InicioParanormalBraulio y sus amiguitos
Esta es la historia de Braulio. Braulio era un pibe común, adolescente, gordo, de barrio, como vos, como yo, como tu vieja, pero él tenía un pequeño problema. Braulio coleccionaba homúnculos, sí, homunculos, fetos en conserva que intervenía químicamente, permitiendoles crecer amorfamente y evolucionar.



Una tarde de verano, calurosa y muy pegajosa, Braulio comía un estofado de pollo mientras observaba al pequeño "Matute", un audas embrión que sobresalía del resto. Este, a diferencia de sus compañeritos, podía emitir gemidos pequeños.



El departamento de Braulio daba a la avenida, era apretado pero tenia una pobre ventana, la que rara vez abría, excepto cuando su vecina del piso de arriba, la señora Abelarda Montañares de 61 añitos, se vestía de hada de los dientes y bajaba por la ventana a practicarle una larga sesión de tirada de cuerito y le curaba el empacho. Después se iba.



Esa misma noche de calor, la habitación de Braulio expelía un hedor caliente y putrefacto, los gases que emanaban los químicos que mantenían a sus homunculos con vida se mezclaban con el olor a tuco del estofado del mediodía y el aire caliente acumulado durante todo el día.



Matute, que emitía soniditos vergonzosos, empezó a querer comunicarse con Braulio. Este se acercó y oyó: "¿Dónde esta mi cordón umbilical?"



Braulio saltó de la silla en la que pasaba horas sentado, agarro un balde oxidado y comenzó a vomitar el estofado de pollo . Primero largó las zanahorias, luego el zapallito y después vino la carne blanca. Sería por el calor o por la sorpresa?




Matute tomó más fuerza y comenzó a gritar "¿Dónde está mi cordón umbilical campeón?" mientras con sus pequeñas manitos subia por el frasco.



Braulio sudaba, se le caían los mocos y todavía le quedaban algunos trocitos de zanahoria en el pelo, pero alcanzó a exclamar: "Está en el armario, lo extirpé de tu ombligo porque ahora podés alimentarte vos solito"



Matute no escuchaba y se veía enojado, al parecer le habían arrebatado algo preciado. Seguía subiendo por el frasco que lo contenía.

En ese momento, Braulio consideró matarlo con la cuchara sopera que estaba en el piso, llena de estofado. Sería una muerte rápida y sin dolor, si no fuese porque es una puta cuchara sopera.



Matute saltó del frasco. Se reincorporó rápidamente y sintiendose extraño, comenzó a sentir un dolor en su abdomen. Braulio observaba totalmente perplejo, con un terror inhumano y con cierto orgullo modesto sobre su creación.



Al pequeño homúnculo de color amarillento y pálido, le brotaron dos pequeños testículos, seguidos de un miembro reproductor. Esto podría haber sido un evento común y corriente si de un vientre materno se tratase, pero estamos hablando de un feto que puede
dialogar, caminar y vivir dentro de ácido.



Lo peor estaba por venir, Matute parecía dirigirse hacia Braulio pero en ese momento se detuvo, y giro hacia el costado. Caminó por toda la mesa observando los distintos frascos, hasta que uno le llamó la atención.



Comenzó a subir por el recipiente de vidrio mientras preguntaba por su cordón umbilical. Braulio tomó la decisión de matarlo. Tomó la cuchara sopera que expelía un asqueroso olor a tuco fermentado y corrió hacia la mesa.



-Toc, toc. Un golpecito en la ventana. Abelarda venía a hacer su trabajo de todas las noches.
Si Abelarda observaba todo el panorama, sería el fin.
Braulio sacó las sábanas de su cama y cubrió toda la mesa con ella, ocultando a sus amiguitos.
Abrió la ventana y allí estaba, erótica, sensual y con el centímetro en la mano. Abelarda.



-Hoy no va a poder ser. Le dijo con voz esquizofrénica y pausada.
-Pero me puse toda linda para curar esa panzuchis, y te traje sanguchitos de mortadela.
-No, hoy no se puede. Braulio no tiene ganas. Braulio se va a la cama.



La mujer vió la cama y noto que faltaban las sábanas. Miró con extrañeza hacia la mesa y las vió encima. -¿Qué me estás ocultando Braulio? ¿y por qué estás con un cucharón sopero en la mano?

Braulio estaba al borde de la locura, pensó en empujar a la mujer de la ventana pero todo se agravaría aún más. En ese momento, el cielo estrellado se cubrió de nubes negras, y una brisa de tormenta azotó la ciudad. La pollera de Abelarda ondeaba cual Marilyn Monroe, y las sábanas de Braulio cayeron de la mesa.



La situación que se presentó fue horrorosa, perturbadora. El frasco al que había subido matute se había caido. El líquido pegajozo chorreaba en el suelo. Y allí estaban: Dos homúnculos manteniendo relaciones sexuales desenfrenadamente.

Matute se meneaba con elegancia sobre la hembra que tanto le había llamado la atención,
al grito de "Dónde está mi cordón umbilical!!!"



Abelarda y Braulio se miraron confundidos, la psicótica escena estaba envuelta en una atmósfera de horror y erotismo, lo que los condujo a besarse apasionadamente. Un viento fuerte cerró la ventana, y de ahí en más, no pude saber más nada.

turbio


La ventana nunca más se abrió y yo no pude continuar el seguimiento de esta turbia historia.
Lo último que recuerdo, es que vendí mis vinoculares y me compré un cucharón sopero, con el que preparé un estofado de pollo en honor a Braulio. Mientras lo estaba comiendo noté un sabor extraño, algo chicloso pero no tan difícil de digerir. Era un cordón umbilical.

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