La batalla de Annual (episodio conocido en la historiografía española como Desastre de Annual) fue una grave derrota militar española ante los rifeños comandados por Abd el-Krim cerca de la localidad marroquí de Annual, el 22 de julio de 1921, que supuso una redefinición de la política colonial de España en la Guerra del Rif. La crisis política que provocó esta derrota fue una de las más importantes de las muchas que socavaron los cimientos de la monarquía liberal de Alfonso XIII. Así, los problemas generados por Annual fueron causa directa del golpe de Estado y la Dictadura de Miguel Primo de Rivera. Antecedentes Artículo principal: Unidades de la Comandancia General de Melilla en junio de 1921. El 12 de febrero de 1920 el general Manuel Fernández Silvestre tomó posesión del cargo de Comandante General de Melilla. Con la idea de llegar hasta la bahía de Alhucemas, centro de operaciones de la tribus rifeñas más belicosas, en enero de 1921 empezó el avance para acabar con la escasa resistencia existente. La empresa era arriesgada, ya que los soldados españoles, en su mayoría procedentes de reclutas forzosas, estaban muy poco entrenados, mal pagados y alimentados, pésimamente armados (con fusiles y artillería pesados y anticuados) y peor calzados (abarcas y alpargatas), se desmoralizaban enseguida y tenían verdadero pavor a los rifeños. Había asimismo serios problemas de corrupción tanto a nivel de intendencia y oficialidad como entre la tropa, que vendía sus propios fusiles y municiones a los rifeños. Sin embargo, entre mayo de 1920 y junio de 1921 Silvestre protagonizó un espectacular progreso, rápido e incruento: avanzó 130 kilómetros sobre el Rif en un total de 24 operaciones, estableciendo 46 nuevas posiciones sin apenas sufrir bajas;1 ocupó Tafersit, adelantó el frente hasta el río Amekrán y obtuvo la sumisión de las cábilas de Beni Ulixek, Beni Said y Temsaman, llegando a acuerdos con sus cabecillas, ofreciéndoles dinero a cambio de su amistad. Todos en España creían que por fin se alcanzaría la bahía de Alhucemas y finalizaría la sangría de Marruecos. Pero tal ilusión pronto se derrumbó de manera cruenta. Silvestre había cometido el error de no desarmar a las tribus rifeñas cuya lealtad había comprado y precisamente por esto, extendió mucho más de lo prudente sus líneas de abastecimiento. Las fuerzas de la comandancia de Melilla se distribuyeron entre nada menos que 144 puestos y pequeños fuertes o blocaos, a lo largo de 130 kilómetros de zona ocupada, con una parte de ellos dedicados, además, a tareas puramente burocráticas. Los blocaos se situaban siempre aprovechando los lugares altos, pero a pesar de que desde estas posiciones se podían dominar amplias zonas, normalmente no había agua, lo que obligaba a ir a por ella con reatas de mulas periódicamente, a veces a diario (conocidas entre los soldados como "aguadas". La distancia entre estos emplazamientos era variable, de 20 a 40 kilómetros, según el terreno, y con fuerzas tan repartidas no era posible hacer frente de manera eficiente a un ataque del enemigo. Las condiciones de los soldados, ya de por sí malas, eran pésimas en los blocaos. Los suministros escaseaban, durante el día hacía mucho calor y por la noche mucho frío. Las ratas y los piojos eran habituales en fortificaciones y campamentos. Así las cosas, en mayo de 1921, el grueso del ejército español estaba en el campamento base instalado en la localidad de Annual. Desde allí Silvestre esperaba realizar el avance final sobre Alhucemas. Entre Melilla y este campamento había tres plazas fuertes separadas unos 31 km entre sí, y en torno a él un anillo formado por otros pequeños fortines, cada uno con una guarnición que variaba entre 100 y 200 soldados. En la costa se habían ocupado las dos posiciones de Sidi Dris, cercana a la desembocadura del río Amekrán, y Afrau, algo más a retaguardia. Hasta este punto apenas se había disparado un solo tiro, aunque se guardaban las distancias con las tribus hostiles, y en las pequeñas escaramuzas que se producían apenas sí hubo algunas bajas. La ocupación de Abarrán Artículo principal: Combate de Abarrán. A finales de mayo, una delegación de la cabila de los Tensamán convenció a Silvestre para que cruzara el río Amerkan y estableciera una posición en el monte Abarrán, en contra de las órdenes de su jefe, el Alto Comisario de España en Marruecos, general Berenguer. Mapa con los combates entre españoles y tropas rifeñas en Marruecos que dieron como resultado el Desastre de Annual Un contingente de 1.500 hombres, al mando del comandante Villar, llegó a la posición la mañana del 1 de junio de 1921, estableciendo una base fortificada. Al mando de la posición quedó el capitán Juan Salafranca Barrio, cuyas fuerzas consistían en la harka amiga de Tensamán, unos 200 policías indígenas y 50 soldados españoles, y Villar se volvió a Annual. Cuando los rifeños comenzaron el ataque a las 18:00, la harka de Tensamán se les unió, así como muchos de los policías rifeños. Los españoles sufrieron 141 bajas,2 incluyendo a todos los oficiales, a excepción del teniente de artillería Diego Flomesta Moya, al que los rifeños dejaron vivo para que arreglase los cañones y les enseñase a usarlos, negándose a ello, lo mismo que a ser curado de sus heridas, y a comer, por lo que murió de hambre en cautividad el 30 de junio. Defensa de Sidi Dris Decidido por el éxito, Abd el-Krim dirigió entonces sus tropas contra la posición costera Sidi Dris, a la que llegó la madrugada del día siguiente, 2 de junio. Sidi Dris fue asaltada durante 24 horas, siendo rechazados por la defensa realizada por el comandante Julio Benítez Benítez, que tuvo 10 heridos (él mismo incluido), por 100 rifeños muertos.4 Abd el-Krim gana adeptos A pesar del fracaso de Sidi Dris, la toma de Abarrán demostró a los rifeños la vulnerabilidad de los españoles. Abd el-Krim no dudó en exhibir los cañones y el material tomados, convenciendo a los rifeños que unidos podrían derrotar a Silvestre y obtener un gran botín, de modo que en pocos días los efectivos de su harka pasaron de 3.000 a 11.000 hombres. Silvestre, creyendo que se trataban de acciones aisladas, no adoptó ninguna medida especial. Ocupó en respuesta Igueriben el 7 de junio de 1921, manteniendo de ese modo una posición adelantada entre Izumma y Yebbel Uddia, con la idea de defender el campamento de Annual por el lado sur. Después marchó a Melilla, para entrevistarse con su superior, el Alto Comisario Berenguer, y solicitarle refuerzos, municiones, víveres para la población y dinero para comprar a los rifeños antes de iniciar la ofensiva final. El desastre La caída de Igueriben El 17 de julio Abd el-Krim, antiguo funcionario de la Administración española en la Oficina de Asuntos Indígenas en Melilla, al mando de la cabila de los Beniurriagel (Ait Waryagar), y con el apoyo de las tribus cabileñas presuntamente aliadas de España, lanzó un ataque sobre todas las líneas españolas. Igueriben, guarnecida por 350 hombres bajo el mando del comandante Benítez, el defensor de Sidi Dris, no tardó en quedar sitiada. El 17 de julio Abd el-Krim inició el asalto, y la posición cayó el 22 de julio. Durante cinco días, y a pesar del esfuerzo heroico de tres columnas de refuerzo,5 los españoles habían sido incapaces de auxiliar la posición de Igueriben, fracaso que hizo cundir la desmoralización entre las tropas de Annual. La caída de Annual Tras estos sucesos se concentró alrededor del campamento gran cantidad de fuerzas rifeñas, mientras que la moral del ejército español caía por los suelos. Al comenzar el asedio de Igueriben había unos 3.100 hombres presentes en Annual. Al cabo de dos días se incorporaron 1.000 más, y dos días después llegaron otros 900 de refuerzo. Así pues, el 22 de julio Annual acogía a unos 5.000 hombres (3.000 españoles y 2.000 indígenas), con una fuerza de combate de 3 batallones y 18 compañías de infantería, 3 escuadrones de caballería y 5 baterías de artillería. Sobre ellos iban a lanzarse unos 18.000 rifeños6 bajo el mando de Abd el-Krim, armados con fusiles7 y espingardas. El campamento de Annual disponía de víveres para cuatro días y municiones para un día de combate, pero carecía de reservas de agua. El general Silvestre, consciente de la imposibilidad de defender la posición, acordó con sus oficiales la evacuación del campamento. Sin embargo, a las 3:45 del día 22 llegó un mensaje de radio del Alto Comisario Berenguer, prometiendo la llegada de refuerzos desde Tetuán. Una hora más tarde el general Silvestre comunicó de nuevo a Berenguer y al Ministro de la Guerra, Luis Marichalar y Monreal, su desesperada situación y su decisión de tomar urgentes determinaciones. Al rayar el alba tuvo lugar una segunda reunión de oficiales, en la que Silvestre dudó entre la evacuación inmediata y la espera de la llegada de refuerzos. Las dudas se despejaron cuando se tuvieron noticias del avance de tres columnas rifeñas de unos 2.000 hombres cada una. Ante esta información, el general ordenó evacuar, anunciando su intención de replegarse a los fuertes de Ben Tieb y Dar-Drius, posición esta última, que reunía las características para albergar gran cantidad de tropa y con el abastecimiento de agua muy fácil. La retirada comenzó a las 11:00 horas: había dos convoyes, uno para retirar los mulos con la impedimenta, y otro para el grueso de la tropa, los heridos y el armamento pesado. Pero para entonces las alturas del norte, que dominaban los caminos de huida ya habían sido tomadas por los rifeños. La gran mayoría de los policías indígenas que las defendían se pasaron al enemigo, matando a sus oficiales españoles.8 De modo que cuando las tropas españolas abandonaron el campamento, comenzaron a recibir disparos. En ese momento comenzó el caos: los dos convoyes de evacuación se mezclaron sin ningún tipo de orden de hombres, mulos y material. En medio de la confusión, los oficiales perdieron el control de la situación. Sin nadie que cubriera su retirada, los hombres trataron de ponerse a cubierto de las balas corriendo hacia delante. Los carros, el material y los heridos comenzaron a ser abandonados; muchos oficiales escaparon ajenos a su deber, y la retirada ordenada no tardó en convertirse en una desbandada general bajo el fuego de los rifeños. Algunos oficiales y unidades mantuvieron la calma y lograron ponerse a salvo con un número de bajas relativamente pequeño; pero, en su inmensa mayoría, los soldados salieron a la carrera y en completo desorden. El desastre pudo haber sido mayor si los Regulares al mando del comandante Llamas no hubiesen resistido en las alturas del sur. Ello dio tiempo a los huidos para pasar por el angosto paso de Izumar, evitando así una muerte segura a manos de los rifeños. Los Regulares se replegaron por escalones, retrocediendo monte a través en paralelo a la carretera, sin mezclarse con la riada de soldados en fuga. Silvestre, que aún estaba en el campamento cuando comenzó el desastre, murió en circunstancias no esclarecidas, y sus restos nunca fueron encontrados. Mientras una versión dice que, al ver el desastre, fue a su tienda de campaña y se voló la cabeza, otra versión dice que fue abatido a tiros por los rifeños junto con el coronel Manella y varios oficiales que trataban de defenderse. Una última versión cuenta que sus impropias últimas palabras, dirigidas a sus hombres en estampida, fueron: ¡Huid, huid, que viene el coco...! En las cuatro horas aproximadas que duró el desastre murió un total aproximado de 2.500 españoles, a los que hay que sumar los ocupantes, 1.500 en total, de las posiciones de Talilit, Dar Buymeyan, Intermedias B y C, Izumar, Yebel Uddia, Mehayast, Axdir Asus, Tuguntz, Yemaa de Nador, Halaun y Morabo de Sidi Mohamed, todos muertos. Quedaron 492 prisioneros españoles de los que sobrevivieron 326. Algunos de ellos fueron liberados al comienzo de la misión de rescate llevada a cabo, entre otros, por los miembros de la Delegación de Asuntos Indígenas Gustavo de Sostoa y Luis de la Corte Lujan; los demás cautivos fueron liberados finalmente el 27 de enero de 1923, tras las negociaciones llevadas a cabo con Abd el-Krim por parte de Horacio Echevarrieta, a cambio de 80.000 duros de plata. El asedio de Monte Arruit Las pocas fuerzas que pudieron salir vivas, bajo el mando del general Navarro, segundo jefe de la Comandancia de Melilla, retrocedieron hasta Dar Drius, posición bien fortificada y con agua disponible. Sin voluntad de resistencia, creyendo que todo estaba perdido, se replegaron hacia Barbel y Tistuin. En la marcha, al llegar al río Igan, se produjo una nueva huida de oficiales, seguida de la estampida de sus tropas. En medio de aquella desbandada, el Regimiento de "Cazadores de Alcántara", 14 de Caballería, mandado por el teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, hermano del futuro dictador, trató de proteger la retirada enfrentándose a las oleadas de indígenas primero con sus ametralladoras y después con sucesivas cargas de caballería. Su sacrificio fue enorme, pues de los 691 jinetes que lo componían, 471 murieron, lo que supuso un 80 por ciento de bajas. Pero gracias a su acción muchos soldados que huían tuvieron tiempo de ponerse a salvo.9 10 El teniente coronel Primo de Rivera recibió a título individual la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española, y en 2012 el Consejo de Ministros concedió la Laureada Colectiva al Regimiento,11 siendo entregada por Juan Carlos I de España el 1 de octubre de 2012. Finalmente, tras seis días de agotadora marcha, alcanzaron el campamento de Monte Arruit, una posición más difícil de defender pero más fácil de socorrer que Dar-Drius. Aquí, los 3.017 hombres de Navarro intentarían recomponerse, pero pronto Monte Arruit fue también cercado, y cortados sus suministros. El 2 de agosto cayó Nador, siendo su guarnición la única que, tras rendirse, fue respetada por los rifeños. Con la caída de esta plaza quedó sentenciado el destino tanto de Monte Arruit como de Zeluán, asediada desde el 24 de julio. Ésta se rindió el 3 de agosto, siendo los supervivientes asesinados, y los oficiales, el capitán Carrasco y el teniente Fernández, quemados vivos. Navarro desistió de intentar una huida desesperada hacia Melilla, negándose a abandonar a sus heridos. Al agotamiento físico había que sumar la desmoralización de la tropa, en algunos momentos al borde de la insurrección, y la carencia de agua (sólo tenían los bloques de hielo que dos aviones dejaban caer sobre la posición). El 31 de julio una granada destrozó el brazo de Primo de Rivera, que fue operado sin anestesia, y murió el 5 de agosto por causa de la gangrena. Vistas las condiciones, el general Berenguer, Alto Comisario de España en el protectorado, autorizó la rendición formal el 9 de agosto, a pesar de que ese día llegó de la Península un refuerzo de 25.000 soldados. Se pactó con los rifeños la entrega de las armas a cambio de respetar la vida de los soldados. Una vez aceptadas las condiciones por los hombres de Abd el-Krim, los españoles salieron de la posición y amontonaron sus armas. Los heridos y enfermos comenzaron a alinearse en la puerta del fuerte, preparándose para la evacuación. Pero cuando se dio la orden de partir, los rifeños atacaron a los indefensos españoles, degollando a casi todos. Sobrevivieron 60 hombres de los 3.000 que se refugiaron allí, y salvó la vida el general Navarro de casualidad. Tiempo después fueron canjeados. Los cadáveres quedaron insepultos hasta la reconquista de la posición varios meses después. En total perecieron cerca de 20.000 soldados españoles Muchos supervivientes que hubo en batalla y quedaron heridos sucumbieron ante los musulmanes, murieron de forma atroz, a algunos les secaron las tripas y los ahorcaron con sus mismos intestinos, a otros les sacaron los ojos, a otros les cortaron los genitales y les obligaron a comérselos, a otros les arrancaron la piel de la cara, múltiples mutilaciones de brazos y piernas, los que tuvieron más suerte fueron decapitados al instante. El panorama era desolador miles de cuerpos desparramados por todo el territorio de Arruit. La venganza española El golpe moral que había supuesto para España el desastre de Annual, afectó de forma determinante a la opinión pública, al ejército, a la clase política, e irreversiblemente a la Monarquía. En palabras del historiador José Luis Manrique Fernández: "El desencanto y frustración llegó a cotas equiparables a las que el pueblo español había sufrido con la pérdida de sus últimas colonias de ultramar veinte años antes." El 13 de agosto de 1921 Antonio Maura se vio obligado a formar su segundo gobierno nacional, situando a un civil, Juan de la Cierva en el Ministerio de la Guerra. Se organizó, con más presteza que efectividad, una fuerza de aproximadamente unos 160.000 hombres, dirigida por los generales Berenguer, Cavalcanti y Sanjurjo que debían cruzar el estrecho de manera inmediata. Desde Melilla se iniciaron las primeras acciones de reconquista que permitieran recuperar parte del territorio perdido a la vez que aseguraran la plaza española de cualquier nuevo intento de tomarla por parte de los rifeños. Desde mediados de septiembre de 1921, hasta principios de enero de 1922, se recuperó la línea de Dar Drius, sobre el Uad Kert. Nador, Zeluan y Monte Arruit fueron reconquistados, en este último lugar las tropas españolas pudieron contemplar horrorizadas lo que fue la matanza de aquella posición española ya que encontraron los cadáveres desperdigados por el área e insepultos. Aunque las operaciones militares de reconquista se producían con sumo tacto y mucha precaución resultaba evidente que la situación de España, y en especial, de la Comandancia de Melilla, había mejorado en relación a meses atrás. El ejército español contaba con una más que interesante fuerza aérea -unos 200 aparatos- que habían sido adquiridos rápidamente (algunos de ellos gracias a la donación popular) y que fueron muy útiles cuando los rifeños asediaron la posición de Afrau. Se habían abierto contactos diplomáticos al más alto nivel con Gran Bretaña y Francia para conseguir de esos países material naval y carros de combate que pudieran ayudar al desarrollo de la campaña de Marruecos. En definitivas cuentas, lo que no se hizo en su momento y que debía haberse realizado tanto en el plano político como en el militar, se estaba haciendo ahora. El 13 de septiembre de 1923 el general, capitán general de Cataluña, Primo de Rivera dio un golpe de Estado, que sería más o menos respaldado por el soberano. Como suele ocurrir en estas circunstancias, el general alegó la necesidad de concluir con la política parlamentaria. En su manifiesto se apuntaba que los rebeldes querían: "Libertar a España de los profesionales de la política, de las desdichas e inmoralidades que empezaron en el año 98 y amenazan a España con un fin próximo, trágico y deshonroso..." Sin embargo el complot militar no podía engañar a nadie y, aunque en la forma pudiera contemplar diversas causas, en el fondo no era más que una desesperada maniobra para tratar de desmontar el Expediente de la Comisión de Responsabilidades del Parlamento, Comisión -compuesta de 21 miembros- y que con los informes del Expediente Picasso tenía que depurar las acciones resultantes del Desastre de Annual de 1921. En las investigaciones efectuadas salían a relucir las ineptitudes de los mandos, sus abusos de poder con la población rifeña, su vida licenciosa en Melilla mientras la tropa se pudría en los blocaos, el hinchamiento de los estadillos de tropa (la nómina de los soldados) para general beneficios en las unidades, la huida de los mandos abandonando a sus hombres, su retirada de insignias para confundirse con la tropa, el mal adiestramiento de la soldadesca, las carencias de pertrechos y armas, los casos de corrupción, la mala planificación militar a la hora de montar una red de fortines, la ineficaz selección de tropas indígenas... La Comisión, que ya había concluido su trabajo, tenía que fallar el 20 de septiembre, habiéndose producido el levantamiento el día 13 del mismo mes. Y para que todo quedara bien atado, tiempo después el Gobierno militar publicó una amplia amnistía que beneficiaba especialmente a los implicados en la derrota de Annual. El problema de Marruecos, aun sin resolver, ponía de manifiesto la imposibilidad de reducir la acción dictatorial a los noventa días que en un principio Primo de Rivera había apuntado para solucionar los problemas de España (que ya era mucho apuntar...). Entre los militares había una duda ciertamente preocupante, si bien la recien instaurada Dictadura había asegurado en diferentes ocasiones que uno de sus principales objetivos era el de acabar con la guerra en África, muchos sectores castrenses temían que adoptara la posición abandonista, que tanto había defendido Primo de Rivera antes del golpe. La visita al Protectorado por parte de Primo de Rivera, en Ben Tieb, logró convencer definitivamente al dictador de que la opinión unánime de los mandos españoles era contraria a abandonar el Protectorado. Carlos Seco Serrano apunta: "Lo cierto es que después de aquel encontronazo -que a punto estuvo de acabar mal, a no ser por el temple y energía de que siempre supo hacer gala el marqués de Estella, y por el respaldo que para él significaba la presencia de su incondicional Sanjurjo- el dictador mantuvo intacta su primitiva idea." Finalmente y pese a la resistencia que encuentra, el propio Primo de Rivera insiste en su plan de repliegue, se responsabiliza de su desarrollo y se hace cargo del Alto Comisariado. El repliegue de Xauen resulta especialmente complicado, en su camino hasta Tetuán los españoles son atacados constantemente por los rifeños, Castro Girona en vanguardia y Franco en retaguardia defienden la columna que llega a su destino con unas 2.000 bajas. El cabecilla Abd-el-Krim por su parte, se había convertido en aquellos precisos momentos en el señor absoluto de su República del Rif, la retirada de los españoles espoleó su animo y esperanzas pero las circunstancias, como veremos a continuación, le hicieron cometer un error; convencido de su victoria frente a los españoles comenzó a hostigar las posiciones francesas, consiguiendo importantes victorias frente al ejército galo, ejército que se mostró absolutamente incapaz de resistir las acciones del jefe rifeño por el Protectorado francés. El historiador Raymond Carr escribe en relación a estos acontecimientos: "En 1925 la posibilidad de una acción militar conjunta alteró las perspectivas. Francia y España nunca habían cooperado en Marruecos y la frontera entre ambos protectorados era una tierra de nadie desde donde las kabilas amigas abastecían de cereales a la republica de Abd-el-Krim. En la primavera de 1925 la penetración francesa por esa tierra de nadie obligó a Abd-el-Krim a atacar las líneas francesas. Los franceses sufrieron aplastante derrota y sus puestos avanzados se libraron del desastre por muy poco. Antes de condenar al ejército español por sus derrotas en Marruecos en 1921 hay que recordar los desastres franceses de 1925, que conmovieron todo el edificio del protectorado y que llevaron las partidas merodeadoras a menos de treinta kilómetros de Fez. [... ] Abd-el-Krim no deseó nunca la guerra con Francia; todo su odio, y el del "nacionalismo" rifeño, se concentraba contra España. Ahora se encontraba ante una guerra en dos frentes. Esta fue la base de la segunda rectificación marroquí de Primo de Rivera: de la actitud defensiva pasó a la idea de derrotar definitivamente a Abd-el-Krim." Finalmente Francia, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos en África y especialmente ahora que veía amenazados sus intereses, pidió una reunión inmediata con las autoridades españolas para entre ambos tratar de acabar con el problema que Abd-el-Krim estaba generando en ambos Protectorados. En la reunión, producida en Algeciras el 22 de junio de 1925, España y Francia acuerdan desarrollar una ofensiva común en Marruecos. Los objetivos que se persiguen con este acuerdo son: aislar a los rebeldes para que no siembren su descontento a otras zonas que hasta ese momento se mantienen fieles al Sultán y privar al enemigo de todo posible recurso que pueda facilitar las acciones de los hombres de Krim. Para que la labor de vigilancia continúe y sea cada vez más eficaz entre España y Francia se establece que se creen oficinas conjuntas de enlace en la zona de protectorado vecina. En la Conferencia presidida por Primo de Rivera y el Mariscal Petain, se decide también poner en práctica la neutralidad de la ciudad de Tánger (hasta ese momento más teórica que real), para evitar que pueda servir de cuartel general de los rebeldes. Ambos países se conceden el derecho de perseguir a los insurrectos en los territorios ajenos, así como el de sobrevolarlos. Otra decisión se acaricia también en esta reunión, la de una acción militar directa en tierras del Rif español, un desembarco en alguna zona que asegurara una amplia zona en territorio hostil y que sirviera para dominar la kabila de Abd-el-Krim. El 30 de marzo de 1925 se ocupa el puerto de Alcazarseguer en un desembarco anfibio bajo el mando de Franco. Esta acción no dejaba de ser el ensayo para lo que se prevee que debe ser una acción militar determinante para el curso de la guerra. El 30 de abril del año 1925 se muestra al general Primo de Rivera un plan de operaciones definitivo que tiene como base el desembarco en la Bahía de Alhucemas. Los medios navales y aéreos debían ser básicos para que la operación concluyera correctamente, el desembarco debía estar perfectamente planeado para conseguir el efecto de sorpresa deseado. Se hizo un somero estudio geográfico de la zona y se llegó a la conclusión que, aunque militarmente el lugar era estratégico, podía ser complicada su topografía para un ataque como el que se planeaba ya que por su orografía Alhucemas podría ser fácilmente defendida por los rifeños. En total se contaron con 162 aviones de los aproximadamente 300 posibles para actuar en la operación militar sobre territorio rifeño. Como por cuestiones técnicas el estudio del terreno no podía ser recogido por la aviación convencional se pensó como solución al problema que diferentes globos cautivos amarrados a los barcos cumplieran la labor de espías, gracias a ellos se configuraron una serie de mapas que pudieron tener una cierta utilidad a las tropas españolas. A las respetables fuerzas navales españolas había que sumársele las recientemente compradas barcazas de desembarco tipo K que ya habían actuado en una operación de características similares en los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial. Las fuerzas navales españolas contaban con una potencia de fuego de 190 piezas de artillería, de las cuales por lo menos 30 eran de gran calibre, a ellas había que añadir las 24 con las que contaba el islote de Alhucemas con obuses de 155, cañones de 7,5 que debían apoyar la operación anfibia. Pocos días antes de la fecha fijada para el desembarco hubo un encuentro entre militares franceses y españoles para acabar de perfilar cualquier posible problema derivado de la operación. Como la misma debía de transcurrir en la zona del Protectorado español se consideró que lo más lógico debería ser que fuera a España a la que le correspondiera el mando táctico. Francia no aportaría hombres a la acción pero si apoyo logístico -barcos, aviones...- Finalmente se confirmo la fecha, 7 de septiembre y la hora, a las 04.00 horas. La operación fue encomendada a las brigadas de los generales Saro y Fernández Pérez, bajo el mando supremo de Sanjurjo, requirió un despliegue naval en el que participaron los acorazados JAIME I y ALFONSO XIII, y los cruceros REINA REGENTE, BLAS DE LEZO, MÉNDEZ NÚÑEZ y EXTREMADURA (a más de destructores, torpederos, cañoneros, guardacostas, buques menores etc); Francia envió el acorazado PARÍS y el crucero STRASBOURG. El principal objetivo de los aliados era ocupar una base de operaciones para permitir la maniobra de un cuerpo de unos 20.000 hombres desde la playa de la Cebadilla hasta Adrar Seddun. Durante los últimos días de agosto se concretaron en las bases navales de Ceuta y Melilla las operaciones de avituallamiento de las unidades que deberían entrar en combate. El día 5 de septiembre el mando español cursó una orden a sus plazas africanas, al atardecer comenzaron a embarcar tropas españolas que, partiendo desde Ceuta aquella misma tarde, hicieron una maniobra de despiste para hacer creer a las rifeños que el desembarco iba a producirse cerca de Uad Lau, otra pequeña escuadra, esta vez procedente de Melilla, realizaba al mismo tiempo maniobras de castigo y distracción en Sidi Dris. Krim, conocedor de que tarde o temprano los españoles y franceses tomarían la iniciativa decidió sorprenderles con un ataque a sus posiciones en el Protectorado con la esperanza que eso les haría retrasar sus operaciones en la costa, sin embargo su ofensiva fue en vano y sus tropas fueron rechazadas. Las fuerzas navales se concentraron frente a Alhucemas la noche del 6 de septiembre, los últimos preparativos fueron realmente desastrosos ya que los barcos se acercaron demasiado a la costa con las luces encendidas y con los hombres embarcados cantando a pleno pulmón. En condiciones normales o frente a un ejército regular el elemento sorpresa hubiera quedado aquella misma noche eliminado, no ocurrió lo mismo con los rifeños. Posteriormente una fuerte corriente marina, ya que a nadie se le ocurrió hacer un estudio sobre las mismas, arrastró hacia Vélez de la Gomera a gran parte de las lanchas de desembarco, lo que obligó a retrasar 24 horas más el momento de la llegada a tierra del cuerpo expedicionario. El día 7 por la noche las corrientes volvieron a diseminar de nuevo a la flota. El alto mando español decidió entonces atacar la mañana del día 8, a plena luz del día. Desde las ocho de la mañana del día 8 de septiembre de 1925 se empezó a concentrar en el lugar del desembarco un tupido fuego artillero, al mismo tiempo escuadrillas de aviones sobrevolaron el área lanzando continuamente su carga de bombas. El historiador Henry Parker, testigo desde uno de los barcos españoles, asegura: "El fuego llegó a ser tan nutrido y constante que toda la zona se convirtió en una enorme hoguera. El sonido era atronador y por todas partes se levantaban columnas de humo y llamas." Poco antes del mediodía se da la orden de que las barcazas de desembarco comiencen su asalto, fruto de la falta de previsión, las corrientes arrastraron a las lanchas hacia un lugar donde no estaba prevista la maniobra, esa parte de la costa de carácter rocoso no permitía que las barcas se acercaran lo suficiente por lo que los soldados tuvieron que avanzar con el agua hasta el cuello -algunos no murieron por balas rifeñas sino simplemente ahogados-. En esta primera operación y debido a la distancia que los separaba de la costa los carros de combate no pudieron entrar en acción. Los rífenos contaban en la zona con unas catorce piezas de campaña de 70 y 75 mm, en su mayor parte procedentes de las capturadas a los españoles tras el Desastre de Annual y manejadas por instructores y mercenarios extranjeros (pagados con el dinero que se había conseguido por el rescate de los prisioneros españoles). Poco después y gracias al trabajo de la aviación la playa de la Cebadilla pudo ser despejada de las resistencias rifeñas, allí comenzaron a llegar gran cantidad de hombres unos 10.000- y material (esta vez en condiciones normales de lo que debe ser un desembarco) y por fin entraron en acción los carros de combate Renault FT modelo 1917 (con algunas variaciones). Carlos Seco Serrano escribe: "Desembarcadas las tropas españolas en la playa de la Cebadilla la acción, en la que tuvieron especial lucimiento los Legionarios de Franco y los Regulares de Muñoz Grandes, fue coronada por un éxito completo; y el despliegue que siguió a la ocupación de Alhucemas quebrantó todos los intentos de resistencia mora." A medida que transcurren las horas las tropas españolas, siempre apoyadas con las acciones de la aviación y del fuego de cobertura desde los barcos, comienzan a coronar las alturas que protegen las playas de la Cebadilla, Ixdain y Los Frailes. Es ese el momento en el que el mando español ordena que avance la segunda oleada del ataque, 10.000 hombres más se preparan a desembarcar en las playas, esas tropas servirían para consolidar las posiciones que la primera oleada había conseguido conquistar. Los españoles no tuvieron piedad hacia nadie, a los musulmanes que se rendian los depacitaban en el acto, guerra en estado puro. Finalmente al caer la tarde el frente se ha estabilizado definitivamente, los rifeños han sido arrojados de sus posiciones o bien muerto por el fuego aliado. Por la noche se produce un nuevo desembarco de tropas que llegan a tierra para proteger los flancos de un eventual contraataque por parte de las tropas de Abd-el-Krim. Al día siguiente nuevas tropas llegan a fortificar las posiciones tomadas. El desembarco, en resumen, resulta haber sido un éxito y es un paso decisivo para acabar con Krim y concluir la guerra del Rif. Ocho días más tarde, Primo de Rivera y el general Sanjurjo reciben un gran homenaje en Melilla y el día 9 de noviembre el dictador deja la Alta Comisaría, colocando a Sanjurjo en su lugar. Raymond Carr señala: "Con la derrota de Abd-el-Krim se produjo la última rectificación de la estrategia de Primo de Rivera: de la política de control y la penetración pacífica pasó a la ocupación militar. Con el triunfo de la política maximalista del ejército se cerraba el ciclo. Y ello, no porque Primo de Rivera fuese débil o se sometiera a la presión militar, sino porque los acontecimientos, y sobre todo la posibilidad de cooperación militar entre Francia y España, habían hecho posible una política que en 1923 consideró con razón peligrosa y por encima de la capacidad de España. En 1923 fue lo bastante valiente como para imponer sus ideas al Ejército de África. En 1925 asumió sin miedo la responsabilidad directa de una operación directa combinada. En 1927 volvió a ocuparse Xauen y se pacificó el Protectorado. Primo de Rivera se había ganado en buena lid el premio al coraje."
El desastre de annual: Salvajismo puro y duro
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