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secretos que un mozo jamas revelara

Info7/29/2013




Cuando usted llega hambriento a un restaurante lo primero que escucha es: "Hola, mi nombre es Sol y yo te voy a atender", y quizás es lo último que desea saber porque muere de hambre; lo que sí querría saber es si el corte de carne que está a punto de pedir lleva días en la heladera. ¿Qué le dirían más de una decena de mozos si pudieran romper las reglas del restaurante? Para empezar, cuándo es la mejor hora para salir a comer, la sugerencia de lo que no debe pedir, lo que realmente pasa detrás de las puertas de la cocina y lo que piensan de usted y sus propinas. A continuación, un grupo de mozos que ganan entre 1.500 y 2.400 pesos, más propina (ésta no es obligatoria, es la gratificación voluntaria por el servicio recibido en el lugar), nos hacen unas cuantas revelaciones que definitivamente no encontrará en ningún menú.

Lo que nunca sabrá


- Si la comanda está escrita con lápiz, hay muchas posibilidades de que después "alguien" borre algún plato del pedido y ese mismo "alguien" se quede con lo que el comensal pagó por él.



- Algún empresario inventó alguna vez el eufemismo "menú ejecutivo" que sirve para darle un mejor sonido a lo que siempre hemos conocido como "menú económico", pero son básicamente la misma cosa.



- Si el encargado te pide que ofrezcas un plato en especial, es porque ese plato no soporta mucho más tiempo en la heladera.


- Cuando un comensal se pone pesado, nunca te reirás en su cara, pero después va a ser el hazmerreír detrás de la barra.

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- ¿Hoy viste a Rita? ¿La viste pasar? Jamás vas a decirle a un comensal que viste una rata en la cocina. Es mejor como hacíamos nosotras, que la llamábamos Rita.



- Nunca crea en el coqueteo de una camarera.



- Pedir la sugerencia del mozo lo pone en sus manos demasiado pronto. Ningún mozo lo va ayudar a elegir un plato sin tener en cuenta los intereses del restaurante.



- No se nos permite decirles a nuestros comensales que un plato no nos gusta. Así que si se le pregunta al mozo por él, puede que salga airoso diciendo: "Es uno de nuestros platos más populares".



- Si alguien pregunta cuántas calorías tiene ese plato, jamás voy a decírselo, incluso aunque lo supiera. Supongo que le respondería: "Esa información está disponible en Internet".





Lo que está comiendo en realidad

- Nunca, nunca, pero nunca devuelva un plato con "mala onda". No podremos garantizar qué "ingredientes extra" haya en lo que vaya a ingerir después.



- Si sobraron quince lomos a la pimienta que deberían haberse vendido anoche, la empresa puede organizar un torneo entre los meseros que puede consistir en que el que vende más lomos a la pimienta se gana medio franco. El comensal no se entera de nada de esto, sólo oye a su camarero decir: "El lomo a la pimienta está exquisito. Se lo recomiendo".



- Si le traen arvejas con vinagre es que se terminaron las alcaparras.



- Es muy probable que dentro de la botella de Blue Curaçao no haya verdadero Blue Curaçao . Lo mismo ocurre con el vodka y las bebidas que se mezclan. Muchas veces tuve que llenar botellas de primeras marcas con bebidas de segundas.


- Cuando pidas café con medialunas, hay que tener en cuenta que las rellenas de crema o dulce son siempre las más viejas, sólo que el relleno les cubre el sabor.



- El maní salado es el mejor aliado para venderle una cerveza más.



- Comprar en el súper el chimichurri que viene disecado. Meterlo adentro de un frasco de vidrio. Echarle aceite y batirlo. Ahí ya puede decirse que se preparó un "chimi" casero especial.



- Siempre servimos las gaseosas con hielo, a menos que nos especifiquen lo contrario. Siempre más hielo es menos gaseosa.



- El flan siempre es casero. ¡No pregunte más!



- Una aceituna que vuelve sin morder es una aceituna que regresa al frasco.



- Yo no pediría pan en ningún restaurante después de la medianoche. A esa hora ya no queda nada en la bolsa, y le van a traer el que fue y vino por todas las mesas y que tiene las huellas dactilares del restaurante entero.


- Si las obleas que vienen sobre su helado están blandas, no es que sean viejas: es el helado que las humedece. ¡Claro, era el helado!



- Nunca pida una copa de vino, es preferible que pida una botella de 375 cc. La copa de vino se llena con el vino que sobró de todas las otras mesas.



- Si su postre dice "casero", es muy probable que lo sea, aunque debe ser casero de la panadería de la vuelta.



- En la mayoría de los restaurantes, después de las 10 de la noche, todo el café es descafeinado porque nadie quiere limpiar dos veces la máquina. Voy a volver con la bandeja repleta de cafés, y les voy a dar a unos el normal y a otros el descafeinado, pero son todos descafeinados.



- Los viernes mejor no coma las tortas de la vitrina porque generalmente se compran en el comienzo de la semana y ya no están tan frescos.




Lo que debe saber sobre propinas


- Alguien puede irse sin dejar propinas. Lo que no puede hacer es irse sin dejar propinas y volver al día siguiente. La memoria de un buen mesero ¡es infalible!

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- Un mesero nunca va a decir "me olvidé de pedir su plato", sino "la cocina está demorada". Después va a ir a hablar con el cocinero y le va a pedir el plato en cuestión en tiempo récord. El cocinero le va a decir que sí, pero es probable que se quede con la mitad de la propina de la mesa.



- A veces no hay propina que alcance cuando usted estuvo toda la noche molestando a la mesera.



- A un comensal le importa que lo trate bien, pero termina de aflojarlo que sea cariñoso con sus hijos. Ese es el secreto de una buena propina.



- Durante las primeras horas de cualquier fiesta de bodas, ya se sabe quién es el tipo que para la medianoche va a estar completamente borracho. Hay que tratar de mantenerse cerca de él, el alcohol afloja las propinas.



- Siempre es mejor que espere su cambio y que de ahí aparte la propina. No a todos los mozos les suena bien la frase: "Quédese con el cambio".



- En Navidad, cuando la gente me pregunta qué hago aquí trabajando, suelo decir: "Mi hermana está en el hospital. Celebraremos cuando salga". Después, las propinas escalan.


- Cuando alguien está con una mujer que no es su esposa, eso es muy bueno para nuestras propinas. Él sabe que nosotros sabemos que ella no es su esposa.






Lo que queremos que sepa

- Un mozo dice "ya estamos cerrando" cuando faltan dos horas. "Está cerrado" cuando todavía falta una. Para el mesero de trasnoche la sobremesa es el peor enemigo.


- No llegue sobre la hora de cierre. Nadie que está pensando en irse a su casa lo va a atender con ganas si su primer plato se pide diez minutos antes de cerrar la caja.



- Si por casualidad un mozo dice que esta noche hacen "tronco", no es que vaya a comer madera, sino que al final se repartirán el total de las propinas en partes iguales, incluyendo a los cocineros y lavaplatos.



- El ticket de la caja o un plato de la carta: si el mozo le dice "mire que va a tardar" es algo que no quiere que pida.



- Nunca vi a nadie haciéndole algo a los alimentos, pero sí meseros enojados haciéndoles jugarretas al comensal. Si usted no le cayó bien, le puede hacer pasar un papelón frente a su nuevo socio, volviendo con su tarjeta de crédito y diciéndole: "¿No tiene otra tarjeta, señor? Esta no tiene fondos disponibles".



- Nunca pregunte si el pescado es fresco. Para una pregunta tan ingenua como esa, hay siempre una única respuesta.



- No cambie de lugar. El mozo trabaja con tres datos: pedido, cara y ubicación en la mesa. Y a ninguno le gusta que alteren el orden de su trabajo.



- Contra lo que mucha gente cree, pedir que le envuelvan las sobras para llevárselas a su casa es algo que cae muy simpático en la cocina. La cena no debe haber estado tan mal, ¿eh?



- Cuando vaya al baño, no se detenga a espiar la cocina. Es como meterse en el vestuario de chicas.



- Si su mozo no aparece y va enojado hasta la caja a protestar, cuando vuelva, algo se habrá roto para siempre entre ustedes.



- Si hay un problema con su plato, no olvide que el mozo es quien lo lleva y lo trae, no quien lo prepara.

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- Nunca diga cebolla, sino ciboulette; no diga papas con cáscara, sino papines rústicos. Es importante que las cosas suenen bien, aunque sean las mismas viejas cosas.



- ¿Cuál es la manera más fácil de que un mozo lo deteste? Pida un té, ya que servirlo es muy complicado: hay que preparar el recipiente, cortar los gajos de limón, servir la taza, la tetera, disponer el saquito… ¡es mucho trabajo por nada de propina!



- Comer en un restaurante es, básicamente, un acto de confianza. Y siempre conviene ver en dónde uno deposita su confianza.





LA CUENTA, POR FAVOR


Los estudios indican que los mozos pueden aumentar sus propinas si:

- Tocan levemente al cliente.

- Se acuclillan al lado de la mesa.

- Se presentan con su nombre.

- Y, aunque suene increíble, dibujan una carita sonriente en la cuenta.




top 10 cosas que mas odian de los clientes


1. QUE LES MIREN EL CULO Y/O EL BULTO

Varios testimonios de camareros y camareras de Palermo Hollywood coinciden en el mismo punto. Ellas odian que los clientes les escaneen la delantera y se den vuelta para mirarles la retaguardia, simulando que se les cayó un cacho de pan; ellos, por su parte, detestan a las solteronas de más de 45 que les examinan el paquete como quien contempla la Torre Eiffel. “Yo no soy de vestirme muy perra; de hecho tengo siempre la remerita que me da el restaurante, pero me parece que es justamente eso, el uniforme, lo que los pone libidinosos”.
El mozo no tiene razón (mirar es humano)


2. SER TESTIGOS DE CONVERSACIONES INCOMODAS

Y es que a veces los mozos son testigos involuntarios de conversaciones incómodas, porque no les queda otra que quedarse parados como faroles frente a la mesa hasta que los comensales se deciden. En el ínterín, escuchan toda clase de improperios.

El mozo no tiene razón (hablar es humano)


3. QUE NO LOS SALUDEN / QUE LOS LLAMEN COMO A LOS PERROS

Aunque para algunos, los mozos formen parte de una sub-especie que no merece ser saludada, hay que tener cuidado porque no hacerlo despierta en ellos una bronca asesina. Estamos hablando de un gremio especialmente sensible, que se siente muy dolido cuando se lo ignora. “Que los saludes y no te den bola es algo que me pone mal”, admite Diego, mozo de Paru, el restaurante peruano-japonés de Palermo. Dicho esto, también se da por hecho que llamar la atención del camarero con palabras como “che”, “pss”, “ey” y otros sonidos onomatopéyicos es algo que los irrita sobremanera. Por eso, la próxima vez que usted, señor cliente, ingrese a un salón de comidas, piense que esos monigotes que traen y llevan nuestros platos también tienen sentimientos y merecen una pizca de nuestra deferencia. Haga feliz a un mozo: salúdelo.

El mozo tiene razón (ser maleducado no tiene excusa).


4. QUE LES HAGAN LIO CON LAS MESAS

La premisa es sencilla: un restaurante no es un rompecabezas para andar desarmando a voluntad. Cada mesa tiene un número y, en principio, esa organización debe respetarse porque sino se arma lío. Que un cliente corra la mesa, la achique, la agrande, la dé vuelta y juegue con ella como si fuese un caniche es algo inadmisible para los camareros. Maribel, moza del peruano Astrid & Gastón, cuenta su historia: “Nosotros trabajamos con reserva y muchas veces sucede que un grupo de gente entra al restaurante, pasa por un salón y se quiere quedar ahí. Entonces cambian de mesa y se nos complica todo”.

El mozo tiene razón (¿para qué complicarles la vida aún más?)


5. QUE LES RECOMIENDES UN PLATO Y NO TE DEN BOLA

Es muy común que, en una entusiasta fase inicial, un comensal se sienta interesado por la recomendación de un mozo y que, en la instancia siguiente, se genere un desaire. Vean esta situación:

- Mozo, ¿qué me recomienda?
- El lomo a la pimienta está delicioso. Marinado en finas hierbas, cocinado en su propia salsa y enmantecado en una sartén suiza que retiene los sabores desde 1814, año en que fue obtenida como botín de guerra por Napoleón, cuando invadió Rusia sólo con 500.000 hombres y los derrotó en Borodino.
- Mejor traeme una ensaladita.

¿Para qué molestar al pobre camarero si uno ya tenía claro lo que iba a pedir?

: El mozo no tiene razón (el cliente la tiene siempre)


6. QUE LOS CLIENTES SEAN INCOHERENTES

Los mozos consultados enumeraron una serie de incongruencias que los sacan de quicio. Este es un pequeño listado: que les pidan agua natural y hielo aparte, que les asignen una mesa para dos y se sienten en una de cuatro; que se morfen un lechón entero pero lo acompañen con Coca Light; que ordenen un vino de 200 pesos y les dejen una propina miserable; que pidan un sólo postre y dieciséis cucharas; que quieran un plato con picante y después se quejen de que estaba demasiado picante…

El mozo no tiene razón (el cliente también paga para que se soporten sus incoherencias…y su neura)
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7. QUE LOS CLIENTES DEJEN QUE SUS HIJOS HAGAN CUALQUIER COSA

No hay nada de tierno en ver a un nene corriendo entre las mesas de un restaurante. Tampoco es dulce observarlos cuando revolean la comida como salvajes, ni escucharlos chillar porque su madre se olvidó las figus de Ben 10 en el auto. En general, los que más sufren esta situación, además de los padres y el resto de los inocentes comensales, son los propios mozos. “Una vez un nene me meó la panera y cuando lo fui a retar me dijo que su papá, que ‘la tiene así de grande’, también lo hacía en casa; preferí no meterme”, afirma Osvaldo, camarero en un bodegón de San Telmo. Conclusión: el restaurante no es un playroom y los camareros no son baby sitters. Por eso, si el nene no sabe comer afuera, mejor dejarlo en casa.

El mozo tiene razón (los nenes indomables deberían quedarse en casa).


8. QUE NO DEJEN PROPINA

El momento de la cuenta es crucial en la vida de un mozo. En el gesto propinero quedan claras varias cosas: si el comensal ha sido bien servido y, también, si su satisfacción tendrá un correlato económico.

En este ítem las anécdotas se multiplican. Quitando a los que dejan el riguroso 10% y quedan exentos de toda polémica, los camareros tienen una aversión especial por los miserables, que vienen a ser todos los que se mueven por debajo de ese porcentaje. “El otro día viene un tipo con su mujer y lo atendí de maravillas. Cada vez que miraba para mi lado yo iba corriendo a la mesa como un bombero para que no le faltara nada. Creí que me iba a dejar una propina espectacular porque encima parecían tener mucha plata. La cuenta era de 255 pesos y yo esperaba por lo menos 35 mangos para mí, pero el tipo pagó justito y me dejó dos caramelos Sugus y un palito de la selva”,
El mozo tiene razón (ser miserable no tiene perdón)


9. QUE PIDAN DESCUENTO POR SER AMIGOS DEL DUEÑO

Alegar ser amigo o habitué para ligar un descuento es una de las actitudes más soeces que se pueden encontrar en la fauna restorantil. Muchos los mozos denuncian esta clase de actos, que revelan la condición humana en su expresión más oscura. “Pasa seguido que algunos se sientan cerca de la caja y, mientras transcurre la cena, le hacen chistes al cajero, le sacan charla y se van amigando. Eso lo hacen varias veces hasta que, un día, te piden un ‘descuentito’ porque ‘son amigos del dueño’.
El mozo tiene razón (el amiguismo, en estos casos, es vulgaridad).


10. QUE LOS CLIENTES LLEGUEN SOBRE LA HORA DEL CIERRE

La pesadilla de todo mozo es que, justo a la hora del cierre, caiga una mesa numerosa que prolongue la jornada laboral. Para los camareros es como estar ganando un partido 1 a 0 y perder en el alargue, con gol de penal por una mano mal cobrada. En ese caso, se recomienda a los clientes elegir rápido y quedarse chitos la boca, para evitar ataques de nervios o que el plato salga definitivamente “especial” (los cocineros también son perjudicados por las llegadas tarde y con ellos sí que no se jode).


El mozo tiene razón (son laburantes, déjenlos irse en paz).



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