El párrafo es una recopilación de lo más granado del folklore callejero y barrial, del pensamiento de muchos de los habitantes de este suelo cuya Consitución, en el artículo 16, reza: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad, la igualdad en la base del impuesto y de las cargas públicas”.
A pesar del artículo, la discriminación arrecia, aquí y en el mundo. Los cibercaballos de la globalización clavaron los dientes hasta el hueso en el cascote que habitamos y si el uniforme de lo igual y parecido tranquiliza, la cara distinta, las costumbres diferentes, los raros peinados nuevos, matan de miedo.
-La discriminación es peor ahora que hace diez, quince años -dice Víctor Ramos-, porque los conflictos en el mundo son étnicos, raciales, religiosos, migratorios, frente a la nacionalización surgen el nacionalismo, la tribalización.
Ser boliviano, ser chileno, ser paraguayo, ser peruano, puede ser una experiencia de alto riesgo. Los inmigrantes de los países limítrofes son un blanco débil delicioso para los dardos de los prejuicios más crueles. Víctor Ramos se agarra la cabeza. Recuerda que el primer presidente argentino (en realidad, el presidente de la Primera Junta de Gobierno) fue boliviano: Cornelio Saavedra.
-El argumento común es que vienen acá a quitarnos el trabajo a los argentinos, cuando en realidad estos inmigrantes sólo ocupan un uno por ciento de puestos de trabajo que, además, son rechazados por argentinos.
Los DD.HH. de los Migrantes y los Pueblos Originarios, hoy están siendo liquidados.
Se rasgan las vestiduras, se cubren al estilo bíblico la cabeza con cenizas, (a falta de cenizas, con palabras y tinta impresa, vaciadas de contenido) y claman a los cuatro vientos las barbaridades xenofóbicas del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sobre los bolivianos, peruanos y paraguayos, a quienes les achacan los males de la ciudad y ser los ocupa de Villa Soldati.
Aquellos que discriminan, implantan la xenofobia y la discriminación, son esclavos de sí mismos y del sistema de dominación; les falta dignidad y grandeza de reconocer al otro y a la otra como un igual y con los mismos derechos en la Patria Grande.
Aunque se sabe y las personas se acostumbraron a convivir en una sociedad con rasgos discriminadores y xenófobos, un estudio del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) midió y dio a conocer un mapa que permite entender más el “cuánto, cómo, dónde y quiénes” son las víctimas de este flagelo mundial que se ha acentuado en los últimos años con características propias.
El INADI destacó en un informe reciente que siete de cada diez argentinos tienen actitudes o pensamientos discriminatorios.
Estos son los resultados arrojados en una investigación que se realizó durante dieciocho meses en todo el país para conformar el primer “Mapa de la discriminación” de la Argentina. Otro dato más que preocupante, es que el 70 por ciento de la sociedad tuvo alguna vez pensamientos o prácticas discriminatorias, es decir: siete de cada diez argentinos discriminaron alguna vez.