¿Qué es un Ninja?

En la historia de Japón, los ninjas (忍者 ninja) o shinobi (忍び shinobi) era un grupo militar de mercenarios entrenados especialmente en formas no ortodoxas de hacer la guerra, en las que se incluía el asesinato, espionaje, sabotaje, reconocimiento y guerra de guerrillas, con el afán de desestabilizar al ejército enemigo, obtener información vital de la posición de sus tropas o lograr una ventaja importante que pudiera ser decisiva en el campo de batalla.
Para sus propósitos utilizaban una amplia gama de armas y artefactos como espadas, shuriken o cadenas, además de ser expertos en la preparación de venenos, pócimas y bombas. Del mismo modo, eran entrenados en el uso del «arte del disfraz», que utilizaban a menudo para pasar desapercibidos dependiendo de la situación imperante en el lugar en el que se tuvieran que introducir, a diferencia de la típica vestimenta con la que hoy día se les identifica.

Pocas organizaciones militares han sido tan difundidas y al mismo tiempo tan incomprendidas como los ninjas de Japón y gran parte de la historia de este grupo se basa en mitos o exageraciones, lo que ha dificultado su estudio y comprensión. De esta forma, a lo largo de la historia, muchas muertes ocurridas en algún momento oportuno fueron atribuidas a este grupo militar, pero debido al hermetismo de sus misiones es imposible saber exactamente el número de muertes que causaron.

Los ninjas fueron tanto temidos como utilizados por los líderes militares debido a que su naturaleza era totalmente contraria a los ideales del samurái. En el caso de los samurái, el daimyō no podría exponerlos a trabajos como el espionaje o asesinatos encubiertos, debido a que si eran descubiertos su reputación quedaría destrozada. Por ese motivo preferían contratar a ninjas, que generalmente procedían de clases sociales bajas, para que realizaran ese tipo de trabajos.

Los Ninjas en extinción
En el Japón actual ya no hay samuráis ni shoguns, pero sí dos ninjas –uno oficial y otro no– que conocen los secretos de una disciplina que morirá con ellos.
Expertos en las oscuras artes del espionaje y el asesinato silencioso, los ninjas transmitían sus habilidades de padres a hijos.
Según el Museo Ninja Iga-Ryu, Jinichi Kawakami es el último gran maestro ninja que queda en Japón.
Ninjas pluriempleados
Kawakami es el 21º jefe de la familia Ban, uno de los 53 que crearon el clan ninja Koka. Comenzó aprendiendo ninjutsu (técnicas ninjas) a los seis años, de la mano de su maestro Masazo Ishida.
"Yo creía que era un juego, no pensaba que estaba aprendiendo ninjutsu", cuenta.

"Incluso me preguntaba si me estaba entrenando como ladrón, porque mi maestro me enseñaba a caminar silenciosamente y a cómo entrar en una casa sin ser descubierto".
Otras de las habilidades que su maestro le enseñó incluyen hacer explosivos y mezclar sustancias medicinales.
"Aún puedo mezclar algunas hierbas para lograr un veneno que no necesariamente sea letal, pero que puede hacer creer que uno tiene una enfermedad contagiosa", dice Kawakami a la BBC.
El maestro ninja heredó el antiguo título de su clan cuando tenía 18 años.
Hubo 49 de estos clanes, pero los Koka y sus vecinos Iga se hicieron famosos gracias al trabajo que hacían para poderosos señores feudales como Ieyasu Tokugawa – quien unió a Japón después de siglos de guerras civiles cuando ganó la batalla de Sekigahara en 1600.
Fue en la era Tukugawa –una época de estabilidad conocida como Edo (1603-1868)- cuando los documentos oficiales comenzaron a hacer breves referencias a las actividades de los ninjas.
"No eran solo asesinos como alguna gente cree a causa de las películas", dice Kawakami.
De hecho, durante el día tenían otros trabajos. Por lo visto, y según lo que cuenta Kawakami, la profesión de ninja no permitía llegar a fin de mes con holgura.
Existen muchas teorías sobre qué clase de tareas realizaban: se cree que algunos ninjas eran campesinos y otros vendedores ambulantes que utilizaban sus empleos diurnos para espiar.
"Pensamos que algunos se convirtieron en samuráis durante el período Edo".
"Tenían que ser pertenecer a alguna de las categorías o castas que se establecieron durante el gobierno Tokugawa: guerreros, campesinos, artesanos y comerciantes”, explica Kawakami, que es también ingeniero.
Vestido de traje, este ninja del siglo XXI parece cualquier japonés dedicado a los negocios
Personal militar y policial
Sin embargo, el título de "último ninja japonés" tiene otro aspirante.
El octogenario Masaaki Hatsumi asegura que él es el líder de otro clan ninja, el Togakura.
Hatsumi es el fundador de un centro internacional de artes marciales llamado Bujinkan, con más de 300.000 alumnos en todo el mundo.
"Entre ellos hay personal militar y policial extranjero", dice Hatsumi en una de las sedes de entrenamiento, conocida como dojo, en el pueblo de Noda, al noreste de Tokio.
En esta pequeña localidad no es muy habitual ver extranjeros. Pero el dojo, en el que caben 48 esteras de tatami, está lleno de aprendices que observan fascinados cada movimiento de Hatsumi.
Sus acciones no son ampulosas y sólo de vez en cuando utiliza algunas armas. El maestro explica cómo estos pequeños movimientos pueden servir para alejar a los enemigos.
El británico Paul Harper es uno de los dedicados alumnos. Desde hace 25 años viene cada año y entrena durante varias semanas.
"A comienzos de los años 80 circulaban varias revistas de artes marciales y yo estaba estudiando karate en aquel entonces y me topé con algunos artículos sobre Bujinkan", cuenta Harper.
"Esto parecía una forma mucho más compleja y completa de arte marcial con muchas facetas, así que quise ampliar mi experiencia".
Hatsumi también ha colaborado con infinidad de películas como asesor de artes marciales, entre ellas una de la serie de James Bond, "Sólo se vive dos veces", y sigue practicando sus técnicas de ninja.
Sin herederos
Kawakami y Hatsumi tienen algo en común: ninguno ha designado un sucesor que sea el próximo gran maestro ninja.
"Durante las guerras civiles del período Edo las habilidades de los ninjas para espiar y matar o mezclar medicinas eran útiles", dice Kawakami.
"Pero ahora hay armas de fuego, internet y mucho mejores fármacos, así que el arte de ninjutsu no tiene cabida en los tiempos modernos".

Como resultado, él ha decidido no designar un sucesor. Simplemente da clases de historia ninja en la universidad Mie.
Y a pesar de tener tantos alumnos, Hatsumi también decidió no seleccionar un heredero.
"Mis estudiantes continuarán practicando algunas de las técnicas usadas por los ninjas, pero no hay nadie destinado a suceder el clan", dice.
El futuro del legado ninja, parece, estará más bien unido a personajes de ficción en cómics, películas, videojuegos y atracciones turísticas.
En el museo en la ciudad de Iga, un grupo llamado Ashura entretiene a los visitantes con una actuación de trucos ninjas.
A diferencia del discreto arte de ninjutsu, el espectáculo que divierte a escolares y turistas es ruidoso y llamativo.
Antes que los ninjas, es el misterio el que ha desaparecido.