Me despierto a la mañana e inmediatamente me entero, por medio de la TV, que quien había sido por largo tiempo la Premier británica, había fallecido.
Inmediatamente recordé la situación de Malvinas, por un lado sentí una especie de orgullo nacionalista pero, por otro, no me regocijé por una cuestión obvia: es un ser humano.
En Internet me encontré con la opinión de un reconocido Doctor, con gran prestigio en nuestro país, en la que expresaba su felicidad por "sentirse libre" ahora que Thatcher había muerto. Me decepcionó que se haya rebajado a tal nivel inhumano.
Sin duda, fue una mujer con convicción y muy terca, de una política muy firme respecto a sus decisiones. Leí un poco su biografía: proveniente de una modesta familia, estudió Química en Oxford y luego se adentró en la política. En unos pocos años ya ocupaba cargos en el partido conservador de su país. Fue, durante su mandanto, una mujer muy liberal: proponía que el Estado no debería interferir tanto en la economía, quitó gran parte de la ayuda social (ordenó que se dejen de repartir las cajas de leche a gente necesitada, por ejemplo).
En 1982 se enfrentó a lo que fue para nosotros, los argentinos, la etiqueta de esta mujer: decidió enviar tropas a Malvinas cuando se enteró que habíamos recuperado las Georgias. Contradiciendo todo asesoramiento, se mantuvo firme y logró recuperlas y así llamarlas "Falklands Islas". En el trayecto de este suceso hundió uno de los grandes nuestros, el Belgrano, quien se encontrara fuera del territorio en conflicto. Al ser interrogada por qué lo había hecho, ella aseguró que "debía proteger sus naves y sus tropas, y el Belgrano representaba un gran peligro para ambas".
Mi cuestionamiento va encarado por el lado humano; ¿debemos alegrarnos por la noticia?, ¿debemos celebrar que haya muerto un humano, por haber sido la pantalla visible inglesa en pleno conflicto?, ¿debe ir la política más allá de lo humano? A mi parecer, no: no debemos alegrarnos por la muerte de un semejante, mucho menos celebrarla. La política está pensada para la gente, pero para su bienestar y no con frialdad.
Inmediatamente recordé la situación de Malvinas, por un lado sentí una especie de orgullo nacionalista pero, por otro, no me regocijé por una cuestión obvia: es un ser humano.
En Internet me encontré con la opinión de un reconocido Doctor, con gran prestigio en nuestro país, en la que expresaba su felicidad por "sentirse libre" ahora que Thatcher había muerto. Me decepcionó que se haya rebajado a tal nivel inhumano.
Sin duda, fue una mujer con convicción y muy terca, de una política muy firme respecto a sus decisiones. Leí un poco su biografía: proveniente de una modesta familia, estudió Química en Oxford y luego se adentró en la política. En unos pocos años ya ocupaba cargos en el partido conservador de su país. Fue, durante su mandanto, una mujer muy liberal: proponía que el Estado no debería interferir tanto en la economía, quitó gran parte de la ayuda social (ordenó que se dejen de repartir las cajas de leche a gente necesitada, por ejemplo).
En 1982 se enfrentó a lo que fue para nosotros, los argentinos, la etiqueta de esta mujer: decidió enviar tropas a Malvinas cuando se enteró que habíamos recuperado las Georgias. Contradiciendo todo asesoramiento, se mantuvo firme y logró recuperlas y así llamarlas "Falklands Islas". En el trayecto de este suceso hundió uno de los grandes nuestros, el Belgrano, quien se encontrara fuera del territorio en conflicto. Al ser interrogada por qué lo había hecho, ella aseguró que "debía proteger sus naves y sus tropas, y el Belgrano representaba un gran peligro para ambas".
Mi cuestionamiento va encarado por el lado humano; ¿debemos alegrarnos por la noticia?, ¿debemos celebrar que haya muerto un humano, por haber sido la pantalla visible inglesa en pleno conflicto?, ¿debe ir la política más allá de lo humano? A mi parecer, no: no debemos alegrarnos por la muerte de un semejante, mucho menos celebrarla. La política está pensada para la gente, pero para su bienestar y no con frialdad.