Mi entrevista perfil a René Lavand, el mago que asombra con una mano
El mago sabe más por viejo que por mago
El encuentro se dió por teléfono:
- “Hola, ¿podría hablar con René?”
- “Y ¿por qué quiere hablar con René y no con Héctor?”–dijo una voz canchera pero a la que le costaba salir y tomar forma-.
- “En realidad, es justo con Héctor con quien quiero hablar.”
- “Tengo 85 años –dice aunque todavía tiene 84, los 85 los cumple el 24 de septiembre- y estoy cansado. Acabo de llegar a Europa.”
- “Ah, que mal la pasás.”
- Se sonrió y respondió, “Para hacer lo que yo hago, primero hay que perder la mano”.
Le expliqué lo que quería hacer y me cuestionó: “¿Por qué me querés perfilar a mí?”, “porque sos un personaje pintoresco”, dije dubitativa, con miedo de ofenderlo. Para mi sorpresa, se río orgulloso de serlo, agradeció y aceptó la entrevista.
Volví a llamar otra vez, y me atendió saliendo de su siesta. Me pidió, de muy buen humor, que lo llame en media hora. Me contó que tiene dos perros: Lola, que ladra mucho y Tachuela, un cachorro bóxer bruto pero encantador. Y además, dos gatitos.
Lo volví a llamar media hora después.
- “Me sorprende que me sigas atendiendo, sin peros…”
- “El hogar es el fundamento de todo. Esa es la respuesta más inteligente que puedo darle a tus inteligentísimas preguntas.”
- ¿Cuantas horas dormís?
-Las necesarias. Me despierto cuando ya no tengo más sueño. Aunque duermo muy bien a la noche, y cuando me desvelo, no los sufro, pienso en lo mio, soy feliz y la paso fantástico. La que no la pasa bien es mi mujer -se rió-.
Me contó que le habían hecho un monumento en Tandil, y que en septiembre salen dos DVDS del documental de él, porque no había entrado todo en una película.
Me advirtió que Leila Guerriero había escrito un perfil muy cruel sobre él, basado en el accidente y no le había gustado. "Yo soy más que un mago manco. Tuve la suerte de perder una mano, si mi historia le sirve a alguien, perfecto. Hay que sacarle provecho a las perdidas, capitalizar el dolor lo hace cualquier idiota, pero aprender a sacarle provecho a lo que no tenés, es más dificil.."
-No salgo mucho, sólo lo justo y necesario. Salgo a hacer compras, nada más. Me gusta recibir gente siempre que sean pocos.
Durante la siesta de Lavand, llamé Nora, con quien está juntado hace treinta y cuatro años y le lleva más de veinte. Me contó que se acompañan mutuamente pero aún así los dos tienen su propia vida y que lo que más disfruta es estar en su casa, pasear por su jardín y mirar los árboles con su “querido”. Nora es muy distante, y es docente en un colegio para adultos. Sus respuestas eran monosilábicas, antagónicas a las de su novio eterno. Me contó que ella tiene dos hijos y dos nietas. Él tiene cuatro hijos y cuatro nietos. También me dijo que René había aprendido a ser abuelo con sus nietas, porque los de él viven fuera de la ciudad. “Es muy buen abuelo, y estuvo muy presente en la vida de mis hijos y de los suyos”, y agregó: “lo que más me gusta de él es que nunca cambió su esencia”.
- ¿Cómo conociste a Nora?
- En la calle. No me acuerdo como la encaré. Pero días después la invité a cenar. En esa cena, yo le hice un juego con las cartas, y salió todo tan bien que consideré que la baraja ya me había dado todo con Nora, y nunca más hice ese juego. El truco me dio lo que busqué toda mi vida. Le estoy muy agradecido.
- ¿Cuál es la receta para durar 34 años con alguien?
- En la pareja son dos, y no más que uno. El amor en la amistad no requiere frecuencia, el amor de pareja sí. A propósito, hace mucho que no le mando flores, me vino bien ésta charla.
- ¿Buscaron hijos con ella?
- No, ya cubrimos nuestro cupo. Con Lorena (su hija menor) gasté mi último espermatozoide –se rió-. Un día, hace cuarenta años, dije eso en la tele y se espantaron. Menos mal que cambió el mundo.
Después de pasear por temas cotidianos, me dijo: "ahora tengo más oficio y me cuesta menos crear trucos nuevos. Es raro que algo me cueste menos a los ochenta y cinco años que a los cuarenta”.
-¿Cómo sos como papá?
- Como padre no debo ser tan malo. Hace unos días recibí una carta de mi hija mayor que vive en Galicia y ayer encontré una carta vieja; en las dos hace mención a cuando yo le rascaba la espalda de chiquita. Tampoco fui tan mal amigo. Habría que preguntarle a Nora como soy como marido –dice ‘marido´, por más de que no estén casados- .
- Y como abuelo, ¿cómo sos?
-Me encantan los chicos, pero de a uno y de a ratos. Guardo todos los garabatos que me hacen las nietas de Nora.
-¡Arte infantil, René!
-(Se ríe) Sí, arte infantil. Es eso.
-¿Tu papá como era?
-Un hombre de carácter muy fuerte, muy soberbio. Por ser tan soberbio se hundió económicamente.
-¿Y qué heredaste de tu mamá?
-La humildad. Siempre hay que ser humilde, aunque uno lo finja.
-¿Creés en Dios?
-No. No puedo creer en un Dios o una religión que aterroriza con un castigo atroz. No creo en nada después de la muerte. Creo en mí, en la honestidad de una mujer, en la fidelidad de un amigo. Aunque tengo un hijo pastor evangelista, debe ser un castigo de Dios por mis blasfemias –se río-.
-Un religioso…
-En el mundo falta educación filosófica. ¡Basta de querer dinero! ¿Para qué tanto? El Vaticano es el Estado más rico del mundo, eso no puede ser. El hombre necesita ambiciones desmedidas, es innato al ser humano.
-¿Te gusta Cristina Fernández?
-me pidió que me reserve la respuesta, pero algunos la podrán imaginar-.
- ¿Cómo imaginás tu futuro?
-Es raro que le pregunten por el futuro a alguien de 85 años. Espero que la vida me siga sorprendiendo. Sólo pido dos veranos y dos inviernos más.
Me despidió con mucho amor, me dijo que era muy simpática, le envió saludos a mi “marido” y me recordó que el 26 de septiembre era su cumpleaños, el número 85, por si quería ir a saludarlo y llevarle una botella de vino.