En un rascacielos con muchas oficinas, los usuarios de los ascensores presentaron reiteradas quejas por la lentitud del servicio. Los responsables técnicos estudiaron el problema y trataron de solucionarlo a través de un modelo matemático de teoría de colas y cuyo objetivo era acelerar el servicio.
Sin embargo la aplicación del sofisticado modelo no consiguió acallar las quejas de los inquilinos. Tras un nuevo estudio de la situación se llegó a la conclusión de que con los ascensores disponibles el servicio no podía mejorarse más. De todos modos, en un intento adicional por resolver el problema se colocaron espejos de cuerpo entero en los descansillos, donde los usuarios esperaban los ascensores. Desde ese momento las quejas desaparecieron; los usuarios del ascensor ocupaban el tiempo de espera del ascensor contemplándose a sí mismos, y también a los demás, en los espejos que fueron instalados.