BUENOS AIRES IMPERIAL
Las Colonias de la Reina… del Plata
Cuando Buenos Aires era sede del Virreinato del Río de la Plata
llegó a tener bajo su dominio una pequeña porción de áfrica continental y a dos islas del golfo de Guinea,
hoy paupérrimas y atrasadas.Su idioma sigue siendo el español.Hubieran sido puntos estratégicos claves
para el control del Atlántico.
“Hay una historia increíble y olvidada. La de nuestras colonias africanas. O, mejor dicho, los territorios de África sobre los que el virrey del Río de la Plata tenía soberanía. Es un hecho poco conocido que el Virreinato del Río de la Plata, constituido en 1776 con sede en Buenos Aires, además de los territorios continentales e insulares que hoy ocupan la Argentina Uruguay, Bolivia, Paraguay y, Gran Bretaña, tuvo colonias en el continente africano.
A finales del siglo XVIII se había despertado en Europa un fuerte interés por el continente negro. El imperio español, decadente pero aún ambicioso, deseaba extenderse en el África. Así fue como, en el Tratado de San Ildefonso, suscripto con Portugal en octubre de 1777, la corona española recibe de su vecina ibérica las islas de Annabón y Fernando Poo, en el golfo de Guinea, costa occidental del África ecuatorial.
El recientemente designado virrey del Río de la Plata, teniente general don Pedro de Cevallos, fue encargado, en 1778, de tomar posesión y administrar desde Buenos Aires la nueva colonia de la corona de Castilla. El conde Argelejo, brigadier de los reales ejércitos, es enviado desde Buenos Aires a tomar posesión de las nuevas tierras, transferidas con sus habitantes.
A la conquista ecuatorial
Argelejo, entusiasmado con las perspectivas de la nueva colonia – recordemos que el tráfico de es-clavos era el principal comercio en el Atlántico Sur en aquella época –, y luego de una breve escala en Montevideo, llega a la isla Príncipe en septiembre de ese mismo año. Allí, sin alcanzar su objetivo, fallece víctima de la malaria, enfermedad que había protegido durante siglos al África ecuatorial de las ambiciones europeas.
La falta de resistencia de los europeos a la malaria fue precisa-mente la circunstancia que impidió la colonización de África occidental hasta mediados del siglo XIX. Sólo el descubrimiento de la quinina permitió en forma tardía la exploración y colonización de África por las potencias europeas.
El segundo comandante de la expedición, teniente coronel don Joaquín Primo de Rivera, no se dejó amilanar por las difíciles circunstancias y prosiguió con la empresa encomendada por el virrey porteño. Así fue como en diciembre de 1778 tomó posesión de la isla Fernando Poo para la corona de Castilla y el Virreinato del Río de la Plata.
La novel colonia fue administrada por décadas desde Buenos Aires, en una forma similar a como se administraban las islas Malvinas, hasta que con motivo de las guerras napoleónicas fue abandonada. La independencia de Buenos Aires significó el olvido de las colonias en Malvinas y en Fernando Poo.
Gran Bretaña había decidido ocupar el enorme vacío del Atlántico sur en una acción que en pocos años la llevaría a adueñarse de Sudáfrica, las islas Malvinas, las islas Georgias, Tristán de Acuña y Ascensión. El primer paso ya se había dado con la isla de Santa Elena, adonde Napoleón fue enviado a su exilio terminal. El segundo paso, y un prenuncio de la posterior ocupación de las islas Malvinas (a la que Buenos Aires tampoco reaccionó en forma efectiva) fue la ocupación militar de Fernando Poo en 1827. Dicha ocupación fue ignorada por los porteños, que se habían olvidado de sus posesiones africanas.
La reocupación
La real ordenanza que ponía a las islas bajo la órbita de Buenos Aires nunca fue derogada. Sin embargo, el imperio español, que aún ambicionaba la recuperación de sus colonias americanas, reocupó las islas en 1843 mediante una expedición al mando del capitán Juan José Llerena. Tal afirmación de soberanía fue concretada por la expedición del capitán Chacón, en 1858 que ratificó la soberanía española hasta que en 1968 se independizó con el nombre de República de Guinea Ecuatorial.
Guinea Ecuatorial, ubicada en el golfo de Guinea, en la costa atlántica de África, pocos grados al norte del Ecuador, entre Camerún y Gabón, al norte del Congo, es actualmente un pequeño país tropical pobre y atrasado. Su capital es la población de Malabo, en la isla de Bioko, que tiene aproximadamente 320.000 habitantes y un ingreso per cápita inferior a 300 dólares anuales.
Se hace difícil recrear la imagen de una Buenos Aires metrópoli virreinal con colonias en el África. Pero no sólo fue así, sino que durante varios años el Virreinato del Río de la Plata tuvo la fuerza naval y militar más importante del Atlántico Sur.
En esos años (1778-1805) las islas Malvinas estaban firmemente controladas por Buenos Aires, mientras que la ocupación británica del Atlántico Sur apenas se iniciaba con la ocupación de Ciudad del Cabo, en 1804; la isla Ascensión, en 1805; las frustradas invasiones al Río de la Plata (1806-1807); la ocupación de las islas Malvinas, en 1833, y, posteriormente, la casi totalidad de las islas del Atlántico Sur, que incluyen las Georgias, las Sandwich y Gough.
A partir de 1982, la posición de Gran Bretaña en el Atlántico Sur se consolidó con su victoria en la Guerra de las Malvinas y con el establecimiento de la base aeronaval más importante de la región, en Mount Pleasant.
Olvido y sin rastros
Buenos Aires, por su parte, no sólo perdió hasta los rastros históricos de sus aventuras africanas, sino que la única isla que ocupa en el Atlántico Sur – la de los Estados –, está completamente abandonada. Esta isla no sólo ocupa un lugar estratégico de singular importancia, sino que además tiene un clima mucho más benigno que el de las Malvinas, lo que permite el crecimiento de árboles y abundante vegetación.
No obstante, en franco contraste con las actividades británicas en las Malvinas, está deshabitada, a excepción de una pequeña guarnición no permanente. ¿Su personal? Sólo cuatro suboficiales de la Armada.”
Las Colonias de la Reina… del Plata
Cuando Buenos Aires era sede del Virreinato del Río de la Plata
llegó a tener bajo su dominio una pequeña porción de áfrica continental y a dos islas del golfo de Guinea,
hoy paupérrimas y atrasadas.Su idioma sigue siendo el español.Hubieran sido puntos estratégicos claves
para el control del Atlántico.
“Hay una historia increíble y olvidada. La de nuestras colonias africanas. O, mejor dicho, los territorios de África sobre los que el virrey del Río de la Plata tenía soberanía. Es un hecho poco conocido que el Virreinato del Río de la Plata, constituido en 1776 con sede en Buenos Aires, además de los territorios continentales e insulares que hoy ocupan la Argentina Uruguay, Bolivia, Paraguay y, Gran Bretaña, tuvo colonias en el continente africano.
A finales del siglo XVIII se había despertado en Europa un fuerte interés por el continente negro. El imperio español, decadente pero aún ambicioso, deseaba extenderse en el África. Así fue como, en el Tratado de San Ildefonso, suscripto con Portugal en octubre de 1777, la corona española recibe de su vecina ibérica las islas de Annabón y Fernando Poo, en el golfo de Guinea, costa occidental del África ecuatorial.
El recientemente designado virrey del Río de la Plata, teniente general don Pedro de Cevallos, fue encargado, en 1778, de tomar posesión y administrar desde Buenos Aires la nueva colonia de la corona de Castilla. El conde Argelejo, brigadier de los reales ejércitos, es enviado desde Buenos Aires a tomar posesión de las nuevas tierras, transferidas con sus habitantes.
A la conquista ecuatorial
Argelejo, entusiasmado con las perspectivas de la nueva colonia – recordemos que el tráfico de es-clavos era el principal comercio en el Atlántico Sur en aquella época –, y luego de una breve escala en Montevideo, llega a la isla Príncipe en septiembre de ese mismo año. Allí, sin alcanzar su objetivo, fallece víctima de la malaria, enfermedad que había protegido durante siglos al África ecuatorial de las ambiciones europeas.
La falta de resistencia de los europeos a la malaria fue precisa-mente la circunstancia que impidió la colonización de África occidental hasta mediados del siglo XIX. Sólo el descubrimiento de la quinina permitió en forma tardía la exploración y colonización de África por las potencias europeas.
El segundo comandante de la expedición, teniente coronel don Joaquín Primo de Rivera, no se dejó amilanar por las difíciles circunstancias y prosiguió con la empresa encomendada por el virrey porteño. Así fue como en diciembre de 1778 tomó posesión de la isla Fernando Poo para la corona de Castilla y el Virreinato del Río de la Plata.
La novel colonia fue administrada por décadas desde Buenos Aires, en una forma similar a como se administraban las islas Malvinas, hasta que con motivo de las guerras napoleónicas fue abandonada. La independencia de Buenos Aires significó el olvido de las colonias en Malvinas y en Fernando Poo.
Gran Bretaña había decidido ocupar el enorme vacío del Atlántico sur en una acción que en pocos años la llevaría a adueñarse de Sudáfrica, las islas Malvinas, las islas Georgias, Tristán de Acuña y Ascensión. El primer paso ya se había dado con la isla de Santa Elena, adonde Napoleón fue enviado a su exilio terminal. El segundo paso, y un prenuncio de la posterior ocupación de las islas Malvinas (a la que Buenos Aires tampoco reaccionó en forma efectiva) fue la ocupación militar de Fernando Poo en 1827. Dicha ocupación fue ignorada por los porteños, que se habían olvidado de sus posesiones africanas.
La reocupación
La real ordenanza que ponía a las islas bajo la órbita de Buenos Aires nunca fue derogada. Sin embargo, el imperio español, que aún ambicionaba la recuperación de sus colonias americanas, reocupó las islas en 1843 mediante una expedición al mando del capitán Juan José Llerena. Tal afirmación de soberanía fue concretada por la expedición del capitán Chacón, en 1858 que ratificó la soberanía española hasta que en 1968 se independizó con el nombre de República de Guinea Ecuatorial.
Guinea Ecuatorial, ubicada en el golfo de Guinea, en la costa atlántica de África, pocos grados al norte del Ecuador, entre Camerún y Gabón, al norte del Congo, es actualmente un pequeño país tropical pobre y atrasado. Su capital es la población de Malabo, en la isla de Bioko, que tiene aproximadamente 320.000 habitantes y un ingreso per cápita inferior a 300 dólares anuales.
Se hace difícil recrear la imagen de una Buenos Aires metrópoli virreinal con colonias en el África. Pero no sólo fue así, sino que durante varios años el Virreinato del Río de la Plata tuvo la fuerza naval y militar más importante del Atlántico Sur.
En esos años (1778-1805) las islas Malvinas estaban firmemente controladas por Buenos Aires, mientras que la ocupación británica del Atlántico Sur apenas se iniciaba con la ocupación de Ciudad del Cabo, en 1804; la isla Ascensión, en 1805; las frustradas invasiones al Río de la Plata (1806-1807); la ocupación de las islas Malvinas, en 1833, y, posteriormente, la casi totalidad de las islas del Atlántico Sur, que incluyen las Georgias, las Sandwich y Gough.
A partir de 1982, la posición de Gran Bretaña en el Atlántico Sur se consolidó con su victoria en la Guerra de las Malvinas y con el establecimiento de la base aeronaval más importante de la región, en Mount Pleasant.
Olvido y sin rastros
Buenos Aires, por su parte, no sólo perdió hasta los rastros históricos de sus aventuras africanas, sino que la única isla que ocupa en el Atlántico Sur – la de los Estados –, está completamente abandonada. Esta isla no sólo ocupa un lugar estratégico de singular importancia, sino que además tiene un clima mucho más benigno que el de las Malvinas, lo que permite el crecimiento de árboles y abundante vegetación.
No obstante, en franco contraste con las actividades británicas en las Malvinas, está deshabitada, a excepción de una pequeña guarnición no permanente. ¿Su personal? Sólo cuatro suboficiales de la Armada.”