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La erótica muerte de Fernando el Católico

Info6/23/2013









El 25 de noviembre de 1504 murió en Medina del Campo Isabel la Católica y el mismo día se encargó su viudo, Fernando, de la regencia de Castilla, de cuya corona había sido designada heredera su hija Juana. El Católico renunció al uso del título de rey de Castilla y tuvo inmediata conciencia de que un poderoso grupo nobiliario ponía sus esperanzas en la llegada del archiduque Felipe el Hermoso. Se repiten los títulos y los apellidos de las mismas gentes a as que hemos visto alborotar el país en reinados anteriores, y en concretísimo, figuran en la pandilla los perjudicados por la cancelación de las pródigas y frívolas donaciones efectuadas antaño a expensas del erario público.

En esta conspiración se entreveraron en seguida elementos extranjeros, como seguramente hubiera ocurrido también aunque el Hermoso no fuera parte integrante de ella y no llevase consigo la firma en blanco del emperador, su padre. Para desalojar a don Fernando de Castilla, este grupo se buscó la solidaridad con Francia. El emperador daba a su rey, Luis XII, la investidura del ducado de Milán y le ofrecía también vía libre para la conquista de Nápoles.




Es conocida la aguda y atrevida reacción de Fernando el Católico. En breve tiempo pactó su matrimonio con Germana de Foix, sobrina del rey de Francia, y el 18 de octubre de 1505 lo celebró por poderes. Los tratos previos eran bastante más gravosos para nuestro rey de lo que estaba acostumbrado a firmar, y daban a los franceses más dinero y más oportunidades de lo razonable. Hay que valorar, sin embargo, el acorralamiento en que el Hermoso y sus amigos de la nobleza castellana habían querido colocar a Fernando. Ballesteros sentencia:"Se trata de un casamiento producido por la razón de Estado. No procedió de ninguna inclinación hacia aquella princesa ostentosa, frívola, coja, sin excesivos atractivos, gran comedora y con marcadas tendencias a la obesidad".

Estas escasas gracias de su consortre y el peso de los años y de las fatigas inspiraron a Don Fernando la malhada idea de buscar en la farmacopea algún auxilio para sus facultades eróticas. Por lo demás, al rey, colérico por tantas ingratitudes y descortesías como estaba recibiendo, nada le habría divertido más que tener un hijo, legarle la Corona de Aragón y presenciar desde el cielo como el Hermoso llevaba Castilla a la ruina. En 1509, doña Germana parió un niño y, aunque sólo vivió unas horas, el mundo había temblado.






Los cronistas Anglería y Galíndez de Carvajal refieren que para conseguir de nuevo este efecto, el rey acudió al remedio popular de tomar un cocimiento de testículos de toro, en cuya eficacia tenían puestas todas las esperanzas, tanto don Fernando como su esposa. El preparado surtió un resultado adverso, puesto que el rey pasó a mejor vida. Era el 23 de enero de 1516. Un adivino había anunciado muchos años antes que don Fernando moriría en Madrigal (donde había nacido doña Isabel) y él se guardó muy mucho de poner nunca los pies allí. El lugar donde falleció se llama Madrigalejo.

Pedro Voltes. Historia inaudita de España.






y porque hoy estoy de buenas consegui otra anecdota de este curioso rey español


El hombre que quiso matar al Rey Fernando el Católico







les contaré lo que le ocurrió a un tal Joan de Canyamars que quiso matar al rey.

Por lo que parece, Joan de Canyamars era un payés de una aldea llamada Canyamars (hoy en día forma parte del Vendrell) que no estaba de acuerdo con la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486) dictada por Fernando el Católico para acabar con las Guerras de las remensas, que tantos dolores de cabeza le traían.

Para quien no conozca las remensas les diré que fueron una serie de revueltas de los campesinos contra las presiones y maltratos a las que eran sometidos por parte de sus señores feudales.

La Sentencia de Guadalupe fue aceptada por ambas partes (campesinos y señores feudales) y sirvió para terminar con los abusos y malos tratos a los payeses a cambio de un pago a los señores feudales, obligatorio para todos los campesinos.

Por lo que parece, al tal Joan no le gustaba la Sentencia y no quería pagarle nada a su señor ni tampoco recibir presiones de ningún tipo. Y como el responsable de la sentencia era el rey, la tomó con él y decidió asesinarle.

El día propicio para llevar a cabo su plan era el 7 de diciembre de 1492, ya que Fernando el Católico se encontraba en Barcelona para asistir a varias causas judiciales. Cuando el rey terminó con las tareas propias de su cargo, se dirigió desde la catedral hacia sus estancias en el Palau Reial Major (en la Plaça del Rei) acompañado de su séquito. Justo ahí apareció Joan de Canyamars armado con una daga con la que le asestó una puñalada en el cuello mientras gritaba “¡Devuelveme la corona, que es mía!”.





Inmediatamente, los guardias reales saltaron sobre el agresor y no lo mataron allí mismo porque el rey se lo impidió. Prefirió dejarlo en manos de la terrible Inquisición, que lo condenó a muerte por intento de asesinato (referente al Tribunal de la Inquisición, debo decir que su sede estaba en el lugar donde ahora se encuentra el Museu Marés, en la Plaza St. Iu).




El pobre Joan fue detenido y torturado durante cinco días y, posteriormente, condenado a muerte. En este tiempo lo único que consiguieron hacerle confesar era que quería matar al rey porque pensaba que él lo sustituiría en el cargo. Una excusa como cualquier otra para que lo dejasen en paz. Pero la verdadera razón no la llegó a confesar. Pasado este tiempo, lo llevaron de nuevo a la Plaça del Rei donde lo obligaron a subirse a un carro y lo ataron y torturaron mientras recorrían la ciudad. Durante el recorrido por las calles de Barcelona (Carrer del Blat, Plaça St Jaume, Plaça Nova y Passeig del Born) recibió las siguientes torturas: le arrancaron los pezones con unas tenazas al rojo vivo, le cortaron las piernas, la nariz, le arrancaron los ojos, lo descuartizaron en el carrer St Pere y finalmente murió desangrado a la altura del Passeig del Born. Entonces el carro se llevó el cuerpo fuera de la muralla donde fue incinerado.






a mi nuevo post, disfrutenlo.

Las crónicas de la época describen más o menos de la misma forma el suplicio de este hombre aunque difieren en dos detalles. Según Andrés Bernáldez también le sacaron el corazón por la espalda, mientras Pere Miquel Carbonell dice que lo que le sacaron fue el cerebro y no el corazón. De todos modos, tanto da si le sacaron el corazón o el cerebro ya que todo lo que le hicieron fue una gran salvajada.



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