Las toneladas de polvo de los desiertos transportadas por el viento a miles de kilómetros alrededor de la Tierra influyen en el clima y también actúan contra el calentamiento global al bloquear los rayos solares, según un estudio presentado en Estados Unidos.
“Las partículas del suelo del desierto pueden ser llevadas a miles de kilómetros en la atmósfera y durante esos períodos interactúan químicamente con las nubes y las radiaciones, modificando así el clima”, dijo la climatóloga Nathalie Mahowald.
“Hemos integrado el polvo en los diferentes modelos climáticos para tratar de cuantificar el impacto y de eso resulta que la variabilidad de esas partículas es muy importante para predecir el cambio climático y comprender lo que sucedió en períodos anteriores y predecir mejor el futuro”, explicó la experta de la Universidad de Cornell (Nueva York).
Según el geólogo Daniel Muhs, de la oficina estadounidense de estudios geológicos (US Geological Survey), “las épocas terrestres donde hubo más polvo transportado en la atmósfera correspondió a los períodos glaciares”. Hoy “vivimos en un momento en que hay menos polvo”, agregó.
Para Muhs, las variaciones en la masa de las partículas transportadas por el viento “son de gran importancia para el ciclo de CO2” y las radiaciones solares en el planeta.
La memoria geológica permite probar los modelos climáticos usados para predecir las futuras condiciones climáticas, explicó.
La relación entre el polvo y el clima fue especialmente documentada en las últimas décadas por Joseph Prospero, un profesor jubilado de química atmosférica y marina de la Universidad de Miami.
“Los primeros 30 años de mediciones de polvo atmosférico muestran una fuerte relación entre los aerosoles transportados a través del Océano Atlántico desde Africa y la cantidad de precipitaciones en el Sáhel y la región de Sudán”, dijo el experto.