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¿Como eliminar las drogas del mundo? Burroughs te lo explic

Info7/11/2013



Este es el prologo de uno de los mas estrafalarios libros que lei, pero su me parecio una de las conjeturas mas realistas del mundo de la droga, quien lo relata fue un hombre adicto a la heroina cerca de 10 años...



Desperté de la Enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno, cuerdo y en bastante
buen estado de salud, a no ser por un hígado algo resentido y ese aspecto de llevar la
carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a la Enfermedad... La mayoría de
esos supervivientes no recuerdan su delirio con detalle. Al parecer, yo tomé notas
detalladas sobre la Enfermedad y el delirio. No tengo un recuerdo preciso de haber
escrito las notas publicadas ahora con el título de EL ALMUERZO DESNUDO. El
título fue sugerido por Jack Kerouac. Hasta mi reciente recuperación no comprendí lo
que significaba exactamente lo que dicen sus palabras: ALMUERZO DESNUDO: un
instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.
La Enfermedad es la adicción a la droga y yo fui adicto durante quince años.
Cuando digo adicto quiero decir adicto a la droga (término genérico para el opio y/o sus
derivados, incluyendo todos los sintéticos, del demerol al palfium). He consumido la
droga bajo muchas formas: morfina, heroína, dilaudid, eucodal, pantopón, diccodid,
diosane, opio, demerol, dolofina, palfium. La he fumado, comido, aspirado, inyectado
en vena-piel-músculo, introducido en supositorios rectales. La aguja no es importante.
Tanto da que la aspires, la fumes, la comas o te la metas por el culo, el resultado es el
mismo: adicción. Cuando hablo de adicción a la droga no me refiero al kif, la marihuana
o cualquier preparado de hachís, mescalina, Bannisteria caapi, LSD6, hongos sagrados,
ni a ninguna droga del grupo de los alucinógenos... No hay pruebas de que el uso de
algún alucinógeno produzca dependencia física. La acción de esas sustancias es
fisiológicamente la opuesta a la acción de la droga. El celo de los departamentos de
narcóticos de Estados Unidos y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión
entre las dos clases de drogas.
He visto el modo exacto en que actúa el virus de la droga a lo largo de quince años
de adicción. La pirámide de la droga: cada nivel devora al de abajo (no es casualidad
que los de arriba sean siempre gordos y los adictos de la calle siempre flacos) hasta el
punto más alto, o los puntos más altos; porque hay muchas pirámides de la droga
alimentándose de las gentes del mundo y todas construidas sobre los principios básicos
del monopolio:
1. Nunca des por nada.
2. Nunca des más de lo que tienes que dar (tener al comprador siempre hambriento
y hacerle esperar siempre).
3. Recupera siempre todo lo que te sea posible.
El traficante siempre lo recupera todo. El adicto necesita más y más droga para
conservar forma humana... para espantar al Mono.
La droga es un molde de monopolio y posesión. El adicto aguanta mientras sus
piernas drogadas le lleven directo a recaer sobre el rayo de droga. La droga es
cuantitativa y mensurable con gran precisión. Cuanta más droga consumas menos tienes
y cuanta más tengas más usas. Todos los que utilizan alucinógenos los consideran
sagrados —hay cultos del peyote y la bannisteria, cultos del hachís y de los hongos
(«los hongos sagrados de México permiten al hombre ver a Dios»)—, pero nunca nadie ha sugerido siquiera que la droga sea sagrada. No hay cultos del opio. El opio es
profano y cuantitativo como el dinero. He oído que en la India hubo una vez una droga
beneficiosa y no adictiva. Se llamaba soma y se representa como una hermosa marea
azul. Si el soma existió alguna vez, el traficante logró embotellarlo y monopolizarlo, y
venderlo y convertirlo en la misma DROGA de toda la vida.
La droga es el producto ideal... la mercancía definitiva. No hace falta literatura para
vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan... El
comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su
producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente. Paga a
sus empleados en droga.
La droga produce una fórmula básica de virus «maligno»: El álgebra de la
necesidad. El rostro del «mal» es siempre el rostro de la necesidad total. El drogadicto
es un hombre con una necesidad absoluta de droga. A partir de cierta frecuencia, la
necesidad no conoce límite ni control alguno. Con palabras de necesidad total: «¿Estás
dispuesto?» Sí, lo estás. Estás dispuesto a mentir, engañar, denunciar a tus amigos,
robar, hacer lo que sea para satisfacer esa necesidad total. Porque estarás en un estado
de enfermedad total, de posesión total, imposibilitado para hacer cualquier otra cosa.
Los drogadictos son enfermos que no pueden actuar más que como actúan. Un perro
rabioso no puede sino morder. Adoptar una actitud puritana no conduce a nada, salvo
que se pretenda mantener el virus en funcionamiento. Y la droga es una gran industria.
Recuerdo una conversación con un norteamericano que trabajaba en la comisión para la
fiebre aftosa, en México. Seiscientos al mes más gastos:
—¿Cuánto durará la epidemia? —pregunté.
—Mientras podamos hacerla durar... Sí... tal vez surjan otros focos en Sudamérica
—dijo, como soñando.
Si se quiere alterar o anular una pirámide de números en relación serial, se altera o
se elimina el número base. Si queremos aniquilar la pirámide de la droga, tenemos que
empezar por la base de la pirámide: el adicto de la calle, y dejarnos de quijotescos
ataques a los llamados «de arriba», que son todos reemplazables de inmediato. El adicto
de la calle que necesita la droga para vivir es el único factor insustituible en la
ecuación de la droga. Cuando no haya adictos que compren droga, no habrá tráfico.
Pero mientras exista necesidad de droga, habrá alguien que la proporcione.
Los adictos pueden ser curados o puestos en cuarentena (es decir, que se les
adjudica una ración de morfina, bajo una mínima vigilancia, como a los afectados por el
tifus). Si se llega a hacer esto, las pirámides de droga del mundo se derrumbarán. El
único país que aplica este método al problema de la droga es, por lo que yo sé,
Inglaterra. Hay unos quinientos adictos censados en el Reino Unido. En la próxima
generación, cuando los adictos actualmente en cuarentena mueran y se descubran
analgésicos que actúen sobre una base no opiácea, el virus de la droga será como la
viruela, un capítulo cerrado, una curiosidad médica.
La vacuna que puede relegar el virus de la droga a un pasado sin futuro existe ya.
Esa vacuna es el tratamiento de apomorfina descubierto por un médico inglés cuyo
nombre debo ocultar hasta que me autorice a usarlo y a citar pasajes de su libro, que
cubre treinta años de tratamiento de alcohólicos y adictos con apomorfina. La
apomorfina es un compuesto que se forma al hervir morfina y ácido clorhídrico. Se
descubrió años antes de ser utilizado para tratar a los adictos. Durante muchos años, la
apomorfina, que no tiene propiedades narcóticas ni analgésicas, se aplicó únicamente
como emético, para provocar vómitos en casos de envenenamiento. Actúa directamente sobre el centro del vómito, en el cerebro posterior.
Encontré esta vacuna al final del trayecto de la droga. Estaba viviendo en una
habitación del barrio moro de Tánger. Hacía un año que no me bañaba ni me cambiaba
de ropa, ni me la quitaba más que para meterme una aguja cada hora en aquella carne
fibrosa, como madera gris, de la adicción terminal. Nunca limpié ni quité el polvo de la
habitación. Las cajas de ampollas vacías y la basura llegaban hasta el techo. Luz y agua
cortadas mucho tiempo por falta de pago. No hacía absolutamente nada. Podía pasarme
ocho horas mirándome la punta del zapato. Sólo me ponía en movimiento cuando se
vaciaba el reloj de arena corporal de la droga. Si venía a visitarme algún amigo —y rara
vez lo hacían, puesto que quedaba poco que visitar de mí— seguía allí sentado sin
importarme que hubiese entrado en mi campo visual —una pantalla gris cada vez más
confusa y más débil—, ni cuando fuese a salir de él. Si se hubiese muerto en el sitio, yo
hubiera seguido allí sentado mirándome el zapato y esperando para revisarle los
bolsillos. ¿Tú no? Porque nunca tenía droga suficiente, nadie la tiene nunca. Dos
gramos de morfina al día y seguía sin ser suficiente. Y largas esperas delante de la
farmacia. En el negocio de la droga la demora es norma. El Hombre nunca llega a la
hora. Y no por casualidad. No hay casualidades en el mundo de la droga. Al adicto se le
enseña con precisión una y otra vez lo que sucederá si no consigue comprar su ración.
Junta el dinero o ya sabes. Y de repente mi hábito empezó a crecer y crecer. Tres, cuatro
gramos al día. Y seguía sin bastarme. Y no podía pagar.
Allí estaba, con mi último cheque en la mano, y me di cuenta de que era mi último
cheque. Tomé el primer avión a Londres.
El médico me explicó que la apomorfina actúa sobre el cerebro posterior para
regular el metabolismo y normalizar el flujo sanguíneo de modo que el sistema
enzimático de la adicción se destruye en un período de cuatro o cinco días. Una vez
regulado el cerebro se retira la apomorfina y sólo vuelve a usarse si hay recaída. (Nadie
toma apomorfina por placer. No se ha registrado ni un solo caso de adicción a la
apomorfina.) Acepté someterme al tratamiento e ingresé en una clínica. Las primeras
veinticuatro horas estuve literalmente loco y paranoico, como les pasa a muchos adictos
con fuerte carencia. Veinticuatro horas de tratamiento intensivo de apomorfina
disiparon el delirio. El doctor me mostró la ficha. Me habían puesto pequeñas
cantidades de morfina que no bastaban para explicar la ausencia de los síntomas de
carencia más severos, como calambres en piernas y estómago, fiebre y mi propio
síntoma particular y personal, la quemadura fría, una especie de urticaria frotada con
mentol por todo el cuerpo. Cada adicto tiene un síntoma particular y personal que
escapa a todo control. Faltaba un factor en la ecuación de la carencia, y ese factor no
podía ser más que la apomorfina. Vi que el tratamiento de apomorfina funcionaba de
verdad. A los ocho días abandoné la clínica y comía y dormía normalmente. Permanecí
dos años enteros sin drogarme, un récord desde hacía doce años. Recaí durante unos
meses de resultas del dolor de una enfermedad. Otra cura de apomorfina me ha
mantenido alejado de la droga hasta el momento en que escribo.
La cura de apomorfina es cualitativamente distinta de otros métodos de cura. Los he
probado todos. Reducción rápida, reducción lenta, cortisona, antihistamínicos,
tranquilizantes, curas de sueño, tolserol, reserpina. Ninguna de esas curas superó la
primera oportunidad de reincidir. Puedo asegurar que nunca me curé metabólicamente
hasta haber realizado la cura de apomorfina. La abrumadora frecuencia de las recaídas,
según las estadísticas del Hospital de Narcóticos de Lexington, ha inducido a muchos
médicos a declarar que la adicción es incurable. En Lexington practican una cura de reducción con dolofina y, que yo sepa, nunca han probado con la apomorfina. La
realidad es que este tratamiento ha sido muy poco estudiado. No se han hecho
investigaciones con variantes de la fórmula de la apomorfina ni con sintéticos. No hay
duda de que podrían obtenerse sustancias cincuenta veces más potentes que la
apomorfina y eliminarse el efecto secundario del vómito.
La apomorfina es un regulador metabólico y psíquico que puede suspenderse en
cuanto ha cumplido su misión. El mundo está inundado de tranquilizantes y
estimulantes y, sin embargo, no se presta atención a este regulador único. Ninguno de
los grandes laboratorios farmacéuticos ha investigado sobre él. Considero que el estudio
de la síntesis de la apomorfina y de sus variantes abrirá las fronteras médicas más allá
del problema de la adicción.
La vacuna de la viruela se encontró con la vociferante oposición de un grupo de
lunáticos antivacunas. No hay duda de que si el virus de la droga se contrarresta, habrá
un clamor de protesta lanzado por individuos interesados o desequilibrados. La droga es
un negocio grande; siempre hay maníacos y especuladores. No se les debe permitir que
interfieran la labor esencial de aplicar el tratamiento de inoculación y cuarentena. El
virus de la droga es el principal problema de salud pública en el mundo de hoy.
Puesto que EL ALMUERZO DESNUDO trata de este problema, es brutal, obsceno
y repugnante por necesidad. La Enfermedad suele tener detalles repulsivos no aptos
para estómagos sensibles.
Ciertos pasajes del libro que han sido calificados de pornográficos están escritos
como una proclama contra la pena de muerte, a la manera de Una modesta proposición
de Jonathan Swift. Estas secciones pretenden poner al descubierto que la pena capital es
un anacronismo obsceno, bárbaro y repugnante. Como siempre, el almuerzo está
desnudo. Si los países civilizados quieren volver a los ritos druídicos de la horca en el
Bosque Sagrado, a beber sangre con los aztecas o a alimentar a sus dioses con sangre de
sacrificios humanos, que vean lo que de verdad comen y beben. Que vean lo que hay en
la gran cuchara de las noticias.
Tengo casi terminada una secuela de EL ALMUERZO DESNUDO. Una extensión
matemática del álgebra de la necesidad más allá del virus de la droga. Porque hay
muchas formas de adicción, creo que todas ellas obedecen a ciertas leyes elementales.
Con palabras de Heiderberg: «Quizá éste no sea el mejor de los universos posibles pero
es muy probable que sea uno de los más simples. » Si el hombre logra ver.
Post scriptum... ¿Y tú no?
Y hablando personalmente, y si un hombre habla de cualquier otra manera ya
podemos ir empezando a buscar a su Papaíto Protoplasma o Célula Madre... No quiero
oír más historias sabidas ni más mentiras sobre drogas... Las mismas cosas repetidas
un millón de veces y más cuando no vale la pena decir nada porque nunca pasa NADA
en el mundo de la droga.
La única excusa para esta agotada ruta de muerte es la SENSACIÓN cuando el
circuito de la droga se cierra por falta de pago y la piel drogada se muere por falta de
droga y sobredosis de tiempo y la Piel Vieja ha olvidado el juego de la piel acortando el
camino cubierto por la droga como hacen las pieles... Se precipita un estado de
exposición total cuando el Adicto Golpeante no puede sino ver, oler y oír... Cuidado con
los coches...
Está claro que la droga es una ruta-alrededor-del-mundo-empujando-una-bolita-deopio-con-la-nariz. Estrictamente para escarabajos-vagabundo montón de basura-droga.
Y por tanto listo para liquidación. Cansado de verlo por ahí. Los yonquis siempre se quejan de frío, como ellos lo llaman; se levantan el cuello
de sus chaquetas negras y se abrigan el flaco pescuezo... pura trampa de drogado. Un
yonqui no quiere sentir calor, quiere estar fresco, más fresco, FRÍO. Pero quiere el
FRÍO como quiere su droga, no FUERA, donde no le sirve de nada, sino DENTRO,
para poder estar sentado por ahí con la columna vertebral como un gato hidráulico... y
su metabolismo aproximándose al CERO absoluto. Muchas veces los adictos
TERMINALES se pasan dos meses sin mover el vientre y los intestinos forman
adherencias permanentes —¿a quién no?— que requieren la intervención de un
descorazonador de manzanas o de su equivalente quirúrgico... Así es la vida en la Vieja
Casa de Hielo. ¿Para qué moverse y perder el TIEMPO?
Hay sitio para uno más, señor.
Algunos individuos van de sensaciones termodinámicas. Inventaron la
termodinámica... ¿No lo harías tú?
Y algunos de nosotros buscamos sensaciones diferentes y se hace abiertamente
igual que me gusta ver lo que como y viceversa mutatis mutandis si se tercia. El salón
del almuerzo desnudo de Bill... Pasen ustedes... Bueno para jóvenes y viejos, hombres y
bestias. Nada como un poco de aceite de culebra para engrasar las ruedas y montar el
número en la pista, Bautista. ¿De qué lado estás? ¿Congelado hidráulico? ¿O quieres
echar un vistazo con el Buen Bill?
Este es, pues, el Problema de la Salud Mundial del que hablaba en el Artículo. El
Panorama que se Despliega ante Nosotros, Amigos MÍOS. ¿Oigo murmurar algo sobre
una navaja particular y un timador de segunda conocido porque inventó La Cuenta? ¿Tú
no? La navaja perteneció a un hombre llamado Occam, y no fue un coleccionista de
cicatrices. Ludwing Wittgenstein, Tractatus Logicus-Philosophicus: «Si una
proposición NO ES NECESARIA, NO TIENE SENTIDO y se aproxima al
SIGNIFICADO CERO. »
—¿Y qué hay más INNECESARIO que la droga si Tú no la necesitas?
Respuesta: —Los yonquis, si Tú no te drogas.
Os aseguro que he oído bastantes conversaciones lentas, pero ningún otro GRUPO
SOCIAL puede compararse a la LENTITUD termodinámica de la droga. El adicto a la
heroína no dice apenas nada, y eso puedo aguantarlo. Pero el «Fumador» de opio ya es
más activo, puesto que tiene una tienda y una Lámpara... y tal vez 7-9-10 allí tendidos
como reptiles que invernan y mantienen la temperatura a Nivel de Conversación: qué
bajo han caído los otros yonquis «en cambio nosotros, NOSOTROS tenemos la tienda y
la lámpara y la tienda y la lámpara y la tienda y aquí está agradable y caliente agradable
y caliente agradable y AQUÍ y agradable y FUERA HACE FRÍO... HACE FRÍO
FUERA donde los comedores de basura y los chicos de la aguja no durarán dos años,
no, ni siquiera seis meses durarán vagabundeando por ahí, no tienen nada de clase... En
cambio nosotros estamos AQUÍ SENTADOS y nunca aumentamos la DOSIS... nuncanunca aumentamos la dosis nunca excepto ESTA NOCHE que es una NOCHE
ESPECIAL con todos esos comedores de basura y chicos de la aguja ahí fuera pasando
frío... y nunca nos lo comemos, nunca, nunca, nunca lo comemos... Disculpe por favor,
voy hasta la Fuente de las Gotas Vivas que todos tienen en el bolsillo y las bolitas de
opio que se meten por el culo en un dedil mezcladas con las Joyas de la Familia y la otra
mierda».
Hay sitio para uno más, señor.
Bueno, cuando el disco empieza a girar por el billonésimo año luz y el rollo no
cambia jamás, nosotros los no-yonquis tomamos una actitud drástica y los hombres se separan de los jovenzuelos de la droga.
La única forma de protegerse de tan terrible peligro es venir AQUÍ y amancebarse
con Caribdis... Te trataré bien, chico... Caramelos y cigarrillos.
Aquí estoy, después de quince años metido en esa tienda. Dentro y fuera dentro y
fuera dentro y FUERA. CAMBIO Y CORTO. Escuchad pues al viejo tío Bill Burroughs
que inventó el truco del regulador de la máquina de sumar Burroughs, basado en el
principio del gato hidráulico, hagas lo que hagas con la palanca siempre el mismo
resultado para unas coordenadas dadas. Sigue mis lecciones cuanto antes... ¿no quieres?
Bebés paregóricos del mundo, uníos. No tenemos nada que perder, sólo nuestros
Traficantes. Y NO SON NECESARIOS.
Mirad, MIRAD bien el camino de la droga antes de viajar por él y liaros con las
Malas Compañías.
Palabras para el que sabe.
WILLIAM S. BURROUGHS
Datos archivados del Taringa! original
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