aquello de que a veces cuesta diferenciar persona de personaje. En la entrevista citada, Espalter confesó que, amparado tras el escudo del PUT, aprovechaba sus discursos públicos para colar ideas propias: "me las arreglaba para decir que 'cuando sea Presidente, esta plaza volverá a ser lo que fue. Va a estar iluminada, no habrá ladrones, la gente estará contenta. Cuando la gente está feliz no roba. Y además voy a solucionar el problema de las sirvientas que trabajan en Punta del Este y después los patrones se van sin pagarles' y la gente se moría."
Paradójicamente, la muerte política de Pinchinatti se concretó a los pocos días de un masivo acto que tuvo lugar en el Palacio Peñarol, a pocas semanas de las elecciones nacionales. Las autoridades del canal lo tenían en la mira: Espalter nunca ocultó que muchas veces, al regreso de sus arengas en las plazas, lo llamaban "de arriba" para reprocharle algo que había dicho. Presionados o temerosos de la bola que se les estaba yendo de las manos, los directivos decidieron proscribir al personaje, que surgió nuevamente diez años después, sin la cuarta parte de gloria que supo vivir en su nacimiento.
Entrevista realmente interesante sobre pinchinatti:
Acto en el palacio peñarol:
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