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El papa Francisco VS. otro banco Ambrosiano

Info6/27/2013




Francisco creó una comisión especial para investigar el banco vaticano

lanacion.comlanacion.com – Hace 17 horas




ROMA.- Determinado a hacer cambios radicales en el Vaticano, el papa Francisco creó una comisión para investigar el Instituto para las Obras de Religión (IOR), también llamado Banco del Vaticano, envuelto en resonantes escándalos en las últimas décadas.

Un comunicado de la Secretaría de Estado indicó que el Papa decidió formar una "Pontificia Comisión Referente" con el fin de "conocer mejor la posición jurídica y las actividades del Instituto para permitir una mejor armonización del mismo, con la misión de la Iglesia Universal y de la Sede Apostólica, en el contexto más general de reformas que sea oportuno realizar de parte de las instituciones que dan auxilio a la Sede Apostólica".

"La comisión tiene como objetivo recolectar informaciones sobre el estado del Instituto y presentar los resultados al Santo Padre", indicó el comunicado de la Secretaría de Estado, que fue difundido junto al "quirógrafo", es decir, el documento escrito a mano por el mismo Francisco, fechado el 24 de junio, que detalla sus funciones.

La comisión, "que empieza a trabajar en estos días", está formada por cinco miembros, entre los cuales hay una mujer, la profesora norteamericana Mary Ann Glendon, ex embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede.

Además, el cardenal italiano Raffaele Farina será el presidente; monseñor Juan Ignacio Arrieta Ochoa de Chinchetru, un español, el coordinador; monseñor Peter Wells, diplomático de la Secretaría de Estado, estadounidense, el secretario; y el cardenal francés Jean-Louis Tauran, miembro de la comisión.

Hace diez días, en un primer paso hacia la reforma del IOR, Francisco había nombrado a uno de sus hombres de confianza, monseñor Battista Mario Salvatore Ricca, director de la Casa Santa Marta, donde se aloja, como nuevo "prelado" del cuestionado "banco del Papa". Francisco evidentemente quiere saber y entender qué hay o hubo de turbio o ilegal en el IOR, al que quiere transformar en una institución transparente, cuya imagen, bajo sospecha, no dañe a la Iglesia católica.
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...el banco Ambrosiano, el terror de los Papas...

Banco Ambrosiano
http://es.wikipedia.org/wiki/Banco_Ambrosiano


El Banco Ambrosiano era un banco italiano fundado en 1896 y que se derrumbó estrepitosamente en 1982. En el centro del fracaso de este banco estaban su presidente, Roberto Calvi, el presidente del Banco del Vaticano (por lo tanto accionista mayoritario de la Banca Cattolica del Veneto) Paul Marcinkus, algunos cardenales, obispos y prelados de alto rango de la Iglesia Católica, Michele Sindona, empresario y banquero siciliano famoso por sus contactos con la mafia y que dio entrada en la trama a la logia masónica P2, con miembros pertenecientes a la banca, a la política, al periodismo, a la judicatura, a las Fuerzas Armadas, etc.

El Banco Vaticano era el accionista principal del Banco Ambrosiano, y se sospechó que la muerte del papa Juan Pablo I en 1978 estaba ligada al escándalo del Ambrosiano,[cita requerida] dando uno de los argumentos secundarios a la película El padrino III. El Vaticano fue acusado de concentrar fondos secretos de los EE. UU. al sindicato polaco Solidaridad y a los Contras en Nicaragua a través del Banco Ambrosiano

Miembros

Franco Ratti, presidente.
Carlo Canesi, presidente encargado mayor del entonces Banco Ambrosiano que sostiene a partir de 1965.
Roberto Calvi, director general de Ambrosiano desde 1971, designado presidente desde 1975 hasta su muerte en junio de 1982.
Paul Marcinkus, presidente del Banco del Vaticano Istituto per le Opere di Religione, había sido director de Ambrosiano en ultramar, basado en Nassau, Bahamas.
Carlo De Benedetti se hizo diputado-presidente en menos de dos meses, después del juicio de Roberto Calvi.
Nuovo Banco Ambrosiano, bajo el cargo de Giovanni Bazoli.

Antes de 1981

El Banco Ambrosiano fue fundado en Milán en 1896 por Monseñor Giuseppe Tovini, y nombrado así en honor de San Ambrosio, el arzobispo del cuarto siglo de esa ciudad. El propósito de Tovini era crear un banco católico que sirviera de contrapeso a los bancos laicos en Italia, sus metas eran servir a “organizaciones morales, trabajos piadosos, y cuerpos religiosos instalados para las ayudas caritativas.” El banco vino a ser conocido como el banco “de los sacerdotes”; su presidente era Franco Ratti, sobrino del papa Pío XI. En los años 60 el banco comenzó a ampliar su negocio, abriendo una compañía en Luxemburgo 1963 y que llegaron a ser conocidos como Holding del Banco Ambrosiano. Éste estaba bajo dirección de Carlo Canesi, entonces encargado mayor, y a partir de 1965, presidente.

En 1947 Canesi había traído a Roberto Calvi al Ambrosiano. En 1971 Calvi llegó a ser el director general, y en 1975 lo designaron presidente. Calvi amplió los intereses del Ambrosiano más lejos; éstos incluyeron crear a un número de compañías extranjeras en las Bahamas y Sudamérica, creándose además para facilitar sus ilícitos negocios una filial llamada Banco Ambrosiano Andino con sede en Lima, Perú; con un interés controlado en la Banca Cattolica de Veneto, Credito Varessino y Banca de Gottardo; y sus fondos para la casa editorial Rizzoli para financiar el periódico Corriere della Sera. Calvi también implicó al Banco del Vaticano, el Istituto per le Opere di Religione (IOR) en sus repartos, y estaba cerca del obispo Paul Marcinkus, presidente del banco. El Ambrosiano, a través del Banco Ambrosiano Andino, proporcionó los fondos para los partidos políticos en Italia, y la dictadura de Somoza en Nicaragua y su oposición Sandinista. Hay también rumores de que proporcionó el dinero para el movimiento Solidaridad en Polonia (se ha alegado extensamente que la solidaridad fue financiada por el Banco del Vaticano). [cita requerida]

Calvi utilizó su compleja red de bancos y compañías fantasmas de ultramar para mover dinero desde Italia para inflar precios y también para asegurar préstamos sin garantía. Para evitar las normas dictadas por el Banco de Italia sobre control de cambios, que restringían severamente las transferencias de fondos a filiales en el exterior de bancos italianos, se transferían importantes cantidades de dinero al Banco de la Nación del Perú, agente financiero del Estado peruano, que se contabilizaban indebidamente como préstamos y que el Banco de la Nación a su vez depositaba en operaciones back to back en el Banco Ambrosiano Andino, En 1978, el Banco de Italia elaboró un informe sobre el Banco Ambrosiano que predecía su desastre futuro y condujo a investigaciones criminales. Sin embargo, al poco tiempo un grupo de derecha terrorista mató al magistrado de Milán que investigaba el caso, Emilio Alessandrini, mientras que Mario Sarcinelli, funcionario del banco y superintendente de la inspección, fue encontrado culpable y encarcelado.
Después de 1981

En 1981 la policía llevó a cabo una redada en la oficina de Roberto Calvi. Calvi fue encarcelado, puesto a juicio, y condenado a cuatro años de cárcel. Sin embargo, fue puesto en libertad y mantuvo su posición en el banco. Otros hechos alarmantes le siguieron: Carlo De Benedetti de Olivetti compró el banco y se hizo vicepresidente, sólo para dejar el puesto dos meses más tarde, después de recibir amenazas de la mafia y la carencia de cooperación de Calvi. Su reemplazo, un empleado veterano llamado Roberto Rosone, fue herido en un tiroteo de la mafia.

En 1982 se descubrió que el banco no podía explicar la procedencia de 1.287 millones de dólares. Calvi huyó del país con un pasaporte falso, y Rosone logró que el banco de Italia asumiera el control. La secretaria personal de Calvi, Graziella Corrocher, dejó una nota de denuncia a Calvi antes de saltar desde su ventana en la oficina y morir. El propio Calvi fue encontrado colgado del puente "Blackfriars" en Londres el 18 de junio.

Durante julio de 1982, los fondos a los intereses en el extranjero fueron cortados, conduciendo a su derrumbe, y en agosto el banco fue sustituido por el Nuovo Banco Ambrosiano bajo control de Giovanni Bazoli. Hubo mucha discusión sobre quién debía hacerse responsable de las pérdidas en que incurrieron las compañías en el extranjero del viejo Banco Ambrosiano, y el Vaticano acordó finalmente pagar una suma sustancial sin aceptar responsabilidad formal al encontrarse en los archivos del citado Banco un comfort letter suscrito por el IOR en respaldo de las operaciones de Roberto Calvi en el Banco Ambrosiano. Tratándose de un compromiso de carácter moral el Vaticano se vio obligado a asumir el pago de cientos de millones de dólares a los acreedores del Banco Ambrosiano, entre los cuales se encontraba el Banco de la Nación del Perú por los depósitos back to back efectuados en el Banco Ambrosiano Andino.



Asesinato de Roberto Calvi 1982
Roberto Calvi.

El periodista David Yallop cree que Calvi, con la ayuda del Vaticano,[cita requerida] pudo haber sido responsable de la muerte prematura de Albino Luciani, quien, siendo ya el papa Juan Pablo I, planeaba una reforma de las finanzas del Vaticano. Sin embargo, la familia de Calvi mantiene que él era un hombre honesto manipulado por otros. Su perspectiva proporciona información al libro de Robert Hutchison (publicado en 1997) "Vénganos tu reino: Dentro del mundo secreto del Opus Dei". Según los magistrados que señalaron a Giuseppe "Pippo" Caló como responsables del asesinato de Calvi, Gelli habría pedido su muerte para castigarlo por la malversación de su dinero y el de la mafia, mientras que la mafia deseó evitar que revelara la manera en que Calvi le ayudó a lavar el dinero. Caló y Gelli fueron procesados por el asesinato de Roberto Calvi, junto con la novia de éste, su chofer y un contable relacionado con la mafia. El 6 de junio de 2007 el Tribunal Penal de Roma los absolvió a todos por falta de pruebas.
Bibliografía

Rupert Cornwell, El banquero del dios: La vida y la muerte de Roberto Calvi, Gollancz Ltd, 1984 del vencedor.
David Yallop, En el nombre de Dios: Una investigación en el asesinato del papa Juan Pablo I, 1984.
Eric Frattini, Santa Alianza. Cinco siglos de espionaje vaticano, Ed. Espasa, 2005.

Véase también

El Escándalo de Clearstream.
Licio Gelli, director de la logia masónica Propaganda Due, implicada en la estrategia de la Operación Gladio.
http://es.wikipedia.org/wiki/Propaganda_Due
http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Gladio

Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano.
http://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Calvi

Banco del Vaticano
http://es.wikipedia.org/wiki/Banco_del_Vaticano

Banco de la Nación (Perú)


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----------------UN COMIENZO ACCIDENTADO. EL ESCÁNDALO DEL BANCO AMBROSIANO
http://www.bibliotecapleyades.net/vatican/esp_vatican26j.htm


El inicio del pontificado de Juan Pablo II no pudo ser más turbulento. Nada más llegar al trono de San Pedro tuvo que hacer frente al mayor escándalo financiero de la historia de la Santa Sede, la quiebra del Banco Ambrosiano, un acontecimiento que tenía todas las características de un drama de Shakespeare y que, además, terminaba igual que éstos: con muchos cadáveres en el escenario...

Tras la muerte de Juan Pablo I, y durante el período de sede va cante, la prensa hizo numerosas conjeturas sobre los posibles pa pabili que tenían más posibilidades. En las columnas de opinión se apuntaba que lo que más convenía a la Iglesia era un pontífice que la mantuviera a favor de los vientos de la historia.


...LA VIDA SIGUE IGUAL
Juan Pablo II pronto demostró que, pese a haber elegido el nombre del papa anterior, estaba lejos de continuar su obra. Ni una sola de las reformas propuestas por Juan Pablo I se hizo realidad. El cardenal Villot volvió a ocupar el cargo de secretario de Estado, esta vez con un papa con el que tenía más cosas en común.

Marcinkus siguió al frente del Banco Vaticano y Caivi continuó dedicándose al fraude a gran escala. Los mismos que habían hecho imposible el pontificado de Juan Pablo I seguían ocupando los puestos clave del Vaticano ahora con Juan Pablo II. La Iglesia había dado un paso atrás, regresaba a la época de Pablo VI.

..... Sin embargo, poco duraría la alegría en la Santa Sede. Al haber mante nido en sus puestos a los principales responsables de la economía vaticana, Juan Pablo II no sabía que había dejado preparado el escenario para el mayor escándalo financiero en el que se vería envuelta la Iglesia en toda su historia: el asunto del Banco Ambrosiano.

Como hemos podido ver en los capítulos precedentes, el Vaticano había establecido en los últimos años profundos lazos con el presidente del Banco Ambrosiano, Roberto Caivi, lazos tan fuertes que el propio arzobispo Marcinkus se sentaba en el Consejo de Administración de la filial que el banco tenía en las Bahamas.8

8. Cornweil, Rupert, op. cit.

Sin embargo, Caivi resultó ser tan poco de fiar como Michele Sindona, y obedecer a los mismos intereses poco confesables (la mafía y la logia Propaganda Due).9 Incluso se ha apuntado que el entramado bancario de Caivi fue utilizado por la CÍA para cana lizar operaciones financieras que preferían mantener lo más lejos posible de la opinión pública.10 Es más, escuadrones de la muerte y paramilitares de toda Latinoamérica habrían obtenido mediante esta vía buena parte de sus recursos económicos.

9. Varios autores, Everything YOM Know Is Wrong: The Disinformation Cuide to Secrets and Lies, op. cit.

10. Wiison, Robert Antón, Cosmic Trigger: Down To Earth, volumen II, New Falcon Publications, Tempe (Arizona), 1991.

....ROSARIO DE MUERTES


Ante este panorama, y muy decepcionado por el desentendimiento de los sacerdotes, Calvi decidió huir del país, no sin antes decirle a su familia que desde el extranjero revelaría con pruebas graves secretos que harían renunciar al papa. Al poco tiempo de la fuga del financiero, Graziella Corrocher, la secretaria de Calvi, se estrelló contra el suelo desde el cuarto piso de la sede central del Banco Ambrosiano, dejando tras de sí una sospechosa nota de suicidio en la que maldecía a Calvi por el daño causado.

Nunca se terminó de despejar la duda de que no fuera asesinada, debido a todo lo que conocía sobre los asuntos de su jefe. (De hecho, meses después, el 2 de octubre, Giuseppe Dellacha, ejecutivo del banco, murió igualmente en extrañas circunstancias.)

Unas horas después de que el cuerpo de su secretaria se precipitase al vacío, el 17 de junio de 1982, el cadáver de Calvi apareció colgando del puente de Blackfriar's, en Londres. En sus bolsi llos se encontraron cinco ladrillos, y su cuerpo fue cubierto por la marea, tal como establece el juramento masónico como pena para los traidores. La justicia británica, ajena a estas sutilezas simbólicas, lo consideró un suicidio, algo que nunca se aceptó en Italia.

En un sumario paralelo instruido en Roma a partir de 1992, el juez dio por válidas las pruebas forenses entregadas por la fiscalía en 2003, y lo consideró un homicidio. Entre las pruebas destacaba la no presencia de lesiones óseas en las cervicales y la inexistencia de restos de los ladrillos en las manos de Roberto Calvi. El equipo forense estuvo encabezado por el alemán Bernard Breinkmann. Ya en 2005 un juez ordenó el procesamiento de cuatro personas acusadas del asesinato del financiero. No debería sorprendernos que entre los imputados se encontrase Flavio Carboni.21

21. En el momento de escribir este libro, el juicio, previsto para el 5 de octubre de 2005, aún no se había celebrado.

Quién ordenó a Carboni que arrojara a su amigo al vacío con una cuerda al cuello tal vez se sepa algún día.


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-----------EL GOLPE - LOS NUEVOS ESCÁNDALOS FINANCIEROS DEL VATICANO
http://www.bibliotecapleyades.net/vatican/esp_vatican26k.htm



...EL ESCÁNDALO FRANKEL
Por otro lado, la desaparición del escenario de los principales im plicados en el escándalo del Banco Ambrosiano no supuso que el resto del pontificado de Juan Pablo II estuviera libre de la sombra de los escándalos financieros.

El hombre que volvió a aprovecharse de la Iglesia para bene ficiarse a su costa se llamaba Martín Frankel, una especie de Roberto Caivi que se las arregló para organizar una de las mayores estafas que ha visto Estados Unidos en su época más reciente.3

3. Behar, Richard, «Washing Money In The Holy See: What do Martín Frankel, several sénior Vatican figures, and a bigwig Reaganite lawyer have in common? It may take years for all the details to surface, but one thing is certain: It doesn't look deán», Fortune, 16 de agosto de 1999.

Frankel llevaba camino de convertirse en un artista del fraude y tenía la pretensión de crear un imperio financiero con la ayuda del IOR. Para ello adoptó el nombre supuesto de David Rosse y contrató al prestigioso abogado Tom Bolán. El 8 de agosto de 1998, y gracias a las gestiones de su amigo, el sacerdote neoyorquino Peter Jacobs, Bolán llegaba al Vaticano para reunirse con Emilio Colagiovanni, que iba a desempeñar un papel protagonista en la historia.

......PATENTE DE CORSO
El 22 de agosto Bolán, en una reunión en el Hotel Hassier de Roma, presentaba una propuesta oficial de seis páginas. Rosse (es decir, Frankel) establecería una fundación en Licchtenstein que estaría regida por unos «estatutos secretos». Por medio de un banco suizo, Rosse enviaría a la fundación 55 millones de dólares, de los cuales cincuenta serían enviados a Estados Unidos para uso exclusivo del propio Rosse y los cinco millones restantes se transferirían a una cuenta controlada por el Vaticano. A nadie le pareció mal. Es más, los sacerdotes involucrados en la operación se apresuraron a pensar en el destino que darían a esos primeros cinco millones de dólares.

6. Johnson, J. A., Thief: The Bizarro Story of fugitive financier Martín Frankel, Lebhar-Friedman Books, Nueva York, 2000.

INOCENTES PERO NO TANTO
Con plena seguridad se puede asegurar que los sacerdotes ignoraban que el generoso benefactor que les estaba ofreciendo aquel negocio era un impostor, pero no podían ser tan inocentes como para no darse cuenta de que aquel trato no era del todo lo ético ni legal que debería. Con su 90 por 100 Frankel pretendía adquirir diversas compañías de seguros estadounidenses a través de la fundación respaldada por el Vaticano, que podría embolsarse más de cien millones de dólares con tan sólo dar su visto bueno. La increíble habilidad de Frankel para el fraude informático haría el resto.

No obstante, la amarga experiencia padecida con personajes como Sindona y Calvi había vuelto recelosos a los sacerdotes. Antes de que el acuerdo fuera firmado, Frankel se vio obligado a presentar ante el IOR documentación acreditativa de que poseía realmente el dinero necesario para realizar tan ambiciosa operación económica. Frankel respondió dándoles el número privado del banquero suizo Jean-Marie Wery, director del Banque SCS Alliance. Cuando éste fue preguntado por los funcionarios del IOR, aseguró que David Rosse (Frankel) era un hombre extraordinariamente rico con capacidad más que sobrada para emprender un negocio de mil millones de dólares.

7. Morris, Mark, «Missouri Regulators Sue Vatican», Kansas City Star, 11 de mayo de 2002.

......NI UNA SOLA VERDAD
Este farragoso texto no contenía ni una sola verdad. Los mil mi llones de dólares que se mencionan ni existían ni habían existido.

......En octubre de 1999, las autoridades estimaron que Frankel había robado unos doscientos millones de dólares de las compañías estafadas. En diciembre de ese mismo año fue detenido en Alemania, donde se declaró culpable de contrabando de joyas por valor de varios millones de dólares a fin de evitar, o al menos retrasar, su extradición a Estados Unidos. Tras un intento de fuga, fue devuelto a su país y juzgado por diversos cargos. En 2001, el Vaticano fue demandado como cómplice por las comisiones de seguros de varios Estados, solicitándosele doscientos millones de dólares en concepto de reparación.

12. Varios autores, The Crime Library, Dark Horse, Nueva York, 2002.
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-------------33 DÍAS - LA PREMATURA MUERTE DE JUAN PABLO I
http://www.bibliotecapleyades.net/vatican/esp_vatican26i.htm


Durante los escasos 33 días que duró el pontificado de Juan Pablo I, la Iglesia tuvo la gran oportunidad de expiar sus pecados del pasado y entrar en una nueva era de modernidad, transparencia y pobreza ejemplar. Desgraciadamente, la muerte prematura de Juan Pablo I dio al traste con sus revolucionarios proyectos. La sospecha de un posible asesinato no ha dejado nunca de estar presente.

La última etapa del pontificado de Pablo VI estuvo presidida por los reproches, pero lo que nunca nadie podría reconvenirle es que no supiera cómo organizar un cónclave secreto. Como ya se ha explicado anteriormente, la constitución Romano pontifici eligendo es la disposición más arbitraria sobre el desarrollo de un cónclave de cuantas se hayan hecho en los tiempos modernos por miedo a que se repitieran los embarazosos episodios con micrófonos ocultos.1

1. Cooney, John, op. cit.

El cónclave para elegir a su sucesor iba a ser, sin duda, muy especial. Tras los muros de la Capilla Sixtina se pondrían en juego, como nunca antes, los anhelos, deseos y esperanzas de los católicos de todo el mundo. La derecha, con el cardenal Giuseppe Siri a la cabeza, esperaba elegir a un pontífice que devolviese a la Iglesia al estado de rígida disciplina eclesiástica anterior al II Concilio Vaticano; deseaban un nuevo Pío XII. La izquierda quería un papa que reconciliase a la Iglesia con los pobres, pero no como un monarca absoluto, sino democráticamente y contando con la opinión de los obispos. En definitiva, un nuevo Juan XXIII.

Casi en medio de ambas posturas se encontraba el patriarca de Venecia Albino Luciani, un hombre que conjugaba sencillez, humildad e inteligencia. Su preocupación eran los pobres, y no estaba interesado en la distinción entre derechas e izquierdas. Lo que realmente le importaba eran los millones de seres humanos que padecían la miseria en el Tercer Mundo. Sabía muy bien a quién iba a votar, al cardenal brasileño Aloísio Lorscheider,2 un hombre que, como él, tenía una especial sensibilidad hacia el mundo pobre.

2. Yailop, David, op. cit.

......EL QUE ENTRA PAPA SALE CARDENAL
Como en todos los cónclaves, en éste también había favoritos. De todos ellos, el principal era el cardenal Giovanni Benelli, líder del sector más moderado de la curia, lo que le valió los ataques de varios cardenales, como Pericle Felici, administrador del patri monio de la Santa Sede, que llegó a comentar: «Su voto será para sí mismo».

No sería así. El 25 de agosto de 1978 comenzó uno de los cónclaves más cortos de la historia: duró un día. Sorpresivamente, Benelli decidió renunciar a sus posibilidades de convertirse en papa y apoyar a un candidato que pusiese de acuerdo a ambas corrientes: Albino Luciani, el hombre con el que nadie contaba. Luciani subió al trono de San Pedro como Juan Pablo I (Juan por Juan XXIII y Pablo por Pablo VI). Si algunos cardenales pensaron que su elección debía entenderse como señal de un pontificado continuista, pronto se llevaron una decepción.

El nuevo papa tenía el sueño de devolver a la Iglesia sus característicos rasgos de austeridad y pobreza; a las pocas horas de su designación ya comenzó a trabajar para hacer realidad esta aspi ración, que consideraba de vital importancia para el futuro de la Iglesia católica. En la noche del 27 de agosto de 1978, Juan Pablo I cenó con el cardenal Jean Villot y le confirmó a él y a los otros miembros de la curia romana en sus cargos, a los que habían tenido que renunciar tras el fallecimiento de Pablo VI. Pero en aquella cena ocurrió algo más.

El papa ordenó a Villot que iniciara de inmediato una investigación que abarcase todas las operaciones del Vaticano, especialmente las de carácter financiero. «Que no quede excluido ningún departamento, ninguna congregación, ninguna sección.» Debería hacerse de forma rápida, discreta y en profundidad. Una vez que el papa recibiese el informe, lo estudiaría y decidiría qué hacer.

Le preocupaba por encima de todo el Instituto para las Obras de Religión, dirigido por Marcinkus. Y no era el único que compartía esta inquietud. Cuatro días después, el 31 de agosto, el diario de información económica II Mondo publicaba una carta abierta a Juan Pablo I titulada «Su Santidad: ¿le parece correcto?». En ella se le pedía que impusiera «orden y moralidad» en las finanzas del Vaticano, inmersas, según el rotativo, «en la especulación y las aguas insalubres». El texto se refería explícitamente a las operaciones financieras fraudulentas del Vaticano e incluía un recuadro sobre sus propiedades y fortuna.3

3. Panerai, Paolo, «Su Santidad: ¿le parece correcto?», II Mondo, 31 de agosto de 1978.

.....UNOS MÁS IGUALES QUE OTROS
......Una semana después de haberlo solicitado, Juan Pablo I tenía sobre la mesa de su despacho los primeros datos del informe elaborado por el cardenal Villot sobre el IOR. El banco, que según indicaba su propio nombre había sido creado para fomentar las «obras de religión», era, en la actualidad, igual que cualquier otra institución financiera laica. De sus once mil cuentas, tan sólo 1.650 guardaban alguna relación con la Iglesia. El resto pertenecía a clientes externos, entre los que destacaban Michele Sin dona, Licio Gelli, Roberto Caivi y el arzobispo Paúl Marcinkus.

Por aquellas mismas fechas, y a lo largo de varias reuniones sucesivas que comenzaron el 7 de septiembre, los cardenales Be nelli y Felici pusieron al papa al corriente sobre la historia de las operaciones financieras que vinculaban al IOR con Sindona, de las relaciones de éste con el blanqueo de dinero para el narcotrá fico, de las pérdidas económicas sufridas, de cómo se evitó el es cándalo en varias ocasiones, en especial con el sórdido asunto de los bonos falsos, y le advirtieron de que en ese preciso instante se estaba fraguando otro posible escándalo: el que podría producirse si llegaran a ser descubiertos los amaños de Roberto Caivi (al parecer, el juez Emilio Alessandrini ya estaba investigando el asunto). El papa palidecía a medida que leía el informe. La inves tigación del magistrado podía terminar no sólo con el procesa miento de Caivi, sino con el del propio Marcinkus y otros fun cionarios vaticanos:

«El Papa los miró fijamente [a Benelli y Felici] y, con una voz que no le habían oído antes, les dijo que aquello no podía continuar».4



Lo que el papa desconocía es que Gelli y Caivi habían pronunciado palabras muy similares cuando recibieron la misma información a través de sus propios contactos. Ambos estaban al corriente de la investigación judicial y decidieron que lo más apropiado era optar por lo que Sindona solía llamar «la solución italiana». Aprovechando que el Renault 5 naranja del juez Alessandrini se había detenido en un semáforo de la via Muratori de Roma, cinco pistoleros le acribillaron a balazos.5 La investigación tuvo que comenzar de nuevo, y el encargado para esta delicada tarea fue el nuevo gobernador del Banco de Italia, Cario Azeglio Ciampi, actual presidente de la República italiana.6

4. Thomas, Gordon y Morgan-Witts, Max, Pontífice, Plaza & Janes, Barcelona, 1983.

5. Cornweil, Rupert, op. cit.

6. Jones, Tobías, op. cit.

LA IGLESIA DE LOS POBRES
Mucho antes de su elección como pontífice —desde el altercado con Marcinkus en 1972 como consecuencia de la venta de la Banca Católica del Véneto—, Luciani había transmitido al cardenal Villot numerosas quejas sobre las finanzas del Vaticano, la forma en que Marcinkus dirigía el IOR, la implicación de un ma fioso como Michele Sindona en las finanzas de la Iglesia, cómo la influencia de éste se extendía a la administración del patrimonio de la Santa Sede, etc.

Muchos lamentos, pero ningún resultado. Sin embargo, ahora tenía en sus manos el poder para cambiar las cosas. Quería una revolución que sirviera para devolver a la Iglesia a sus orígenes y a congraciarla de nuevo con las enseñanzas de Jesucristo. Dado que el nuevo papa se distinguía por ser un hombre que predicaba con el ejemplo, es muy significativo uno de sus escritos:

Estamos de acuerdo en que la prudencia debe ser dinámica y ex hortar a las personas a la acción. Pero hay tres fases que deben ser consideradas: deliberación, decisión y ejecución. Deliberación implica procurarnos los medios que nos llevarán al fin. Se basa en la reflexión, la petición de consejo, el análisis cuidadoso. Decisión significa, tras el análisis de los diversos métodos posibles, la elección de uno de ellos... [...] Se dice que la política es el arte de lo posible, y de alguna forma es cierto. La ejecución es la más importante de las tres fases: la prudencia, unida a la fuerza, evita el desánimo ante las dificultades y los obstáculos. Es el momento en el que un hombre demuestra ser líder y guía.7

7. Yailop, David, op. cit.

Tras leer esto nadie podrá dudar de que Juan Pablo I sabía cómo llevar a buen término sus planes. El 28 de agosto ya había llamado mucho la atención su negativa a recibir la tiara cargada de joyas. El papa nunca más sería monarca coronado, sino pastor de su rebaño, como el propio Jesucristo hubiera deseado. Acto seguido, Juan Pablo I se dirigió al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede: «No tenemos bienes materiales que intercambiar ni intereses que discutir. Nuestras posibilidades para intervenir en los asuntos del mundo son específicas y limitadas, y tienen un carácter especial».

Fueron muchos los que vieron en esta declaración de intenciones el fin del Banco Vaticano. En los mercados de valores más importantes del mundo había auténtica expectación respecto a las decisiones que estaba a punto de tomar el nuevo papa. Lo único que quedaba por confirmar era hasta dónde iba a llegar Juan Pablo I en su reforma, algo que, para los especuladores que operaban cercanos a los intereses del Vaticano, podría significar la diferencia entre obtener nuevas ganancias o enfrentarse a la ruina.

Además, había una importante cuestión pendiente. Si el papa quería una Iglesia pobre, ¿qué pensaba hacer con las riquezas del Vaticano? Uno de los más preocupados parecía ser el cardenal Villot, de carácter sumamente conservador y al que las nuevas ideas de Juan Pablo I inquietaban profundamente. Las diferencias entre ambos hombres eran cada vez mayores y el papa sentía cada vez más la desaprobación de aquel al que había confirmado en su puesto como secretario de Estado.

EL REGRESO DE LA LISTA DE LOS MASONES
En los primeros días de septiembre de 1978 comenzaron a hacerse públicas las primeras medidas del nuevo pontífice, entre las que destacaba su intención de variar drásticamente las relaciones del Vaticano con el mundo del gran capital. Aparte de esto, Juan Pablo I ya había dado los primeros pasos hacia una revisión de la postura oficial de la Iglesia respecto al control de la natalidad, algo que levantó ampollas en amplios sectores de la Iglesia, y, en especial, en el cardenal Villot, contrario a los métodos anticonceptivos.

El 5 de septiembre, Juan Pablo I recibió en audiencia al cardenal africano Bernardin Gantin, a quien pondría al frente de Cor Unum, una organización de la Iglesia de ayuda internacional, que hasta ese momento dependía del cardenal Villot. Juan Pablo I no tenía dudas, la Iglesia había de dedicar una parte importante de sus recursos financieros a apoyar planes serios de desarrollo en el Tercer Mundo. Ese mismo día ocurrió un suceso que, para los más suspicaces, debió haber puesto en guardia al papa sobre su seguridad personal.

Recibía a una de las mayores autoridades de la Iglesia ortodoxa, el metropolita Nicodemo de Leningrado. Ambos hombres se sentaron a tomar café, pero nada más dar el primer sorbo, Nicodemo se precipitó al suelo y murió casi instantáneamente. El dictamen oficial fue infarto, aunque era un hombre relativamente joven, 49 años, y según todos los indicios tenía un buen estado de salud.

Con todo, aquél era un problema menor para Juan Pablo I. El 12 de septiembre la agencia de noticias UOsservatore Político divulgó un artículo titulado «La gran Logia del Vaticano», en el que se reproducía, con algunos añadidos, la famosa lista de presuntos masones del entorno de la Santa Sede —cardenales, obispos y otros altos dignatarios de la Iglesia— que ya hemos reproducido anteriormente. Esta agencia de noticias, dirigida por el periodista Carmine Pecorelli, el mismo que acabó con un disparo en la boca tras delatar a sus hermanos masones de P2, se caracterizaba por la publicación de informaciones escandalosas cuya veracidad siempre era contrastada.

UN SECRETO A VOCES
Al parecer, el papa se encontraba literalmente rodeado de masones, entre ellos el secretario de Estado, cardenal Jean Villot, el ministro de Asuntos Exteriores, monseñor Agostino Casaroli, el cardenal Sebastiano Baggio, el cardenal Ugo Poletti, vicario de Roma, el arzobispo Paúl Marcinkus y monseñor Donato de Bonis, otro alto cargo del Banco Vaticano.8

8. Wilson, Robert Antón, op. cit.

Juan Pablo I no acababa de creérselo. Para él era inconcebible que un sacerdote perteneciese a la masonería. Aunque sabía que entre los católicos laicos no era infrecuente —también había comunistas—, tratándose de miembros del clero la situación era muy diferente. Al menos podía contar con que las personas en las que más confiaba en el Vaticano, el cardenal Benelli y el cardenal Felici, no figuraban en la relación de supuestos masones. Así que decidió llamar a este último para tomar café y discutir la situación.

Juan Pablo I disfrutaba de la compañía de Felici, un hombre de pensamiento conservador pero inteligente, sofisticado y espiritual. Para su sorpresa, el cardenal le comentó que conocía la existencia de la lista. Había circulado por la Santa Sede al menos desde 1976, y constituía un secreto a voces. El hecho de que volviera a salir ahora a la luz pública era un claro mensaje al nuevo pontífice para que mediase en el asunto. Lo que estaban requiriéndole era una investigación y una purga de buena parte de la curia y varios de los papables.

—¿Quieres decir que listas como esta existen desde hace más de dos años?

—Eso mismo, Santidad.

—¿Y la prensa las conoce?

—Las conoce. Nunca ha llegado a publicarse una lista completa, pero sí un nombre aquí, otro allá...

—¿Y cuál ha sido la reacción del Vaticano?

—La normal... o sea, ninguna.

El Papa se rió ante la observación.

—¿La lista es auténtica? —preguntó sin rodeos Juan Pablo I. Felici se encogió de hombros.

—Esas listas parecen proceder de los allegados a Lefebvre... no fueron elaboradas por nuestro hermano rebelde francés, más bien las utiliza.9

9. Yailop, David, op. cit.

(Cuando se habló de los problemas por los que atravesó Pablo VI durante la última etapa de su pontificado, habría que haber precisado que el que más amargura le causó fue el concerniente al obispo Marcel Lefebvre. Él era la máxima expresión del integrismo católico, alguien que consideraba que el II Concilio Vaticano había sido un acto herético, y, en consecuencia, actuaba como si nunca se hubiera celebrado. Día a día, desafiaba la autoridad del Vaticano celebrando en su diócesis misas en latín y de espaldas a los feligreses. La condena pública de Pablo VI no le hizo la menor mella. En cuanto al nuevo papa, sus seguidores ni siquiera le reconocían por el hecho de haber sido elegido por un cónclave del que se había excluido a los cardenales mayores de ochenta años.)

La investigación siguió su curso, realizándose discretamente y con la colaboración de las autoridades italianas, que encontraron testigos que apoyaron la presunta pertenencia del secretario de Estado Villot y su asistente, el cardenal Baggio, a la masonería. Ahora estaba claro el motivo de la insistencia del cardenal Villot en la necesidad de una «modernización» de la postura que mantenía la Iglesia respecto a la masonería. Esto mismo podía decirse de la práctica totalidad de los nombres que figuraban en la lista.

El 13 de septiembre, el papa llamó a Roma a uno de sus hombres de confianza. Germano Pattaro, para que aceptase ser su consejero. Según las propias palabras de Pattaro, el papa estaba viviendo «un mes de infierno», un vía crucis: «Comienzo a entender ahora cosas que no había comprendido antes. Aquí cada uno habla mal del otro. Si pudieran, hablarían mal hasta de Jesucristo». La curia, indecisa y dividida, acosaba al papa constantemente y la relación con Marcinkus y Villot era cada vez más tensa. La antipatía de Marcinkus queda patente en unas declaraciones que realizó tras el fallecimiento del pontífice:

Ese pobre hombre, el papa Juan Pablo I, llega de Venecia, una diócesis pequeña, de gente mayor, donde no hay más que 90.000 personas en la ciudad y los sacerdotes son viejos. De repente lo me ten en un sitio como éste, sin saber siquiera dónde está cada despacho. No tiene ni idea de a qué se dedica la secretaría de Estado [...]. La suya era una sonrisa muy nerviosa [...]. Además, hay que tener en cuenta que no era una persona de mucha salud... No hay más que coger el periódico todos los días y ver cómo hay mucha gente joven que consigue un buen puesto de trabajo y al poco tiempo se muere. Y no por eso va uno a pensar que los mataron.10

10. Cornweil, John, A Thiefin the Night: Ufe and Death in the Vatican, op. cit.

El propio Marcinkus era consciente de que sus días al frente del IOR acabarían pronto: «No me queda mucho», le comentó a un amigo. A partir del 20 de septiembre ya se rumoreaba en Roma que el papa se disponía a expulsar a algunos de los hombres más representativos de la Santa Sede. El número de cigarrillos fumados por el cardenal Villot, fumador empedernido, puede servirnos de barómetro para medir su agitación nerviosa.

Desde la coronación de Juan Pablo I, las dos cajetillas diarias de Galois que fumaba el cardenal habían subido a tres, y algunos días llegaban incluso a cuatro. Se sentía traicionado por la Santa Sede. Él y no otro se había mantenido firme al frente del Vaticano durante los agónicos últimos años de Pablo VI, cuando se le empezaba a llamar el «Papa Hamiet». El y no otro había mantenido la Iglesia en funcionamiento mientras Pablo VI vagaba por los pasillos del palacio de Letrán. La prensa francesa le llamaba el «De Gaulle de Dios».12

11. Manhattan, Avro, Murder in the Vatican, op. cit.

12. Alien, John L., Conclave: The Politics, Personalities, and Process of the Next Papal Election, Doubleday, Nueva York, 2002.

SOLO ANTE EL PELIGRO


Uno de los hombres más preocupados era Roberto Calvi, cuyos negocios con Marcinkus y el Banco Vaticano podrían llevarle a la cárcel de por vida. Las noticias que recibía de sus informadores en el Vaticano no podían ser más inquietantes. El banquero milanos estaba convencido de que el papa quería vengarse por la compra de la Banca Católica del Véneto. Si no, ¿para qué tanta investigación en el Instituto para las Obras de Religión?

Si era la ira lo que motivaba la forma de actuar de Juan Pablo I, tal vez se le pudiera calmar de alguna forma (ofreciéndole, por ejemplo, una generosa donación para obras de caridad). Pero según iba recibiendo informes, Calvi se daba cuenta de que tenía ante sí a una persona con la que no estaba acostumbrado a tratar: Juan Pablo I era incorruptible, insobornable y, en definitiva, honrado.

Calvi se jugaba mucho. Se había apropiado ilegalmente de más de 400 millones de dólares mediante la evasión fiscal y la creación de varias sociedades fantasma. Era demasiado lo que dependía de que el ahora investigado Marcinkus siguiera en su puesto. La única y remota posibilidad de que todo continuase como hasta ese momento era que el papa muriese antes de destituir a los hombres de confianza del anterior pontífice y pusiese en su lugar a alguien menos partidario de reformar las finanzas vaticanas. Un mes después de ser elegido papa, Juan Pablo I había conseguido llevar el temor y la incertidumbre al corazón de los principales responsables de la corrupción vaticana.

El 23 de septiembre, Juan Pablo I tomó posesión como obispo de Roma. Su homilía no contribuyó a tranquilizar las posibles conciencias culpables que hubiera en la Santa Sede, sobre todo porque en un momento del discurso se volvió hacia Marcinkus y dijo:

Aunque durante más de veinte años he sido obispo de Vittorio Véneto y Venecia, reconozco que no he aprendido el oficio demasiado bien. En Roma, me adscribiré a la escuela de san Gregorio el Grande, que escribió que un pastor debe, con compasión, estar cercano a cada uno de los que le han sido encomendados; independientemente de su puesto se debe considerar al mismo nivel que el rebaño, pero no debe temer ejercer los derechos de su autoridad contra los inicuos...13

13. Yailop, David, op. cit.

Dado que la mayoría de los presentes no tenían la menor idea de las turbias corrientes que recorrían el subsuelo del Vaticano, se limitaron a asentir ante tan sabias palabras. Para los iniciados, aquel mensaje era una suave y discreta declaración de guerra. El final de la corrupción estaba próximo.

Para entonces, los rumores de la existencia del informe solicitado al cardenal Villot por el papa ya habían llegado al prestigioso semanario estadounidense Newsweek, que daba por segura la destitución de Marcinkus. En la Ciudad del Vaticano, se barajaban decenas de nombres que, tras Marcinkus y Villot, abandonarían la Santa Sede.

EL CARDENAL ARROGANTE
También había que solucionar el asunto del Banco Ambrosiano, desvincularse de Caivi y sus negocios sucios a la mayor brevedad, salvar lo que se pudiera, tanto en prestigio como en dinero, y buscar un nuevo banquero para la Santa Sede. El principal can didato era Lino Marconato, director del Banco San Marco, que fue llamado a los aposentos del papa para celebrar una reunión confidencial el 25 de septiembre.

Tres días más tarde, el 28 de septiembre, fue la fecha elegida para dar comienzo a la purga. El primero en ser convocado al despacho del papa fue el cardenal Baggio. A pesar de lo que dijera la doctrina, el papa no pensaba excomulgarle, ya que sólo había en su contra pruebas circunstanciales y, aun teniendo la certeza de su vinculación a la masonería, castigar a un cardenal hubiera sido un escándalo que no se podía permitir una ya muy debilitada Iglesia. Sin embargo, lo que sí tenía claro Juan Pablo I es que no quería a su lado a un hombre en el que no confiaba, así que tomó una solución salomónica. Dado que desde que fue elegido papa Venecia estaba sin patriarca, decidió ofrecerle el puesto a Baggio.

Lo que sucedió a continuación no estaba en los planes del papa. Baggio se negó, y lo hizo en un tono poco apropiado para dirigirse a un pontífice. De hecho, estaba furioso. No quería cambiar Roma por una diócesis periférica donde nadie iba a contar con él. Le gustaba Roma y le gustaban los manejos políticos del Vaticano. Dentro de poco iba a presidir la conferencia de Puebla, en México, y quería capitalizar aquel protagonismo.

La negativa, y sobre todo el tono de protesta de Baggio, des concertaron al papa, que consideraba la obediencia como uno de los valores fundamentales del sacerdocio. Él mismo había aceptado sin rechistar en su vida muchas decisiones de la Santa Sede que no compartía. Es más, incluso durante su actual etapa de pontificado, caracterizada por el descubrimiento de una corrupción tras otra, solía excusar a los culpables pensando que sus acciones, probablemente, tuvieran su origen en la obediencia debida. No obstante, aquel cardenal arrogante que por razones egoístas se negaba a acatar una decisión del papa era algo inconcebible. Aun así, el pontífice mantuvo la calma. Despidió a Baggio y se fue a almorzar, meditando una solución para el problema.

Tras una corta siesta, el papa dio un paseo por los corredores de palacio. A las 15.30 volvió a su despacho e hizo algunas llamadas telefónicas: llamó a Padua al cardenal Felici, a Florencia al cardenal Benelli y llamó a Villot, a quien convocó a una reunión unas horas más tarde. A sus dos hombres de confianza les contó lo que había sucedido y les pidió consejo. Al secretario de Estado le comunicó el resto de sus decisiones.

Al caer la tarde, refrescó un poco. El cardenal Villot se sentó a tomar el té con el papa, aunque en el ambiente se notaba una tensión que dejaba claro que aquella no iba ser una reunión de cortesía. Como siempre, Juan Pablo I se dirigió al cardenal en francés y le pidió que antes de veinticuatro horas destituyera a Marcinkus como máximo responsable de la banca vaticana. Ni siquiera deseaba que el obispo permaneciera en el Vaticano; en su tierra natal, como obispo auxiliar de Chicago, sería mucho más útil a la Iglesia. A Marcinkus le sustituiría monseñor Giovanni Angelo Abbo, secretario de la prefectura de asuntos económicos de la Santa Sede, un hombre con una sólida formación financiera y que contaba con toda la confianza del pontífice. Además, Juan pablo I anunció otros cambios en el seno del Instituto para las Obras de Religión:

Mennini, De Strobel y monseñor De Bonis serán apartados. In mediatamente. De Bonis será reemplazado por monseñor Antonetti. Discutiré cómo cubrir las otras vacantes con monseñor Abbo. Quiero que todos nuestros vínculos con el grupo del Banco Ambrosiano terminen lo más deprisa posible. En mi opinión, esto será imposible de seguir con las personas que actualmente están al cargo.14

EL CASTIGO A LOS INICUOS
Villot tomó nota en silencio de estas disposiciones. Sabía que Marcinkus y su grupo habían especulado con las finanzas del Va ticano durante años. No era asunto suyo, él se había limitado tan sólo a mirar para otro lado. El segundo punto del orden del día era el futuro del cardenal Baggio. El papa había meditado todo el día sobre el tema y finalmente llegó a una resolución. Baggio iría donde se le dijese, no había discusión posible. El papa no tenía ninguna intención de volver a hablar con él, sería Villot quien le comunicase su nuevo destino en Venecia:

Venecia no es un tranquilo mar de rosas. Precisa de un hombre con la fuerza de Baggio. Nos gustaría que usted conversase con él. Dígale que todos debemos hacer algún sacrifico en este momento. Tal vez sea bueno recordarle que yo no tengo la menor intención de volver a asumir ese puesto.15

14. Ibid.

15. Ibid.

Asimismo, el papa comunicó a su secretario de Estado el resto de cambios que tenía planeados, entre los que se encontraba la inmediata sustitución de todos los presuntos masones del Vaticano por hombres de su confianza. Los destituidos serían destinados a puestos de segunda fila y sus actividades estarían supervisadas por «verdaderos católicos».



El cardenal Pericle Felici sería el nuevo vicario de Roma, en sustitución del cardenal Ugo Poletti, que reemplazaría, a su vez, al cardenal Benelli como obispo de Florencia. Benelli se convertiría en el nuevo secretario de Estado, relevando al propio Villot, cuya renuncia debería ser presentada en breve para así poder regresar a su Francia natal. El cardenal pareció encajar la noticia bastante mal, aunque su protesta fue en términos más respetuosos que los de Baggio.

El papa le recordó un episodio de la historia vaticana por si podía sacar alguna enseñanza de él. Pío X destituyó al cardenal Rampolla, secretario de Estado con León XIII, porque existía la sospecha de que era masón. No es que aquella historia tuviera nada que ver con él, era sólo un ejemplo histórico para demostrarle que los secretarios de Estado no tenían por qué serlo de por vida. El golpe de gracia para Villot fue la confirmación de que sería el Santo Padre quien recibiera al comité norteamericano sobre el control de población el 24 de octubre. Esta delegación del gobierno estadounidense trataba de modificar la posición de la Iglesia sobre la pildora anticonceptiva, algo a lo que el papa no pondría demasiados reparos.

La reunión con Villot finalizó a las 19.30. Después, el papa se retiró a orar y tomó una cena ligera, servida por la hermana Vin cenza, su cocinera y ama de llaves desde hacía años. A las 21.30, después de cenar y haber visto las noticias de la televisión, el papa, que parecía de buen humor, se despidió de sor Vincenza y sus asistentes: «Buonanotte. A domani. Se Dio vuole» (Buenas noches. Hasta mañana. Si Dios quiere).

LA MUERTE DEL PAPA


A la mañana siguiente, sor Vincenza, siguiendo la rutina habitual, llamó a la puerta del papa a las cuatro de la madrugada y dejó una bandeja con el café en la puerta. Media hora después, cuando volvió a pasar, la bandeja estaba intacta, lo cual extrañó a la reli giosa. Insistió en su llamada, pensando que el pontífice se había quedado dormido. Al no obtener respuesta decidió entrar. La escena que vio no podía ser más impactante.

La luz estaba encendida y el papa sentado en la cama, aparentemente revisando unos papeles, de hecho tenía las gafas puestas. Sin embargo, al acercarse más, la religiosa apenas pudo contener una exclamación de horror. En la cara del pontífice se dibujaba una sonrisa macabra y grotesca. Sus ojos, muy abiertos, parecían salirse de las órbitas.

Como pudo, teniendo en cuenta que padecía del corazón y que estaba impresionada por lo que acababa de ver, la monja corrió en busca del padre Magee, uno de los asistentes del papa. Tras comprobar que éste estaba muerto, telefoneó al cardenal Villot, que formuló una pregunta que sorprendió un poco al joven sacerdote: «¿Sabe alguien más que el Santo Padre ha muerto?». Nadie, excepto él y sor Vincenza, lo sabía. Villot ordenó que nadie accediera a la habitación del papa. Apenas unos minutos después, apareció perfectamente afeitado, despierto e impecablemente vestido con todos los ornatos de cardenal.

La Santa Sede comenzó entonces una confusa campaña de mentiras mezcladas con medias verdades sobre la muerte del papa que levantaron las primeras sospechas de asesinato. Y no era porque no hubiera enemigos suficientemente poderosos y con motivos dentro del Vaticano como para recurrir a la más terrible de las soluciones. Desde luego, un atentado contra el papa en medio de la plaza de San Pedro era impensable. La muerte tenía que producirse de forma aparentemente accidental, sin investigaciones ni complicaciones para la Iglesia.

La mejor forma de plantear un hipotético atentado contra el papa era mediante un veneno que después de administrado no dejara ninguna señal externa. El autor debía ser, además, una persona familiarizada con la rutina del Vaticano. En este sentido, la actitud del cardenal Villot ha sido calificada por múltiples analistas de llamativa. Cuando llegó junto al cuerpo, al lado de la cama del papa, en la mesilla de noche, estaba el frasco con el medicamento que Juan Pablo I tomaba para sus problemas de presión arterial baja. Villot se lo guardó en la sotana y arrancó de las manos del cadáver los apuntes sobre las designaciones de las que habían conversado la tarde anterior. Vació su escritorio de papeles e incluso se llevó sus gafas y sus zapatillas. Ninguno de estos objetos ha vuelto a ser visto jamás.

Una vez hecho esto, el cardenal llamó por teléfono al doctor Buzzonettí, el médico del papa, y procedió a administrar la extre maunción al cadáver. Luego, Villot impuso el voto de silencio a la hermana Vincenza, enviándola de vuelta a su convento en Venecia, e instruyó a todos para que la muerte del pontífice fuera silenciada hasta que él ordenara lo contrario. El doctor Buzzonettí llegó antes de las seis de la mañana y dictaminó que la causa de la muerte había sido una oclusión cardíaca ocurrida alrededor de las 22.30. Según el médico, el fallecimiento fue instantáneo y el pontífice no sufrió. Los enemigos del papa tuvieron su «milagro», el pontífice había muerto.


«ALBINO LUCIANI, ¿ESTÁS MUERTO?»
Villot procedió a realizar la ancestral ceremonia de la certificación de la muerte. Sacó de su sotana un pequeño martillo de plata, y golpeando levemente la frente del cadáver preguntó tres veces: «Albino Luciani, ¿estás muerto?». Tras esto, dictaminó oficialmente la muerte del papa. Villot decidió que el difunto Juan Pablo I debía ser embalsamado de inmediato, sin dar posi bilidad a ningún tipo de autopsia.

De hecho, poco después de las seis se presentaron los embalsamadores Ernesto y Arnaldo Signo racci, a los que Villot había llamado desde su aposento nada más recibir la llamada del padre Magee. Los hermanos Signoracci comenzaron inmediatamente su trabajo, lo cual es llamativo, puesto que, como recordaremos, era tradición que los papas no fuesen embalsamados (esta costumbre había provocado algunas situaciones embarazosas y grotescas).

Una consecuencia directa del embalsamamiento es que imposibilita cualquier intento de realizar la autopsia a un cadáver, sobre todo, en los casos de envenenamiento. Los hermanos Signoracci hicieron un magnífico trabajo, en especial en el rostro del pontífice, del que desapareció la horrible mueca con que fue en contrado y volvió a adquirir la serenidad que tuvo en vida. Mientras los embalsamadores trabajaban, Villot habló con el padre Magee. Para el mundo, sería él y no sor Vincenza quien habría encontrado el cadáver. Nunca se volvieron a mencionar los papeles ni ninguno de los objetos que se había llevado Villot de la habitación del pontífice. En su lugar, se dijo que el papa estaba leyendo un libro religioso. El siguiente paso de Villot fue comunicar la muerte del papa al decano del Sacro Colegio cardenalicio, al jefe del cuerpo diplomático y al comandante de la Guardia Suiza.

A las 6.45 el arzobispo Marcinkus llegó a la Santa Sede, donde fue informado de la muerte del papa por un miembro de la Guardia Suiza. (Este dato es revelador porque Marcinkus no era madrugador y nunca llegaba a su despacho antes de las nueve de la mañana.) A las 7.27 Radio Vaticana informaba al mundo del fallecimiento del pontífice. Nada más conocerse la noticia, un sector de la prensa italiana comenzó a sospechar de la versión oficial. El primer hecho refutado fue el «libro religioso» que presuntamente se había encontrado en las manos del papa. Aquel volumen estaba entre las pertenencias personales del Santo Padre que aún se hallaban en Venecia. El 5 de octubre, el Vaticano tuvo que admitir que en el momento de su muerte Juan Pablo I repasaba «ciertas designaciones en la curia y el episcopado italiano».

Otro asunto difícil de explicar era el embalsamamiento. La ley italiana prohibía que un cadáver fuera embalsamado antes de cumplirse las veinticuatro horas del fallecimiento. El 1 de octubre, el Corriere della Sera publicaba un reportaje titulado «¿Por qué no una autopsia?», en el que su autor, Cario Bo, reflexionaba:

La Iglesia no tiene nada que temer, por tanto, no tiene nada que perder. Más bien al contrario, tendría mucho que ganar. Saber a causa de qué murió el Papa es un hecho histórico legítimo, parte de nuestra historia viviente, y no afecta de ninguna manera el misterio espiritual de su muerte. El cuerpo que dejamos atrás cuando morimos puede ser estudiado por nuestros pobres instrumentos, no es más que un residuo. El alma está ya, o mejor, siempre estuvo, sometida a otras leyes, que no son humanas, que todavía permanecen inescrutables. No transformemos en misterio un secreto que hay que guardar por razones terrenales. Debemos reconocer el significado de nuestros secretos. No declaremos sagrado lo que no lo es.

Las sospechas se hicieron más intensas si cabe al hacerse público por parte de los médicos personales del papa que éste se encontraba en un magnífico estado de salud; sólo estaba aquejado de un ligero problema de presión sanguínea baja. Esta afirmación obligó a Villot a inventarse una historia que hizo circular entre los cardenales que reclamaban una autopsia. Según la nueva versión, el pontífice habría fallecido a causa de una sobredosis de Efortil, el medicamento que tomaba para regular su presión sanguínea.

Si se descubría esta circunstancia era probable que se corriese el bulo de que Juan Pablo I se había suicidado. Cuando esta historia tampoco pareció apaciguar a los partidarios de realizar una autopsia a Juan Pablo I, Villot recurrió al derecho canónico, diciendo que era la ley la que prohibía la autopsia de un pontífice, lo cual también era mentira; de hecho, en 1830, el cuerpo de Pío VIII fue sometido al análisis del forense.

Más tarde se descubrió también que había sido sor Vincenza quien encontró el cadáver, e incluso se especuló con la presencia de vómito en el lugar de la muerte, indicador de un posible envenenamiento.

El nuevo cónclave para elegir sucesor al papa comenzó el domingo 15 de octubre de 1978, y desde el principio se hizo patente que no iba a ser tan rápido ni sencillo como el último. El favorito era el cardenal Benelli, que estaba dispuesto a continuar con las reformas de su antecesor, pero a Benelli le faltaron nueve votos para alzarse como Sumo Pontífice. El vencedor resultó ser un candidato de compromiso, el cardenal Karol Wojtyla, de Polonia, en el polo opuesto de las ideas de Juan Pablo I, a pesar de haber elegido el mismo nombre. Si realmente la muerte de Juan Pablo I fue fruto del asesinato, a los conspiradores todo les había salido a pedir de boca.










...Bergoglio : !!¿"En que me meti?!!....
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