Las innumerables pruebas que se recolectaron en el juicio demuestran la responsabilidad necesaria del Estado, la patronal y la burocracia sindical. El crimen de Mariano Ferreyra es un crimen político contra la clase obrera y se enmarca en la lucha de clases. Pero esto implica que la Justicia sólo puede estar de un lado. Si los jueces reconocieran la existencia de un crimen político contra los trabajadores, se verían obligados a reconocer el carácter de clase de la in-justicia, es decir, que la llamada igualdad jurídica es un velo.
Pero el fallo corta la responsabilidad política del Estado. En vez de que la condena fuera la conclusión de un análisis, el análisis aparece como la justificación forzada de una condena. Citaron a Zaffaroni para defender que no existe la instigación en cadena, cuando en realidad Zaffaroni la contempla. La pena extremadamente baja al jefe de la Dirección de Operaciones de la Policía Federal deja en claro el interés en despegar a la cúpula policial de la acción político-criminal, así como a la cúpula política de la responsabilidad de la policía, para que no se pueda llegar a quien dio la orden de liberar la zona. Tampoco se hace mención de las 200 licencias que otorgó el grupo empresarial Ugofe, la pata empresaria del gobierno, para que se constituyera la patota. El reclamo de los tercerizados de pasar a planta tocaba de lleno los negocios de Ugofe.
El fallo expresa el interés político de la burguesía de defender sus intereses sociales. Nuestra lucha no se agota en ninguna instancia y atraviesa a todas las clases con todos los medios que dispongamos. Lo que llevó a la cárcel a Pedraza no fueron los retorcidos fundamentos de los jueces (estos argumentos prueban, por el contrario, el afán de impunidad), sino la enorme lucha política que libramos a lo largo del país.
El agotamiento de la burocracia sindical, hoy ella misma empresaria, para arbitrar como lo venía haciendo entre trabajadores y patronales, y el desarrollo de un activismo creciente en todo el país que ha llevado a la victoria de más y más comisiones internas con listas antiburocráticas. Pero, a su vez, la misma juventud trabajadora, golpeada por la tercerización y la precarización laboral, se organiza por el pase a planta permanente contra los mismos sindicatos que, junto al Ministerio de Trabajo y las empresas, intentan mantenerlos fuera de convenio. Crece una identidad antiburocrática entre los trabajadores, o sea una forma embrionaria de la conciencia de clase, que se desarrollará a través de la fusión de los trabajadores con la izquierda revolucionaria.
(correo de lectores)
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