CUBA Y SU PAPEL EN LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA EN ÁFRICA Y LA AUTODETERMINACIÓN DE SUS PUEBLOS

¿Alguna vez leyeron o se informaron sobre cómo se suscitaron las independencias de las colonias africanas?
A partir del año 1960 las grandes potencias coloniales de Reino Unido y Francia se deshicieron de una cantidad considerable de sus colonias en el continente africano.
El porqué no se remonta a un acto de bondad, ni mucho menos. Nuevos tiempos asomaban: con la Segunda Guerra Mundial ya en el pasado, uno de los motivos que la había desatado, la repartición de colonias, seguía vigente. No hay que obviar tampoco el gran costo que suponía mantener los grandes territorios de ultramar. Por ello los ya mencionados imperios dan en los primeros años de dicha década, y de forma paulatina, la "independencia" a una veintena de nuevos Estados. Surgía así el "neocolonialismo".
Aquellos territorios donde se les negó dicha posibilidad, vieron en las armas y sangrientas guerras la única forma de obtener su posibilidad de autodeterminarse.
En un contexto de Guerra Fría, donde las dos superpotencias intervenían directa o indirectamente para alinear los gobiernos africanos a sus intereses, fue un pequeño país americano que, bloqueado económicamente por el mundo occidental y aislado políticamente por su propio continente debido a su orientación marxista-leninista, jugó un rol determinante en mucha de estas luchas, pero con el destacable hecho de que su actuación ocurrió con el único anhelo de dar a aquellos sufridos pueblos africanos la posibilidad de un futuro quizás no claro, pero sí propio.
He aquí la historia:
Cuando las tropas revolucionarias entraron en La Habana (enero de 1959), la única embajada de Cuba en África era la de El Cairo. Un año después se establecieron relaciones con Ghana y con Guinea.
En octubre de 1961, llegaron a Cuba 15 jóvenes guineanos a cursar estudios superiores, gracias a unas becas otorgadas por el gobierno revolucionario. Ellos fueron los primeros de los miles que llegarían después. A finales de ese mismo año, cuando el pueblo de Argelia libraba una desigual lucha por su independencia, un barco cubano llevó armas a los heroicos patriotas argelinos y a su regreso traía un centenar de niños huérfanos y heridos de guerra.

La ayuda prestada a Argelia ponía en riesgo las relaciones entre la Francia de De Gaulle y la Cuba de Fidel. Pese a ello, éste proclamó con fuerza el apoyo a la causa argelina, siendo Cuba el primer país del hemisferio occidental en reconocer, en junio del 61, al gobierno argelino en el exilio. Y así lo reconoció Ahmed Ben Bella, primer ministro de la joven República de Argelia, a su llegada a La Habana el 16 de octubre de 1962: “Nunca olvidaremos cómo ustedes [los cubanos] cuidaron de nuestros huérfanos y a nuestros heridos”.

Fue entonces, tras la conquista de la independencia argelina, cuando por primera vez tropas cubanas cruzaron el océano acudiendo a la llamada de un pueblo hermano que estaba siendo agredido desde el exterior mediante el saqueo de importantes recursos naturales. Y cuando el imperialismo arrebató al país la mitad de sus médicos, varias decenas de médicos cubanos fueron enviados a Argelia para ayudar a su pueblo. Se iniciaba de ese modo, hace 44 años, lo que hoy constituye la más extraordinaria colaboración médica a los pueblos del Tercer Mundo que ha conocido la humanidad.
A partir del año 1965, Cuba comenzó a colaborar con la lucha independentista en Angola y Guinea Bissau, ambas colonias portuguesas, fundamentalmente mediante la preparación de cuadros dirigentes y el envío de instructores y ayuda material. Cuando Guinea logró la independencia, en septiembre de 1974, cerca de sesenta internacionalistas cubanos, entre ellos una decena de médicos, llevaban diez años junto a las guerrillas.

Al mismo tiempo, hubo misiones cubanas en Mozambique, en el Zaire (donde combatió el Che) y en el Congo. Pero nada comparable a la lucha desarrollada en Angola, para comprender la auténtica dimensión antiimperialista del compromiso cubano en tierras africanas.

En el caso de Angola, la más extensa y rica de las colonias portuguesas, el gobierno de los Estados Unidos puso en acción un plan encubierto para aplastar al pueblo angolano e implantar un gobierno títere. Punto clave fue su alianza con Sudáfrica para frustrar la independencia del país y convertirla en un condominio del corrupto Mobutu y del fascismo sudafricano, cuyas tropas no vaciló en usar para invadir a Angola.

Dictadores, terroristas, ladrones y racistas confesos, protegidos por el llamado “mundo libre”, engrosaban las filas de los “combatientes de la libertad”, como pocos años más tarde los bautizaría el presidente norteamericano Ronald Reagan.
A mediados de octubre de 1975, mientras el ejército de Zaire y fuerzas mercenarias reforzadas con armamento pesado y asesores militares sudafricanos se aprestaban a lanzar nuevos ataques en el norte de Angola, por el sur columnas de blindados sudafricanos entraron en el país con el fin de ocupar la capital antes de la proclamación de la independencia el 11 de noviembre.

En ese momento sólo había en Angola 480 instructores militares cubanos, en respuesta a la solicitud hecha por el Presidente del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) Agostinho Neto. Pero ante la inminencia del ataque, Cuba acordó enviar tropas que combatieran a los ejércitos de Sudáfrica, la mayor y más rica potencia en ese continente, y de Zaire, el más rico y bien armado títere de Europa y Estados Unidos.

A más de 10 mil kilómetros de distancia, Cuba inició la que dio en llamarse Operación Carlota, nombre en clave de la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de cuantas realizara hasta la fecha. El imperio no pudo alcanzar sus propósitos de desmembrar Angola y escamotear su independencia, y nunca imaginó que un país del Tercer Mundo, actuando en apoyo de otro pueblo, les iba a derrotar en un campo de batalla.
La agresión imperialista fue detenida en poco más de un mes. 36 mil soldados cubanos se encargaron de hacer retroceder al ejército racista sudafricano más de 1.000 kilómetros hasta su punto de partida, la frontera de Angola y Namibia, enclave colonial del gobierno del apartheid. Por el norte, en pocas semanas las tropas regulares de Mobutu y los mercenarios habían sido también expulsados del territorio angoleño.
Tras esta primera victoria, Cuba acordó la retirada paulatina de sus tropas a medida que la República Popular de Angola iba formando su propio ejército. Pero a principios de los 80 los gobiernos de Pretoria y Washington retomaron su política de agresiones. En esa década creció la lucha de los pueblos de Namibia, Zimbabwe y Sudáfrica contra el colonialismo y el apartheid. Angola se convirtió en sólido baluarte de esos pueblos, a los que Cuba brindó también todo su apoyo. Los crímenes del régimen del apartheid se sucedieron.
A finales de 1987 se produjo la última gran invasión contra Angola. Sudáfrica y Estados Unidos lanzaron el último y más amenazador golpe contra el país. Pese al serio peligro de agresión militar que también enfrentaba Cuba, el gobierno revolucionario decidió de nuevo reunir a las fuerzas necesarias para asestar un golpe definitivo a las pretensiones sudafricanas. Como en 1975, un número ingente de tropas y medios de combate cruzaron rápidamente el Atlántico, desembarcando en la costa sur del país, para atacar junto al ejército angoleño a las poderosas fuerzas sudafricanas.

Esta vez fueron 55 mil los soldados cubanos que pusieron punto final a la agresión militar extranjera contra Angola. Pero suman millones los hombres y mujeres que aseguraron desde Cuba el éxito de cada misión y se esforzaron para que nada faltara a la familia del combatiente o colaborador civil. La gesta resultó decisiva para consolidar la independencia de Angola y alcanzar la de Namibia. Fue además una contribución significativa a la liberación de Zimbabwe y a la desaparición del odioso régimen del apartheid en Sudáfrica. En total más de 300.000 combatientes internacionalistas, y cerca de 50.000 colaboradores civiles cubanos, se ofrecieron de forma voluntaria para una misión que no tiene parangón en la historia.

Como observó un analista sudafricano: “En Angola, soldados negros –cubanos y angolanos- derrotaron a las tropas blancas en combate, esa ventaja psicológica, esa ventaja que el hombre blanco ha disfrutado y explotado durante más de 300 años de colonialismo e imperio. El elitismo blanco ha recibido un golpe irreversible en Angola y los que estuvieron allí lo saben”.
Documental: "Cuba, una odisea africana"
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